Para Ti

Actualidad

Junio 2005

Romina Tejerina

Romina Tejerina (21) fue condenada por la Justicia de Jujuy a 14 años de prisión por haber asesinado a cuchillazos a su beba recién nacida. Ella sostiene que su hija fue fruto de una violación. La Justicia demostró que ella estaba en pleno uso de sus facultades mentales cuando apuñaló a la beba y sobreseyó al acusado, quien asegura haber tenido con ella relaciones sexuales consentidas. Los Tejerina, aun reconociendo haber ejercido violencia doméstica sobre Romina, están indignados con el veredicto, sostienen su inocencia y hablan de prejuicios. Sexo, mentiras, política y acusaciones cruzadas alimentaron este juicio en el que fa ltó un examen de ADN para probar la paternidad y sobraron los rumores.

Texto Daniela Fajardo Fotos Maxi Didari Enviados a Jujuy

  • Romina con Mariana Vargas, su abogada, quien también la contuvo todo el tiempo.
  • En medio de una crisis nerviosa, Romina Tejerina es retirada de los tribunales tras anunciarle su sentencia.
  • Durante las etapas del juicio, la joven de 21 años se había exhibido serena y atenta a los detalles.

El pañuelito de papel pasa de una mano a la otra. Lo estruja, lo aprieta y lo desliza por entre los dedos. Sus uñas, delicadamente pintadas con esmalte nacarado, lo arañan, lo marcan, lo lastiman. Pero Romina no se da cuenta y en el preciso instante en el que se pone de pie para escuchar la sentencia éste es su paño de lágrimas, y también donde descarga toda su furia y deposita su desilusión.

Catorce años de prisión -porque "mediaron circunstancias extrordinarias de apelación"- fue la sentencia dictada por los jueces de la Sala II de la Cámara Penal de Jujuy. Romina Tejerina fue acusada como autora de homicidio calificado por el Tribunal integrado por los jueces Antonio Llermanos, los vocales Héctor Carrillo y Alfredo José Frías, por haber asesinado de 21 puñaladas a su beba recién nacida. La fiscalía, a cargo de la Dra. Liliana Fernández de Montiel, había pedido prisión perpetua por homicidio agravado por el vínculo (25 años de pena) porque "la acusada se encontraba en pleno uso de sus facultades al momento del hecho" y asegurando que "para la Justicia no existió la violación" que Romina había denunciado como causante de la concepción de su hija, ni hubo "estrés post traumático" que la afectara.

Gritos e insultos de parte de los familiares de Romina irrumpieron en la pequeña sala de audiencia ubicada en el segundo piso de los tribunales de la capital jujeña. "Me las vas a pagar. Dios va a hacer justicia", reclamó Elvira Baños, la madre de Romina, dirigiéndose a la fiscal en medio de una crisis de nervios. "Ustedes podrán verificar todas las infamias que se han dicho. Hay muchas Rominas", agregó ante la prensa Mirta Tejerina, hermana mayor de Romina. Después de un cuarto intermedio de quince minutos y tras desalojar de la sala a los familiares, la audiencia continuó con el alegato de la defensa, a cargo de la Dra. Mariana Vargas y el Dr. Fernando Molina. Pidieron la absolución amparándose en el argumento del abuso sexual, en "el ocultamiento del embarazo por temor y vergüenza", los intentos fallidos de abortar y que "tanto la violación como el embarazo le habían provocado a Romina un trastorno severo en su personalidad" y "su estado de inimputabilidad que le impidió comprender su conducta en el momento de apuñalar al bebé". Por último, aseguraron que "la acusada creyó que había logrado provocar el aborto en el momento en que nació el bebé". El Dr. Molina planteó que, en todo caso, si se pretendía condenar a la joven, correspondía hacerlo por homicidio culposo con circunstancias extraordinarias de atenuación o "infanticidio". Esta figura penal fue derogada en 1995 y preveía una pena máxima de tres años de prisión para la madre que durante el puerperio (los primeros cuarenta días después del parto) matara a su hijo bajo la llamada "psicosis puerperal".

Lo cierto es que como Romina ya lleva cuatro años y ocho meses detenida en la Unidad 3 del Servicio Penitenciario de Jujuy, bajo el régimen del dos por uno, podría obtener su libertad condicional en cuatro años y ocho meses. "Esta Justicia defiende a los violadores -declaró indignada Mirta Tejerina tras el veredicto-. No considera el estado de salud mental de Romina. Denuncio públicamente que nos violaron en nuestra intimidad como familia. Desde el principio vimos el ensañamiento que tenían con Romina, pero nosotros vamos a seguir apelando. Guarda, pueblo, guarda con el dedo sancionador y castigador que se cierne sobre Romina. Porque eso te puede pasar a vos, hermana", advirtió.

El día del espanto

"No me siento bien. Acompañame hasta la farmacia", le pidió Romina a Erica, su hermana dos años mayor. Eran las 7 de la mañana del 23 de febrero de 2003 y después de haber pasado toda la noche con "dolor de estómago", quería comprar chicles laxantes. Pidieron un remise y partieron rumbo a la Farmacia Jujuy. De regreso en su casa, en la calle Polonia N° 65 del Barrio Santa Rosa de Lima de San Pedro de Jujuy -donde vivían las tres hermanas desde hacía dos años- Romina ingirió dos chicles y, 30 minutos más tarde, fue al baño. "Recuerdo que desde las siete de la mañana ya estaba con pérdidas de sangre, sentí que algo me bajaba y allí fue cuando lo expulsé. Salió el bebé, estaba asustada, llamé a mi hermana Erica, se impresionó con la sangre y se retiró", contó Romina durante su declaración indagatoria, según lo relatado por la fiscal durante el juicio oral. "Me fui a buscar una caja y allí metí a la niña con la placenta y todo. En el baño había un cuchillo, lo agarré y le metí dos puñaladas al bebé a través de la tapa de la caja. No recuerdo el lugar que lo lastimé. Aparecieron mis hermanas, dejé el cuchillo y ellas llamaron a mi madre. Después Mirta levantó la caja y se retiró del lugar hasta el hospital", prosiguió la declaración de Tejerina.

Romina, que ocultó el embarazo a su familia -excepto a Erica- usando ropas amplias y fajas, le infringió a su hija 21 heridas cortantes y punzantes. En su declaración Erica contó que desde que se enteró que estaba embarazada intentó abortar "poniendo perejil en la vagina, tomando vino caliente y tes de yuyos" e incluso acudió a médicos, pero por tener un embarazo avanzado -de cuatro meses- y ser menor de edad, se negaron a hacerle las maniobras abortivas.

La joven madre y el recién nacido llegaron al Hospital Guillermo Patterson. Allí las recibió la Dra. Mónica Torres de Pilili, quien al comprobar el gravísimo estado de la bebé -estaba "cianótica e hipotérmica"- le efectuó maniobras de reanimación. El examen determinó que tenía entre 34 y 35 semanas de gestación, que pesaba un kilo novecientos… y que la sangre que tenía encima no era sólo producto del parto, sino porque había sido acuchillada. La noticia corrió como reguero de pólvora por todo el hospital y llegó a oídos de René Reyes, un policía que esa mañana estaba de guardia en el hospital. Por la gravedad de las lesiones, la médica derivó al bebé al Hospital Pablo Soria de San Salvador. Después de ser intervenida quirúrgicamente para intentar detener una hemorragia cerebral, dos días más tarde Socorro Milagros -así la llamaron durante su corta vida y por sugerencia del policía Reyes- murió, por "presencia de lesiones punzo cortantes penetrantes de diversas localizaciones, con compromiso de órganos vitales, con gran hemorragia de los mismos, pulmón derecho y hemisferio cerebral derecho". El 11 de marzo de 2003, Romina denunció que "la bebé era fruto una violación cometida por su vecino, Eduardo Emilio 'Pocho' Vargas", que "no lo había denunciado porque la tenía amenazada" y que "en la cara de la beba había visto al violador" y por eso la apuñaló. Vargas fue detenido durante 23 días y procesado (ver recuadro), pero finalmente, sobreseído del cargo de violación.

El misterio de Romina

Mirta "Pocha" Tejerina (42), soltera, docente e integrante de la Corriente Clasista y Combativa liderada por Carlos "el Perro" Santillán, se convirtió en la vocera de la familia. Recibió a Para Ti en "su refugio", tal como ella misma llama a la casa en la que vive junto a Erica desde el 14 de diciembre de 2003. La casa es una de las pocas que terminaron de construir en el nuevo barrio de los docentes, ubicada en Altos Comederos, a pocas cuadras del Penal donde ya se encuentra Romina. Todos los días Erica le lleva pizza o milanesas a su hermana. "Romina se niega a comer la comida del penal", dice. Sobre un camino de tierra, la casa es la más arreglada de la cuadra: tiene un enrejado de hierro, un pequeño jardín con rosales y una pérgola de lona rayada azul y blanca. "Conseguí que me trasladaran algunas horas a San Salvador, pero todavía tengo que ir algunos días a dar clase a San Pedro. Salgo bien temprano y vuelvo a la noche, tarde", dice a modo de queja. Y agrega que se tuvieron que mudar de San Pedro porque "era insoportable vivir allá". Erica, por su parte, cuenta que ya no le quedan amigas en San Pedro e incluso hace cuatro meses se peleó con su novio que era de allá. Mirta dice convencida que tiene "una gran misión en la vida", que antes no lo entendía pero ahora, con lo que le pasó a Romina, sí. Su convicción militante es fuerte, y cada tanto hace de la entrevista un discurso político. "Siempre estuve convencida de la lucha. La Negrita (así le dice a Romina) muchas veces me decía que yo perdía el tiempo en la militancia. Y mirá ahora, el pueblo está de pie, está conmigo, porque ella es víctima de la violencia", exclama. Los días del juicio, "el Perro" Santillán y unas quince ONGs que luchan por los derechos de la mujer brindaron su apoyo a Romina desde afuera del Tribunal. Mirta reconoce que en su casa paterna hubo violencia familiar, pero la justifica. "Mis papis -Elvira (64) y Florentino (70)- son personas mayores y muy tradicionalistas. Eso no significa que no hayan intentado ser buenos padres", dice. La violencia familiar estuvo presente en el juicio cuando la asistente social del fuero penal, María Cabrera de Moya, que casualmente vive a 20 metros de donde vivían las Tejerina en San Pedro, contó que Romina le había comentado que "su madre siempre le pegaba y feo y que su papá era de agredirla, pero con palabras". "Los padres refirieron que eran personas estructuradas, que tenían problemas para manejar a Romina en cuanto a salidas nocturnas y que esto los llevó a excederse con los castigos físicos y que si era necesario darle una cachetada lo iba a hacer porque esa era una forma de corregirla", prosiguió contando la licenciada Cabrera de Moya. Y aclaró que "los padres de Romina no son personas que vayan a sentarse a dialogar" y que "la joven era un verdadero dolor de cabeza". Otro dato que agregó la asistente social durante el juicio es que la familia Tejerina se completaba con un hermano, Julio César, de 35, que hace diez años se fue de la casa paterna para no volver nunca más. Mirta llevó a sus hermanas a vivir con ella para evitar problemas entre ellas y sus padres, aunque su mamá iba todos los días a la casa de la calle Polonia para cocinar y lavar la ropa. "Mi mami tenía miedo de que aparecieran individuos o bestias como el 'Pocho' Vargas. Nosotros no sabíamos que teníamos a esta porquería viviendo al lado", comenta indignada. Asegura que nunca sospechó el embarazo de Romina, ni tampoco le llamó la atención su cambio de conducta. "Ella es una adolescente y tiene los cambios de humor propios de su edad", se justificó. También contó que "seguramente, como toda adolescente, Romina tendría sus noviecitos, pero nada formal", que "siempre le gustó ir a los bailes", "tenía un carácter fuerte y difícil, soñaba con seguir una carrera militar" y que "de chica tuvo problemas de integración en la escuela". Romina fue una alumna repitente en la primaria, en la Escuela N° 201 de San Pedro, y en la secundaria, en la Escuela Normal de la misma ciudad.

El recuerdo de la mañana del 23 de febrero del 2003 las perturba. "Fue paralizante", dice Mirta. Su mirada se endurece mientras Elvira empieza a sollozar. "Me desperté y me encontré con ese cuadro totalmente nefasto. Por principios, apostamos por la vida. Fue muy duro llevar a la bebé al hospital en esas condiciones y ver a Romina totalmente disociada y maltratada por los médicos del hospital", cuenta. Dice que Romina estaba ilusionada con la libertad, que lee la Biblia y reza el rosario todos los días. "Esperábamos que ella saliera para el 24 que es el día de su cumpleaños. Pero vamos a seguir esperándola para recibirla como se merece el día del retorno a la vida", expresa Mirta. "Romina quiere ir al cementerio apenas quede en libertad. No era un embarazo querido. Creo que el proceso de arrepentimiento se va a ir dando a medida que ella vaya tomando conciencia de todo lo que pasó", asegura.

¿Te gustó esta nota? Compartíla:
Comentarios
PUBLICIDAD
Editorial Televisa
Editorial Atlántida
©2013 PARA TI ONLINE. Todos los derechos reservados.