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Septiembre 2007

Chicas zarpadas

Alcohol, sexo por dinero, experiencias lésbicas, desnudos en internet y apuestas entre amigas para ver quién bate el récord con chicos en una noche o durante el año escolar son las nuevas formas de diversión de las adolescentes de clase media y alta, y no les importa el qué dirán. Para Ti consiguió sus testimonios y habló con especialistas sobre un fenómeno que preocupa a los padres.
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[ Texto Paula Bistagnino Fotos Martina Matusevich/A. Atlántida ]

  • “En los colectivos que van de los countries a la matinée de los boliches de Buenos Aires, en el fondo es un descontrol. Los chicos les pagan cinco pesos a las chicas para que les hagan sexo oral. Es re común”. Meme, 15 años
  • “Yo tengo un grupo de amigas desde la primaria y nos saludamos con un pico cada vez que nos vemos. Obviamente que no lo hacemos en el colegio, pero sí en el boliche porque los chicos se ‘ceban’ y nos compran tragos o nos dan plata. O bailamos apoyándonos porque sabemos que en diez segundos tenemos a veinte chicos calientes alrededor de nosotras. Pero nunca lo hacemos cuando estamos solas”, confiesa Catalina, de 18 años,
  • ¿Diversion o descontrol? Besos, fotos eróticas a cara descubierta en fotologs y sitios de internet, alcohol en los boliches e imágenes de fantasías lésbicas dedicadas a excitar a los varones. Así se divierten las adolescentes de hoy.
Hasta hace unas horas, todavía tenían puesto el uniforme del colegio y llevaban libros en la mochila. Ahora, pasada la medianoche de ese día, en la misma mochila llevan una botella de whisky, otra de vodka y varias cervezas que compraron con una cédula falsa para empezar a prepararse para una noche larga, que no terminará antes de las 8 de la mañana. Así empieza la recorrida de Para Ti que anuncia que, para las chicas, “zarparse” está de moda. Incluso más que entre los varones, que en muchos casos se ven avasallados y no saben cómo actuar frente al desenfreno de las que se animan a casi todo sin importar el qué dirán. Desde flirteos lésbicos en las discos hasta desnudos en internet, individuales y grupales entre amigas, apuestas por quién se “transa” a más chicos en una noche o durante todo el ciclo lectivo en los colegios de mujeres y hasta sexo oral fugaz a cambio de tragos o dinero en el baño de un boliche o en los viajes de egresados, se han convertido en modas entre las adolescentes de los mejores colegios de Buenos Aires.

“Todas estas actitudes, tanto de experimentación como de rebeldía, son propias de la adolescencia. Pero, además, en este fenómeno hay una clara marca de la época: toda esta cosa más destapada, con menos pruritos, de exhibición del cuerpo, que está presente en la sociedad en general y que, por supuesto, los adolescentes también toman. No es una ocurrencia de ellos: eso está en la televisión todo el tiempo. Sin embargo, creo que aunque la marca de la época es fuerte, en este fenómeno lo central no es eso sino el probar para definir, que es lo que guía la adolescencia
–explica la licenciada Silvia Tomás, psicoanalista del equipo de niños y adolescentes, coordinadora docente y supervisora de Centro Dos–. Lo cierto es que a las chicas se las ve más zarpadas, al punto de que los varones se sorprenden con la actitud ‘mandada’ de ellas, que no dudan en ir al frente y que por ahí no saben medir; esto también es propio de la adolescencia, se mandan como topadoras y los varones se sienten avasallados”.

“No es rebeldía. Por lo menos, mis amigas y yo lo que hacemos es divertirnos. Todas estudiamos, nos va re bien en el colegio, somos buenas hijas y vamos a seguir una carrera universitaria. Y eso no va a cambiar aunque nos saquemos fotos en ropa interior para colgarlas en internet y que las vean nuestros amigos, aunque nos divirtamos provocando a los chicos en un boliche bailando sexies entre nosotras o nos conectemos para hablar de sexo con cualquiera. Tampoco aunque tomemos mucho alcohol. Sí, es zarpado, pero no significa que seamos ‘re trolas’. Porque no nos acostamos con cualquiera, nada que ver. En realidad, después somos más histéricas que ninguna”, cuenta Loli, de 16 años, que va a un colegio religioso de Belgrano y es hija de profesionales. Como ella, la mayoría de las chicas argumenta que es “como son las chicas hoy”. “Yo tengo novio y a él le gusta que mi foto en cola-less esté en internet y que otros chicos me digan que estoy re buena. El está orgulloso de que yo sea su novia y sabe que soy re fiel”, se defiende Flopi, de 17, que está entre las más votadas del sitio altapendeja.com, adonde llegan 300 fotos por día de chicas de todo el país, gran parte de ellas menores de edad, que quieren aparecer casi desnudas y no les preocupa ser reconocidas.
El sitio existe desde noviembre de 2005 y hoy recibe 35 mil visitas por día: “La idea surgió a partir de que noté la tendencia de que las chicas empezaban a publicar fotos cada vez más zarpadas en sus fotologs y en el MSN, o que mandaban a los chicos fotos íntimas por mail y que después ellos las subían a foros para compartirlas –señala Alejandro Sena, fundador y CEO del sitio–. Hay chicas de todas las edades, también menores, pero tratamos de no poner a las que nos parecen muy nenas. Aunque hay de todas las clases sociales, la realidad es que prevalecen las de clase media y alta por una cuestión de más fácil acceso a la tecnología”.

Para la licenciada Stella Maris Rivadero, psicoanalista del equipo de Pareja y Familia de Centro Dos, más allá de la cuestión tecnológica, “no debería llamar la atención que sean chicas de clase media y alta las que aparecen como protagonistas de este fenómeno, ya que es en este sector social en el que el cuerpo tiene un mayor valor de exhibición y funciona como fetiche. En cambio, las chicas de clase baja tienen experiencias sexuales más tempranamente, muy tempranamente en la mayoría de los casos. Se embarazan y la exhibición no es valorada, al menos no de la misma manera que en las clases medias y altas. Aunque no se puede generalizar, es probable que estas chicas provengan de hogares con padres un poco ausentes y madres excesivamente preocupadas por su propio cuerpo. Muchas veces estas cosas son para llamar la atención de los padres o por pura rebeldía adolescente. Pero es más provocativo porque toca algo que es íntimo. Otras actitudes dessafiantes, como el cigarrillo o el alcohol, ya no asombran. En cambio, esto todavía escandaliza, pero entra en consonancia con lo que sucede todo el tiempo y se ve en todos lados en esta época”.

Entre chicas

Besarse con una amiga a cambio de un trago, provocar a los chicos con un baile sensual en un boliche o simplemente sellar la amistad con un saludo distinto. A diferencia de los varones, las chicas se animan a jugar con los límites de la sexualidad en público y se divierten con ello. Pero, según confiesan, ninguna de ellas llega a las experiencias homosexuales en serio: “Yo tengo un grupo de amigas desde la primaria y nos saludamos con un pico cada vez que nos vemos. Obviamente que no lo hacemos en el colegio, pero sí en el boliche porque los chicos se ‘ceban’ y nos compran tragos o nos dan plata. O bailamos apoyándonos porque sabemos que en diez segundos tenemos a veinte chicos calientes alrededor de nosotras. Pero nunca lo hacemos cuando estamos solas”, confiesa Catalina, de 18 años, que acaba de volver de su viaje de egresados en Bariloche. “Un descontrol, no volvió nadie virgen”, bromea con sus amigas mientras baila con ellas sobre una tarima.

“Creo que esto es un juego que roza lo erótico pero que, generalmente, no llega a la consumación sexual sino que más bien muestra cierto ideal del ‘todo vale’, que es el que funciona actualmente. Hay familias que se aterran y creen que la hija es lesbiana y otras que lo ven como un juego de definición sexual propio de la edad”, opina la licenciada Rivadero. Por su parte, la psicóloga y escritora Beatriz Goldberg, autora del libro Soy mujer, ¿y qué?, remarca que “este fenómeno es una expresión del mundo teen actual, que funciona sobre el precepto de que hay que probarlo todo antes de definirse, aun cuando uno sepa que no quiere ser eso después. Y hoy las chicas van más lejos que los chicos porque van más allá del lugar femenino: quieren pasar de conquistadas a conquistadoras y toman valores que eran propios de los varones”.

Entre las chicas de clase media y alta, el último juego de moda que causa alarma es “el sexo oral express”, tema que llegó a la agenda de las reuniones de padres en los colegios privados más importantes de Pilar, San Isidro, Recoleta, Barrio Norte y Belgrano. “En los colectivos que van de los countries a la matinée de los boliches de Buenos Aires, en el fondo es un descontrol. Los chicos les pagan cinco pesos a las chicas para que les hagan sexo oral. Es re común. Y después, en los boliches también, en los reservados, en el baño o en cualquier rincón un poco oscuro”, cuenta Meme, que tiene 15 años y vive en un country de Pilar.

“No hay nada que no puedas conseguir o hacer por ser menor. Tenemos documentos falsos
–cédulas vencidas que circulan de mano en mano, heredadas de hermanas y primas mayores– para comprar alcohol y para entrar al boliche que queramos. Y si queremos alguna droga, aunque yo no consumo, sé a quién le puedo pedir. Tenemos todo a mano. Y si nosotras no hacemos un montón de cosas, no es porque no podamos sino porque no queremos, porque estamos bien criadas y elegimos”, explica Poli, de 17 años, que cuenta que no necesita mentirle a su mamá, quien está al tanto de que su hija usa un documento falso.

Para la socióloga María Alicia Gutiérrez, docente e investigadora de la Facultad de Ciencias Sociales de la UBA, “los chicos no experimentan nada que no tengan al alcance de la mano y en el contexto de un mundo que en muchos casos lo acepta o, por lo menos, le es indiferente. Si un adolescente fuma marihuana, es porque tiene acceso a ella y espacios donde consumirla. Hoy, aún siendo menores, saben que hay lugares en los que pueden tomar alcohol así como, siendo ilegal el consumo de marihuana, se sabe que hay lugares en los que puede consumirse libremente. Con la sexualidad y la exhibición del cuerpo pasa lo mismo. Y de nada sirve horrorizarse ni decir que está bien o está mal. Hay que analizarlo en el contexto en el que esto sucede: el de una supervaloración del individualismo, del placer, del hedonismo y de las relaciones rápidas. Y ése es el mundo adulto, no algo de los adolescentes. Hay una cambio muy profundo en las formas de relacionarse, muy marcadas por la cuestión tecnológica, y se han modificado radicalmente las formas de vivenciar la sexualidad. Y estos cambios no son rechazados por la sociedad sino que son más bien aceptados. Hoy vivimos una apertura sexual sin velo y un proceso de reafirmación de la autonomía y la liberación femenina en el que estas adolescentes fueron criadas y educadas”.

Lyon, también de 17, agrega: “El manoseo en los boliches es cada vez más común y las fiestas en las casas son cada vez más descontroladas. Hace poco fui a una fiesta en la casa de una amiga que era como en las películas: en cada cuarto había una orgía. Y si te ‘pinta’, te sumás. En realidad, es como que ya no hay nada zarpado. Podés ver casi cualquier cosa en un boliche, en un bar o en una fiesta privada –asegura la adolescente antes de irse a una fiesta–. Es así, si te ‘pinta’, lo hacés y listo. Es así. Ya vimos todo”.

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