Para Ti

Actualidad

Febrero 2006

Kenneth Cole

Kenneth Cole (51) comenzó diseñando zapatos y hoy cuenta con un imperio de la moda que en noviembre de este año llegará a nuestro país con tres locales propios. Asegura que, más que vender, busca crear una verdadera conciencia social: “Es mejor ser reconocido por lo que llevás en el alma que por lo que llevás en el cuerpo”, asegura. Para Ti lo visitó en sus oficinas de Manhattan y te cuenta cómo será su nueva colección otoño-invierno 2006.
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“La moda no es sólo cómo te ves por fuera, también es un reflejo de cómo sos en tu interior”, define el diseñador Kenneth Cole (51), quien, si bien comenzó diseñando zapatos, hoy tiene un verdadero imperio de la moda valuado en U$S 515 millones, con 80 locales en los Estados Unidos y 40 en el resto del mundo, incluyendo tres que en noviembre abrirá en nuestro país. Esta eminencia en el mundo del calzado, la ropa femenina y masculina y los accesorios, además es una voz que siempre se pronuncia en causas sociales como el tráfico de armas, el aborto, los sin techo y el sida. Su labor humanitaria fue varias veces galardonada con premios internacionales: “Amo la moda pero también deseo conectarme con algo más grande, ya que es mejor ser reconocido por lo que llevás en el alma que por lo que llevás en el cuerpo”. Es justamente este singular personaje quien nos recibió en sus oficinas de Manhattan impecablemente vestido, con jeans, camiseta blanca, suéter y mocasines. Con voz suave pero firme reveló a Para Ti de qué manera consiguió hacer de Kenneth Cole New York una verdadera marca registrada.

Kenneth mamó el oficio de hacer y vender zapatos en su Brooklyn natal. Su padre, Charles Cole, era dueño de la tienda El Greco, famosa en los ’70 por su zapato fetiche, Candie’s. Trabajó en el negocio paterno unos veranos hasta que en 1982 decidió lanzarse solo y hoy, la historia de cómo comenzó su marca propia es una verdadera leyenda. “Hace 20 años mi sueño era presentarme en el más prestigioso evento de zapatos que se realizaba en Nueva York, en el Hotel Hilton. Como todavía no era conocido no tenía manera de participar. Entonces tuve una gran idea: instalarme en la vía pública justo frente al hotel. Como el permiso sólo se lo daban a grupos de filmaciones, en dos horas bauticé a mi compañía Kenneth Cole Productions Inc. y, permiso en mano, me instalé con mis zapatos justo a la salida del famoso hotel. Simulé filmar un comercial y mientras tanto captaba la atención de los compradores que salían y entraban al lugar”. En sólo dos días Cole vendió su colección completa, en total 40.000 pares de zapatos. Una verdadera hazaña.

A pesar de que hoy sus productos son muy conocidos y prestigiosos, que su imagen se acerca más a la de un modelo y que su nombre está impreso en miles de zapatos, prendas, perfumes y relojes, Cole sigue disfrutando de un total anonimato: “Tengo lo mejor de los dos mundos: la gente reconoce mi nombre pero no mi cara, así que puedo caminar por la calles de Nueva York sin perder mi privacidad”.

Ropa urbana y moderna, con la calidad y el estilo de Prada o Dolce & Gabbana pero más accesible, así es la propuesta de Kenneth Cole New York. “En este mundo no hay correctos e incorrectos, cada uno tiene sus propias reglas y eso es lo extraordinario de la moda”, aseguró el diseñador minutos antes de su desfile en la Olympus Fashion Week, donde presentó su nueva colección otoño-invierno 2006 (en Buenos Aires recién se podrá ver el año que viene). En ese momento también se animó a confesar: “Ya ni sé por qué hacemos estos shows. Te toma seis meses de trabajo, muchísima atención, tiempo y tanta energía para módicos 20 minutos…”. A la hora de dar su visión sobre esta nueva propuesta dijo: “Si bien es cierto que esta colección muestra un estilo muy masculino, es justamente este concepto lo que hace resaltar la femineidad de la mujer”.

–¿Cómo se hace para sobrevivir con diseños originales en un mundo tan vertiginoso como el de la moda?
–La moda cambió muchísimo. Hoy hacés tu desfile y al rato tus diseños están dando vueltas por todo el mundo, a disposición de todo el que los quiera. Eso te obliga a hacer mejores cosas, a hacerlas rápido y, por supuesto, elevando cada vez más la calidad.

–Muchas veces se asocia a la moda con cosas imposibles para la vida real: tacos altísimos, diseños incómodos... ¿te parece que la moda deba ser así?
–Para nada. Una prenda no tiene que ser incómoda para verse hermosa. Y lo podés ver en mis diseños: se trata de hacer cosas prácticas para que te sientas bien por dentro y eso te haga ver hermosa. El equipo perfecto es fácil de detectar: te mirás al espejo y te ves relajado, sonriente, sexy y glamoroso.

–Como diseñador de zapatos, ¿cuánto hay de verdad en la premisa que afirma que hay que empezar a vestirse de abajo hacia arriba?
–Es así. Si bien tenés que empezar por donde te sientas cómodo, muchas veces eso significa que empieces desde los pies. Los zapatos reflejan cómo te sentís y tu personalidad tanto o más que las manos.

Moda + mensaje político

“Nadie necesita lo que yo vendo”, dispara con extraña sinceridad este diseñador, y agrega: “Probablemente no haya una persona que necesite otro par de zapatos negros u otra remera blanca. Mi trabajo es hacer que la gente se sienta bien comprando estos productos”. Es que para Cole más importante que vender es conseguir clientes que coincidan con sus ideas, y éstas suelen ir bastante más allá de un color de moda o un diseño en particular. Sus campañas reflejan los problemas de la sociedad y son más bien ácidas. Un slogan para vender sus zapatos aseguraba: “Lo que apoyás es más importante que dónde te apoyás”. Cole también fue un pionero en la lucha contra el sida. En 1985 lanzó su primera campaña sobre prevención de la mortal enfermedad: “Nadie hablaba del tema, si lo hacías era porque eras gay o drogadicto. Yo no era ninguna de las dos cosas, pero la gente moría y era algo de lo que se necesitaba hablar”. Hoy, como flamante presidente de la American Foundation for AIDS Research, regresa con otra campaña por demás impactante, que reza “Todos tenemos sida”, y para ella convocó a Nelson Mandela, entre otros famosos. “Hay un 95 % de gente que vive con el virus del sida y no lo sabe”, informa. Siempre al filo de la navaja, sus mensajes llegaron a incomodar a más de uno: “La gente cuestiona nuestras intenciones y dice que mis mensajes son políticos, pero no lo son”, responde. Y esta seguridad tal vez se la dé el hecho de que la política es parte de su vida: hace casi veinte años está casado con Maria Cuomo, hija del gobernador demócrata de Nueva York, Mario Cuomo, con quien tiene tres hijas. Pasa su tiempo libre con su cuñado, Andrew Cuomo, y su mujer, Kerry Kennedy (hija de Robert) y es uno de los compañeros preferidos de golf del ex presidente Bill Clinton. “Los diseñadores de moda y los políticos tenemos muchas cosas en común –explica–: ambos queremos compartir un mensaje. Debemos vendernos a nosotros mismos y si el diseñador falla tiene otra chance de hacerlo en la temporada siguiente, de la misma manera que el político puede presentarse en otra elección”.

–No todos tus colegas deciden comprometerse en causas humanitarias, ¿cómo es tu relación con ellos?
–Tengo amigos en el mundo de la moda y los respeto mucho. Creo que ellos hacen lo que pueden desde sus lugares y a su manera. No soy quién para juzgar a nadie.

–Conocés al dedillo las cifras de armas, sida, pobreza... ¿no te tienta convertirte en político?
–No. Sinceramente lo pensé, pero siento que puedo ayudar más y a más gente desde mi lugar y no como político. Hoy en día puedo decir lo que quiero, cuando quiero y a quien quiero. ¿Qué más puedo pedir?

  • Su desfile marcó el comienzo de la Olympus Fashion Week de Nueva York. La modelo brasileña Flavia Oliveira (abajo) fue una de las estrellas.
  • Imponente, su local de más de mil metros cuadrados se encuentra nada menos que en el Rockefeller Center de Nueva York.
  • La voz de Kenneth Cole se hace oír en cada rincón de su showroom.
“La moda no es sólo cómo te ves por fuera, también es un reflejo de cómo sos en tu interior”, define el diseñador Kenneth Cole (51), quien, si bien comenzó diseñando zapatos, hoy tiene un verdadero imperio de la moda valuado en U$S 515 millones, con 80 locales en los Estados Unidos y 40 en el resto del mundo, incluyendo tres que en noviembre abrirá en nuestro país. Esta eminencia en el mundo del calzado, la ropa femenina y masculina y los accesorios, además es una voz que siempre se pronuncia en causas sociales como el tráfico de armas, el aborto, los sin techo y el sida. Su labor humanitaria fue varias veces galardonada con premios internacionales: “Amo la moda pero también deseo conectarme con algo más grande, ya que es mejor ser reconocido por lo que llevás en el alma que por lo que llevás en el cuerpo”. Es justamente este singular personaje quien nos recibió en sus oficinas de Manhattan impecablemente vestido, con jeans, camiseta blanca, suéter y mocasines. Con voz suave pero firme reveló a Para Ti de qué manera consiguió hacer de Kenneth Cole New York una verdadera marca registrada.

Kenneth mamó el oficio de hacer y vender zapatos en su Brooklyn natal. Su padre, Charles Cole, era dueño de la tienda El Greco, famosa en los ’70 por su zapato fetiche, Candie’s. Trabajó en el negocio paterno unos veranos hasta que en 1982 decidió lanzarse solo y hoy, la historia de cómo comenzó su marca propia es una verdadera leyenda. “Hace 20 años mi sueño era presentarme en el más prestigioso evento de zapatos que se realizaba en Nueva York, en el Hotel Hilton. Como todavía no era conocido no tenía manera de participar. Entonces tuve una gran idea: instalarme en la vía pública justo frente al hotel. Como el permiso sólo se lo daban a grupos de filmaciones, en dos horas bauticé a mi compañía Kenneth Cole Productions Inc. y, permiso en mano, me instalé con mis zapatos justo a la salida del famoso hotel. Simulé filmar un comercial y mientras tanto captaba la atención de los compradores que salían y entraban al lugar”. En sólo dos días Cole vendió su colección completa, en total 40.000 pares de zapatos. Una verdadera hazaña.

A pesar de que hoy sus productos son muy conocidos y prestigiosos, que su imagen se acerca más a la de un modelo y que su nombre está impreso en miles de zapatos, prendas, perfumes y relojes, Cole sigue disfrutando de un total anonimato: “Tengo lo mejor de los dos mundos: la gente reconoce mi nombre pero no mi cara, así que puedo caminar por la calles de Nueva York sin perder mi privacidad”.

Ropa urbana y moderna, con la calidad y el estilo de Prada o Dolce & Gabbana pero más accesible, así es la propuesta de Kenneth Cole New York. “En este mundo no hay correctos e incorrectos, cada uno tiene sus propias reglas y eso es lo extraordinario de la moda”, aseguró el diseñador minutos antes de su desfile en la Olympus Fashion Week, donde presentó su nueva colección otoño-invierno 2006 (en Buenos Aires recién se podrá ver el año que viene). En ese momento también se animó a confesar: “Ya ni sé por qué hacemos estos shows. Te toma seis meses de trabajo, muchísima atención, tiempo y tanta energía para módicos 20 minutos…”. A la hora de dar su visión sobre esta nueva propuesta dijo: “Si bien es cierto que esta colección muestra un estilo muy masculino, es justamente este concepto lo que hace resaltar la femineidad de la mujer”.

–¿Cómo se hace para sobrevivir con diseños originales en un mundo tan vertiginoso como el de la moda?
–La moda cambió muchísimo. Hoy hacés tu desfile y al rato tus diseños están dando vueltas por todo el mundo, a disposición de todo el que los quiera. Eso te obliga a hacer mejores cosas, a hacerlas rápido y, por supuesto, elevando cada vez más la calidad.

–Muchas veces se asocia a la moda con cosas imposibles para la vida real: tacos altísimos, diseños incómodos... ¿te parece que la moda deba ser así?
–Para nada. Una prenda no tiene que ser incómoda para verse hermosa. Y lo podés ver en mis diseños: se trata de hacer cosas prácticas para que te sientas bien por dentro y eso te haga ver hermosa. El equipo perfecto es fácil de detectar: te mirás al espejo y te ves relajado, sonriente, sexy y glamoroso.

–Como diseñador de zapatos, ¿cuánto hay de verdad en la premisa que afirma que hay que empezar a vestirse de abajo hacia arriba?
–Es así. Si bien tenés que empezar por donde te sientas cómodo, muchas veces eso significa que empieces desde los pies. Los zapatos reflejan cómo te sentís y tu personalidad tanto o más que las manos.

Moda + mensaje político

“Nadie necesita lo que yo vendo”, dispara con extraña sinceridad este diseñador, y agrega: “Probablemente no haya una persona que necesite otro par de zapatos negros u otra remera blanca. Mi trabajo es hacer que la gente se sienta bien comprando estos productos”. Es que para Cole más importante que vender es conseguir clientes que coincidan con sus ideas, y éstas suelen ir bastante más allá de un color de moda o un diseño en particular. Sus campañas reflejan los problemas de la sociedad y son más bien ácidas. Un slogan para vender sus zapatos aseguraba: “Lo que apoyás es más importante que dónde te apoyás”. Cole también fue un pionero en la lucha contra el sida. En 1985 lanzó su primera campaña sobre prevención de la mortal enfermedad: “Nadie hablaba del tema, si lo hacías era porque eras gay o drogadicto. Yo no era ninguna de las dos cosas, pero la gente moría y era algo de lo que se necesitaba hablar”. Hoy, como flamante presidente de la American Foundation for AIDS Research, regresa con otra campaña por demás impactante, que reza “Todos tenemos sida”, y para ella convocó a Nelson Mandela, entre otros famosos. “Hay un 95 % de gente que vive con el virus del sida y no lo sabe”, informa. Siempre al filo de la navaja, sus mensajes llegaron a incomodar a más de uno: “La gente cuestiona nuestras intenciones y dice que mis mensajes son políticos, pero no lo son”, responde. Y esta seguridad tal vez se la dé el hecho de que la política es parte de su vida: hace casi veinte años está casado con Maria Cuomo, hija del gobernador demócrata de Nueva York, Mario Cuomo, con quien tiene tres hijas. Pasa su tiempo libre con su cuñado, Andrew Cuomo, y su mujer, Kerry Kennedy (hija de Robert) y es uno de los compañeros preferidos de golf del ex presidente Bill Clinton. “Los diseñadores de moda y los políticos tenemos muchas cosas en común –explica–: ambos queremos compartir un mensaje. Debemos vendernos a nosotros mismos y si el diseñador falla tiene otra chance de hacerlo en la temporada siguiente, de la misma manera que el político puede presentarse en otra elección”.

–No todos tus colegas deciden comprometerse en causas humanitarias, ¿cómo es tu relación con ellos?
–Tengo amigos en el mundo de la moda y los respeto mucho. Creo que ellos hacen lo que pueden desde sus lugares y a su manera. No soy quién para juzgar a nadie.

–Conocés al dedillo las cifras de armas, sida, pobreza... ¿no te tienta convertirte en político?
–No. Sinceramente lo pensé, pero siento que puedo ayudar más y a más gente desde mi lugar y no como político. Hoy en día puedo decir lo que quiero, cuando quiero y a quien quiero. ¿Qué más puedo pedir?

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