Para Ti

Actualidad

Agosto 2010

Damián De Santo

Mientras trabaja como actor, su vida transcurre en Buenos Aires de lunes a jueves. Pero los viernes se va a su paraíso privado: un complejo de cabañas en Córdoba que comparte con su mujer y sus dos hijos. Un lugar que, según él, es mágico y energético. Confesiones de un hombre que asegura: “A las mujeres les gusto porque parezco el yerno ideal y a los hombres porque no les hago sombra”.
PUBLICIDAD

Textos: M. DERNI. Producción: W. AQUILANTE fotos C. MARTINEZ.

  • Con sus dos hijos y su mujer, en su complejo de cabañas en las sierras cordobesas. Un sueño cumplido.
  • Por primera vez en su carrera en el papel de malo: en “Botineras” (Telefé) encarna a Tato Marín, un representante de jugadores de fútbol dispuesto a todo.
  • “Tenemos que tomar conciencia de que la vida no tiene precio y que hay que disfrutarla saludablemente. Hay que empezar a escuchar la voz interior, la que nos dice cuál es la vida que tenemos que vivir y hacernos cargo de eso”.
Portando una valija negra con ruedas y un bolso deportivo al hombro. Así llega Damián De Santo (42) a la nota con Para Ti. Tiene los ojos achinados, más de lo habitual. Es que está realmente cansado. Son las 9 de la noche de un lunes, llegó a Retiro a las 8 de la mañana –en micro desde Villa Giardino (a 80 km. de Córdoba, en las sierras), donde administra su propio complejo de cabañas y vive con su mujer y sus dos hijos de viernes a lunes–, y se fue directamente a grabar los últimos capítulos de “Botineras” a los estudios de Telefé en Martínez. “Estuve a punto de suspender porque de verdad estoy agotado. Pero acá estoy”, anuncia predispuesto.

Mide un metro setenta y dos –precisará más tarde– y aún en su versión de hombre exhausto mantiene el sentido del humor. Y sí, sigue siendo un seductor. “Será porque se me cierran los ojos de sueño, entonces parezco sexy”, bromea el actor, lejos del pedante e inescrupuloso Tato Marín, el mánager de futbolistas que interpreta en la ficción.

Cansado tenés más cara de bondadoso que de costumbre, ¿sos tan bueno como parecés? Nadie es tan bueno ni tan malo todo el tiempo. Sí me considero un tipo con principios y códigos. Igual, me sorprende cómo se está queriendo a los malos últimamente. La gente me dice: ‘qué lindo, con esa cara de hijo de puta que tenés me encantás’. Es inédito. En otra época, a los actores que hacían de malos los esperaban en la puerta para golpearlos.

Definitivamente les gustás a las mujeres, ¿vos te considerás un tipo lindo? Paréntesis. Te agrego: también les gusto a los varones. A ellas, supongo que les gusto porque parezco el tipo ideal para las suegras, y a ellos porque sienten que no les hago sombra, no me ven como competencia y entonces se relajan. Pero no me considero carilindo.

Pero estás en buenas relaciones con tu autoestima. Sí, con cuarenta y dos años todavía puedo hacer un rondó y un flic flac en el suelo. Mi sonrisa me gusta y mis ojos pícaros también.

¿Tu peso te preocupa? Mucha gente cuando me ve personalmente me dice que parezco más gordo, y yo pienso: ¡exploto entonces! Pero la verdad es que me importa más escucharme bien que verme bien. Obvio, me ocupo de la estética, pero no me desespero. Si me veo con un poquito de papada ya me empieza a hinchar. Es más, desde que empecé el programa engordé seis kilos, pero sé que en Córdoba los bajo. Allá estoy todo el día en movimiento, lo natural es estar en actividad: hago un pozo, agarro el caballo, voy y vengo todo el día.

Leí por ahí que sos un rudo que usa cremas... Uso porque el clima en Córdoba es más seco, y también me pongo en los codos. Quizá alguna cremita para la cara. Me saco los barritos de la nariz y, por supuesto, no quiero tener pelos ahí ni en las orejas.

ACA ME QUEDO. Para Damián De Santo son los lugares los que elijen a las personas y no a la inversa. Villa Giardino, una villa turística en medio de las sierras cordobesas, estaba reservado para él. Y para su mujer, Vanina Bilous, la profesora de tango con la que se casó en 2001 y con quien tuvo a sus dos hijos: Joaquín, de 9 y Camilo, de 4. “Vas a creer que estoy loco pero para mí es un lugar muy energético. Como siempre cuento, yo fui a pasar una temporada con Vanina embarazada de Joaquín esperando lo peor, porque los médicos no nos alentaban demasiado, estaba con muchas pérdidas. Y todo salió perfecto, mi mujer se recuperó increíblemente”, recuerda.

Después de ese episodio, la pareja nunca más volvió definitivamente a Buenos Aires y el proyecto de viajar a Capital únicamente para grabar, una fantasía que venía rondando la mente del actor hacía unos años, comenzaba a concretarse. Al fin, en diciembre de 2008 se mudaron definitivamente a su propio emprendimiento, un complejo de cabañas (cuatro para ocho personas y dos para cuatro que rondan los $ 800 por noche la más chica) al que bautizaron “Umbral del Sol”.

“Muchas mujeres quedaron embarazadas acá, después de cuatro o cinco inseminaciones artificiales que no resultaron, y no hay una sola persona que no se vaya sin llorar, no se quieren ir, no sabemos qué pasa. Es cierto que seguimos los preceptos del Feng shui en la construcción, pero hay algo más”, comparte con cierto misticismo.

¿La gente va porque saben que sos el propietario? Algunos sí, pero la mayoría se enteran cuando me ven. Claro, también está el que viene a sacarse fotos, pero no son los que se quedan.

¿Y lo de atendido “por sus propios dueños” es puro marketing, o si falta personal vos me llevás el desayuno? Obvio. Cuando estoy me encargo de todos los detalles. Me doy maña porque me gusta realmente atender a la gente tanto como disfruto de que me atiendan a mí. De hecho, cuando los caseros estaban de vacaciones el desayuno lo preparábamos nosotros.

¿Cuál fue el pedido más excéntrico que te hizo un cliente? Nada muy raro. Me ha pasado que después del desayuno –que lo servimos hasta las 2– me pidan algo para comer. Yo les contesto: ‘agarrá el auto y andá a comprar, esto no es un restaurante’.

Con la impunidad de ser Damián De Santo, supongo… Claro, puede ser. Igual ojo, siempre fui muy atrevido, cuando no era actor también.

¿Nunca te dieron un cachetazo? Sí, varios. Pero bueno, no me preocupo por estar en pose o por caer bien. Cuando algo no me gusta lo digo, no soy políticamente correcto.

¿Hay algún rasgo de la personalidad villana de Tato que te gustaría tener a vos? Él es mucho más estratégico que yo, sabe cómo poner paranoico a alguien con un mensaje de texto. Yo voy y lo mato a piñas directamente, no soy nada inteligente en ese rubro. El sí.

Y con tus hijos, ¿solés perder la paciencia? Soy medio bravo con ellos, con el tema de los límites. Si les tengo que pegar un bife se los pego, pero más para asustarlos que por otra cosa. Igual cuando les grito muy cerca, enseguida se van a la habitación, piensan y vuelven dóciles: ‘ya entendí papá’. ‘A ver, ¿qué entendiste?’, les pregunto yo. ‘Que tengo que tratar bien a mi hermano’. Le dejo a mi mujer la parte más dócil del trato con ellos, pero yo les hablo sin muchos cuidados.

¿Cuándo te sacan? Cuando no tenemos un minuto de paz. Mi mujer se sienta y alguno grita: ‘mamá, me alcanzás…’ Ahí salto yo: ‘pará, levantate y venilo a buscar’.

¿Un tercero? No. Yo para tres no me siento capacitado, tengo dos brazos y dos piernas. Quiero criarlos, no padecerlos. Además me gusta mucho estar en pareja, estar solo con mi mujer, no quiero arruinar mi relación por tener hijos y más hijos porque sí.

¿Cómo seducís a tu mujer después de diez años? Como somos los dos geminanos no hacemos todo el tiempo lo mismo y eso es interesante.

¿Sos romántico? Sí, muy. Me gusta que salgamos solos de vez en cuando, prepararle una rica cena o desestructurar una situación diciéndole una grosería. Cuando el más chiquito sufría de otitis, me acerqué y le dije: ‘te voy a partir como un queso’. Obvio, no podía pasar nada. Me gusta mucho mi mujer, me atrae físicamente. Además mantenemos la relación naturalmente porque nosotros nos encontramos en un buen momento de la vida, nos elegimos, no es que no nos quedo otra. Incluso yo nunca me quise casar, ni sabía si iba a ser papá.

Siempre insistís en que creés en el destino. Suponer que todo está escrito, ¿no hace que te resignes ante los sinsabores de la vida? No. Pienso que gracias a que te va mal, podés disfrutar cuando te va bien. Si no, creés que todo es fácil. Yo pienso que todo lo que te ocurre tiene una explicación. Por ahí no me doy cuenta en el momento, pero después, tomando distancia, lo puedo ver. A veces la enseñanza no es para mí, pero sí para que yo acompañe a otro. La muerte de mis viejos fue lo más tremendo que me ocurrió, fueron muy seguidas y dramáticas, la de mi papá –Armando De Santos tuvo un accidente automovilístico en Río Cuarto en 2006– y después la de mi mamá, con un cáncer que sobrellevó como pudo durante dos años, la cuidábamos con mi hermano noche por medio, inyectándole morfina. Después de eso vos decís: ‘¿con qué necesidad?’.

Tenemos que tomar conciencia de que la vida no tiene precio y que hay que disfrutarla saludablemente. Hay que empezar a escuchar la voz interior, la que nos dice cuál es la vida que tenemos que vivir y hacernos cargo de eso. Porque a veces uno transita sin preguntarse si lo que está haciendo o persiguiendo es realmente lo que uno quiere o es verdaderamente importante para vos.

¿Te gustó esta nota? Compartíla:
Comentarios
PUBLICIDAD
Editorial Televisa
Editorial Atlántida
©2013 PARA TI ONLINE. Todos los derechos reservados.