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Abril 2015

El método KonMarie

A nadie le gusta ordenar, excepto a la japonesa Marie Kondo, que se convirtió en una experta en el tema y publicó sus máximas del orden en un libro –The life-changing magic of tidying up (La magia transformadora de ordenar)–. Lucila Pinto, de la redacción de Para Ti, se animó a probar el sistema. Te contamos cómo le fue.
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Cuando era chica y llegaba del colegio a su casa en Tokio, Marie Kondo se ponía a ordenar su cuarto. Aun cuando parecía que ya no había nada más que ordenar, seguía: ¿de qué otra manera podía acomodar las cosas para que todo estuviera todavía más –más, más y más– perfecto? Kondo creció y leyó todo lo que había para leer sobre técnicas y teorías de orden y organización, se convirtió en organizadora profesional y consiguió clientes que la contrataban para que los ayudara a ordenar sus hogares. Cuando ya no tenía más para aprender, cuando ya había aplicado en ella misma y en sus clientes todas las máximas que existían sobre el ¿arte? de la organización, pateó el tablero: todo lo que sabíamos sobre ordenar estaba mal, pensó, y creó sus propias reglas. Así, desarrolló el método KonMarie y lo lanzó al mundo a través del libro The life-changing magic of tidying up (La magia transformadora de ordenar), que ya vendió más de 2 millones de copias (aunque todavía no está en español) y de cuyas máximas me encargaré de hacer una versión resumida un par de párrafos más adelante. La gran premisa del método de Marie Kondo es: “Ordená tu casa una sola vez como yo te digo que lo hagas, y nunca más va a estar desordenada”. Es una promesa ambiciosa, y va todavía un poco (bastante) más allá: “Una reorganización dramática del hogar corresponde a cambios dramáticos en el estilo de vida y la perspectiva. Te cambia la vida. Cuando ponés tu casa en orden, ponés tus asuntos y tu pasado en orden también. Como resultado, podés ver con claridad qué necesitás en tu vida y qué no, y qué deberías hacer y qué no”, escribe en el libro. Mi incapacidad para mantener el orden es algo que siempre quise cambiar. Así fue que me propuse someter mi hogar a las reglas estrictas de Marie Kondo y vivir para contarla, por escrito, acá mismo:

LANZATE AL MARATÓN. El término japonés “ikki ni” signifi ca, en criollo, “de un tirón”. Uno de las máximas clásicas en las que Kondo insiste que hay que desterrar por completo es la que dice que hay que avanzar de a poco. “Si ordenás un poquito cada día”, dice Kondo, “vas a estar ordenando toda tu vida”. Mi maratón de orden sucedió en un fin de semana (aunque tampoco se lo dediqué entero, perdón, Marie Kondo, perdón).

HACETE PREGUNTAS. En el libro, Kondo te hace preguntarte sobre tus verdaderos motivos para estar siguiendo su método. La respuesta obvia es: porque quiero que mi casa esté ordenada. A cada respuesta te hace agregarle un por qué –porque quiero que esté más linda. ¿Por qué? Porque cuando mi casa está linda aprovecho más el tiempo en ella. ¿Por qué?, y así– hasta que llegues a visualizar el estilo de vida que querés.

ORDENÁ POR CATEGORÍAS. Este punto es importante. Para Marie Kondo, decir “hoy voy a ordenar mi cuarto” o “voy a ordenar el living” es un craso error. Lo que define el orden del orden (valga la redundancia) no son los ambientes, sino las categorías. No se puede empezar con los libros si todavía no terminaste con la ropa. Y cuando ordenes los libros, tienen que ser absolutamente todos los que tengas en tu casa, independientemente de a qué ambiente pertenezcan. 

EMPEZÁ POR DESCARTAR. “De golpe, intensa y dramáticamente”, dice Kondo, drástica, sobre cómo debemos deshacernos de nuestras cosas. Para la japonesa, la idea es ir por la positiva en lugar de la negativa: por qué quiero quedarme con algo, en lugar de por qué quiero deshacerme de algo. El criterio a seguir, entonces, es la pregunta: ¿me da alegría? El primer paso de cada categoría es tomar absolutamente todos los ítems que permanezcan en ella, tirarlos al piso (a la ropa la puse sobre la cama, de nuevo, perdón, Marie) y hacerles esa pregunta, uno por uno.  Dice Marie Kondo: “¿Sos feliz usando ropa que no te da placer? ¿Sentís alegría rodeada de pilas de libros que no llegan a tu corazón?” Recién una vez que descartaste todo lo que había para descartar en una categoría, podés empezar a guardar aquellos ítems –¡gloriosos! ¡afortunados! ¡imprescindibles!– que pasaron el corte.

DOBLÁ BIEN. Para Kondo, si doblás bien tu ropa no vas a necesitar ningún método de almacenamiento, ninguna caja milagrosa en los compartimientos de arriba del placard. Todas las prendas tienen que quedar en rectángulos perfectos –cuantas más veces dobles cada prenda, mejor– y apiladas. El objetivo es que cuando abras el placard, todas tus prendas estén visibles en una primera mirada. Hay que ir de lo más pesado a lo menos, de lo más denso a lo menos. La idea es que el resultado dé la ilusión de una flecha en diagonal hacia arriba, hacia lo liviano, hacia lo etéreo.

CONVIVÍ EN ORDEN. Yo vivo sola y por eso, entiendo, todo debería ser más fácil. Sin embargo, el libro también da consejos para los que viven en familia. Acá van algunos. No dejes que tu familia vea: evitá los planteos del tipo “cómo vas a tirar esa campera, si te queda tan bien”. Lo que no necesitás, tu familia tampoco: no le encajes a los demás lo que vos decidiste que no necesitás. Agrupá por integrante de la familia: la ropa de Juancito con las cosas de Juancito, los libros de Juanita con las cosas de Juanita.

VIVÍ TU VIDA. En mi caso, es temprano para decir si el método KonMarie es tan revolucionario como ella lo presenta. Yo, por lo pronto, tengo una pila de libros y ropa para donar, un departamento más ordenado, sí, y una voluntad renovada: en esta semana, por ejemplo, hice colocar lámparas que había comprado hace más de un mes y todavía estaban en su caja. Por ahora –y aunque me queda avanzar con papeles, misceláneas y demases– toda la ropa que usé volvió a su lugar asignado en el placard y no formó montañas, sierras, ni ningún otro movimiento geográfico. No canto victoria, pero es un buen comienzo.

textos LUCILA PINTO fotos AXEL INDIK
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