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Mayo 2017

Gabriela Hearst

Hace solo dos años creó Nina, su it bag sensación en Nueva York y elegida por las celebs. Conocé a la diseñadora uruguaya criada en el campo y actualmente en pareja con un magnate norteamericano.
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Al momento de hablar de la diseñadora Gabriela Perezutti Hearst (39), los medios internacionales no dudan en presentar, con cierto romanticismo, sus orígenes. Su crianza en un campo de Paysandú, su familia de productores de lana merino, su educación en Montevideo y su salto, primero a París y luego a Nueva York. Todo esto es algo que la diseñadora uruguaya se encargó de integrar a su marca. “Hago un esfuerzo para que esto se sepa”, cuenta Gabriela vía telefónica a Para Ti, desde su townhouse en el West Village neoyorquino, donde vive con la gran familia ensamblada que armó con el magnate estadounidense Austin Hearst (65), nieto de William Randolph Hearst; sus hijas mellizas, Mia y Olivia, de 9 años, fruto de la relación anterior con Franklin D. Isacson; Andie y Sam, hijos adolescentes de Hearst junto a su primera esposa, la escritora Kathryn Ellen Parlan, y Jack (2), el hijo que tuvieron juntos. “Es muy difícil que no se conozca porque es algo muy particular haber nacido en Uruguay. Uno puede mirar hacia atrás y darse cuenta de que tal vez no sea algo exótico, pero ofrece un punto de vista bastante específico”.

SE DICE DE MÍ. Nacida en el seno de los Souza Batista, una tradicional familia de ganaderos uruguayos, su destino estaba marcado. Creció entre un colegio de Carrasco, Montevideo, y la estancia de su familia en Paysandú. De chica supo que su lugar en el mundo estaría lejos pero nunca imaginó cuánto. Perezutti comenzó siendo la “diferente” de su familia. “Todos se dedicaron al campo. Pero yo nunca fui de las personas que sabían exactamente lo que querían. Y siempre buscaba algo distinto”, cuenta Gabriela. A los 21 años estudió Comunicación, tuvo una breve incursión como modelo en París, y en Nueva York estudió actuación. En esos años comenzó a trabajar en un showroom de moda y a idear una serie de remeras estampadas. “Mi papá ya me había pagado la escuela de actuación y yo ya había sido modelo. Era la última chance que tenía. O funcionaba o me iba a tener que ir a vender ganado al campo”, recuerda. Así, en 2004 surgió la marca Candela, que con el tiempo comenzó a aparecer en tiendas como Harrod’s y Saks Fifth Avenue. El año 2011 marcó un antes y un después para la diseñadora. Falleció su padre y ella se hizo cargo de los campos. También se comprometió con Austin Hearst. Y decidió terminar con la marca Candela. “Todo tenía que ser rápido y, por ende, la calidad bajaba. Empecé a pensar en una marca que tuviera mi nombre para recomenzar. Me daba un poco de miedo, pero fue una de mis decisiones más importantes”, relata. Gabriela conoció a Hearst en 2001, pero pasó casi una década hasta que se reencontraron. En el ínterin, ella se casó con Isacson, un inversor holandés con el que tuvo a las mellizas, y Hearst estuvo en pareja con la cantante argentina Luciana Kuks. El destino los volvió a reunir en 2009, cuando Austin compró parte de las acciones de Candela, la primera marca de ropa de ella. En 2011, después de dos años de noviazgo, se comprometieron y se casaron en 2013. En 2015 fundó Gabriela Hearst. Le gusta decir que dirige una empresa familiar: “Yo diseño y Austin vela por el negocio”. La filosofía de la firma es opuesta al fast fashion. Sus prendas están hechas para durar toda una vida y más. La mayoría están elaboradas con la lana merino producida en su hacienda de Paysandú, donde cría 10.000 cabezas de oveja. “Toda la vida me rebelé contra el campo porque mi familia lleva generaciones dedicándose a ello. Tardé en descubrir que la herencia ganadera y mi pasión por la moda podían convivir”, cuenta orgullosa. Entre sus clientas están Brie Larson, Lauren Hutton, Dakota Fanning, Emma Watson, Alicia Vikander, entre otras.

MARCANDO TENDENCIA. El pasado mes de febrero Gabriela tocó el cielo con las manos. Debutó en la semana de la moda de Nueva York con su colección otoño-invierno 2017. La pasarela estaba formada por sillas que llevó de su oficina y fueron decoradas con almohadones hechos con lana sobrante de sus creaciones. Según Suzy Menkes, editora internacional online de Vogue, “La esencia de la colección podría tratarse de su propia personalidad, pero se dirige sin duda a esas mujeres sofisticadas que buscan una feminidad sin adornos. Una mezcla moderna de glamour y sport”.

¿Qué recordás de tu infancia? Fue idílica, entre el campo y el colegio inglés en Montevideo. Siempre quería descubrir el mundo, y me hacía amiga de los hijos de los diplomáticos que iban al colegio conmigo. Después de vivir en varios países, empecé a valorar a Uruguay como un paraíso.

¿Desde muy chica te apasionó la moda? Sí, cuando vi la película Cenicienta, en la escena donde los ratones ayudan a hacerle el vestido se me prendió una chispa que después se volvió una llama.

¿Cómo es una mujer Gabriela Hearst? Sabe lo que le gusta, aprecia la calidad y es segura de sí misma, sin necesidad de ser el centro de atracción. Más que cool, es seductora.

¿Cuál es la impronta de tus diseños? Tienen que pasar la prueba del tiempo, es decir: tienen que estar en el armario de la mujer para toda su vida. Esa es mi misión desde el punto de vista del diseño y la calidad. Y desde lo estético es clásica y con algo rústico.

¿Qué sentís cuando ves a mujeres usando tu marca? Me llena de orgullo, es un honor.

¿Hay diseñadores que marcan tendencia? Los japoneses siempre tienen un punto de vista interesante. Amo lo que hacen Valentino, Céline y Sacai.

¿Gastás mucho en ropa? Antes sí, ahora no tanto. Compro mucho en liquidación.

¿Como vivís el éxito de la it bag Nina? No estoy acostumbrada a tener un hit, entonces voy de a poco. Todos los días tenemos pedidos. Y si subo una foto a Instagram llegan 100 más.

¿Qué historia tiene detrás? Un hombre me paró en el ascensor del Claridge’s de Londres y me preguntó dónde podía comprar el bolso que yo llevaba (era el primero que diseñaba). Ese hombre resultó ser Jony Ive, el vicepresidente senior de Diseño de Apple.

Estás casada con el heredero de una familia millonaria. ¿Pensaste en no trabajar más? No. Mi marido me conoció trabajando. Además, mi mamá me enseñó desde chica a ser independiente económica y emocionalmente.

¿Cuáles son tus próximos planes? Diseñar, viajar a París, Japón y Australia por trabajo. Me gustaría abrir una tienda y estoy trabajando en una mochila Nina. Además, estoy muy ansiosa porque estoy nominada para los CFDA Fashion Award en el rubro diseñadora emergente. No puedo pedir más.

textos VALERIA MARIÑO (vmarino@atlantida.com.ar) fotos GENTILEZA GABRIELA HEARST 

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