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Enero 2006

Judi Werthein

Diseñó unas zapatillas para los migrantes ilegales que cruzan la frontera de México con Estados Unidos. Y el escándalo no se hizo esperar. La artista explica en esta charla con Para Ti el proyecto que les dio origen y dice que lo suyo no es hacer política, sino representar lo que pasa.

Texto: Alejandro Cúpula. Fotos: Mariana Ruddock.

  • Las zapatillas que creó Werthein tienen una brújula, una linterna, un mapa y la imagen del patrono de los migrantes.
  • De las 1.000 fabricadas, 500 se regalaron a migrantes y la otra mitad se vendió a más de 200 dólares en San Diego, Estados Unidos. Ahora se exhiben en la galería Ruth Benzacar en Buenos Aires.
  • …y las polemicas brinco
Judi Werthein (38) es una argentina talentosa y determinada, características que afloran apenas empieza la charla. Se recibió de arquitecta.
“En realidad, soy artista”, dice. En el año ´97 emigró a Estados Unidos, donde encontró un ámbito más propicio para desarrollar su arte (contemporáneo y público), y también comenzó a enseñar. Su vida la llevaría al lugar adecuado en el momento adecuado: hace dos años fue invitada junto a otros 25 artistas de todo el mundo por inSite, una institución que se dedica a promover proyectos de arte público en la frontera de México y Estados Unidos, más precisamente en las ciudades de Tijuana (del lado mexicano) y San Diego (del lado estadounidense).

“inSite comenzó a realizar proyectos en la frontera en el ´97 y cada dos o cuatro años arman exhibiciones bastante grandes”, detalla Judi, que tenía como misión pensar un proyecto de arte público que estuviera en “diálogo” con la frontera y que tuviera una amplia participación en ambos lados de ella. Lo que más le llamó la atención “y que es inevitable para cualquier persona que vaya a esa zona”, asegura, fue la situación de los migrantes, es decir, de las personas que tratan de cruzar ilegalmente a los Estados Unidos. A Tijuana llegan migrantes de toda Latinoamérica para intentar “brincar”, así llaman al acto de cruzar. Fue allí, hablando con ellos, que se le ocurrió la idea de que su obra debía estar en los pies de los migrantes.

Luego de dos años de investigación y de hablar con ambas partes involucradas, creó unas zapatillas a las que llamó Brinco, y armó un revuelo increíble no sólo a ambos lados de la frontera, sino en todo el mundo. Críticas despiadadas y muestras de apoyo le llegaron por igual. El primer paso estaba dado. Para Ti habló con Judi para que cuente su versión.

–¿Cómo fue el proceso de la idea hasta tener el primer par?
–Yo quería que la obra estuviera en los pies de los migrantes, de ahí surgió la idea de la zapatilla. Creé una compañía ficticia, que se llama Brinco, y copié el mismo modelo con la forma de trabajo de una compañía norteamericana. Produje las zapatillas en China a un bajo costo. Todo esto se encuentra dentro del calzado (en una etiqueta) explicando cuánto dinero cobró cada trabajador (42 dólares al mes por una jornada de doce horas de trabajo diarias, siete días a la semana).

–¿Por qué tantas explicaciones?
–Porque la fabricación es algo que todas las compañías ocultan y yo la expongo abiertamente para demostrar el grado de explotación de las empresas norteamericanas en países del Tercer Mundo, y donde la mano de obra tiene muy bajo costo.

–O sea que el proyecto tiene muchas facetas.
–La crítica de los americanos es que los ilegales les sacan el trabajo a la clase media americana porque el ilegal, al ser indocumentado, cobra menos. Tratamos de explicar que los ilegales no les sacan el trabajo a los americanos; los que le quitan el trabajo a los americanos son sus propias fábricas, que no utilizan la mano de obra de su país. Hay infinitas facetas del problema. Yo, con el proyecto, intenté abordar la mayor cantidad de temas posibles relacionados con esto, dentro de lo que sería la representación en el arte.

–¿Pero los migrantes se las probaron?
–Sí, claro. Se produjeron mil zapatillas. Como la obra tenía que ser activa a ambos lados de la frontera, la forma de activarla fue respondiendo a ambas realidades sociales. Entonces, del lado de México les regalé 500 a los migrantes, con lo cual el objeto, la zapatilla, se transforma en un objeto utilitario, porque de hecho la usan. Y del otro lado, del lado de San Diego, las otras 500 las puse en un negocio de zapatillas de edición limitada (Blends), muy a la moda, a un precio muy alto (215 dólares más impuestos). Lo recaudado se destinó a la Casa del Migrante, un lugar que se dedica a recibirlos cuando llegan a Tijuana, darles un lugar para comer y dormir por hasta 15 días.

ARTE A TUS PIES. Las zapatillas son una obra de arte. Y se ve. En nuestro país hay algunos pares en exhibición en la Galería Ruth Benzacar (el único lugar que las tiene en Sudamérica), que también se pueden comprar. De color verde militar, tienen en la punta delantera un águila del cuarto de dólar norteamericano que “representa hacia dónde van, pero también es el dinero”, explica su creadora. En la parte trasera, como contrapartida, está el águila mexicana, símbolo de todos los productos que hacen en aquel país y para mostrar de dónde vienen los migrantes. Pero, además, tienen otros atributos que, si bien son muy estéticos, tienen la función de ayudar: una brújula, una linterna y un mapa de la zona fronteriza impreso en la plantilla.

También tienen bolsillos internos porque los migrantes traen consigo todo su dinero y hay bandas organizadas que los roban. Para cruzar por la sierra Nido del Aguila se necesitan tres días y hay que contratar un coyote, un guía especializado (absolutamente ilegal). Si no, se corren serios riesgos de perderse y hasta morir de deshidratación por el camino. La policía de frontera norteamericana los encuentra y los devuelve a Tijuana, y ellos lo intentan una y otra vez. Muchos se cansan, desisten y, como ya gastaron todo su dinero, no les queda otra que quedarse y empezar una nueva vida allí, es por eso que Tijuana es una de las ciudades de mayor crecimiento demográfico de México y seguramente una de las más cosmopolitas.

Pero tal vez lo más peligroso que los migrantes tienen que enfrentar es la Minuteman, una asociación de civiles norteamericanos que patrullan la frontera a la noche, prenden las luces de sus camionetas y se sientan con sus rifles a esperar y tiran a matar. Por todo esto, van a rezar a la Iglesia de Santo Toribio Romo, su patrono, antes de brincar. La imagen del santo también los acompaña en la zapatilla, en la parte trasera.

–¿Vos también sos una migrante?
–Sí, pero legal (se ríe).

–Pero caminaste tres días por las sierras, de noche.
–No, pero hice el camino que hacen ellos. En la investigación hice el camino con la patrulla mexicana y fue bastante duro. Y era de día. Yo veía el terreno: son todos acantilados, rocas, es bastante difícil.

–¿No te acusaron de estar promoviendo la inmigración ilegal con este proyecto?
–Sí, pero ese tipo de argumentos se basa en la ignorancia. Mil zapatillas no van a estar promoviendo la inmigración ilegal. Quien migra no lo hace porque yo le dé un par de zapatillas, sino porque tiene que dar comida a su familia y por razones muchísimo más importantes que una zapatilla.

–¿Recibiste noticias de alguien que haya logrado brincar con tus zapatillas?
–No, porque una vez que están en Estados Unidos tratan de mantenerse ocultos y de no exponerse mucho. Los poderes de la policía norteamericana han sido extendidos, no solamente el Border Patrol (Patrulla Fronteriza) puede deportar, sino cualquier policía, esté donde esté. Si a alguien lo paran por la calle y no tiene documentos, lo deportan. Los migrantes tienen una vida reclusa. Lo único que hacen es ir a trabajar y regresar a sus casas. Tratan de mantenerse invisibles todo el tiempo.

–¿Tu proyecto no tiene ningún tinte político?
–No, es una representación de algo que sucede, la migración pasa, pasó y seguirá pasando. Estados Unidos es un país de inmigrantes, como lo es la Argentina. Lo político tiene que ver con el desbalance de las economías que generan movimientos migratorios. Por supuesto que ese análisis es más de políticos y sociólogos. Yo soy artista y lo que me interesa es tomar un tema que está presente y tratar de representarlo. En este caso es un una zapatilla, con todo el simbolismo posible, tanto de un lado como del otro.

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