Para Ti

Actualidad

Noviembre 2009

Axel

El cantante dice en esta charla que ahora que pasó los treinta ya sabe lo que quiere de una mujer. Medita, hace yoga, es vegetariano y atención: no soporta que fumen cerca de él.

Textos Mara Derni Fotos Tomás Ghiorzo

Sabía que quedarme con mi sobrino jugando a la playstation implicaba llegar tarde a la nota pero también soy consciente de que si yo en el camino me mataba en el auto, esos hubieran sido los mejores veinte minutos de mi vida. Trato todo el tiempo de elegir sabiendo las consecuencias: me hubiera perdido una nota importante”. Definitivamente, la sinceridad no es un problema para Axel Fernando (32) cuando se disculpa por una tardanza de más de una hora. Aun cuando podría habérsela atribuido a la lluvia torrencial que esta mañana inunda la ciudad o al largo trayecto que tuvo que hacer para llegar desde su casa en Adrogué (partido de Almirante Brown, al sur de la provincia de Buenos Aires) a Palermo, lugar del encuentro con Para Ti. Probablemente, sea dulce franqueza la que seduce a las miles de fanáticas que ya tienen su entrada lista para verlo el sábado 21 de noviembre en el Estadio Ferrocarril Oeste donde presentará su quinto y último disco Universo. “Yo estoy siempre a full pero realmente lo disfruto. Sé que un día voy a decir, ‘basta de tomar siete aviones por semana, basta de tanta vorágine’. Cuando me deje de hacer feliz moverme tanto, haré otra cosa”, cuenta Axel y consecuente con aquello de vivir el presente con intensidad, la filosofía que alienta en sus temas se sumerge en la conversación.

¿Por qué creés que a las mujeres les gusta tanto tus canciones? Tus admiradoras suelen seguirte a todas partes. Supongo que les gusta mi forma de ser. Soy una persona muy transparente y eso la gente lo siente. Estar en mi concierto es como estar en el living de mi casa, hablo de lo que quiero, de la vida, de política o de Dios.

Y además… ¿estás bueno? Nooo… ¡yo soy normal!, obvio, yo creo que todos tenemos una belleza que podemos potenciar. Pero yo no soy de cuidarme, no voy al gimnasio ni tomo sol.

¿Hasta dónde llega la admiración de tus fans? ¿Te tocan el timbre de tu casa? Todo el tiempo. El otro día me golpearon la puerta y cuando salí me encontré con la sorpresa de que me habían dejado un plato de panqueques con dulce de leche porque saben que me encantan. Y la semana pasada me dejaron unas trufas de chocolate que obviamente me devoré con mis amigos (risas). Tengo un vidrio espejado en la puerta de mi casa por el que yo puedo ver pero a mí no ven. ¡Te aseguro que pasan tantas cosas!, mujeres que hablan solas mientras esperan sentadas a que salga o chicas que se acercan a la puerta, amagan a tocar, se arrepienten y enseguida vuelven a intentarlo.

Caballero siglo XXI. Nació un primero de enero en el sillón de la casa de sus padres en Rafael Calzada, creció en Temperley, al sur de la provincia de Buenos Aires, dedicó su adolescencia a estudiar piano y guitarra, y en 2003, cuando regresó al país (N. de R. Vivió unos años en México), compró la casa en la que hoy vive sólo con su gata Franchesca. ¿Novia? Parece que por ahora no, o al menos en eso insiste cuando se le pregunta. Medita por la mañana –es en esos momentos de introspección en los que surge parte de la inspiración para componer, contará–, practica yoga y cultiva la vida sana. No toma alcohol, sólo agua y jugos de fruta y hace unos años es un confeso vegetariano. “Tengo mi propia huerta hace un tiempo porque me gusta comer lo que cosecho y disfruto de interactuar con la naturaleza, para mí merece igual respeto una planta o un animal que una persona. Por eso también empecé a construir una casita en Córdoba, entre las sierras. Este año planté 1.500 árboles y algunos frutales. El sistema, el ruido y la velocidad con la que se vive cada vez me agota más”.

¿Tu futura novia tendrá que irse a vivir a Córdoba entonces? Y sí, no me veo formando una familia en Buenos Aires, pero sé que alguna vez voy a convivir y tener hijos. Supongo que se va a dar de manera espontánea, irá dejando el cepillo de dientes primero y después todos lo demás (se ríe). Además uno después de los 30 se conoce más, ya sabe un poco más quién es, qué es lo que quiere y lo que no.

¿Querés decir que en una cita ya te das cuenta? Sí, totalmente. En un primer encuentro vos sabés si va o no va. Por ahí a los 20 daba más vuelta, ahora soy más práctico. El hombre en general es más así, la mujer por ahí es más peliculera y se enrolla más pensando en por qué no la llamó.

¿Y vos cuándo decís ‘la noche terminó acá’? Sí llega y se prende un cigarrillo para mí ya está, no hay nada más que hablar, no soporto el cigarrillo. Ni en las giras, ni en la oficina ni en mi casa nadie fuma, es algo que detesto.

Tus canciones expresan el amor como un tema simple. Es que la mente nos complica demasiado, analizar mucho trae problemas en este terreno. Buscarle la quinta pata al gato embarra todo porque el amor realmente es más simple, hay que dejarse llevar.

Sos un romántico total. Más que romántico te diría que soy un tipo bastante atento y creo que eso simplifica las relaciones entre hombres y mujeres. Si una mujer te dice que le gusta la tarta de frambuesa, ¿por qué no tenerlo en cuenta y regalarle una porción?

¿También sos de los que le abren la puerta del auto? Siempre. Lo aprendí de mi papá que en ese sentido es igual que yo. Si voy caminando con una chica, ella siempre va a pasar antes que yo, ya lo tengo interiorizado. Pero te confieso algo, el otro día en el avión me pasó algo que me dejó pensando. Yo me corrí para que una pasajera se adelantara mientras otro tipo no le sacaba los ojos de encima a ella. Desde ese día tengo una inquietud: ‘¿será realmente por caballerosidad que el hombre deja pasar a la mujer adelante o es para mirarla de atrás? (se ríe a carcajadas).

¿Creés que las chicas esperamos esos gestos del hombre? Totalmente, a la mujer le sigue encantando que el hombre tenga esas atenciones, aunque a veces se diga que son costumbres anticuadas. El problema es que últimamente la mujer termina acostumbrándose a un tipo de hombre que si bien no es el que desea, es lo que hay. En ese sentido creo que evolucionamos para peor.

¿Querés decir que nos estamos resignando a lo menos peor? Muchas veces sí. Hoy el género femenino perdona una infidelidad por miedo y se termina acostumbrando a la media. Pero mirá, hace poco conocí a una chica que se enteró una semana antes de casarse de que el novio la engañaba. Hacía diez años que salía con él, tenía listas las tarjetas del casamiento y toda la fiesta arreglada. Y, sin embargo, se animó y lo dejó, podría haber pensado: tengo 27 años, diez años de relación … Igual creo que siempre hubo mucha resignación, lo que pasa es que ahora el ‘es lo que hay’ forma parte de las charlas entre risas con amigas. Por supuesto que en la generación de nuestras madres también pasaba, la diferencia es que el conformismo se escondía mas.

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