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Junio 2004

Valeria Bertuccelli

Se formó como actriz en los circuitos under y tuvo un fuerte entrenamiento en tiras televisivas como Gasoleros y Máximo Corazón. Hoy brilla en películas independientes, pero también en otras más comerciales. Con dos títulos en cartel, Luna de Avellaneda y Los guantes mágicos, Valeria Bertuccelli asegura que, además de actuar, también está en sus planes cantar junto a Vicentico, su pareja desde hace diez años.
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Texto Silvina Ocampo Producción Valeria Heavy Fotos Ezequiel Escalante

  • "Al principio era bastante más crítica de mí misma. Me miraba en la tele y no me gustaba mi voz. Ahora empecé a aceptarme más".
  • "Soy coqueta normal. De golpe me puede pasar que para un estreno no tenga ganas de producirme demasiado y para otro me tire todo el ropero encima. Un dato que me pinta de cuerpo entero: tengo la misma base que hace dos años".

Adoro levantarme y desayunar escuchando Azul o Lloviendo estrellas a todo volumen. Christian Castro es uno de mis artistas favoritos. ¿Vergüenza? Ninguna, es un orgullo", asegura nada menos que Valeria Bertuccelli (34) quien es -desde hace 10 años- la mujer de Gabriel Fernández Copello, más conocido como Vicentico, ex líder de Los Fabulosos Cadillacs. "Gaby no me censura para nada, el que puede llegar a cambiarme el CD es Florián, mi hijo de 9 años, quien prefiere a Led Zeppelin".

Por estos días Valeria puede darse el gusto de levantarse con tiempo, escuchar a Castro las veces que quiera y cuidar sus plantas (su otra gran pasión) porque acaba de estrenar las dos películas que la tuvieron trabajando grosso (como suele decir ella con gran sonoridad) durante el último tiempo: Luna de Avellaneda, de Juan José Campanella, y Los guantes mágicos, de Martín Rejtman. Aún en gateras y sin fecha de estreno se encuentra la ópera prima de Santiago Loza, Extraño, que Valeria protagonizó junto a Julio Chávez.

-Ultimamente estás más abocada a la pantalla grande, ¿es una decisión personal?

-Me gusta más el cine que la tele, eso seguro. Pero cada medio tiene sus cosas. Trabajar en la tele también está bueno y lo disfruto mucho. Aparte cuando hacés tira la tele es un entrenamiento grosso.

-Y por lo general elegís proyectos más independientes que comerciales. ¿Es por alguna razón en particular?

-Eso no depende de mí. Antes de aceptar un proyecto lo único que elijo es que sea un buen libro y un director con el que me interese trabajar. Después, me da lo mismo que sea una película independiente o comercial. En una te maquillás vos misma, descansás donde podés y tiene menos repercusión. En la otra tenés un equipo a disposición, hasta un motorhome y una gran campaña promocional… pero son detalles. En el momento de trabajar pongo la misma energía en ambas producciones.

-Pero no sólo te fijás en el libro y en el director, porque fue filmando que conociste a Vicentico.

-(risas) Con Gaby nos conocimos en 1000 Boomerangs, de Mariano Galperín y fue amor a primera vista. Después filmamos juntos Silvia Prieto y Los guantes mágicos, que se acaba de estrenar.

-¿Y cómo es trabajar con marido incluido?

-Si fuera un plomo no lo haría. Me resulta fácil y sumamente agradable. Pero tenemos claro que no siempre vamos a filmar juntos. De hecho en estos diez años que llevamos juntos nos han propuesto muchas cosas que no nos interesaron. La decisión siempre es conjunta.

-¿Hubo festejo especial para el décimo aniversario de la pareja?

-Aunque parezca mentira no tenemos fecha de aniversario. Nos casamos en Miami de casualidad porque Gaby estaba de gira allá y yo lo acompañaba. Un día llegó un amigo y nos dijo que se acababa de casar con la mujer. Nosotros le preguntamos cuáles eran los requisitos. Cuando nos dijo que sólo pedían el pasaporte no lo pensamos dos veces: fuimos. Deberíamos hacer un trámite acá para revalidar la unión en Argentina, pero nunca lo hicimos. Así que con Gaby, legalmente, no somos nada… (risas).

-Si estuviéramos en una charla entre amigas, ¿cuál dirías que es la clave para el éxito en una pareja?

-En esto no hay recetas. Sí creo que hay cosas que no pueden faltar. Me parece elemental estar con alguien a quien uno admire y de quien esté orgulloso. Con Gaby compartimos muchas cosas y nos sentimos muy bien juntos. El actúa, yo canto, los dos escribimos. Tener proyectos juntos sería una buena clave pero también es fundamental no sentirse obligado. Divertirse y pasarla bien con el otro es importante. También está bueno saber que nadie te garantiza nada y eso significa que todos los días nos estamos eligiendo. Eso le da a cada momento un condimento picante y algo especial a la convivencia, que es bastante difícil en otros aspectos. Porque Gabriel es cero ordenado, un desastre. Con diez años juntos seguimos peleando por lo mismo: ya me acostumbré a levantar el toallón después de cada ducha…

-Dijiste que te gusta cantar… ¡¿Se viene el CD Vicentico / Bertuccelli?!

-¿Por qué no? Me gusta mucho cantar y hemos probado grabar varias cosas en casa. Ya tenemos tres películas juntos así que no sería muy disparatado pensar en un CD. Es una posibilidad. Pero como decía, no es una obligación, cuando se dé estará bien.

Del teatro under a la pantalla grande

Hija de un empresario y una profesora de Bellas Artes y pintora, Valeria estudió danza clásica, fue a un taller literario y a los 15 tomó su primera clase de teatro. "Fue trabajando en el Parakultural de San Telmo, cuando tenía 17 años, que me di cuenta de que realmente quería ser actriz", recuerda Valeria. "Por esa época con una amiga formamos un dúo que se llamaba Las hermanas Nervio. Hacíamos números cómicos pero a la vez muy sórdidos, todo escrito por nosotras. También actuaban allí Urdapilleta y las Gambas al ajillo, una movida muy buena". Con el dúo empezó a ganar su primer dinero y anunció a su familia que se convertiría en actriz. "Al principio la idea no les gustó mucho. Mi papá (que murió hace varios años) me dijo 'Bueno, está bien, pero hacé un idioma aparte' (risas). Les daba pánico que no pudiera vivir de esto. Confieso que al principio ni me imaginaba en cine o televisión. Mi máximo sueño era tener una compañía grossa teatral y viajar por el mundo, como una vida más de circo". Y fue mucho más que una vida de circo, Valeria participó de La vuelta al día en ochenta mundos en el Cervantes, de Cyrano en el San Martín, trabajó con Antonio Gasalla e hizo una serie de improvisaciones basadas en textos de Roberto Arlt que dirigió Viviana Tellas. Después llegaron el cine y la televisión. "Fue trabajando con Las Hermanas Nervio que conocí a Gustavo Bellati y Atilio Veronelli. Ellos me recomendaron que fuera a un casting para un piloto de Adrián Suar". Ese programa nunca salió pero Suar agendó su teléfono y la llamó para hacer Carola Casini. Luego participó en Gasoleros, Verdad Consecuencia, Cuatro amigas y protagonizó la telenovela Máximo Corazón.

-Y con tanto trabajo llegó la fama, ¿cómo te llevás con ella?

-A veces bien, otras no tanto. Al principio era bastante más crítica de mí misma. Me miraba en la tele y no me gustaba mi voz. Ahora empecé a aceptarme más. Con los fans, si se acercan con respeto, está todo bien. A veces me siento expuesta por demás, sobre todo porque en nuestro caso son dos las caras conocidas. Tampoco tengo una postura de "Me debo a mi público y siempre voy a estar bien". No me resulta cómodo entrar a un lugar y que nos saquen fotos. Pero lo acepto porque es así.

-En medio de tanto crecimiento profesional y popularidad, hubo tiempo para un hijo.

-Sí, Florián tiene 9 años y, aunque parezca una cursilería, desde que nació confirmé lo que muchos dicen: un hijo es la mejor excusa para vivir y esforzarse por ser feliz.

-¿Cómo se lleva él con una mamá famosa?

-Creo que lleva bien el hecho de tener padre y madre famosos. Tampoco siento que le encante. Hay momentos en los cuales lo veo orgulloso y otros en los que le da un poco de celos. Por ejemplo, la última vez fuimos a una entrega de premios y nos tocó entrar por una alfombra roja llena de fotógrafos, no le hizo ni cinco de gracia. Se la bancó, pero cuando terminó nos dijo "La próxima vez que haya alfombra roja me avisan porque no vengo". Ahora es casi un pre adolescente que plantea con claridad sus deseos…

-Se viene la pregunta de las tías: ¿habrá un hermanito para Florián?

-Sí, tengo ganas de tener otro hijo. Aparte Florián me lo pide desesperadamente. La primera vez que pidió un hermanito le regalamos una tortuga, la segunda vez le compramos un perro. Ya tiene tortuga y tres perros... creo que llegó el momento de un bebé.

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