Para Ti

Dietas

Enero 2007

Máximo Ravenna

Asegura que la única manera de terminar con la compulsión de comer, es comer menos y resistir las tentaciones. Se reconoce discípulo de Alberto Cormillot y dice que si fuera cierto que “mata de hambre” a sus pacientes y los maltrata, su consultorio estaría vacío. Una charla a fondo y, además, una dieta especialmente preparada para Para Ti.

Texto M. F. Sanguinetti Fotos C. Alfano/A. Atlántida

  • Las ensaladas están presentes en la dieta
  • Ravenna en su consultorio, donde muchos pacientes van a bajar de peso
No te entiendo. Estás como atrapado en una telaraña. ¿Vos estás comiendo lo que decís que comés o la comida te comió el cerebro?”, le dijo Máximo Ravenna –médico y psicoterapeuta especializado en temas de obesidad y trastornos alimentarios– con el ceño fruncido al paciente que trataba de justificar lo que había comido. La escena fue el puntapié inicial para La telaraña adictiva (Ediciones B), el segundo libro de Ravenna, que con sus tratamientos para bajar de peso convocó tanto a desconocidos como a famosos –Susana Giménez, Marcela Tinayre, Georgina Barbarossa, Daisy May Queen y Miguel Angel Rodríguez, entre otros–. “Quise, a través de la metáfora de la telaraña, explicar lo que nos sucede en la sociedad actual con la comida –explica–. Con su red, la araña atrapa a sus presas y les impide escapar de las tentaciones que el mundo de hoy les ofrece”. Según Ravenna, que dirige el Centro Terapéutico que lleva su nombre, intentó ahondar los alcances de su primer libro, Una delgada línea… entre el exceso y la medida (Galerna, 2004). “Hace 30 años se hablaba de enfermedades psicosomáticas; hoy, es el reino de las enfermedades vinculares. Muchas enfermedades surgen de los problemas de pareja o con los hijos: hay vínculos de los hijos con el alcohol y la droga, vínculos de los padres con el alcohol y la droga. Y, en el medio, esfuerzos denodados para despegarse de estas situaciones adhesivas, adherentes, compulsivas”, dice.

–¿La comida es adictiva?
–La comida no es mala. Lo que puede ser malo es el vínculo que se establece con ella. La obesidad, que es una enfermedad multifactorial, no es una adicción, pero comer sin poder parar sí lo es. Como psicoterapeuta, me di cuenta de que los gordos tenían el mismo modelo del adicto. Sólo que, curiosamente, mucho más aceptado. Para poner un ejemplo: la harina y los azúcares actúan a nivel cerebral del mismo modo que lo hace la cocaína: a través de los neuro-receptores cerebrales (serotonina y dopamina). Hoy, el dealer es la heladera, el kiosquero o el delivery que te trae la comida a tu casa.

–¿Cómo se entra en este mundo de adicción?
–De a poco: por hábito, por voracidad, por familia, por genética… Pero cuando se quiere parar, no se puede. Eso define a un adicto: no poder detenerse. Es como lo que pasa con la tarjeta de crédito: tener tarjeta hace que no te des cuenta de lo que gastás. Entonces, vas “engordando” en cuotas. Cuando te das cuenta, estás atrapado. El adicto empieza dándose permisos excesivos y luego llegan las enfermedades. Empieza una dieta a la mañana y a las 6 de la tarde la termina. Al otro día hace lo mismo y empieza a echarles la culpa a todos los nutricionistas y dietistas del país, que, a su vez, le dan un método de adelgazamiento erróneo. ¿Cómo es posible que a él, que está tentado todos los días, lo destiente una persona que la ve una vez por mes? Podrán decir que esa persona está trastornada psicológicamente. ¡Pero no puede ser que el 60 % de la población de la Argentina, el 80 % de la población norteamericana o el 90 % de la población de Hawai estén trastornadas!

–Usted aclara que no se trata de un libro de autoayuda, pero pareciera que sí lo es.

–Creo que la literatura de autoayuda ha creado fundamentalismos personales: provoca omnipotencia, falta de humildad y de sentido común. Considero que la gente no se puede autoayudar. En el tema de las adicciones, la visión externa es fundamental. En este sentido, este libro busca, de manera objetiva, describir cómo funciona la telaraña adictiva, para que cuando la araña dé su primera mordida, encuentre la telaraña vacía. Lo importante es darse cuenta de cuándo se está enredado, cuándo uno ya no es quien era.

El diseñador del corte y la medida

A los 59, Máximo Ravenna ha logrado que la balanza siga clavada en los 73 kilos que tiene desde hace años. “Si me excediera comiendo las milanesas con puré y las cerezas que me gustan… Lo que pasa es que cuando me veo consumiendo mucho, paro. Para mí, el talle es el primer chaleco de fuerza: cambiar el talle significa que algo se te fue de las manos. Hoy, el que está desatento tendrá más chances de ser gordo”, dice él. ¿Desatento a qué? A los objetos y las actividades negativas de la sociedad actual. “Prácticamente no hay una población bien nutrida y con una dieta saludable. Vivimos en un doble mensaje: por un lado, hay círculos que favorecen el cuidado de la salud; y, por el otro, se fomenta la ingesta de porciones de comida cada vez más tentadora y en porciones grandes”, apunta.

–¿Cuáles son las causas actuales de la obesidad?
–Además de la explicación genética, está el estrés. Para aliviarte de la tensión, lo que hacés es desconectarte con una gratificación externa. Y lo que te queda a mano es lo más primario: tomar más alcohol, fumar más, comer más. El aburrimiento es otra de las causas. Lo peor del aburrimiento no es no hacer nada, sino no soportar que uno se puede aburrir. Después está la quietud. Porque sólo el 8 % de la población hace deportes. Hoy la gente no mueve ni los dedos y a las veredas sólo las caminan los perros. También están las voluptuosidades con las que te tienta la sociedad moderna.

–¿Qué significa eso?
–Hace 30 años, si dejabas de ser gordo, te recibía una sociedad flaca que te alentaba para que no te volvieras a zafar. Actualmente un gordo que adelgaza es recibido por más de la mitad de la población que es gorda y que te invita a volver a engordar. Sucede que el bombardeo externo para comer cada vez más, cosas más ricas y platos cada vez más grandes y variados, es tremendo hoy en día. La facilidad para consumir es mayor, incluso en las clases menos pudientes.

–¿Cómo se para, entonces? ¿Con el cinturón gástrico?
–El cinturón es un método que surge violentamente, como surge violentamente la obesidad. Para mí es un tema polémico. A nuestra clínica llegan personas que han engordado porque se la pasan tomando helados o porque licúan pizzas. Creo que es preferible que el gordo viva con dignidad y no vomitando todo el día, con síndrome de mala absorsión, con inyecciones de hierro o antidepresivos.

–¿Sirven los programas de tevé para bajar de peso?
–Yo no juzgo lo que no hago. Hay gente a la que programas de ese tipo le vienen bien. Los que produjeron el que emitió Canal 13 se comunicó conmigo el año pasado. Dije que no, no es mi estilo. No quería exponer a los pacientes.

–¿Cuál es la solución a la gordura?
–El problema de la obesidad va más allá de la voluntad y del conocimiento. Para mí, la clave está en hacerse cargo. Muchas veces el enfermo compulsivo es un caprichoso. Quiere todo y lo quiere ya. La pregunta que yo le hago es: ¿qué esfuerzo hizo para dejar de ser gordo? Eso, por una cuestión de autoestima, de decisión. Para tener equilibrio y estabilidad no hay que quedarse quieto, sino correr riesgos.

–¿Cómo se hace para vivir en una realidad donde se sabe todo sobre la obesidad, la anorexia y el mundo gourmet?

–Si fuera fácil superarla, la obesidad no sería una epidemia. En verdad, éste es un mundo bravo para mantener distancia frente a los excesos y para consumir lo adecuado sin ser un asceta. Hoy en día todo el mundo sabe de la calidad de los alimentos; el problema es la cantidad. Lo que planteo es que detecten lo que les hace mal y que tomen distancia. El que tiene problemas con el peso, tiene que controlarse, así como el hipertenso no puede comer con sal y el diabético no puede excederse con el azúcar. ¡No es el fin del mundo! Por suerte, la sociedad condena peyorativamente a la gordura. Aunque parezca frívolo, esa condena permitió que esta sociedad –muy preocupada por la estética– se fijara en la gordura y, por ende, en la salud.

–¿Cuál es su clave para tratar a estos pacientes?

–La idea conceptual de mi institución nació hace años, cuando yo trabajaba con Alberto Cormillot, con quien trabajé entre 1987 y 1993. A pesar de los enfrentamientos que quieran inventar, él es mi maestro y no tengo nada en su contra; hoy tenemos metodologías diferentes. Para mí, el gordo necesita el tiempo de la comunidad terapéutica de un adicto. Hay que seguirlo, hay que estarle encima, tiene que entender que hay que darle menos para que se le corte el sistema del hambre. Eso se logra con Very Low Calory Diets (VLCD), las dietas de bajas calorías.

–¿Pero son realmente saludables?
–En los últimos congresos internacionales se demostró que comer más y fraccionado es negativo. Al estar pendiente de la comida, generás un reloj biológico y creás compulsión. Está demostrado que la compulsión aparece cuando uno está estimulado. Cuanto más se come, más hambre se tiene. Para cortar con el círculo vicioso, yo trabajo con tres elementos: “Cortala”, “Medí la comida” y “Tomá distancia”.

–¿De ahí el rumor que dice que “Ravenna mata de hambre a los pacientes”?
–Los que dicen eso mienten deliberadamente. El efecto de las VLCD es aquietar el hambre; el segundo, el descenso rápido; el tercero, ser inocuas. Las VLCD fueron creadas en 1929 y estipuladas desde los años 70; desde entonces, están regladas con un manual de seguridad. Es un prejuicio pensar que con una dieta de 600 u 800 calorías se pasa hambre. En centros de internación de todo el mundo, a la gente con problemas graves de sobrepeso se les da una dieta de 100 calorías combinadas con magnesio, potasio, vitaminas y aminoácidos. Está claro que debe hacerse con control médico. Si no, puede ser riesgoso.

–Tanta restricción ¿no genera “efecto rebote”?
–No, siempre y cuando eduques. Yo trabajo con dietas hipocalóricas y grupos hiperactivos. La gente se lleva la vianda pero, además, están todos los días con la contención y el aprendizaje. Esto alivia y permite saber que no se está solo haciendo el esfuerzo. El futuro radica en informar y educar, no en castrar.

–¿Y qué hay del otro mito: “Ravenna se la pasa retando a sus pacientes”?

–Nunca reto a nadie. Confronto cuando alguien empieza con la pavada, que corroe el ambiente lateral. Cuando alguien dice: “Ay, yo no puedo”, lo mando a la Clínica del Doctor Cureta. Adoro mi trabajo. Si fuera un tipo difícil, no tendría grupos de 250 personas cada día. La gente no es masoquista. Pensar que vienen aquí, que no es barato, para ser maltratados, es subestimar a los pacientes. Si además de matarla de hambre, maltratara a la gente, el que estaría muerto de hambre sería yo.

La dieta de Ravenna día por día

Con esta dieta, de hasta 900 calorías, se puede bajar hasta 150 y 300 gramos diarios. Se indican de 3 a 4 litros de líquidos por día, incluyendo infusiones, agua
y bebidas light. Este menú semanal se da a modo de ejemplo, ya que los planes del doctor Ravenna son personalizados.

LUNES
DESAYUNO: Infusión cortada con leche descremada más 1 yogur firme.
ALMUERZO: Caldo light o sopa crema bajas calorías. Tomate relleno con atún, en colchón de lechuga, y 1/2 huevo duro. Aspic de frutas.
MERIENDA: Infusión cortada con leche descremada. 4 fetas finas de queso de máquina.
CENA: Caldo light o sopa crema bajas calorías. Espinacas a la páprika. Pollo a la china. 1/2 manzana chica al horno con edulcorante y 1 copete
de mermelada light.

MARTES
DESAYUNO: Infusión cortada con leche descremada.3 fetas finas de pastrón.
ALMUERZO: Caldo light o sopa crema bajas calorías. Berenjenas con tomate y albahaca. Calabazas al horno. Gelatina light con copete de queso blanco.
MERIENDA: Infusión cortada con leche descremada. 1 copa de 120 grs. de ensalada de frutas frescas.
CENA: Caldo light o sopa crema bajas calorías. Ensalada de zucchini. Filete de merluza con salsa tártara. Espuma de durazno.

MIERCOLES:
DESAYUNO: Infusión cortada con leche descremada. Postre light de vainilla.
ALMUERZO: Caldo light o sopas crema bajas calorías. Peceto con puré de manzanas. 1/2 durazno light en lata.
MERIENDA: Infusión cortada con leche descremada.1 mandarina chica.
CENA: Caldo light o sopa crema bajas calorías. Copa de kanikama. Supremas de pollo al verdeo. Espuma de limón.

JUEVES
DESAYUNO: Infusión cortada con leche descremada. 50 grs. de mozzarella.
ALMUERZO: Caldo light o sopa crema bajas calorías. Bifecitos de cuadril a la pimienta. Espuma de ananá.
MERIENDA: Infusión cortada con leche descremada. 1 yogur con colchón de frutas.
CENA: Caldo light o sopa crema bajas calorías. Budín de zapallitos. Puré de calabaza. Cóctel de frutas.

VIERNES
DESAYUNO: Infusión cortada con leche descremada. 1 pera chica.
ALMUERZO: Caldo light o sopa crema bajas calorías. Ensalada de hojas verdes. Salteado de verduras con 1/2 huevo duro. Aspic de frutas.
MERIENDA: Infusión cortada con leche descremada. 2 fetas finas de queso de máquina, y 1 de pastrón o jamón cocido desgrasado.
CENA: Caldo light o sopa crema bajas calorías. Braseado mediterráneo (se saltean en un wok o en sartén de teflón ajíes verdes, rojos y amarillos, berenjenas y zapallitos cortados en juliana). Pollo asado con especias. Espumón de frutas.

SABADO
DESAYUNO: Infusión cortada con leche descremada. 1 copa de melón y sandía.
ALMUERZO: Caldo light o sopa crema bajas calorías. Ensalada de coliflor y tomate. Filet de merluza sobre colchón de verduras. 1/2 durazno light en lata.
MERIENDA: Infusión cortada con leche descremada. 1 yogur bebible.
CENA: Caldo o sopa crema bajas calorías. 1 calabacín relleno.Gelatina light con copete de queso blanco.

DOMINGO
DESAYUNO: Infusión cortada con leche descremada. 1 copa de ensalada de frutas frescas.
ALMUERZO: Caldo o sopa crema bajas calorías. Ensalada de coliflor y tomate. Filet de brótola sobre colchón de vegetales. Espumón de banana.
MERIENDA: Infusión cortada con leche descremada. 1 rodaja de ananá light.
CENA: Caldo light o sopa crema bajas calorías. Ensalada mixta. Vegetales al wok. Aspic de frutas.

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