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Septiembre 2011

Maternidad siglo XXI

Mirar al pasado + Vivir el presente + Pensar (soñar) el futuro. No es como lo imaginábamos en las películas de ciencia ficción. Ser madres hoy es bastante parecido a lo que fue siempre pero, al mismo tiempo, totalmente diferente a otras épocas, incluso no tan lejanas. Aquí, lo que persiste, la metamorfosis –según los especialistas– y la mirada creativa e ingeniosa de distintos diseñadores para delinear el retrato de las madres del siglo.
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  • Mamá pulpo. “Cría a sus hijos, trabaja, va al supermercado y a la peluquería... –describe Lupe Villar, de Lupe–. Tiene muchas ganas y proyectos y, al final del día, aunque está cansada, logra llenar todos los casilleros”.
  • Superpoderosa. ”Apostamos a una mamá que no se mimetiza con la cuna del bebé –asegura Majo Galler, jefa de Diseño de Wanama–. No deja de ser mujer al convertirse en madre. Madres eran las de antes... Las de ahora son súper madres”.
  • Doble it. “Es un lujo poder vestir a madres e hijas”, dice Romina Daniel Levy, diseñadora de Complot y Mini Complot, que realizó un outfit para una dupla con personalidades fuertes, creativas, seguras y con estilo propio.

Textos: Valeria Mariño/ Lucila Pinto.

Carolina tiene una panza de ocho meses y estudia para los exámenes finales de su último año de secundario. A Julieta (26) el test de embarazo le dio positivo y está decidida a dejar atrás las corridas del ambiente publicitario para aprender y luego dedicarse a ser doula (mujeres que acompañan a otras durante el camino a la maternidad y en el post-parto, brindándoles apoyo físico y emocional, creando el mejor entorno posible para ellas). Fernanda (35) transita por segunda vez los consultorios de obstetras, con la experiencia de su primera hija a cuestas. Todas ellas son madres del siglo XXI, y su vivencia de la maternidad está atravesada por características del nuevo milenio. De acuerdo a especialistas, la mayor –y definitiva– inserción y ascenso de las mujeres en el mundo laboral es el factor que más influye sobre las decisiones vinculadas a la maternidad. Y la edad que las mujeres eligen para ser madres, los miedos –los nuevos y los de siempre–, las preocupaciones que enfrentan, el modelo de familia que forman y la manera de criar a sus hijos llevan el tinte propio de estos tiempos.

EL MANIFIESTO. “Hoy en día las mujeres hemos conquistado las calles. La era industrial y la entrada al siglo XX nos han abierto las puertas para acceder al mundo del trabajo, las universidades, las profesiones, el dinero, la política, el deporte y el pensamiento independiente. Así, a lo largo de las últimas dos o tres generaciones, las mujeres hemos sido finalmente miradas, reconocidas y apreciadas en ese lugar bien visible: el trabajo o el ámbito social. A partir de allí sentimos que comenzamos a existir. No es poca cosa”. Las palabras pertenecen a Laura Gutman, terapeuta familiar y escritora, cuyo paradigma dentro del cual las mujeres de esta época se convierten en madres resulta tan descriptivo como contundente.

De acuerdo a la psicóloga Beatriz Goldberg, esa presencia en el mundo laboral y en el universo del poder y las decisiones sumó actividades a las mujeres, pero no les quitó otras. Así lo expresa: “El rol de la mujer está muy combinado. Es una multiprocesadora que tiene que estar en todo. Tiene un puesto como directora de hospital, mientras está moviendo el cochecito del bebé, en el teléfono habla con la escuela del más grande y tiene una llamada laboral en espera”.

Por su parte, la doula Julieta Saulo advierte que la legislación laboral no alivia la difícil combinación entre maternidad y trabajo. “Es paradójico que la Organización Mundial de la Salud recomiende seis meses de lactancia exclusiva, pero con la legislación actual a los tres meses de haber parido tenés que volver al trabajo. Es posible lograr un equilibrio entre las dos cosas, pero para eso necesitás sostén de la familia y, fundamentalmente, del Estado”.

Julieta tenía 26 años cuando quedó embarazada y trabajó en una agencia de publicidad hasta diez días antes de tener a su hija. Dos meses y medio después, volvió a la oficina. “Fue una crisis total”, reconoce, y cuenta que esa encrucijada la llevó a dejar el estilo de vida acelerado y formarse como doula, disciplina que practica desde hace dos años. Con su propia experiencia y la de otras mujeres como base, creó junto a la puericultora Valeria Wasinger y la periodista Mariela Franzosi la iniciativa “Un post-natal de seis meses”. Desde ese proyecto piden que se extienda la licencia por maternidad de 90 días a 210, 30 antes del parto y 180 después. A pesar de los contratiempos que la vida laboral implica para la maternidad, para Goldberg es posible conciliar los dos mundos. Según ella, el trabajo es sólo “una razón superficial” por la que muchas mujeres postergan la maternidad y, en cambio, atribuye el argumento al miedo al compromiso característico de las últimas generaciones: “Hay formas de pilotear tener un hijo a pesar del trabajo. Es cuestión de tener ganas de resolverlo y de organizarse –afirma la psicóloga–. A las mujeres que tenían que trabajar siempre les costó, pero se puede ser mamá part-time. Tiene que ver con el deseo. Hay mucho miedo al compromiso, a la pérdida de la individualidad y los espacios. También hay preocupación por la estabilidad de la pareja o a quedar pegadas a un hombre”.

FAMILIA MODERNA. En consonancia con esos cambios, el concepto de familia se flexibiliza cada vez más. La familia tipo va cediendo su lugar para aceptar nuevos modelos, como las madres solteras, las parejas juntadas pero sin registro civil de por medio y las familias ensambladas, que reúnen bajo un mismo techo hijos de parejas anteriores. Goldberg expresa al respecto: “Antes uno armaba pareja, se casaba y tenía hijos. Eso era lo natural. No todas las mujeres eran Susanita, pero el modelo era casi indiscutible. Hoy hay distintos modelos de familias, es la época del ‘vamos viendo’ y de dejar que las cosas fluyan”, describe. Además, agrega que aquellas parejas que deciden no tener hijos reciben una mayor aceptación social que años atrás. “Antes era impensable que una pareja no quisiera tener hijos, o tener sólo uno. Hoy, esta situación tiende a naturalizarse”, subraya. Alejandra Libenson, también psicóloga, coincide en que las nuevas familias, poco a poco, son vistas y consideradas con más respeto y equidad. “Los ejemplos más usuales son las familias monoparentales donde es la mujer-mamá la que se hace cargo de su función materna, a la que debe sumarse la de sostén del hogar. O familias ensambladas luego de un proceso de divorcio, o separación, o viudez, mujeres y hombres con hijos, que deciden constituir una nueva pareja y familia”.

LA EDAD DE LA CIENCIA. Ximena Díaz Alarcón, directora y socia de la consultora Trendsity, apunta que uno de los cambios trascendentales de la maternidad en este milenio es la incorporación de nuevas maneras de convertirse en madres. “Hay que tener en cuenta que el concepto de maternidad ha evolucionado mucho y hoy admite nuevos medios como la fertilización in vitro y el alquiler de vientre”, detalla. Para ella –máster en Antropología Social y Política–, el caso más paradigmático de esa flexibilización de las formas en nuestro país es el de Florencia de la V, reciente madre de mellizos vía alquiler de vientre.

Actualmente, la infertilidad, una problemática que antes era considerada 100% determinante, tiende –ciencia mediante– a ser un obstáculo que en muchos casos se puede superar. Una investigación realizada por el banco de óvulos Maternity Bank revela que a partir de los 35 años la cantidad de óvulos y su calidad empiezan a disminuir, y que a los 40 la mujer sólo cuenta con un 3% de su reserva ovárica. Sin embargo, en los casos de aquellas mujeres que, por motivos profesionales o cuestiones de pareja, tengan previsto postergar la maternidad para después de los 40, existen tratamientos “preventivos”, como el congelamiento de óvulos. De esta forma, la postergación de la maternidad, que es de acuerdo a Carlos Fortuny, directivo de Maternity Bank, un fenómeno de las últimas décadas, se ve compensada con la tecnología. Beatriz Goldberg también percibe que posponer la llegada de hijos es una tendencia, pero también ubica en la maternidad temprana otra tendencia en el sentido inverso. Según la psicóloga, las más jóvenes no ponen demasiados reparos en ser madres. En la misma línea se inscriben las mujeres de más de cuarenta que, ya instaladas laboralmente, “experimentan una segunda adolescencia, con ganas de afrontar grandes proyectos como, por ejemplo, ser madres”. Sin embargo, es en las generaciones intermedias cuando las mujeres “le escapan” a la maternidad. La especialista ensaya como explicación a esto que se trata de una generación muy marcada por la expansión de los divorcios durante su infancia. De ahí, explica, “nace su miedo al compromiso”.

Fernanda Falsetti, empleada de una obra social que tuvo a su segunda hija a los 36 años, está convencida de que haber sido madre luego de los treinta le dio la madurez necesaria para afrontar las dificultades de la maternidad. Luego de su experiencia con su primera hija, en la que los problemas respiratorios de su bebé le trajeron algunos sustos de trasnoche, esperó cinco años para volver a quedar embarazada. Fernanda también asegura que la experiencia de su primera hija la hizo afrontar a la segunda con más confianza y seguridad.

En el polo contrario, Carolina Alcalde tenía 17 años recién cumplidos cuando se enteró de que estaba embarazada: “Mi primera preocupación fue contarle a mi familia, porque nadie esperaba que tuviera una hija siendo tan chica, pero por suerte tuve el apoyo de todos. Me daba miedo lo que estaba por venir, me sentía inexperta y era un mundo nuevo y desconocido. Pero después, una vez asumido el embarazo, empezaron a aparecer los pensamientos positivos, como nombres, armarle su lugar en casa, ver ecografías y pensar en el día que iba a conocer a mi beba. Me alegraba ver crecer mi panza, saber que había una vida ahí dentro y que dependía de mí”, relata acerca de su vivencia.

Para ella, el mayor inconveniente de ser madre joven es la dificultad para conseguir trabajo: “Piensan que no vas a ser eficiente, o que no vas a poder dedicarle tiempo al trabajo. Sí o sí necesitás ayuda de tu familia y amigos para poder realizar tus proyectos”, confiesa. Si bien Carolina considera que la ventaja de haber formado una familia unida supera esos contratiempos, concede que tuvo que resignar algunas actividades propias de la adolescencia.

Acerca de los factores que influyen en la edad que eligen las mujeres para tener hijos, Díaz Alarcón concluye: “Estas condiciones hicieron que la maternidad se fuera flexibilizando. Hoy, efectivamente la maternidad es un sueño y un proyecto que muchas mujeres siguen eligiendo como prioritario en la vida, pero no es el único camino posible”.

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