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Noviembre 2012

Federico Ribero

Enfrentar el destino. Federico Ribero, padre de dos hijos, empresario y marido de la exmodelo Andrea Burstein, lleva con calma y entereza una dura batalla contra un cáncer de pulmón con metástasis que le fue diagnosticado en mayo del año pasado. La enfermedad, que por ahora está controlada, lo llevó a emprender un camino de aprendizaje y crecimiento personal, e incluso escribió un libro –Inspirar, el arte de vivir mejor–. Su mejor herramienta: sumergirse en el presente y enfocarse en el hecho de estar vivo.
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  • En sintonía. El empresario afronta con sabiduría espiritual su enfermedad.
  • “La pasé mal, tuve miedos, angustias. Pero no fue lo que predominó porque aprendí mucho. Me acuerdo que al principio sentí temor, pero después pensé: ‘bueno, esto pasó, y con lo que pasó, ¿qué hago?’”.
  • Fuerza interior. Federico Ribero con su mujer y sus dos hijos, Francesca (10) y Stéfano (7), el día que volvieron de la clínica tras la operación en diciembre de 2011 en la que le extrajeron el tumor en el pulmón.
  • “Disfruto despertar cada día a mis hijos".

Textos: Mara Derni. Fotos: Noelia Fernández/A. Atlántida.

Leé la nota completa en Para Ti de esta semana.

El empresario Federico Ribero (43) tuvo tanto miedo a morir que se transformó a sí mismo. Fue entonces cuando modificó radicalmente su manera de entender la vida. El corte decisivo lo tuvo a mediados de 2011 cuando los médicos le diagnosticaron cáncer de pulmón con metástasis en pleura, pericardio, diafragma y columna vertebral. Una enfermedad inesperada para él –que jamás tocó un cigarrillo, siempre practicó deportes y llevó adelante una alimentación saludable–, y un golpe duro para su familia, su mujer desde hace veinte años, la exmodelo Andrea Burstein (39) y sus dos hijos, Francesca (10) y Stéfano (7). Pero lejos de dejarse vencer, Federico emprendió un camino de aprendizaje personal, y parte del proceso lo plasmó en el libro que acaba de publicar, Inspirar, el arte de vivir mejor (Planeta). Escrito junto a Juan Mora y Araujo, amigo suyo y vicepresidente de la Fundación El Arte de Vivir, en sus páginas relata la convivencia con la enfermedad y la búsqueda espiritual como miembro activo de la fundación del gurú Ravi Shankar. La venta de cada ejemplar será donada a la Fundación Cáncer (FUCA), dirigida por su médico oncólogo, Reinaldo Chacón, como una manera de “devolver algo de todo lo que los médicos hicieron por mí”, dice sentado en un sillón blanco del living de su casa en el Country Tortugas.

“Si contar mi historia podía ayudar a alguien más que a mí mismo, tenía sentido ponerme a escribir”, agrega. La casa, rodeada de un frondoso parque con pileta, está en silencio: Andrea se fue al gimnasio y los chicos, al colegio. Hace un rato que Federico y Andrea terminaron de meditar como lo hacen todos los días. Una rutina que él no descuidaba antes del diagnóstico, pero que después de declarada la enfermedad, intensificó aún más. También empezó a comer menos carne. “La mente es lo más importante, nos lavamos los dientes todos los días pero no nos preocupamos por si nuestra mente está bien”, comparte mientras se acerca al gran ventanal que da al jardín.

¿Cómo estás hoy? La enfermedad actualmente está controlada. Hago quimioterapia tres veces por mes, y a partir de ahora voy a empezar con menos sesiones. Hoy puedo vivir y ojalá pueda hacerlo durante mucho tiempo.

PRESENTE CONTINUO. Federico empezó a sentir los primeros síntomas en abril de 2011. Estaba en India, de paseo, junto con dos empresarios amigos (uno era Juan Mora y Araujo, con quien escribió el libro que acaba de publicar) cuando empezó a sentir un gran cansancio en todo el cuerpo. Le faltaba energía. Sin embargo, el periplo seguía, y aunque sobre el final del viaje seguía sintiéndose mal, antes de volver a Buenos Aires se tomó un avión a París para encontrarse allí con su mujer. El plan era tomarse una pequeña luna de miel, solos y sin hijos. Juntos pasaron seis días en la capital francesa, casi una semana en la que Federico no logró recuperarse. De regreso en Buenos Aires, mientras corría en la cinta del gimnasio comenzó sentir un fuerte dolor en el bazo que le impidió continuar el entrenamiento. Ese día de fines del mes de mayo de 2011 fue al médico. En la Clínica Los Arcos lo recibieron y le dieron la orden para que se hiciera una resonancia. Ya se estaba yendo cuando le avisaron que tenía que repetir el estudio. “Vengo otro día”, contestó, pero el doctor lo retuvo: “No entendés Federico, es importante que te lo hagas ahora”. Después de hacerse ese estudio por segunda vez, se enteró de que tenía más de dos litros de líquido en la pleura y que debían hacerle una biopsia.

“Cuando salí de la anestesia –cuenta en su libro– sentí mucho dolor, que se aplacó con una dosis de morfina”. Pasó seis días internado en la Clínica Los Arcos. Y finalmente le llegó el diagnóstico: tenía cáncer de pulmón. El tumor se había ramificado y había tomado la pleura, el pericardio y el diafragma.

El 6 de diciembre le extirparon el tumor primario (el del pulmón) en la clínica Alexander Fleming. Pero en abril de este año, cuatro meses después de la intervención quirúrgica, recibió otra mala noticia: apareció una nueva lesión cancerígena, esta vez en una vértebra de la columna, por la cual le tuvieron que aplicar rayos. “La pasé mal, tuve miedos y angustias. Pero no fue lo que predominó porque aprendí mucho. Me acuerdo que al principio sentí temor, pero después pensé: ‘bueno, esto pasó, y con lo que pasó, ¿qué hago?’”, cuenta.(...)

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