Para Ti

Actualidad

Marzo 2005

Historia en una cartera

Dicen que la vida de una mujer puede guardarse en una cartera. Es el accesorio amado por todas y jamás dejó de estar de moda. Pero antes de ser objeto de culto en el mundo fashion, fue herramienta de trabajo, identidad de ciertas tribus y compañía de soldados. La casa Hermès le dedicó una exposición y un libro.

Texto: M.F. Sanguinetti. Fotos: Gentileza Hermes.

  • De Pauline Bonaparte del siglo XIX.
  • De Shiro Kuramata.
  • Con un reloj de guarda de estación de carruajes tirados por caballos.
Winnie está semienterrada, hasta la cintura. Nadie sabe desde hace cuánto ella está en ese pozo, en esa isla rocosa de cielo azul, pero no se queja. El marido de Winnie también está enterrado, aunque un poco más allá y casi no pueden verse. Y Winnie no se queja. Dos cosas la ayudan a sobrellevar esta situación de soledad y deterioro: la rutina de maquillarse, lavarse los dientes y monologar. Y su cartera. El personaje de Samuel Beckett, en su obra Los días felices, es una mujer de clase media, occidental y cristiana. Para ella, como para millones de mujeres del mundo, la cartera representa su cofre de maravillas. Su mundo privado. Su identidad. Su todo.
Antropólogos y expertos del mundo de la moda sostienen que hay un paralelismo entre la cartera de Winnie y la de los cazadores nómades de la prehistoria: “ambos tienen sólo sus bolsos, que son una compañía esencial para su soledad. Ellos pueden introducir su mano en las profundidades de sus carteras y encontrar desde los elementos más innecesarios hasta los más decisivos. La cartera es un inventario de sus vidas”, sostiene Jean-Louis Dumas, presidente de Hermès, la casa francesa famosa por sus carteras, bolsos y valijas. “La cartera completa el cuerpo humano decorándolo. Una cartera tiene millones de formas de ser flexible pero es sólida para proteger las frágiles pertenencias de su dueño. Cuando uno abre una cartera, se puede encontrar el pasado y el presente: desde los huesos de los antepasados hasta recuerdos de la persona amada y los sueños del futuro”, agrega Hélène David-Weill, presidente de la Unión Central de Artes Decorativas (UCAD) de Francia. Tanto David-Weill como Jean-Louis Dumas fueron la cara visible de Le Cas du Sac, una exposición que se realizó recientemente en el Museo de la Moda y del Textil de París. Organizada por la Maison Hermès, reunió más de 300 piezas de orígenes geográficos variados. Allí, junto a las carteras de moda que se han convertido en íconos del mundo fashion, fue posible encontrar el bolso de cazador Dogón, el de la hechicera papú, el morral del curandero de Camerún, la bolsa del comerciante mongol, la del marino, la del médico y la del chamán. La muestra, además, dio origen a Carried Away. All about bags, un libro de 288 páginas co-editado por la UCAD y Hermès en el cual los curadores de la exposición, etnólogos e historiadores aportaron su visión sobre este accesorio central para la historia de la humanidad que –a pesar de que los hombres también lo d isfrutan– es símbolo innegable de lo femenino. Porque hurgando dentro de una cartera de una mujer, dicen, sería posible revelar su verdadera naturaleza. O, al menos, se tiene esa ilusión. Lo que está en la cartera sería, entonces, la utopía, el enigma de cada mujer, según sostienen los autores del libro. “La cartera es el ejemplo perfecto de la dialéctica de mostrar que tenemos algo que no vamos a mostrar. Aun si no llevamos nada adentro, esa nada es algo secreto, algo prohibido”, afirman. Justo lo que dice la Winnie, de Beckett: “Si alguien viene y me pregunta ‘Winnie, ¿qué tienes en esa gran cartera negra?, ¿podría yo darle una respuesta exhaustiva? No. Quién sabe qué tesoros esconde”.

LA UNIVERSALIDAD DE LO SINGULAR. No hay invento más universal que la cartera. Ha sido así en los cinco continentes y desde el origen de la historia del hombre. No importa cuál haya sido su origen social. “Frozen Fritz”, un hombre que hace más de 5.300 años murió congelado en el Tirol, tenía consigo una cartera con herramientas. Reyes como el egipcio Tutankamón –que llevaba en su tumba una protocartera–, vagabundos, peregrinos y soldaderas mexicanas tenían carteras. Las llevaban tanto Hermes –el dios intermediario entre los griegos y el Olimpo– como el Ulises de Homero y Diógenes. Y hasta el mismísimo Judas que pintó Meister Leonhard tenía una a modo de mochila.
Es un error pensar que la cartera surgió en los pueblos nómades: son los pueblos sedentarios, pero con ganas de andar, los que le dieron popularidad. Incluso su nombre revela el recorrido de quienes las llevaban a cuestas, ya sea escondidas entre sus ropas, colgadas de su cintura o de su cuello. La palabra inglesa bag, por ejemplo, parece venir del norte de Italia y de Provence, donde se llamaba baga o bagues al objeto donde se llevaban las pertenencias más preciadas. Y así como los esquimales tienen términos precisos para cada matiz del color blanco, los Tuareg utilizan más de quince nombres para diferenciar sus carteras: por sus materiales, por sus usos, por sus tamaños o su contenido, entre otras variables. Para el filósofo y científico francés François Dagognet, la cartera o bolso no es un objeto ordinario: es un meta objeto, porque es un objeto que lleva objetos. Este “contenedor” tuvo diferentes grados de importancia según el momento histórico: pasó de ser un objeto p ropio de los estratos sociales más bajos (como los limosneros y las alforjas) a ser símbolo de status, ya que a partir de la Edad Media, mientras más rica era la persona, más elaborada era su cartera. Es que si algo tienen en común la Edad Media y el siglo XX es la búsqueda de la singularidad y la excentricidad en lo que a carteras se refiere. O sea, es el triunfo de las ediciones limitadas.

SÍMBOLO DE LA FEMINEIDAD. En el Museo del Louvre en París hay un cuadro del artista Jacques Dumont llamado Madame Mercier rodeada de su familia. La obra refleja el rol fundamental que la cartera tiene, para las mujeres, en el siglo XVIII. No hay mujer que no tenga, colgando de su muñeca, una carterita con forma de bolsa y cierre fruncido (sewing bag o reticule). Diderot y d’Alambert ya habían prestado atención a este sofisticado objeto femenino –cuyo pariente más cercano son los bolsillos y los monederos que antes se usaban debajo de la ropa, algo que hoy podría ser considerado underwear– y lo describieron en su Encyclopédie. Jean-Jacques Rousseau también había puesto el ojo en este bolso en el cual se llevaban objetos de costura y tejido y que, según el Diccionario de la Etiqueta de Madame de Genlis ya era el vector de la femineidad. Y continuó siendo el objeto de culto de las merveilleuses, esa suerte de top models del reinado de Luis XV, cuando la r opa de las mujeres comenzó a ser más sencilla. Tal vez adelantándose a las fashion victims de hoy, las top de aquella época empezaron a usar reticules diferentes para cada ocasión.
El siglo XX le dio a la cartera su lugar indiscutible. De hecho, de todos los accesorios que se consideraban 100 % femeninos, como los guantes, los sombreros y las sombrillas, sólo la cartera logró permanecer aferrada a la mano de las mujeres. Y mientras más net se volvía la indumentaria, más importancia adquiría. A partir de 1940, bajo el touch de nombres como Hermès, Chanel, Vuitton, Gucci, Lagerfeld, Moschino, Fendi, Prada, Dolce & Gabbana y Dior, el mundo de las carteras dio un vuelco definitivo.
Hay quienes piensan que las razones para que sea todo un símbolo de lo que significa ser mujer estuvieron relacionadas con la industria del cine. Hay quienes lo atribuyen a la imparable globalización de lo que significa la moda. Hay otros, más ilusos, a los que les gusta pensar que la “culpa” fue de aquella tapa de la revista norteamericana Life que –allá por 1956– mostró a la princesa Grace Kelly con una Hermès cubriendo su embarazo. Y nació la Kelly bag. Tanto en los ‘50 como ahora, la idea de esta casa –que también creó en los ‘80 la Birkin bag en honor a la actriz Jane Birkin– no podía ser más vigente: todas queremos tener una cartera que nos haga lucir elegantes y que nos convierta, al menos por un segundo, en una princesa.

¿Te gustó esta nota? Compartíla:
Comentarios
PUBLICIDAD
Editorial Televisa
Editorial Atlántida
©2013 PARA TI ONLINE. Todos los derechos reservados.