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Septiembre 2005

Mariana Arias

En los ’80 formó parte de la elite de modelos, en los ’90 sorprendió a todos como actriz y más tarde volvió a “reciclarse” como conductora de tevé. Asegura que recién ahora aprendió a disfrutar de la vida.

Texto Daniela Fajardo Producción Alejandro García Fotos Fernando Venegas

  • Cuidarse la piel, hacer ejercicios físicos, comer bien y tomar mucha agua es la fórmula de belleza de Mariana Arias.
  • Que Mariana Arias tiene una belleza especial no hay dudas. Tanto que es Embajadora en Argentina para L´Oréal Paris Maquillaje y Dermo-Expertise.
Hace una década ya que dejó la pasarela, pero Mariana Arias (40) mantiene intacta su gracia ondulante y el andar etéreo con el cual supo llevar vestidos de Romeo Gigli y Oscar de la Renta durante 17 años. Al encuentro con Para Ti llega con un diario en una mano y un portafolio en la otra. Vestida de negro de pies a cabeza y con apenas un poco de base de maquillaje intenta un cierto “perfil bajo”, pero su andar la traiciona. Destila el glamour de sus años de modelo. “Destacá bien mis ojos”, le indica a la maquilladora mientras revisa la ropa elegida para la producción de fotos. De repente el tiempo parece haber retrocedido diez años y Mariana vuelve a ser la top model que caminó las pasarelas de Buenos Aires, Milán, Nueva York y París. “Extraño el juego, la diversión, el maquillaje, los peinados, a Gino Bogani, a mi amigo Ricardo Piñeiro, los viajes y el champagne antes de salir a desfilar. Eso de sentirse diva por un rato”, confiesa.

–¿Te parece que dejaste todo eso antes de tiempo?
–No. Todo aquello me dejó una enseñanza, pero es un mundo que te crea un sueño, una fantasía que hace que no puedas superarte a vos misma. Y la vida es justamente lo contrario: es evolucionar, hacer cosas nuevas, enfrentar los miedos, buscar tus límites y tratar de superarlos.

–¿Cómo viviste el retiro y esa transición?
–El cambio fue paulatino. El nacimiento de Paloma, mi hija, y el estar ligada al arte a través de mi papá, que era fotógrafo, hicieron que desistiera de la pasarela y que me interesara por la actuación. Y me apasioné mucho por el teatro al descubrir que me daba una formación cultural extraordinaria.

Mariana estudió actuación con Julio Chávez, Cristina Moreira, Roxana Randón y Luis Romero. Su primera experiencia como actriz llegó de la mano de Eliseo Subiela en la película No te mueras sin decirme adónde vas. También participó en el filme Felicidades de Lucho Bender y, más recientemente, en Pajaritos de Raúl Perrone. También hizo teatro y televisión, Muñeca brava, El signo y Son amores, entre otros ciclos.

–¿Cómo sobrellevaste el prejuicio de ser “la ex modelo dedicada a la actuación”?
–Al principio me costó que me convocaran para hacer algo con un contenido distinto al que uno imagina para “la modelo que va a decir una letra”. Tuve que remarla mucho, pero yo siempre quise actuar de verdad, no de desnudarme ni de hacer de “linda”. Aún hoy espero hacer en cine un buen rol dramático, y sé que tengo pasta para lograrlo. Por suerte, hace un tiempo encontré en el hecho de entrevistar a la gente algo que va muy bien con mi naturaleza, que me hace muy feliz y me gusta mucho.

Dime la verdad

“Me encanta conversar, disfrutar el encuentro con el otro. Soy muy curiosa. Me gusta saber. Mi rumbo está por ahí”, asegura Mariana, quien debutó en conducción en el año 2000 con Poderes Terrenales, un programa de documentales sobre misticismo y espiritualidad en la señal de cable Infinito. Luego, se probó el traje de entrevistadora en La Partida que hoy le queda más cómodo en Dímelo Tú, en el que entrevista a personalidades de la sociedad, la cultura y el espectáculo. Todos los miércoles a la medianoche, por el canal Plus Satelital, ella lleva las riendas de una conversación íntima, que acerca el periodismo casi al diván. Fito Páez, Elisa Carrió, Nacha Guevara y Graciela Borges fueron algunos de los personajes que “mostraron su aldea”, en sus propias palabras. “Particularmente me interesa saber cómo han hecho para inventar sus vidas, pero el principal objetivo es revelar los valores de estos referentes en esta sociedad tan confundida. Pero lo de cómo inventaron sus vidas para mí es clave, porque al no haber tenido en claro una vocación siendo chica, admiro profundamente a aquellos que desde el principio supieron qué hacer con su vida”.

–¿Y ahora? ¿Encontraste tu vocación, tu rumbo?
–Siempre estoy buscando, soy una persona que no se queda quieta en un lugar y, como solía decir mi amiga Teresa Garbesi, siempre tengo una zanahoria por alcanzar. Hoy estoy tratando de satisfacer ciertas necesidades que tenía relegadas y recién ahora puedo decir que sé adonde quiero ir. Ahora siento que puedo, que estoy ordenada, que sé lo que quiero transmitirle a mi hija y que conozco mis faltas.

Mariana tiene muchos años de psicoanálisis encima. Va a terapia desde los diez años. Y de alguna manera, la estructura de su programa se parece mucho a una sesión de psicoanálisis. “¡Yo no puedo psicoanalizar a nadie! –aclara– Pero es cierto que tengo un pensamiento desde ese lugar porque me gusta el psicoanálisis. Creo que todo tiene que ver con cómo naciste, dónde y en qué circunstancias, aunque también está la posibilidad de elegir y de crear tu propia identidad”.

–¿Cómo elige su propia identidad al lado tuyo tu hija Paloma?
–(Se ríe) No sé cómo lo hace ella, pero yo la acompaño como puedo y como me sale. A veces me resulta difícil, pero escucho cada cosa que me propone y charlamos los temas que me preocupan. Ella tiene sus momentos para contarme cosas... A veces se le da por no contar nada, pero tiene períodos en que me cuenta todo. Y yo soy muy hincha con eso. ¡Me gusta saber y me lo tengo que bancar! Tengo que aprender a soportar que ella tenga su intimidad.

–¿Cómo te definirías como mamá: permisiva, castradora, exigente...?
–Suelo armarme de una estructura bastante rígida para después romperla. Así que parezco menos permisiva de lo que soy. Pero Paloma ya me conoce y tengo la batalla perdida por ese lado. Los chicos de hoy son muy rápidos, vienen con una capacidad de comprensión e intuición muy diferente a la nuestra, y eso a veces asusta porque no sabemos cómo manejarlos. Por otra parte, el escenario en el que hoy les toca vivir es muy complicado en cuanto a la falta de objetivos claros y de posibilidades.

–¿Estás preparada para el momento en el que lleve un novio a tu casa?
–Sí, no me da miedo eso. Al contrario, me parece que el amor es vital. Es una parte de la vida muy importante que te da la posibilidad de crecer y de aprender.

-Si ella lo quisiera, ¿dejarías que se dedicara al modelaje?
–Me gustaría que estudiara, que se formara. Y si elige ser modelo, que lo haga, pero al mismo tiempo, que se capacite en otra cosa.

-¿Es fácil o difícil ser la hija adolescente de Mariana Arias?
–No es fácil. Ella siente la necesidad de superar a su mamá y de tener su propia personalidad. Y por otro lado, yo no voy a dejar de cuidarme sólo para que ella se sienta bien. Es difícil lograr el equilibrio. Pero creo que coincidió que en esta etapa de mi vida yo no estoy tan abocada al arreglo personal sino a estudiar (está cursando la carrera de periodismo en la Universidad Católica Argentina) y a “arreglarme” por dentro. Así que la dejo vestirse, maquillarse, arreglarse y hasta le presto mis cosas. A veces me cuesta hacerle entender que no puede ir al colegio maquillada, pero no insisto demasiado porque sé que ella necesita encontrar su lugar y éste es su momento para hacerlo.

–¿Te hubiera gustado tener más chicos?
–Sí, me hubiera encantado. Me gusta ser mamá. Es una de las cosas que más disfruto y, además la maternidad me hizo crecer mucho y generó la necesidad de encontrar un rumbo en mi vida, me dio un fuerte sostén.

El lado oculto del corazón

“No te voy a hablar de mi amor –advierte Mariana apenas se le pregunta acerca de su pareja actual–. Pero estoy muy enamorada y feliz de estar en pareja. La vida así es más completa y auténtica”. Sólo en el prólogo del libro que reproduce algunas de sus entrevistas de Dímelo tú deja una pista: “A Roberto, mi amor...”, escribió.

–Tu ex marido, Federico Schindler, y sobre todo Marcelo Cepeda fueron parejas de alta exposición. Después, poco y nada se supo de tus amores. ¿Fue una casualidad o algo premeditado?
–Me di cuenta de que está bueno resguardar la intimidad y que las personas que están alrededor tuyo no tienen por qué ser públicas. En este momento de mi vida elegí hacer un cambio con los medios porque desde los 17 años estoy en este ambiente.

–¿A qué le tenés miedo en esta etapa de tu vida?
–Le tengo miedo a la enfermedad y al sufrimiento. En mi familia, muchos sufrieron bastante antes de morir: mi padre, mis abuelos, mis tías… Creo que eso ha dejado en mí una marca, y de alguna forma le tengo miedo a la vejez. Por eso soy tan obsesiva con el tema de tener consistencia en todo lo que hago, en el amor, con los sentimientos, en el trabajo y mi formación, y me aferro a las cosas vitales, a las pasiones.

–¿Te molesta ver en el espejo el paso de los años?
–Sí, pero creo que uno se va conformando con las características que va adquiriendo.

–¿Qué sentiste cuando te enfrentaste a tus primeras arrugas?
–¡No tengo muchas arrugas! Así que no vamos a hablar de eso (risas). En realidad, está todo bien. Trato de cuidarme. Y además uno va cambiando el foco. Está bueno que el paso del tiempo tenga que ver con la evolución interna. Aunque hay toda una locura detrás de todo esto, de querer parecer perfectas. Existe una contradicción: las mujeres trabajamos y vivimos a la par de los hombres, pero seguimos obsesionadas con estar perfectas, con cirugías y botox.

–¿Vos te harías alguna cirugía?
–Por ahora no. No me gustan las operaciones. Mi fórmula será seguir cuidándome. Además, si tenés alguien al lado tuyo que te quiere de verdad, no hace falta ninguna cirugía. La vida pasa por otro lado.

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