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Mayo 2017

Depilación: detractoras y fanáticas

Una fit girl norteamericana mostró su cuerpo sin depilar, se hizo viral y desató la polémica. Mientras en este lado del mundo cada vez nos depilamos más y más, nos preguntamos: ¿estamos preparadas para convivir con los pelos o, al menos, evitar horrorizarnos frente a las que prefieren decirle adiós a la depilación?
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“¿Por qué voy a remover algo que la madre naturaleza puso en mí?”, cuestiona Morgan Mikenas, la fit girl que se hizo mundialmente conocida por dejar de depilarse hace un año y no tener ningún pudor en mostrarlo en su cuenta de Instagram. En traje de baño o shorts, sus piernas y axilas velludas cobran protagonismo en su perfil social, dejando en un segundo plano sus marcados abdominales y sus pronunciadas curvas. @i_am_morgie (su nombre de usuario en IG) tiene más de sesenta y cinco mil seguidores, pero no sólo se dedica al body building, a practicar yoga o a dejarse crecer el vello, también crea música junto a su novio, comparte recetas veganas y escribe frases inspiradoras bajo la idea de que es posible vivir en un mundo mejor. “Creo que es injusto tener que obligarnos a responder a una regla cultural”, enfatiza –respecto a la depilación– en un video publicado en su cuenta de YouTube y a continuación relata la anécdota que la llevó a rasurarse las piernas por primera vez, habla del bullying que se sufre en su país natal (Estados Unidos) cuando uno se sale de la norma y asevera que las personas somos mucho más que un cuerpo. “Puaj” suele ser la reacción de la mayoría de los que ven sus fotografías más controvertidas. En nuestro país vivimos justamente la tendencia contraria: cada vez nos depilamos más. Por ejemplo, el cavado –que se volvió popular desde el surgimiento del bikini– quedó demodé entre las más jóvenes; ellas prefieren depilarse la pelvis completa. Y, usemos o no colaless, la “tira de cola” se volvió un clásico de la rutina depilatoria junto con axilas, piernas, pelvis y bozo. La idealización de un cuerpo sin pelo data de los comienzos de la civilización. Ya en Egipto Antiguo se tenía un elevado concepto de la depilación como símbolo de pureza. ¡Mujeres y hombres se depilaban todo el cuerpo! Se han encontrado papiros que describen recetas para preparados depilatorios y, en equipos funerarios, pinzas de depilar y navajas.

“Creo que es injusto tener que obligarnos a responder a una regla cultural”, enfatiza Morgan Mikenas

SIN PELOS EN LA LENGUA. Seamos honestas, depilarse es un bajón. Algunas podrán soportarlo más que otras, serán menos velludas o más tolerantes al dolor, pero sea cual fuere el caso, la gran mayoría lo detestamos. Nos demanda tiempo, dinero y esfuerzo. El tema es que la extracción del vello, con pinza, cera, láser, luz pulsada, depiladora eléctrica u hojas de afeitar está tan naturalizada que en general nos provoca rechazo la sola idea de dejar de hacerlo. Las estadísticas demuestran que el 91,5% de las mujeres de Estados Unidos se depilan las piernas y el 93% las axilas. Además, el 99% de las mujeres de ese país se ha depilado en algún momento de su vida. Estudios similares en Australia sugieren que el 97% se depila piernas y axilas. En España se calcula que el porcentaje supera también el 90%. Pareciera queen el universo femenino depilarse es parte de la higiene personal, como bañarse o cepillarse los dientes. Sin embargo, este modelo de belleza lampiña –fuera de las áreas permitidas como cabeza, cejas y pestañas– tan impuesto en Occidente es relativamente nuevo. Antes de 1920, muy pocas mujeres se sometían a la depilación. Pero cuando llegó la moda de llevar vestidos de breteles que dejaban las axilas descubiertas, comenzaron a aparecer campañas y diferentes productos para imponer la depilación de las axilas. Después, a medida que las faldas se acortaban, la escasez de medias de seda –durante la Segunda Guerra Mundial– trajo consigo la necesidad de disimular el vello en las piernas. La depilación es puramente cultural, las mujeres asiáticas, por ejemplo, se depilan la cara, las manos y los brazos, es decir, las partes visibles, más que el pubis, las piernas o las axilas. Si nos ponemos a pensar, hemos naturalizado acciones en pos de estar más bellas que para cualquier persona ajena a nuestra cultura resultarían un disparate. Estamos dispuestas a aumentar ciertas zonas de nuestro cuerpo con siliconas, a alisar arrugas inyectándonos toxinas y a eliminar el vello con pequeñas descargas eléctricas o tirones de cera previamente untada a altas temperaturas. Incluso somos capaces de poner en riesgo nuestra salud con tal de evitar que el frizz se suba a nuestra cabeza. Pero eso sí, nos horrorizamos al ver unas piernas femeninas llenas de pelos. No está mal que Morgan intente romper uno de nuestros parámetros estéticos. Lo cierto es que no hay cultura que no traiga consigo un culto a la belleza. Esto implica rutinas y cuidados que demandan tiempo y esmero; tal vez ella prefiera invertirlos en hacer miles de abdominales, yo, por ahora, prefiero ocuparlos en dejar mis piernas y libres de pelos.

textos MARIELA RAFFAELLI (mraffaelli@atlantida.com.ar) foto LATINSTOCK

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