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Junio 2007

Beauty de oro

Cremas, sueros y lociones premium retoman la antigua consagración de este metal precioso para una nueva artillería anti-age. Te contamos cómo se usa en cosmética y cuáles son sus beneficios para lograr una piel más joven y luminosa.
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Texto Julieta Mortati/Marina Cociffi Producción Florencia Monfort Fotos Claudia Martínez

  • Cellular Radiance Concentrate Pure Gold ($ 1.890), de La Prairie, oro de 24 quilates para iluminar las facciones.
  • Cremas, sueros y lociones premium retoman la antigua consagración de este metal precioso para una nueva artillería anti-age.
Más allá de su valor económico, el oro siempre estuvo relacionado con un agregado simbólico que indica nobleza y distinción en todas las culturas. “El oro siempre fue un recurso de diferenciación social y jerárquica –indica Sergio Visacovsky, antropólogo e investigador del Conicet– y está vinculado al carácter sacro de las prácticas religiosas. Muchas estatuas están recubiertas con oro porque este mineral les adjudica la propiedad de pureza”. A fines del siglo XIX se comenzaron a usar las sales de oro como agente terapéutico. El médico alemán Robert Koch descubrió que el cianuro de oro servía para inhibir los efectos de la tuberculosis. Y en el siglo XX se empezaron a usar las sales de oro para tratamientos de enfermedades reumáticas.

Todo lo que brilla

Por naturaleza, el oro tiene propiedades antialérgicas, antioxidantes, antiinflamatorias y, por ende, anti-age, que protegen la elastina, y es un estimulante celular. De hecho, se han encontrado piezas antiguas de oro que estuvieron más de cien años a la intemperie y el color aún se mantenía, lo que indica que este metal precioso no permite que ingresen las radiaciones ultravioletas.

En la búsqueda de innovación, la marca Helena Rubinstein creó Gold Future, para la cara, en sus variedades para pieles secas y para normales a mixtas, y Gold Future Eyes para los ojos, también de uso diario y nocturno, que “inmuniza” la piel contra el tiempo, vigorizándola y capitalizando al máximo su vitalidad. “En la medicina oriental los chinos tomaban oro en forma de té porque tiene propiedades de longevidad, de juventud eterna. Se lo ingería para proteger órganos vitales como el hígado y el corazón del envejecimiento”, dice Karina Rossi, de HR. Pero el oro no se ve. “La crema tiene partículas de oro microactivas que son dos mil veces más pequeñas que una célula –señala Rossi–. Y como es un material inalterable, puede convivir dentro de la piel y aportar las propiedades regeneradoras al sistema celular”. ¿Los efectos? “La piel queda satinada. El producto tiene una luminosidad intensa que saca la opacidad de la piel porque trabaja contra la polución y estimula el sistema de defensa ya que es un antioxidante”.

La dermatóloga Silvia D’Angelo, de la clínica de belleza B&S, trabaja en la aplicación de máscaras de oro ($ 200 por sesión, y se recomiendan de 6 a 10) hace cinco años y explica: “El oro es un mineral que tiene propiedades antioxidantes y no produce reacciones alérgicas, lo que lo hace un material muy noble para trabajar en diversos tratamientos”.

En la búsqueda de nuevas fórmulas que retarden el proceso de envejecimiento, la cosmética se focaliza en organismos o minerales que en su medio sean capaces de sobrevivir en condiciones extremas. Guerlain lanzó Or Bleu, una línea de productos: Super Aquaserum para rostro, Succes Eye Tech para párpados y Lait Sublissime para el cuerpo, que regeneran y energizan la piel fortaleciendo las células con lípidos de algas marinas, que protegen la pérdida de los nutrientes, combinados con sales de oro puro.

Hace cinco años, María Edit Pasternak, doctora en farmacia, descubrió su fórmula de crema a base de oro. El producto se vende en un set médico que incluye la máscara de oro –un gel dorado al que se le agregan pigmentos que le dan un touch de glamour– y otro de uso domiciliario que incluye el suero –preferentemente, para usar de día– y la crema –más espesa, para la noche– de 50 o 30 gramos. Cualquiera de estos tratamientos son especiales para pieles estresadas o desvitalizadas por el cansancio, el hábito de fumar, la radiación UV y la contaminación ambiental. “Esto surge como todas las cosas, buscando –confirma Pasternak–. Empecé a mirar libros de farmacología que decían que si uno analiza un tejido injuriado, lastimado o atacado por radiaciones ultravioletas y se le pone oro, va a observar que el oro impedirá la degradación de la elastina, que es una de las fibras que mantiene la flexibilidad de la piel. A partir de ese descubrimiento, ya tenemos una acción anti-age”. Ahora bien, una vez que llega la pepita, ¿a qué proceso se la somete para que pueda ser usada como ingrediente cosmético? Pasternak, que es la actual directora de la farmacia Once y hace cuarenta años se dedica a formular recetas magistrales en dermocosmética, demuestra: “En cosmética no se usan sales de oro –la solubilización y combinación del oro con algún activo químico inorgánico– porque producen algunas reacciones alérgicas. En cambio, se usa el oro coloidal, que es el oro unido a proteínas. Nosotros usamos proteínas de trigo, que producen una efecto tensor y tienen mayor facilidad de penetración en la piel y mayor seguridad dermatológica”. Además de oro, estas fórmulas contienen leche de cabra, miel, extractos vegetales, minerales y vitaminas.

¿Cuándo es recomendable empezar a usar estas cremas? Según Pasternak, “se pueden recomendar desde cualquier edad, incluso antes de que aparezcan los signos del envejecimiento. Pero en realidad no es de fácil acceso para cualquier persona porque obviamente está ligado al poder adquisitivo”. Para la doctora Lidia Inés Villallba, de la Sociedad Dermatológica Argentina, “estas cremas tienen la propiedad de ser anti-radicales libres –nocivos para la célula–, que es la forma de luchar contra el envejecimiento, y además aumentan la síntesis de colágeno. Como el oro es un metal muy pesado, se usan tinturas de oro en forma local”. Los únicos recaudos que habría que tomar es en cuanto a la dosis del producto. “Hay que tener en cuenta las concentraciones que pueden causar problemas tóxicos”, dice Villalba.

Ahora, esa antigua preocupación de los alquimistas por poder transmutar cualquier metal en oro a partir de la piedra filosofal se reinventa en la batalla de las mujeres contra los efectos del paso del tiempo. Y esto último sí parece posible.

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