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Septiembre 2007

Los grandes pelean, los chicos sufren

Nahuel y Aníbal vivían con una familia en guarda desde que tenían tres meses de edad porque su mamá no podía mantenerlos. Seis años después, la Justicia decidió que debían ser restituidos a la madre biológica y entonces estalló la polémica. ¿Por qué ocurrió esto? ¿Cómo son los diferentes tipos de guarda? ¿Cómo es la ley de adopción en nuestro país? ¿Dónde se puede acudir ante un problema así? Para Ti consultó a abogados y psicólogos especialistas en adopción.
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[ Texto Mara Derni/Marina Cociffi Fotos Maxi Didari ]

  • Los mellizos, en su cumpleaños número cuatro, en la casa de los Piperata. Asistieron al jardín del barrio Don Orione y después entraron a primer grado. Para su madre de guarda, ahora su rutina cambió radicalmente.
  • Alicia y Antonio no salen de su asombro: nunca se imaginaron que la madre de los mellizos los reclamaría después de seis años.
  • Nahuel y Aníbal vivían con una familia en guarda desde que tenían tres meses de edad porque su mamá no podía mantenerlos. Seis años después, la Justicia decidió que debían ser restituidos a la madre biológica y entonces estalló la polémica.
Ya nadie juega con esas dos bicicletas rojas que ahora esperan apoyadas sobre la puerta del departamento del barrio Don Orione, en Claypole. Sobre la cama cucheta están los osos de peluche y los autos de plástico con los que jugaban los mellizos Nahuel y Aníbal antes de ser restituidos a su madre biológica. “A las dos de la madrugada vinieron a la cama grande y pasaron la noche despiertos y abrazados con nosotros”. Los que hablan con Para Ti son Alicia Georgeos (54) y su marido, Antonio Piperata (53), colectivero de profesión. A su lado está la hija del matrimonio, Natalia, de 25 años. Ellos cuidaron de los hermanitos durante casi seis años hasta que el juez del Juzgado de Menores Nº 1 de Lomas de Zamora, Raúl Donadío, ordenó la restitución de los menores a su madre biológica, Ada Trota (32), quien vive con su hija de 9 años. Cuando los mellizos tenían tres meses de edad, Ada les pidió a Alicia y a Antonio –clientes del kiosco que ella atendía en el barrio– que la ayudaran porque su pareja y padre de los chicos estaba muy enfermo, y ella no podía hacerse cargo sola de los bebés: “Al principio los chicos se quedaban en casa un rato por la tarde y después se los llevábamos para que durmieran con su madre. Más adelante empezaron a quedarse una noche, después otra y otra. Cuando nos quisimos dar cuenta, ya los estábamos inscribiendo en la escuela primaria, yendo a las reuniones de padres y a los actos escolares”, cuenta la familia Piperata, que espera ansiosa los resultados de la apelación. Insisten en que los chicos vuelvan con ellos porque así lo desean los niños. Están convencidos de que es su derecho y admiten que “jamás nos imaginamos que después de tanto tiempo esto podía llegar a pasar. Si ella los veía cuando quería y nunca le importaron los chicos…”. Ellos aseguran que la madre de los chicos no tiene en su poder los DNI y las partidas de nacimiento originales ya que –según aclaran– ella misma se los cedió cuando en 2004 ambas partes decidieron tramitar una guarda simple urgidos por la necesidad de poner a los chicos en la obra social de la familia de Alicia, ya que uno de ellos debía ser operado de apendicitis.

Una decisión inesperada

El destape mediático del caso de los mellizos generó malentendidos y controversias: ¿cómo se puede llegar a una situación tan extrema después de seis años? ¿Tiene la madre biológica derecho a reclamar a sus hijos en cualquier momento? ¿Qué derechos y obligaciones –para ambas partes– requiere una guarda y, sobre todo, qué diferencias hay entre una guarda pre-adoptiva y la adopción definitiva? Tanta fue la confusión, que la Fundación Prohijar acaba de poner en funcionamiento una vía de consulta gratuita para la comunidad y profesionales a raíz de la cantidad de llamados que el caso suscitó (ver recuadro). “Aunque muchas veces las guardas se generan espontáneamente entre vecinos, amigos o familiares, es fundamental el asesoramiento y los acuerdos judiciales entre ambas partes para evitar que la situación quede a la deriva y estallen este tipo de conflictos”, explica Sandra Juárez, abogada y directora de la institución. Julio César Mazzoletti, abogado de la familia Piperata, es rotundo: “Lamentablemente, este tipo de hechos, que provocan el sufrimiento innecesario de las tres partes involucradas, los chicos y ambas familias, son muy habituales y están a la orden del día en los pasillos de Tribunales. Siempre surgen del desconocimiento y del mal asesoramiento”.

Héctor Vito, abogado y asesor del Departamento de Adopciones de la Secretaría de Niñez, Adolescencia y Familia, comenta las consecuencias que tuvo la restitución de los mellizos al atender diariamente las inquietudes de madres adoptivas: “¿Me puede pasar?”; “¿Me lo pueden sacar?”. Los especialistas entrevistados por Para Ti coinciden en que esto ocurrió porque no se tomaron los recaudos legales previstos para cada caso y la situación quedó librada al azar. Además, resaltan la necesidad de evaluar las diferencias en cuanto a las implicancias y responsabilidades para cada parte, en tanto se trate de una guarda simple o de cuidado, o de una guarda con vías de adopción. “La guarda simple determina una salida de emergencia ante una situación particular de imposibilidad de cuidado por parte de la familia biológica, que busca por un lado otorgarle al chico un continente afectivo y, por otro, un poder a la familia que los cuidará para resolver cuestiones prácticas como anotarlo en un colegio, una obra social, un trámite simple. Si no, cómo hacés con un chico que no porta tu apellido”, explica Vito. A la vez, asegura que las guardas simples fueron muy frecuentes “en épocas de graves crisis económicas del país, cuando uno de los padres se quedaba sin trabajo y, por ejemplo, era un abuelo o un tío el que podía sumar al chico al beneficio de una obra social”. Pero mientras en el caso de la guarda previa a la adopción los monitoreos y las visitas por parte de psicólogos y asistentes sociales son más rigurosos, también deberían tener la misma rigurosidad ante las guardas simples, aunque generalmente esto no se cumple (en el caso de los mellizos, la familia de guarda asegura no haber recibido ninguna visita durante tres años). Sí existe un informe psicológico y ambiental inicial que evalúa las condiciones económicas y la vivienda para determinar la aptitud de la familia guardadora antes de ser otorgada.

Amparada en la Ley de Adopción (número 24.779, que data de 1997), la figura de la guarda simple prevé que una familia ajena al niño o un familiar tome bajo su cuidado a un menor durante un tiempo indeterminado. Sólo pierde vigencia cuando el menor cumple la mayoría de edad o cuando cesan las causas que hicieron que la familia biológica delegara el cuidado del menor, ya sea ante una enfermedad o una causa económica como la pérdida del empleo. Este punto implica una diferencia fundamental con la guarda pre-adoptiva, para la cual la ley estipula un plazo no menor a seis meses –momento en que se comienza el trámite de adopción– y un máximo de un año, etapa en la que se evaluará, entre otras cosas, la evolución del vínculo filial. Desde el Departamento de Adopciones de la Secretaría de Niñez, Adolescencia y Familia, la psicóloga Alejandra Isa insiste en la transitoriedad como el principio fundamental que debería regir la estadía de los chicos en un lugar de tránsito, ya sea bajo la forma de guarda simple o una guarda con vías de adopción. En este mismo organismo, bajo el Programa de Acogimiento Familiar Transitorio, hay 160 padres y madres inscriptos para cuidar de los 500 chicos que actualmente necesitan un hogar provisorio. “Siempre se trata de que las guardas no se prolonguen por más de 90 días. Si no, a pesar de que los chicos tienen plena conciencia de su identidad, en el sentido de que saben que tienen otra familia, el sufrimiento que provoca el desarraigo es muy difícil de superar. Pero además se corre el riesgo de que en los padres se debiliten sus funciones parentales por no ejercerlas y se caiga en la complacencia de pensar de que quizá estén mejor donde están. También se privilegia el hecho de que tengan sus propios hijos, para evitar el riesgo de que derive en la falsa creencia de una adopción encubierta”, detalla Isa. Irregularidades muchas veces abonadas por las complicaciones que padecen los padres que desean adoptar legalmente a un chico con requerimientos irrisorios y esperas de más de cinco años. Por su parte, Sandra Juárez, abogada y directora de la Fundación Prohijar, insiste en la cuestión temporal: “Para el chico, el tiempo tiene una dimensión distinta, los vínculos afectivos están basados en los afectos y se establecen por encima de los acuerdos entre los mayores”.

La presidenta de la Asociación Civil Anidar, la licenciada en psicología Leonor Wainer, insiste en que es al chico al que no hay que perder de vista: “Cuando por miedo a la pérdida las familias guardadoras no legalizan la situación, es el propio chico el que queda sin respaldo”, enfatiza. La psicoanalista Stella Maris Gullian agrega: “El pánico a que el Estado o la Justicia se los saque, es el fantasma que hace que no se termine de blanquear y que los chicos se eternicen en un lugar que no va a ser su hogar definitivo”. La Ley de Protección Integral de los Derechos de Niños, Niñas y Adolescentes –sancionada en 2005– llegó para apuntalar el derecho de los chicos a ser escuchados, respetar a su familia y agotar todas las posibilidades para lograr su bienestar. “Antes de esta ley, el chico era tomado como un objeto: lo llevaban y lo ponían, no podía renunciar, lo sacábamos. Hoy en día, ellos tienen un protagonismo que debemos respetar. El juez tiene que saber interpretar porque un niño puede testimoniar cómo se siente desde muy pequeño, aunque no lo ponga en palabras”, comenta Vito. María Esther De Palma, licenciada en Servicio Social y terapeuta familiar de la Sociedad Argentina de Terapias Familiares, critica esta visión: “En nuestro país se jerarquiza lo biológico, poniéndolo por encima del interés del menor, cuando en realidad la biología no define nada y es mucho más determinante el ambiente en el que crece el chico. A veces, si la madre biológica no se ocupó en su momento, es un acto de generosidad hacia su propio hijo no aparecer más”.

Para los especialistas, es fundamental la forma en que se les explica a los chicos su pasado. De esa manera se determina su sanidad. Las rivalidades entre las familias involucradas, lamentablemente, son tan habituales como nocivas. En ese sentido, la desvalorización continua entre ambas familias es otra de las problemáticas que la puja por los mellizos puso en evidencia al inaugurar un campo de batalla público e insultos entre las dos partes. “Se genera una pelea entre el que tiene y el que no, entre el que puede y el que no”, explica la licenciada Isa. Por su lado, Gullian critica la inmediatez con la que se llevó a cabo la restitución de los mellizos. “Cuando pasa tanto tiempo, siempre quedan registros de estos cambios abruptos en los chicos, tengan la edad que fuere. De pronto, ellos se levantan a la mañana en otra casa, tienen que estudiar de otra manera, recorrer otro camino para ir a la escuela, no jugar en el mismo barrio. Se les dice: ‘Todo lo anterior no vale, ahora es esto’. Los vínculos no pueden recuperarse de un día para el otro y los padres deberían preguntarse de qué manera retomarlo, cómo ganarse el corazón de los chicos de a poco y no arrancándolos abruptamente de su realidad. Porque los chicos probablemente le estén cuestionando desde su lugar el abandono, por ejemplo con comparaciones: ‘¿Por qué ahora no puedo hacer esto si allá me dejaban?’”.

“Ustedes no saben lo que es tener dos mamás”, dijo Nahuel tras uno de los últimos encuentros con su madre de guarda (N. de la R.: la Justicia determinó, por el momento, que los mellizos pueden visitar a la familia Piperata cada 15 días). Con mucha tristeza e impotencia, Alicia no supo qué contestarle en ese momento. El régimen de guarda simple estipula generalmente visitas periódicas de los padres a sus hijos. La abogada Sandra Juárez compara este padecimiento de los chicos con el que sienten cuando son disputados en un divorcio: “Los chicos no se enferman por tener muchos adultos que los quieran. Sufren cuando quedan en medio de las problemáticas de los adultos. El desafío de la comunidad, de los profesionales y de los padres que intervienen en este tipo de casos, es preservar a los niños ante todo. Los chicos no son un botín de guerra”. La premisa fundamental es salvaguardarlos.

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