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Agosto 2012

La ecoembajadora

María Susana Pataro. Es antropóloga y activa defensora de los derechos de los animales, especialmente de los gorilas, chimpancés, bonobos y orangutanes, “los seres más próximos al hombre desde el punto de vista emocional y biológico”, asegura. Hace tres años está a cargo de la embajada de Nigeria, convirtiéndose en la primera mujer argentina en ejercer un cargo diplomático en el Africa subsahariana. Para Ti conversó con ella –vía Skype– para que nos cuente su vida “de novela y documental”.
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Textos: Silvina Dell´Isola. Fotos: Album personal M. S. Pataro.

Leé la nota completa en Para Ti.

  • Una amiga desarrolló una teoría original sobre mi llegada a Nigeria: dice que seguramente todo fue producto del intenso lobby desplegado por gorilas y chimpancés para tener una embajadora amiga en los alrededores.”
  • Junto a dos chicos durante una visita a un santuario de conservación de gorilas en la República del Congo.
  • Africa mía. La embajadora argentina en Nigeria, el día en que presentó sus credenciales diplomáticas ante el Presidente Amadou Toumani Toure, en Bamako, Mali.
Vive la vida que miles de mujeres sólo conocen a través de la literatura y los documentales. Vive casi como una de esas heroínas del siglo XX, como las primatólogas Jane Goodall y Dian Fossey o la escritora danesa Karen Blixen, que inspiró la película Africa mía.

Nombre: María Susana Pataro. Edad…“Biológicamente tengo más de 40 y menos de 80 –responde, evasiva y coqueta–. En algunas situaciones extremas he tenido la impresión de que llevaba una eternidad viviendo en la tierra, mientras que en otras sentí que me comportaba como una adolescente tardía. Para más datos, nací en el barrio porteño de Montserrat, bajo el signo de Leo y tengo ascendente en Piscis”, completa su perfil –a su manera– la mujer que desde hace tres años es embajadora en Nigeria; la primera mujer argentina en ejercer un cargo diplomático en el Africa subsahariana. Estado civil: “casada con su profesión”, responde Pataro, licenciada en Ciencias Antropológicas desde julio de 1973. Ese mismo año aprobó también el examen para ingresar al Instituto del Servicio Exterior, y desde entonces, sus dos profesiones siempre caminaron juntas, como abrazadas. Tras casi cuarenta años dando vueltas por el mundo, cuenta que a su familia –un hermano, su cuñada y sus sobrinos– los ve durante sus vacaciones en Buenos Aires. “A esta altura nadie se asusta de mi nomadismo y todos tienen asumido mi estilo de vida independiente. Afortunadamente podemos conectarnos por Skype o mandarnos fotos e historias por mail, lo que ayuda a entibiar el corazón a veces entumecido por la aspereza de Nigeria”. Además, representa a 19 “embajadas concurrentes” que por falta de espacio propio se albergan en su residencia en Abuja, capital de Nigeria. Esto quiere decir que en países como Ghana, Costa de Marfil o Senegal, entre otros, lo que suceda relacionado con un ciudadano argentino es su responsabilidad.

Una diplomática y antropóloga consigue una embajada en Africa… ¿Casualidad o destino? Cuando me convocaron para proponerme una Jefatura de Misión dije que estaba disponible para cualquier sitio, y la única embajada vacante era la de Nigeria… Una amiga desarrolló una teoría original al respecto: dice que seguramente todo fue producto del “intenso lobby” desplegado por gorilas y chimpancés para tener una embajadora amiga en los alrededores (risas). Mi interés y compromiso con la conservación del patrimonio –que no es sólo monumentos, paisajes culturales y obras de arte, sino también ecosistemas y las especies que los habitan– estuvo siempre presente en mi vida. Gorilas, chimpancés, bonobos y orangutanes, los seres más próximos al hombre desde el punto de vista emocional y biológico, me interesaron desde que comencé a estudiar antropología. Pertenezco a la generación que en los ‘70 fue testigo de los trabajos pioneros de Goodall con los chimpancés de Gombe; de Fossey con los gorilas de montaña en Virunga, y de la primatóloga canadiense Biruté Galdikas con los orangutanes de Borneo.

¿Habías estado en el Africa subsahariana antes de arribar como embajadora? En dos oportunidades: en una reunión sobre Patrimonio Mundial en Durban, Sudáfrica, en 2005, y un año después, invitada por el Instituto Congoleño para la Conservación de la Naturaleza, visité los parques de Virunga y de Kahuzi-Biega, dos sitios emblemáticos. Allí pude conocer de primera mano aspectos desgarradores de la vida de las comunidades aledañas, de los guardias forestales y sus familias, y escuchar testimonios directos del sufrimiento de humanos y animales en una guerra que dejó más de 5 millones de muertos. La violencia en la región perdura porque es una de las más ricas del mundo en minerales y recursos naturales, como el coltán, que es usado para telefonía móvil, laptops y play stations, y petróleo, descubierto en Virunga, el santuario natural del gorila de montaña. Tal vez uno de los aspectos más reveladores de esa visita fue comprobar que los sufrimientos de personas y especies no derivan de conflictos africanos internos sino que son la contracara de nuestros hábitos de vida y consumo. Muchas cosas podrían comenzar a cambiar si tomáramos conciencia de ello en nuestras elecciones cotidianas.

¿Cómo comenzó tu romance con Africa? Esa visita al Congo marcó un antes y un después en mi vida, pero más que comenzar un romance diría que generó un compromiso porque desde entonces el sufrimiento del pueblo congoleño y las amenazas que pesan sobre su fauna y sus parques anidan en mi corazón. ¿Cómo es vivir en Nigeria? Abuja es una ciudad sorprendente, sobre todo porque es nueva. Fue construida en la década del ‘80 e inaugurada como capital oficial de Nigeria en 1991. La concibieron para erigirse como el centro del país, como símbolo de neutralidad y unidad nacional entre el norte mayoritariamente musulmán y el sur principalmente cristiano. Aunque un poco impersonal debido a su propia juventud, es una ciudad de fácil circulación, ordenada y limpia. En cuanto a mi situación, en el cuerpo diplomático internacional acreditado hay más de una docena de mujeres ejerciendo Jefaturas de Misión o Direcciones de oficinas de las Naciones Unidas, por lo que nunca me sentí sapo de otro pozo(…)

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