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Septiembre 2017

Antonella Costa : "Niní Marshall fue una abuela para mí"

Con una larga trayectoria en cine, teatro y tevé, la adolescente de Garage Olimpo vuelve a sorprender desde la serie web La chica que limpia. Descubrí el mundo íntimo de una de las actrices argentinas más reconocidas en el exterior y que se enorgullece de ser sobrina bisnieta de la gran Niní.

El ADN de Antonella Costa (37) está formado en un 90% por ARTE. “A veces pienso que si hubiese pasado mi infancia en un consultorio, hoy sería médica. Pero como no concibo mi vida sin arte, sé que aunque hubiera estudiado Derecho o Veterinaria, seguro habría encontrado la manera de poder ejercer mi profesión de una manera creativa”, reflexiona la actriz, hija del dramaturgo chileno Martín Andrade y de la escritora argentina Susana Degoy. Si bien nació en Roma, donde sus padres se exiliaron, en 1988 la familia se instaló en Buenos Aires. Y en esta ciudad quien la estaba esperando era la mismísima Niní Marshall para enseñarle todo sobre el show business. “El lazo de sangre no era tan cercano (ella era hermana de mi bisabuela), pero para mí fue como una abuela. Fuimos súper unidas, me mimaba, compartíamos miles de momentos y me regalaba de todo. Desde vestuarios y pelucas, ¡hasta cajas de maquillaje! –recuerda sin ocultar la emoción–. Todavía tengo varias cosas, pero muchas otras no porque para mí eran juguetes, no las veía como reliquias. Hoy, lo más importante que tengo de ella son los recuerdos imborrables”. Descubrí el mundo íntimo de una de las actrices argentinas más reconocidas en el exterior y que se enorgullece de ser sobrina bisnieta de la gran Niní.

Debutó con apenas 11 años en el Teatro San Martín, en Woyzeck, de Georg Büchner. Después hizo pequeños papeles hasta que, a los 18 años, le llegó el protagónico en cine que la catapultó a la fama internacional: Garage Olimpo. Hizo más de veinte largometrajes (entre ellos Diarios de motocicleta, Felicitas y Nieve Negra), diez series de televisión (como Grande Pa, Mujeres Asesinas y Televisión por la justicia), un sinfín de obras de teatro, y hace cinco años también se dedica a la docencia: “Quería dejar de vivir mi vida únicamente como actriz. Es una profesión con muchos altibajos y yo realmente no tengo otros recursos como rentas o emprendimientos -aclara Costa, consagrada como una reconocida coach de actuación frente a cámara-. Hoy soy cada vez más selectiva con los proyectos en los que quiero actuar”.

Después de un tiempo sin verla, ahora podemos disfrutarla en La chica que limpia, una serie online que está disponible de manera gratuita en la plataforma Cine.AR, donde encarna a una empleada doméstica que es contratada para limpiar la escena de un crimen y queda atrapada en un mundo tan oscuro como fascinante. Del cine de culto al mundo digital, Antonella Costa deja en claro que lo suyo es puro talento.

¿La web reemplazó a la tele? Mientras los canales de tele sigan comprando ficciones ya producidas, sí. Pero para los actores no es una mala noticia porque ahora la gente tiene más acceso a la ficción. Además, me parece interesante desde el análisis social: a diferencia de la tele, con Internet podés juntarte a ver lo que quieras, con quien quieras y cuando quieras. Ya no existe eso de buscar en la grilla o perderte programas.

¿Tenés televisión en tu casa? No, tenemos un proyector y lo usamos muchísimo. Vemos contenido por Internet, puede ser una serie, un documental o una película. Mi hijo (N. de la R.: Félix, de 13 años) es un chico muy curioso y todo lo que vemos en general lo decide él. Ahora está con una movida hip hopera que tiene tres ramas: danza, música y grafiti. ¡Así que estamos a full con eso! Y yo estoy aprendiendo con él.

“Ser diva es respetarse y vivir un romance con uno mismo. Y eso me parece que lotengo. Me estoy enamorando de quien soy”.
¿Tu hijo hace grafitis? Sí, pero no en la calle. Está practicando sobre hojas y yo le habilité una pared de casa. En el colegio también le permitieron hacer un grafiti sobre un mural. Le interesa el diseño y, además, juega al hockey sobre hielo. El chico es un capo.

¿Cómo lo describirías? Si bien con el papá nos separamos cuando tenía un año, le pusimos Félix (N. de la R: del latín “aquel que es feliz o afortunado”) justamente porque nuestro deseo más grande era que fuera feliz. Es muy magnético, amoroso y bastante serio… En los últimos meses lo empecé a ver demasiado hombre; eso me flasheó, no me lo esperaba. Es como un señor.

¿Te gustaría tener más hijos? Sí, me gustaría, pero no está en mis planes. Si pinta, puede ser una aventura. Me gustaría tenerlo con alguien que me ame mucho, no sé si eso me pasó. Con el papá de mi hijo fue más un flash. Igual, creo que es la primera vez que estoy soltera (risas). A mí me gustaría estar en pareja, siempre estuve acompañada.

¿Te llevás bien con la soledad? Al principio fue tremendo, pensé que me iba a morir de falta de franela. Después me fui acostumbrando y ahora la estoy pasando bien conmigo misma, en mi casa y trabajando en mis clases.

¿Cómo te sentís a tus 37 años? Ya tuve la crisis de los 40, así que estoy muy adelantada (se ríe). Por un lado, fui muy precoz: tuve a mi hijo muy joven, empecé a trabajar a los 11, me fui a vivir sola a los 20 y viajé mucho. Entonces, obviamente hay algunas etapas que no viví en la juventud y que ahora me llaman la atención. En este momento estoy disfrutando de las salidas y haciendo amigos nuevos.

¿Dirías que estás en un buen momento de tu vida? La madurez me trajo la conciencia de la búsqueda de mi propia felicidad. Dejé de esperar que la felicidad sea un estado caprichoso. Creo que ser feliz es buscar la satisfacción cotidiana.

texto AGUSTINA D’ANDRAIA (adandraia@atlantida.com.ar) producción MARITÉ RIZZO fotos MAXI DIDARI

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