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Actualidad

Junio 2012

Maternidad extrema

Crianza con apego: tendencia y polémica. Extender la lactancia hasta los dos años, compartir la cama con los hijos y llevarlos a upa para todos lados, cuando ellos quieran y lo pidan… son algunos de los nuevos/viejos hábitos –los pilares– de la “crianza con apego”, una nueva teoría sobre la maternidad a la que adhieren cada vez más parejas en los Estados Unidos, siguiendo los lineamientos del pediatra William Sears, gurú de una forma de ser madres que las incentivaría a abandonar su vida productiva, laboral y social. En esta nota analizamos la controvertida tendencia que obligaría a tirar todos los libros sobre maternidad que hemos leído.
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  • Jessica Cary, con su hija de 3 años.
  • Jamie Grumet, con Aram de 4 años.
  • Tiempo de debate. La revista Time tituló en tapa “Are you mom enough” (¿Eres lo suficientemente madre?) para referirse al attachment parenting (AP) como nueva tendencia de maternidad. Y estalló la polémica. En el interior de la edición, los testimonios en primera persona de las referentes de la “crianza con apego”. En nuestro país son varios los especialistas que, off the record, cuestionan la lactancia prolongada. “Más allá de los dos años es una locura”, advierten.

Textos: M. Fernanda Sanguinetti.

Se llama Jamie Lynne Grumet. Es rubia, atractiva y vive en Los Angeles, California. Tiene 26 años, está casada y tiene dos hijos. Y desde hace dos semanas el mundo no para de hablar de ella. Sucede que Grumet apareció en la tapa de la revista Time, parada y en actitud casi desafiante, amamantando a su hijo Aram, de casi 4 años. Grumet es hoy la abanderada número uno del attachment parenting (AP), un movimiento que brega por una crianza mucho más intensiva a la que estamos acostumbrados. La lactancia natural prolongada y a demanda de los hijos, el co-lecho (que los padres compartan la cama con ellos) y llevarlos a todas partes colgados (baby-wearing) son algunos de los preceptos salientes de la “crianza con apego”, tal es como se conoce a esta forma de paternidad alternativa. Grumet, que también es madre de un chico adoptado en Etiopía, no es la única militante de la teoría del apego. Hay cada vez más mujeres que adhieren a este pensamiento cuyo mentor es William Bill Sears, un médico pediatra de larga trayectoria en el campo de la paternidad y el embarazo. Sears asegura que los chicos que han sido criados bajo estos criterios de apego son más confiados y seguros. Considerado como “el hombre que reinventó la maternidad” y elevado a la categoría de gurú, Sears tiene cada vez más adeptos que comentan cada uno de sus 40 libros (The Baby Book, escrito hace veinte años, es uno de los más reverenciados) y los debaten en grupos de apoyo en los cinco continentes. “Cada vez hay más mujeres que, en el consultorio, les plantean a sus obstetras el deseo de vivir la maternidad como protagonistas”, explica Mario Sebastiani, doctor en medicina (UBA) y médico obstetra del Hospital Italiano. Sebastiani –también autor del libro Lo que nadie te contó del embarazo y del posparto (Paidós)– cuenta que este anhelo de más plenitud empieza con el parto, pero se extiende a la crianza. Y afirma: “A la medicalización del nacimiento, estrategia contundente para disminuir los índices de morbi-mortalidad de la madre y el niño, la sienten como una intromisión, como una estrategia artificial y, muchas veces, como un atropello a su intimidad y deseos”.

En la actualidad hay exponentes VIP como la actriz Alicia Silverstone o la cantante Kimya Dawson, del grupo The Moldy Peaches; la actriz de The Big Bang Theory Mayim Bialik, quien acaba de lanzar Beyond the Sling, un libro en el cual habla sobre las bondades del método con el que crió a sus dos hijos. La reconocida actriz Maggie Gyllenhaal, por su parte, personificó recientemente a una madre seguidora del AP en el film Away we go. Es, sin embargo, en las redes sociales e Internet donde se expande viralmente esta filosofía que para muchos es decididamente polémica y extrema. Porque ¿hasta cuándo es conveniente dar la teta? ¿Hasta los dos o hasta los cinco años? ¿Es practicable? Si hay que criar a un hijo con lactancia exclusiva hasta pasados los dos años, ¿qué pasa con el trabajo de la madre? ¿hay que olvidarse de él? Si una mujer no puede amamantar, ¿es una mala madre? ¿Es correcto que los chicos duerman con sus padres? ¿No nos habían dicho que tenían que hacerlo solos y en otra habitación? ¿Hasta qué punto es tan natural y saludable que madres e hijos estén tan apegados y pegados?

¿LACTANCIA AD INFINITUM? Para los adeptos del AP, la lactancia no sólo implica alimentación sino alimento emocional. “Mi madre me amamantó hasta los seis años. Me sentía confortada, nutrida y muy amada. Me dio mucha confianza en mí misma”, reveló Jamie Grumet, quien además dio la teta a Samuel, un chico de Etiopía que adoptó junto con Brian, su marido. “Aunque no está bien visto socialmente, amamantar es biológicamente natural. Mientras más madres lo hagan, más normal será en la cultura”. Grumet sostiene que la sociedad norteamericana es “extremely breastfeeding unfriendly”; palabras con las que más o menos quiere decir que la lactancia materna resulta un asunto “antipático”.

Considerada como una de las formas más eficaces de asegurar la salud y la supervivencia de los chicos, la lactancia materna debería ser alimento exclusivo hasta los seis meses, según la Organización Mundial de la Salud (OMS). El organismo recomienda que, a partir de los 180 días, la lactancia se continúe hasta los dos años, complementándola con otros alimentos. Que no se prolongue es, para muchos, una cuestión que obedece a factores culturales y sociales. “Antropológicamente, la lactancia debería ser prolongada y sin límites”, dice Antonio Morilla, presidente de la Subcomisión de Lactancia de la Sociedad Argentina de Pediatría (SAP) y consultor internacional en lactancia materna. El Talmud dice que las madres amamantaban a sus hijos hasta que tenían tres años; lo mismo sucedía en Egipto. Los mongoles, hasta los 6 o 7 años. Hay estudios de los ‘50 que indican que los chinos lo hacían hasta los 9. Según las investigaciones de la antropóloga Katherine Dettwyler, que analizó varias sociedades tradicionales, el destete debería ocurrir en algún momento entre los dos años y medio y los siete. “A pesar de que la lactancia tiene una gran cantidad de beneficios, se fue reduciendo según las necesidades de la mujer y la cultura. Por otra parte, de todas las culturas es la occidental la que más le agrega un tinte sexual a los pechos”, apunta Morilla. En nuestro hemisferio, los chicos son destetados más tempranamente aún: sólo un 42% de los chicos argentinos son alimentados exclusivamente con teta hasta el sexto mes cuando, en teoría, el 90% de las madres debería poder amamantar a sus hijos por más tiempo. La pediatra María Estela Albores reconoce que en nuestra sociedad son muy pocas las madres que amamantan más allá del año: “Cultural y socialmente, a la mayoría les da vergüenza que sus hijos ‘les agarren la teta’ cuando están fuera de sus casas. Las que siguen, no lo cuentan”. Es que son mal vistas. Eso fue lo que sintió la porteña María Eugenia Maru Lozano (34) cuando nació Amelie, su primera hija, que hoy tiene tres años. “En esta sociedad, el exceso de cariño está mal visto”, resume Maru. “Amamantar no sólo es alimentar. Es dar tiempo, tolerancia, paciencia, valores… ¡amor!”, asegura. Ella se reconoce como una fundamentalista de la lactancia y, a tono con lo que plantea la teoría del apego, afirma que son los hijos los que determinan el destete y, espontáneamente, reemplazan la teta por otros alimentos. Fue así que amamantó a Amelie hasta hace poco, cuando se quedó embarazada de Francis, su segunda hija, hoy de 11 meses. “No estuve de acuerdo cuando mi pediatra me aconsejó dejar de amamantar. Seguí, seguí y seguí, incluso hasta cuando a Amelie le habían salido los dientes. Cada vez que daba la teta me sentía en el banquillo de los acusados: los comentarios iban desde que yo tenía cosas no resueltas a nivel psicológico hasta que lo hacía por snob. ¿Por qué? ¡Si es lo más natural del mundo! Si le das la mamadera, que es algo arficial, ¡nadie dice nada!”. Convencida de que los hijos maman tiempo y confianza, Maru replanteó su vida laboral: “Reformulé todo para estar tiempo completo con ella. Durante los primeros seis meses no la dejaba ni para ir al baño. A mi alrededor todos opinaban que sería una nena caprichosa, dependiente, miedosa e insegura, pero no lo es. Amelie sabe bien sus propios límites”. Congeniar lactancia prolongada con trabajo es casi impracticable. “Si una madre insiste en querer dar la teta pasados los dos años que recomienda la OMS se encontrará con grandes trabas. En países como el nuestro, en donde la gran mayoría de las madres trabaja, no son muchos los ámbitos de trabajo que fomentan la extracción de leche en condiciones óptimas para que ésta se conserve con calidad”, dice Eugenio Pierro, pediatra del Hospital Garrahan. Según Pierro, si bien espaciar las mamadas no hace que la leche desaparezca (calidad y cantidad pueden mantenerse a lo largo del tiempo), prolongar la lactancia más allá de los dos años, tal como recomienda la OMS, obedece más a una cuestión psicológica que orgánica.

El vínculo emocional es central en la teoría del apego, cuya paternidad intelectual no es totalmente de Bill Sears sino que se remite a trabajos de la década del ‘50 de John Bowlby, quien a su vez estuvo influenciado por estudios de Konrad Lorenz, de principios de siglo XX. Investigaciones exhaustivas demostraron a estos científicos que la seguridad emocional de los chicos depende, en gran medida, de la accesibilidad de la figura de afecto. La exploración del mundo será mejor en tanto y en cuanto haya habido proximidad y contacto continuo (una necesidad universal) con estas figuras de afecto. Pero mientras este enfoque del apego tiene cada vez más cabida en las neurociencias, hay otras miradas que lo ponen en tela de juicio. El psicoanálisis, por ejemplo. María Paula Gerardi, piscóloga de niños y adolescentes y concurrente del equipo del servicio de Salud Mental del Hospital Penna, sostiene que esta concepción genera mucha dependencia entre madre e hijo y una dificultad a la hora de la separación. “En los primeros tiempos del bebé, el apego es imprescindible para su desarrollo emocional. Pero, de forma gradual, debe cumplirse un proceso de despegue. Si esta separación no se produce, no se está permitiendo al chico crecer, ser independiente y relacionarse con otros”, afirma Gerardi. Quienes se aferran demasiado a su hijo y lo ven siempre como un bebé, dice Gerardi, generan situaciones que después terminan en los consultorios, como problemas escolares y enuresis, entre otros.

PEGADA A TI. Cuando Fernanda Gomez (28) leyó Duermete Niño –el best-seller sobre cómo hacer para acostumbar a los hijos a dormir solos, del médico español Eduard Estivill; además responsable de la Unidad de Alteraciones del Sueño del Instituto Dexeus de Barcelona– se estremeció. “¿Por qué pensaba el autor que era bueno separar a una madre de su hijo? ¿Por qué planteaba que era bueno dejar llorar al bebé hasta que se cansara, si el llanto es su forma de expresarse? Para mí, el contacto piel con piel es fundamental”, confiesa ella, quien tiene a Carlos González con su Bésame mucho como libro de cabecera. Según Fernanda, nuestra sociedad fomenta la separación madre-hijo. El parto es una de ellas. “Juana nació prematura e inmediatamente la alejaron de mí. ¡Me prohibieron levantarla! No hice caso y presté atención a mis necesidades y a las de mi hija. Creo que, para madurar, el bebé tiene que estar cerca de la madre. A Juana la tengo pegada a mí desde que nació”. Fernanda, que destetó a Juana hace menos de un año, es una mamá canguro: lleva a Juana envuelta en telas desde que nació. “Porteo desde el primer día hasta ahora, que pesa 13 kilos”. Portear es el término que las madres de estas latitudes utilizan a la hora de referise al baby-wearing: llevar al bebé colgado para todos lados. “Así como la gente ha ido acostumbrándose a verme dando la teta en lugares inimaginables, también se ha acostumbrado a verme porteando a Juana. Me decían que si la tenía a upa todo el tiempo no me la iba a sacar más, pero no fue así. Si ella quiere caminar, camina. Tenerla a upa es sencillo y práctico. Es apego. Más que malcriar, para mí es biencriar”. Fernanda es una militante de la teoría del apego, que va de la mano con la concientización hacia el parto respetado y no medicalizado. Tanto, que se ha dedicado a difundir la filosofía a través de charlas sobre esta crianza más natural y desde sus blogs Gestando Criando y Yo soy mamá canguro.

Además del baby-wearing, dormir con los hijos (co-lecho) es otro de los pilares del attachment parenting. Las claves para desarrollar un colecho seguro figuran en el sitio web que la Attachment Parenting International (www.attachementparenting. org), explicitado junto con los ocho principios que sostienen la crianza con apego. Morilla explica que “dormir con los hijos era una costumbre habitual de nuestros antepasados, para evitar que fueran comidos por los animales. Y, también más tarde, cuando no había lugar donde poner a los chicos a dormir. Fue algo natural hasta que la cultura occidental empezó a verlo como pecaminoso”. El contacto entre los cuerpos libera hormonas que beneficiarían tanto a padres como a hijos. Hoy, sin embargo, que los chicos compartan la cama con los padres es, para muchos, algo discutido y hasta resistido desde la vereda de enfrente. “Si tengo que dar un consejo: que los chicos duerman en su cama, con sus cosas, que tengan sus elementos de autosatisfacción. Sin embargo, hay veces que a los padres les cuesta despegarse de sus hijos y terminan haciendo lo que ellos quieren”, dice la pediatra María Estela Albores, quien reconoce que en su consultorio varios son los padres que duermen con sus hijos diariamente. “Dormir con los padres los primeros meses de vida es saludable. Luego es importante empezar a diferenciar que el lugar del niño no es el de los adultos, o sea, la cama grande. Si esta diferenciación no se produce, se genera confusión. Son los adultos y no los niños quienes tienen que guiar la separación”, sostiene Gerardi. La psicóloga, que tiene un blog de orientación para padres (www.orientacionapadres.com), piensa que hay diversos factores que pueden llevar a que los padres retengan al hijo en su cama: evitar el encuentro sexual con la pareja, enfrentarse a la soledad de no tener una pareja o dificultad para poner límites al hijo pueden ser algunas de ellas. Muchas veces es tema de consulta médica: “Hay padres que no tienen conciencia de las consecuencias de esta situación”, advierte Gerardi y enumera desde la enuresis hasta el alto grado de erotización que viven chicos y adolescentes.

CADA MADRE ES UN MUNDO. Como gran parte de los mortales, Bill Sears sabe de los efectos que un tema puede tener cuando los medios de comunicación se enamoran de él. Al igual que Grumet, Sears se vio obligado a poner paños fríos a la polémica que generó la revista Time. “La tapa fue arriesgada, pero fue un gancho brillante para atraer lectores (…). Pero como usualmente me citan de manera errónea, quiero hacer algunas aclaraciones”, adelanta en los primeros párrafos que Sears escribió en el blog de la API. Las aclaraciones iban para apaciguar a las madres de todo el mundo que sintieron que su maternidad estaba siendo cuestionada por la publicación. Durante las últimas semanas de mayo, las redes sociales explotaron con la indignación de las madres en guerra unas entre otras. Una reacción lógica tras leer el “Are you mom enough”, el polémico título de tapa (“¿Eres lo suficientemente madre?”, según su traducción). “El AP no es un método extremo (…). Ni plantea que las madres dejen de trabajar. Todo lo contrario. Las mujeres son las más grandes multi- taskers del mundo. La crianza con apego permite que los padres modifiquen sus agendas y se reconecten con sus hijos (…) y continúen amamantando part-time”, escribió. Y, casi al final del texto, remarcó que las herramientas de la crianza con apego “pueden ser modificadas por cada familia para que se adapten a su situación particular”. Un mensaje tranquilizador en un terreno complejo: la forma de educar a los hijos ha sido ancestralmente área de disputa entre mujeres que siempre se enrostran una a la otra la mejor receta a la hora de ser madres. Mientras tanto, a nivel macro, la sociedad actual muestra cada vez más polaridad entre modelos de crianza: va de proponer métodos estrictos (la más reciente fue la teoría de “las madres tigre” de Amy Chua) a otra supuestamente más natural e instintiva. Quién es lo suficientemente madre es una pregunta que pocos pueden responder a ciencia cierta. Dice Mario Sebastiani: “La maternidad es una experiencia vital, con claros y oscuros y para la que nunca se está preparada de manera suficiente. Estigmatizar a quien no puede dar la teta no es bueno: si bien la lactancia a pecho o específica es el mejor alimento para los niños, culpar a aquella mujer que no la puede llevar a cabo no es bueno. Sin simbiotizarse ni inmolarse, debe ser cada madre la que defina los tiempos justos en función de la armonía de intereses entre ella y su hijo (tiempo de alimentación, juegos, espacios en soledad y con otras personas, tiempo con su pareja, trabajo, descanso o actividad física o lúdica)”. Una mujer feliz con ella misma como persona, probablemente acompañe con mayor serenidad el crecimiento y el desarrollo de su hijo, opina Sebastiani. Y remarca “probablemente”. Porque, tal como dice Gerardi, no hay recetas fijas sobre cómo ser madres. Se trata de escuchar y escucharse para encontrar la fórmula que mejor se adapte a nuestras vidas.

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