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Febrero 2013

Mi vida sustentable

Separar la basura. No derrochar agua. Pensar antes de comprar y ser feliz con lo elegido. Hoy, en la Argentina hay ejemplos de cómo es posible llevar una vida sustentable. En esta nota te mostramos cómo se aplica esta filosofía en la que el medioambiente es la bandera de una nueva forma de vida.
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  • Cecilia de La Fournière cultiva lechugas y flores en el techo.
  • Instantáneas green. Wilfried Adolph va a trabajar en una bicicleta de bambú.
  • Sintonía hogareña. Wilfried Adolph y Cecilia de La Fournière en su casa de La Horqueta, donde llevan adelante una vida sustentable.
  • Pipo Pacheco, su mujer Carolina Lozano y su hija Antonia, disfrutan de la vida doméstica green. El construye casas sustentables y ella sigue la misma línea natural en los jardines que crea.

Textos: Mara Derni. Fotos: Francisco Trombetta.

Leé la nota completa en Para Ti de esta semana.

Reducir, reutilizar, reciclar y reparar: las premisas de la vida sustentable, un modo de relacionarse con el medio ambiente y producir de manera tal que los recursos naturales perduren en el tiempo, disponibles para las generaciones venideras. Por eso, el término “sustentable” o su sinónimo “sostenible”, nacido en la década del ‘70, está relacionado con las acciones humanas, desde lo social, lo económico y ambiental, y se pone de manifiesto en la gastronomía, el turismo, el transporte y el consumo. ¿Qué puedo hacer yo para que los recursos naturales actuales puedan estar también disponibles para mis nietos? El concepto ya se está poniendo en práctica y estuvo presente en las conclusiones de la “Cumbre de la Tierra Río + 20” –o, como indica su nombre oficial: Conferencia de Naciones Unidas sobre Desarrollo Sustentable–, del 20 al 22 de junio pasado, en Río de Janeiro, en torno a una misma preocupación: el futuro de los recursos no renovables, el consumo desmedido y la falta de medidas para contrarrestarlo. Los debates estuvieron centrados en la búsqueda de una “economía verde” (dentro de un modelo capitalista que reconsidere el daño ambiental), la erradicación de la pobreza y la mejora de las condiciones laborales. Muchas fueron las iniciativas en torno a “repensar”, “redistribuir” y “restructurar” el futuro de la megaciudades: se tomó el caso de Copenhage, en Dinamarca, ejemplificadora en desarrollo ambiental (ver recuadro); Buenos Aires, que es una de las 59 ciudades que más emiten gases de efecto invernadero, firmó un acuerdo con Brasil y México, en el cual se comprometió a tomar decisiones conjuntas en materia ecológica; y desde el gobierno porteño hay algunos proyectos a punto de ser aprobados, como algunas reducciones del impuesto de ABL para aquellos edificios que incorporen mejoras ambientales. “Tenemos que ser ciudadanos coherentes y comprometidos”, insiste Lucas Campodónico, emprendedor sustentable y director de la ONG Ecomanía, haciendo hincapié en que la responsabilidad de llevar adelante esta acción es de la sociedad y no de los partidos políticos, principios que difunde en su revista. Angie Ferrazzinni, directora de Sabe la Tierra –una organización que lleva adelante todos los sábados un mercado de producción sustentable en la estación de San Fernando del Tren de la Costa– y madre de dos chicos de 7 y 5 años (más uno en camino), es otra convencida de que la voluntad individual es el principio del cambio global. “Como madre trato de educar a mis hijos bajo el paradigma de la sustentabilidad, incorporando pequeñas acciones cotidianas. Les enseño a cuidar el agua, pero también a que se puede vivir con menos y ser felices. Pero, obviamente, no soy tan estricta”.

Ya sea por esnobismo o por conciencia real, cada vez hay más emprendimientos con sello green, incluso la mayoría de los diarios incluyeron un suplemento Eco en sus ediciones. Como dice Virginia Kaczorkiewicz, fundadora de Directorio Verde, una guía online que en 2009 comenzó reuniendo un puñado de “bichos raros ecológicos” y hoy aglutina a más de 1.000 empresas que van desde panaderías, negocios de indumentaria, lugares para ver cine ecológico o recicladoras. Es que lejos de las posiciones extremas, ser sustentable determina un modo de vivir y hacer, y no hay un modo único de serlo. En nuestro país esta nueva tendencia ya se lleva a la práctica, y en esta nota te mostramos cómo es posible tener una vida sustentable.

MENOS ES MAS
“El lujo no es ganar mucho dinero sino lograr no gastar tanto”. Así resume Wilfried Adolph (55), gerente de la empresa de equipamiento para baños, Duravit, la filosofía de vida que comparte con su mujer, Cecilia de La Fournière (39) y sus dos hijos, Simón (9) y Tomás (7). Y uno de los “lujos” que se da es no usar el auto. Todos los días, alrededor de las 8 de la mañana, Adolph, recorre en bicicleta los doce kilómetros que separan su casa, en La Horqueta, San Isidro, de su oficina. Un recorrido que sólo le propina ventajas: evita el estrés del tráfico, hace ejercicio, se mantiene en forma y, de paso, conserva la tradición familiar. Nadie en su familia natal, en Alemania, tuvo auto, “incluso nos íbamos de vacaciones en bici”, relata ahora, orgulloso de su bicicleta íntegramente hecha de caña de bambú y resina, que compró en Rosario. A su lado, su mujer, oriunda de Valle Azul, al sur de la provincia de Río Negro, nos invita a probar un budín integral mientras se suma a la charla. Desde el jardín, el perfume de las flores inunda la casa de 106 metros de los Adolph. La jardinería y la decoración floral –bajo el nombre de Metamorfosis– es parte de la actividad laboral de Cecilia. Además, se encarga de mantener saludables las plantas de lechuga que cuida en su terraza y se ocupa de que los chicos se alimenten sin excesos. Por eso, todos los días los retira de la escuela –ambos van al Colegio Goethe, ubicado a dos cuadras de su casa– y les prepara platos sanos con ingredientes orgánicos y “poco elaborados”.(…)

 

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