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Agosto 2005

San Telmo SOHO

Es el símbolo de la Buenos Aires colonial y guardián de las más viejas tradiciones porteñas –sus antigüedades y el tango– que cada fin de semana convocan a turistas de todo el mundo. Pero, simultáneamente, está creciendo un circuito de restós, tiendas de diseño, galerías de arte y locales de moda, accesorios y deco al mejor estilo innovador, global y cool que convirtió al viejo Palermo en lo más nuevo. Ahora, es el momento de San Telmo “reciclado”.

Texto Julia Iribarne Fotos Maxi Didari / Mariana Roddok

Las antiguas farmacias del barrio se convirtieron en originales restó-bares o en coquetos locales de ropa. Una casa ayer en ruinas y que alguna vez fue una ferretería hoy es una elegante papelera, y la vieja y conocida frutería de la esquina de Bolívar y Estados Unidos se transformó en un pequeño bistró. San Telmo, el barrio arrabalero de Buenos Aires por excelencia y sinónimo del pasado colonial de la Capital, está experimentando un cambio, un aggiornamiento, y poco a poco lo informal y moderno –lo fashion– gana terreno y empieza a convivir mano a mano con la imagen tradicional del barrio de las antigüedades y el tango.

Denominada originalmente como Altos de San Pedro Telmo y concentrada entre la avenida Paseo Colón y las calles Cochabamba, Bolívar y México, actualmente la espina dorsal de San Telmo es la calle Defensa, que concentra la mayor parte de su oferta de locales. Hoy, el
95,4 % de ellos está ocupado, debido a un aumento de la demanda local y a una participación clave de inversionistas extranjeros, que vinieron a comprar algo más que un mueble viejo... En Europa como ahora en la Argentina la adquisición de propiedades en el casco histórico de las capitales está de moda. “La zona más buscada son los alrededores de la plaza Dorrego, corazón de San Telmo, donde casi ya no hay disponibilidad”, afirma Fernando Giesso, titular de la Inmobiliaria Giesso.

Uno de los pioneros de este nuevo tour por “San Telmo reciclado” es el restó-bar La Farmacia, en la calle Bolívar al 800. De botica sólo le queda su cartel a este lugar que, con música jazz de fondo y decorado al servicio de la comodidad, ofrece una propuesta de cocina fusión cuyos protagonistas son las carnes, los pescados y las pastas. El plato estrella es el medallón de lomo con ragout de hongos y papas rosty ($ 20). En un barrio donde el abanico cultural es su marca registrada, a su propuesta gastronómica le suma un espacio para la venta de ropa, objetos de arte, exposiciones y talleres de fotografía, pintura y papel maché. “San Telmo siempre eran antigüedades, pero nosotros elegimos este lugar porque nos sumamos a esta movida de cambio que se está viendo ahora”, sostiene su propietario, Fabián Garbolino.

Camuflado entre callecitas empedradas, aparece otro de los restós surgidos en estos últimos tiempos, Sr. Telmo –en Carlos Calvo 240–, con una propuesta diferente al de la calle Defensa abierto hace cinco años. Bajo la misma identidad se remodeló una casona antigua de casi dos siglos para ofrecer cocina de autor y pizzas, desde la clásica Napolitana ($ 10) a otras más originales, como la Caprese ($10), o la Oruga ($ 13) con rúcula, queso parmesano, jamón crudo y mozzarella.

Origen, un bar-almacén, parece ser el nuevo reducto de San Telmo elegido por los que empezaron a mirar más allá de Palermo. Decorado con arte joven, es un buen ejemplo de cómo Palermo Soho (llamado así en referencia al Soho neoyorkino) –su estilo, sus influencias y su espíritu– se trasladó a esta parte de la ciudad. En horarios de desayunos y meriendas, su vereda –sobre la calle Perú– se transformó en espacio de lectura de estudiantes, escritores y artistas, que se alimentan tanto con sus libros y apuntes como con las delikatessens naturales del lugar. A tres cuadras de ahí –en Perú al 700– la artista plástica Nora Iniesta recibe en su taller, donde exhibe y vende sus objetos “que apelan a la infancia, la patria y al lenguaje”, según apunta su autora.

Continuando con el recorrido cultural, artístico y gastronómico por el nuevo San Telmo Soho aparece Territorio, otro almacén regional que no quiso quedarse afuera de estos nuevos aires. En la tradicional frutería y verdulería de la esquina de Estados Unidos y Bolívar se ofrecen por estos días tablas de picadas ($ 15) y productos patagónicos, como quesos de cabra, pastrón, ciervo ahumado y jamón crudo de jabalí. Al lado de este pequeño bistró del sur suenan discos de rock nacional. Es que en Estados Unidos 488, donde antiguamente se vendían fiambres, abrió Bestiario, un espacio de música que apuesta principalmente a los artistas argentinos. El nombre, en honor a Julio Cortázar, caracteriza a este reducto relajado y net que condensa libros de literatura de autores independientes, postales de escritores y CDs de artistas latinoamericanos, de folclore o rarezas de tango, nada que ver con lo que otros en el mismo barrio ofrecen a los turistas que abarrotan el vecindario durante los fines de semana. Para seguir probando las novedades, en la esquina de Defensa y México –donde por muchos años funcionó una tradicional parrilla– hace tres meses abrió sus puertas la Brasserie Petanque. Con acento francés, este elegante restaurante marca un sello en la cocina francesa con un menú simple y tradicional como el chucrut a la paisana ($ 22) o cassoulet Petanque ($ 22) y una variedad de cervezas importadas de diferentes partes del mundo.

Colonial y reciclada. En la década del ’60 los artistas plásticos, deslumbrados por sus construcciones y su clima marginal y bohemio, desembarcaron en San Telmo. Hoy, décadas más tarde, una nueva generación de jóvenes artistas y diseñadores regresó al barrio a buscar inspiración y una nueva vidriera. Es el caso de Materia Urbana, una tienda de arte –en Defensa al 700– donde se encuentran desde chalinas, carteras y productos de cuero o lana virgen hasta cuadros y diseños originales. Todo convive en absoluta armonía y en un contraste desafiante entre los objetos modernos y los techos antiguos que datan del 1.900. “Siempre pensamos que el casco histórico de la ciudad era mucho más convocante que cualquier otra ubicación –afirma Mauro Giaconi, uno de los responsables del local–. Además, a diferencia de lo que sucedía en Palermo, San Telmo no tenía representantes del arte y diseño con nuestro formato”. ¿Qué formato? El que fusiona la creación única con la decoración, el objeto con el accesorio, lo artístico con lo lúdico, con lo funcional.

Todo lo que hay en L’Ago, también sobre la calle Defensa, una tienda de deco y algo más, como ranas inflables, lámparas de todos colores, las marionetas, animales de papel maché y objetos realizados con hierro oxidado. Este local 100 % de diseño ofrece objetos confeccionados con materiales nobles e innovadora intención. Cruzando la calle desembarcó hace dos meses otra de las tiendas bien de Palermo, pero que ahora se radica en este circuito. Se trata de El Cid (ya había sumado otro en el Nuevo Bajo), que forma parte de uno de los edificios más antiguos de la zona y ofrece, entre añejos muebles ingleses, una inmensa variedad de prendas exclusivas para hombres. El reconocido diseñador de indumentaria Pablo Ramírez también decidió formar parte de lo que está sucediendo en el caso histórico de la ciudad y esta semana abrió su nuevo local en la calle Perú, entre México y Venezuela, presentando su flamante colección prêt-à-porter para hombre y mujer. El negro y el azul índigo –los colores preferidos del diseñador– se imponen en la atmósfera de su nuevo espacio.

Cerca de ahí, en Venezuela al 500, donde alguna vez funcionó una fábrica de huesos de utilería para perros, una ferretería y una tabaquería, la papelera Wussmann es otro atractivo refugio de diseño en cuya antesala hay una galería de arte. En la restauración de la casona se encontraron construcciones subterráneas y hasta un aljibe que hoy forma parte del local. Es este sincretismo el que hoy hace de San Telmo, capital colonial y eterno barrio guardián del espíritu porteño, un renovado polo de proyección de nuevas artes, de una generación de emprendedores y diseñadores de recambio y de últimas tendencias. Indudablemente, un contraste –un cruce– único entre lo antiguo y lo moderno, lo tradicional y lo innovador, el pasado, el presente y la imaginación sobre el futuro.

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