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Agosto 2008

La mafia de los medicamentos

El asesinato de Sebastián Forza, Damián Ferrón y Leopoldo Bina dejó al descubierto el mercado negro de los medicamentos: fármacos robados y adulterados, el negociado de algunas droguerías y obras sociales. Este circuito ilegal en la Argentina mueve 1.100 millones de pesos al año, y muchos aseguran que el margen de ganancia es mayor al del tráfico de drogas y al de las armas. En esta nota, Para Ti investigó cómo es la trama de este negocio.

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[ Texto J. Martínez Terán Fotos A. Atlántida ]

  • Solange Bellone, viuda de Sebastián Forza, en el lugar donde fueron encontrados los cuerpos.
  • El 13 de agosto los cuerpos de Forza, Ferrón y Bina fueron hallados en una zanja en General Rodríguez.
  • “El mercado negro de los fármacos mueve millones y esto se debe a que ni los laboratorios ni las droguerías tienen un control ético”. Marcelo Peretta, secretario del Colegio de Farmacéuticos y Bioquímicos.

El crimen de los tres empresarios puso al desnudo la venta ilegal de los medicamentos y su vinculación con el narcotráfico. “Un mercado que en la Argentina mueve 1.100 millones de pesos al año”, según Marcelo Peretta, secretario general del Colegio de Farmacéuticos y Bioquímicos de Capital Federal.

Sebastián Forza (34), Damián Ferrón (37) y Leopoldo Bina (35) fueron ejecutados de rodillas con una pistola calibre 40 en un zanjón (N. de la R.: el mismo tipo de arma utilizada para asesinar a los colombianos Héctor Monoteto Duque Cevallos y Jorge Quintero Gartner en el estacionamiento del Shopping Unicenter, en Martínez, el 24 de julio pasado). Los tres habrían sido secuestrados el jueves 7 de agosto en la ciudad de Buenos Aires, y aparecieron acribillados el miércoles 13 de agosto, por la tarde, en un camino rural de General Rodríguez, a 300 metros del kilómetro 11 de la ruta 6. Forza era directivo, junto con su esposa Solange Bellone, de la droguería Bairesmed, cuya razón social era Seacamp S.A., empresa que según la ANMAT tendría 13 causas penales por adulteración de medicamentos y comercialización de drogas adulteradas o robadas. En una de esas causas, la ministra de Salud Graciela Ocaña había denunciado a esta empresa por robar los medicamentos que el Estado distribuye gratuitamente a pacientes con VIH, y reemplazar las etiquetas oficiales de los frascos para así venderlos en el mercado. A pesar de esta denuncia, antes de la estatización del Hospital Francés, Seacamp S.A. se convirtió en el principal proveedor del rubro oncológico y de sida de esa institución; y durante 2006, cuando el hospital ya estaba intervenido por el gobierno nacional, facturó ventas por 4.281.000 pesos. Pero el 1° de abril de este año, Ocaña decidió suspender a la empresa Seacamp S.A. (es decir, desde esa fecha no podía operar).

Por otra parte, Bairesmed, aunque colaboró con 200 mil pesos en la campaña presidencial de Cristina Fernández, tendría una deuda por 4 millones de pesos en cheques rechazados por falta de fondos.

Ferrón era representante comercial de Fharmaz Group, empresa cuyo dueño es un ex policía José Luis Salerno. De Leopoldo Bina se dijo en un comienzo de la investigación que era publicista; después, que trabajaba para una agencia de seguridad privada que prestaba servicios a Forza. Según un informe publicado en la página online Tribuna de Periodistas, “junto con su padre hacía revistas de anuarios para algunas instituciones y revendía cosas, relojes truchos, plasmas, zapatillas, todo lo que sea trucho o de dudosa procedencia”, y también “se había dedicado a la venta de automóviles y se juntaba con personajes de frondoso prontuario y antecedentes”.

¿Qué hay detrás de la muerte de estos tres “empresarios”? La investigación hoy está centrada en Sebastián Forza, el más comprometido de los tres asesinados, para desde allí establecer la relación con Ferrón y Bina. Una línea de investigación apunta a la mafia de las obras sociales y los medicamentos (entre los delitos que se le investigan, se encuentra la falsificación de etiquetas de medicamentos y la adulteración de drogas oncológicas y anticoagulantes para hemofílicos, como el Factor VIII); otra, a la venta de medicamentos robados; una tercera línea vincula este triple crimen con el narcotráfico y con la masacre de Unicenter, ya que según fuentes policiales Forza se habría comunicado telefónicamente con Julián Jiménez Jaramillo, el sobreviviente de ese doble crimen, que habría sido el custodio de los dos colombianos asesinados identificados como integrantes del Cártel de la Cordillera. Hay una cuarta hipótesis que lo relaciona con la banda mexicana de narcotraficantes desbaratada recientemente en una quinta de Ingeniero Maschwitz por la fabricación de efedrina.

La trama oscura de un negocio millonario

“El mercado negro de los medicamentos mueve millones y esto se debe a que ni los laboratorios ni las droguerías tienen un control ético”, afirma Peretta, quien sospecha que en el caso de los tres empresarios “se cebaron con los negociados que ofrecía el mercado, empezaron a jugar borderline hasta que los mataron”. Hace 8 años que el Colegio de Farmacéuticos y Bioquímicos de Buenos Aires viene denunciando el creciente aumento de medicamentos ilegítimos. “El negocio de los medicamentos da más ganancias que el narcotráfico y que la venta ilegal de armas”, asegura Carlos Villagra, secretario general de Farmacias Sindicales y Mutuales de la República Argentina. En nuestro país, las droguerías, el canal de distribución y comercialización de medicamentos, encuentra varios terrenos fértiles para hacer negocios ilícitos. “A partir de 2000 creció muchísimo la cantidad de droguerías, sobre todo las que no les venden productos a las farmacias, sino a los otros circuitos”, comenta Villagra.

Para Ti pudo hablar off the record con varias personas vinculadas a droguerías. “En el ambiente se sabe que Seacamp tiene mala reputación: vende mercadería de dudosa procedencia. Son varias las droguerías que acceden a comprar mercadería robada. Alguien ofrece un cargamento de tal medicamento, lo compran y para evitar problemas porque son productos que salieron del circuito legal, les cambian la caja para evitar ser descubiertos por el troquel y el número de lote”, señaló una fuente que solicitó mantener su nombre bajo reserva. Luego, estos fármacos de venta libre ingresan al mercado por el llamado Canal K (bocas de expendio fuera del circuito de las farmacias, es decir, kioscos, supermercados y restaurantes.). “Semanalmente se vacía una farmacia o se roba un camión lleno de medicamentos”, denuncia Peretta.

Otra de las aristas del negocio de las droguerías está relacionada con la venta de medicamentos a las obras sociales. “La droguería ofrece coimas a la obra social para que le compre medicamentos a determinado precio o que le facture más fármacos de los que en realidad compra”, explica otra de las personas consultadas por Para Ti. En este circuito, la corrupción alcanza a todos los actores, desde obras sociales, droguerías, pasando por los médicos y hasta los pacientes. La APE (Administración de Programas Especiales) es el ente público que a través del fondo solidario de redistribución (formado por los aportes de todos los ciudadanos) les ofrece apoyo financiero a las obras sociales que cubren el ciento por ciento de las prestaciones médicas en enfermedades de baja incidencia que requieren tratamiento con medicamentos de alto costo (cáncer, hemofilia, sida, etc.). La APE les marca a las obras sociales un tope de precios para la compra de medicamentos, es decir, la obra social no puede pagar más de lo que indica el nomenclador de la APE. “A modo de ejemplo de cómo funciona: la droguería cobra 500 pesos a la obra social por un medicamento que en realidad le costó 50. De esos 500 de la facturación, la obra social se queda con 200. Después la APE le reintegra a la obra social el valor total de ese medicamento (en este caso, los 500). La otra modalidad es que se factura por 40 fármacos, la obra social le devuelve a la droguería 10, los cuales serán cambiados de caja para que puedan volver a ser insertados en el circuito de venta. Es decir, son medicamentos que fueron vendidos dos veces. Los márgenes de ganancia son enormes”, comenta uno de los consultados. Carlos Villagra, secretario general de Farmacias Sindicales y Mutuales de la República Argentina, admite que esto pasa: “Un medicamento que vale 100 pesos se vende a 40, lo cual ya deja un margen de ganancia de 60. Se factura con precios normales en plaza pero que dejan una ganancia que se presta a coimas, dádivas o porcentajes que pueden pasar inadvertidos. Estos medicamentos los termina pagando el trabajador, que es el que aporta para el fondo solidario de redistribución. Atendemos aproximadamente a 22 millones de ciudadanos en las obras sociales, de los cuales 10 millones son tratados a través del sistema del programa especial (APE). Fijate, entonces, si no hay un ámbito lo suficientemente importante como para hacer negocios”.

Por otra parte, hay médicos “prendidos” en este sistema que piden más medicamentos de los que necesitará el paciente. “Pasa mucho en el ámbito de los oncológicos y los hemofílicos con el Factor VIII (un anticoagulante que debe inyectarse antes de cualquier procedimiento médico para evitar una hemorragia). Así, el médico que aplica la medicación inyectable en su consultorio le pide al paciente más medicamento del que realmente utiliza y se queda con el sobrante”, cuenta otra fuente que solicita mantener su nombre en reserva. También están los pacientes que retiran en la obra social más medicamentos de los que necesitan y revenden el sobrante. Pero, sin duda, las droguerías vinculadas al mercado clandestino de troqueles son los actores con más oportunidades de hacer negocios. “Dentro del mercado negro también hay que mencionar los medicamentos que son falsificados o copiados, como ha pasado con Buscapina, Sertal y Yectafer, por citar algunos. Los medicamentos se falsifican como los jeans y los perfumes. Y además hay que sumar los adulterados, aquellos a los que se les saca parte del principio activo”, explica Peretta. “Los medicamentos de alta tecnología no se falsifican, pero sí los de venta libre”, asegura Villagra. Y Peretta agrega que “es muy común cambiar la fecha de vencimiento cambiándoles el troquel y las cajas a los productos, cosa que también se hace con los medicamentos que tienen defectos de calidad. Así se reingresan en el mercado y se venden a través del Canal K”. Por otra parte, afirma que “en las droguerías hay mucha gente con ética liviana que se ve tentada por el negocio ilícito. Es necesario cambiar hábitos”. Para Ramiro Salvochea, abogado especialista en salud, “la industria farmacéutica está muy regulada ya que tiene un circuito cerrado, pero existen fugas de medicamentos a través del robo. La venta libre facilita que se comercialicen los productos robados. El peligro de este tipo de medicamentos es que, al no tener un control, pueda terminar dañando la salud del paciente”. Villagra opina que “el mercado negro de medicamentos existe y se podría corregir si volvemos a vender medicamentos sólo en las farmacias, donde puede haber control”. Y señala que “además de las obras sociales, hay muchos municipios que compran medicamentos de dudosa procedencia –a precios más baratos que los que hay en el mercado legal– para sus hospitales”.

La relación con el narcotráfico

“Hace más de un año, en el ambiente buscaban gente que pudiera disponer de grandes cantidades de efedrina. Decían que el producto se usaría en caballos de carrera, en México. Cuando se habló con el laboratorio para saber si podría proveer la cantidad pedida, advirtieron: ‘No se metan con eso. Es negocio sucio’. Ahora entiendo a qué se referían”, dice una fuente –en off– vinculada a una droguería. Para el ministro Aníbal Fernández, no hay dudas: “Forza estaría vinculado con narcos por la efedrina y con la mafia de los medicamentos”. La efedrina es una sustancia legal, que se usa en los jarabes para la tos y en broncodilatadores, y además actúa como precursor químico o materia prima para fabricar drogas sintéticas como el éxtasis, las metanfetaminas y otras drogas de diseño. La Argentina importa esta sustancia de China e India (este año llegó a importar 24 toneladas, cinco veces más que en 2006).

En nuestros país, un kilo de efedrina cuesta 100 dólares, mientras que en México –donde la sustancia es ilegal– asciende a 10 mil dólares. La senadora nacional por la provincia de Salta (perteneciente al bloque del Frente para la Victoria) Sonia Margarita Escudero impulsa la Ley de Precursores Químicos, que está esperando la sanción de la Cámara de Diputados. “Argentina no es un país que fabrica sino que es de tránsito, pero tiene un gran desarrollo de la industria química. En el año 2002 empezamos a buscar controlar la fabricación, transporte y comercialización de los precursores químicos (efedrina, ácido sulfúrico, acetona, éter, etc.) ya que estas sustancias legales pueden desviarse para fabricar estupefacientes. Desde 2005, por ley las empresas que trabajan con precursores químicos tienen que registrarse en la Sedronar. Se inscribieron 7.000 empresas, pero hay una cantidad que no pasa por este registro y que queda liberada, por eso, ahora impulsamos la ley que pena a los que desvían el uso de precursores químicos para fabricar estupefacientes”, explica Escudero. En los últimos dos años, el contrabando de efedrina hacia México, donde este año se prohibió la importación del precursor y desde julio no se permite la circulación de medicación que contenga efedrina, creció seis veces. De ahí que México haya puesto la mira en la Argentina, donde una vez que la empresa se anotó en el Registro Nacional de Precursores Químicos (de la Sedronar), cualquiera puede importar efedrina legalmente. Al cierre de esta edición, la ANMAT comunicó los nuevos requisitos para la importación de efedrina y pseudoefedrina: “Los laboratorios titulares de registros de especialidades medicinales que contengan en su composición las sustancias efedrina y/o pseudoefedrina, ya sea como materia prima y/o productos semielaborados y/o terminados, y las droguerías que las importen deberán solicitar autorización ante el Departamento de Psicotrópicos y Estupefacientes de la ANMAT”. En los tres últimos años se incautaron 1.222 kilos de efedrina que iban a ser llevados de contrabando a México.

Este triple crimen habría tranquilizado a unos e inquietado a otros del mundo ilegal y del ámbito político. Pero sin duda los más sorprendidos fueron los ciudadanos argentinos, hasta ahora ingenuamente creídos de que el mercado de los medicamentos se manejaba dentro de los parámetros de la ley, bien lejos de la impunidad y la ilegalidad donde en realidad impera.

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