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Noviembre 2009

Gino Bogani

Hizo historia en la moda argentina y sigue haciéndola. Acaba de presentar un perfume que lleva su nombre y reunió en el lanzamiento a sus seguidoras y amigas de toda la vida. El diseñador abrió las puertas de su casa a Para Ti para charlar sobre su trayectoria y su pasión por la moda.
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Textos Paula Ikeda Fotos Ariel Gutraich/Paul Roger

  • El lanzamiento del eau de parfum Gino Bogani en el Alvear Palace Hotel fue toda una fiesta. La ocasión reunió a 450 invitados ansiosos de conocer la nueva creación del diseñador (un mix de jazmín absoluto, tuberosa y rosas de Alejandría) y de retomar la magia de sus legendarios desfiles, con una primera fila como sólo él podía lograr –con Mirtha Legrand y Susana Giménez– y la presencia de su musa y amiga Graciela Borges sobre la pasarela. “Estamos de fiesta, por un creador increíble no sólo de la Argentina sino del mundo, que no hizo más que hacernos más lindas, más jóvenes, más altas, más flacas...”, lo presentó Graciela.
  • Los vestidos representaron las notas de su perfume.
  • En su magnífico petit hotel de Barrio Norte, Gino Bogani despliega todo su poder creativo. El diseñador mantiene vigente su estilo con la alta costura en su máximo esplendor.

El señor ya viene”, anuncia la empleada mientras se pierde en el petit hotel de seis pisos, hogar y atelier de Gino Bogani. Decorado con obras que cualquier galería de arte envidiaría, el lugar es un universo aparte. Aparece por las escaleras, impecablemente vestido y portando un pequeño ventilador individual en su mano. “Hace calor acá, ¿no?”, dice sin perder la compostura. “A lo largo de mi carrera he hecho tantos vestidos, ¡pero todos tan diferentes! Es eso lo estimulante de esto, cada vez es diferente y es por eso que siempre se aprende”, comenta sin prólogos. “Me acuerdo del primero de novia, en 1964, lo hice íntegro yo solo, ¡obvio!, es que hago de todo. Sé bordar, hacer moldes, coser… Menos tejer con dos agujas todo, ¡hasta crochet sé hacer! Si quiero, puedo hacer un traje de principio a fin”, asegura. Feliz con el lanzamiento de su primera fragancia –que lleva su nombre– el diseñador comenta: “Siempre fui sensible a los aromas, los detecto enseguida. Y las fragancias me gustan mucho, me encanta que haya flores en mi casa. El perfume es una cosa muy personal, es parte de la personalidad de cada uno. Lo que yo quería es que fuera un perfume sofisticado, persistente y con ingredientes que lo hicieran accesible”, aclara mientras acerca una bandeja con agua fresca.

¿Sos un diseñador caro, Gino? Sólo tengo mucha fama. No soy tan caro como dicen. La industria es una cosa, lo artesanal y manual es otra. ¿Si quedan muchos como yo? No lo sé, pero yo no mando a hacer nada fuera de mi casa, todo se hace dentro de mi casa y no podés mandar al vestido doblado en un paquetito en colectivo, o en un taxi que nunca llega a tiempo para probárselo a una clienta... Todo está en la realización de las cosas.

¿Y cómo ves a la moda argentina hoy? Por suerte, estamos bien. Creo que yo estimulé a muchas generaciones a dedicarse a la moda, que les di el empujón a muchos de los diseñadores que me siguieron y eso me encanta. Sólo me gustaría que también fueran más estudiosos. Es como todo: no es solamente hacer el curso acelerado. Este es un trabajo que no se termina nunca y hay muchos factores que influyen, se necesita ese ‘algo más’ que se tiene que llevar adentro. Hoy es todo mucho más mediático, ¿no? Pero cada uno tiene su forma de actuar y de desarrollarse en la vida y hay que respetarla. Yo no critico a nadie, no me gusta, cada uno tiene que vivir y hacer las cosas que tiene ganas, ¿no? Es como las parejas, yo no voy a juzgar a una pareja porque no se casó… Sí me encanta que se casen porque así puedo hacer los vestidos de novia –se ríe–.

Hiciste tantos que bautizaron una sala del registro civil con tu nombre… Ah, sí, en la calle Coronel Díaz… la gente me dice ‘Ay, me casé en tu sala’. Fue el año pasado, pero yo no llevé la prensa ese día, no es necesario. ¡Yo no voy a hacer un circo de mis cosas! Me siento honrado, pero no voy a usar eso. Mi carrera se apoya en mi trabajo, no en cosas que digo o hago. Está basada en mi esfuerzo, mi sacrificio, mi dedicación de muchos años y de continuidad y de estar siempre pensando que todavía me falta mucho por mostrar.

EL HOMBRE. “¡Cómo escribís de rápido!”, comenta Gino. No pierde detalle. Confortablemente sentado en su estar, sabe desplegar su arte, un mundo creativo sin límites que arranca exclamaciones de admiración. “Esta casa tiene trece baños”, explica mientras señala la decoración, colmada de obras de su Italia natal: “Muchas cosas que trajimos de Europa a la Argentina en 1948 y otras que con el tiempo fui comprando. Acá ves objetos que no ves en todas las casas. Hay de todo, pero cada cosa tiene su gracia. El ambiente en que crecí –jugando en las plazas de Italia entre obras de Miguel Angel y Bernini– influyó muchísimo en mí”, explica. También su madre: “Mamá era una persona naturalmente elegante, llamaba la atención, pero por su actitud. Murió muy joven, a los 73 años, pero aún entonces se movía como una chica de 20 y no se bajaba de los tacos”, recuerda sonriendo.

¿Una mujer necesita tacos para verse bien? No necesariamente. Pero hay ciertos vestidos con los que el taco estiliza y alarga las proporciones. La mujer se para diferente, ¡camina de otra manera! Yo a mis clientas las aconsejo muchísimo y las reto cuando no hacen lo que tienen que hacer. Por ejemplo, les digo que no usen un elástico (ya sea de una trusa, una bombacha o de una tanga) que te apriete acá –señala la cintura–. Es una de las partes más vulnerables del cuerpo femenino, si se aprieta se para la sangre y queda un surco y forma rollos. Lo mismo pasa con la marca del corpiño… Yo uso mi experiencia. Trato de aconsejar por su bien, no lo hago arbitrariamente. Me gusta embellecerlas por entero. Vestirlas elegantes y disfrazarlas por un rato no hace a una mujer elegante. No sirve. La elegancia resulta de una actitud, aunque esté con jeans y zapatillas.

¿Se puede adoptar si no la tenés naturalmente? Si se es muy inteligente y muy sensible, sí. Si además se tiene la suerte también de tener cierta posibilidad material, mejor… Aunque aun con un sueldo promedio, y sin acceso a un guardarropa ideal, puede destacarse, si tiene personalidad brillará.

¿Cómo te llevás con las celebrities? ¿Prestás vestidos? No. Si mal no recuerdo, la última celebrity que he vestido fue Natalia Oreiro. De las verdaderas –porque no son todas celebrities– he vestido a Susana Giménez tantos años, a Chiquita Legrand... y con Graciela –Borges– somos amigos desde muy chicos. A Gabriela Sabatini le hice el vestido de sus primeras fotos públicas, era una nena. A Marcela Tinayre le hice el vestido de novia, ¡imaginate! Y a su hija Juanita la estamos esperando… “Cuando me case quiero que me hagas el vestido”, me dice, bueno… estamos esperando. Yo, chocho, ¡si es divina Juanita! Quizás es una equivocación, pero no sirvo para andar revoloteando para convencerte que te vengas a hacer un vestido o darte el vestido para que salga fotografiado. A algunas, a lo mejor, no les gusta lo que hago o me tienen miedo.

Es que tenés fama de divo…¿Por qué me ven tan así? Bueno, críticas hubo siempre. Que si tengo pelo, que no… Ahora que no tengo se dieron cuenta de que no tengo cirugías. ¡Si 15 años atrás ya decían que yo tenía 75 años, tengo 67 recién cumplidos en octubre! Lo que pasa es que cuando hace muchos años que estás y la gente te ve, después dice: “Uhh… éste debe tener muchísimos años”. Pero empecé muy chico, a los 16. Y he trabajado todo el tiempo, he dedicado horas de mi vida. Me quedaba encerrado noches enteras trabajando. La imagen de divo... no sé. Yo no quiero tenerla, para nada. Se la inventa la gente. Y si transmito eso me causa gracia –risas–, no lo tomo a mal. Es que a veces pasa por la actitud. ¿Viste que yo bajé con la bandeja de agua sin ningún problema? No se rompe ningún esquema, no. Así como hago eso puedo pasar la aspiradora, es más, ¡me encanta! Me encanta hacer todo ese tipo de trabajos en la casa.

Cuesta imaginarte en pijama comiendo un sándwich en el piso… ¡Imaginátelo! Porque hago muchas cosas en pijama en mi casa. No sólo creo mis diseños, sino que me encantan los pijamas. Algunos –que adoro– tienen agujeros y los hago arreglar. Me gustan tanto que me dan pena tirarlos.

¿Qué le falta a tu vida, Gino? La verdad es que me baso en la dedicación y el trabajo, el trabajo es un gran estimulante. También me relajo –tampoco es que soy un adicto al trabajo–, me ayuda a tomar distancia, así que me gustaría viajar más, volver a Egipto (un lugar que me shockeó en cuanto lo conocí)… ¡y conocer Oriente! A veces, hasta me parece imposible que no haya ido a determinados lugares. Eso me falta, sin eso me siento incompleto. No conocer ciertas culturas no es correcto, sobre todo para mí que lo considero alimento espiritual. ¡Viajar te enriquece tanto! Te hace cambiar, radicalmente, el panorama.

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