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Noviembre 2015

Tendencia clean-eating

Se está imponiendo como un nuevo estilo de vida. La propuesta es volver a las fuentes y consumir alimentos orgánicos, naturales y ricos en nutrientes que no aporten calorías vacías ni grasas saturadas y que tampoco contengan conservantes ni químicos. Conocé de qué se trata.
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Hay que comer limpio. Lo dicen las redes socia­les, los libros enfocados en la salud y hasta las celebrities. El hashtag #clean-eating que acom­paña fotos de smothies desintoxicantes y frases motivacionales propone descender de peso, estimular el sistema inmunológico y aumentar la energía a través de la alimentación. Aunque tampoco es un concepto tan nuevo; de hecho, cuando Hipócrates anunciaba en el siglo IV a.C. “somos lo que comemos”, estaba haciendo refe­rencia a que comiendo “limpio” encontraríamos la salud y comiendo “sucio” nos enfermaríamos. Pero el emblema clean-eating vio la luz por primera vez en la década del sesenta, cuando se inició una campaña que rechazaba los alimentos procesados por el bien de los valores morales y sociales. Ahora vuelve estableciéndose como un nuevo estilo de vida. Aquí las únicas prohibiciones son los productos demasiado manufactura­dos que incluyen conservantes, saborizantes o colorantes artificiales que presentan nombres imposibles de descifrar entre sus ingredientes y que, por lo general, vienen empa­quetados.

CLAVES CLEAN. La primera medida de este método de alimentación consiste en reemplazar la compra en el supermercado por otras tiendas: dietéticas, verdulerías y mercados orgánicos, que tienen una oferta de produc­tos mucho más saludable. Y ni hablemos del delivery o la rotisería, si querés comer clean tenés que cocinar –de ser posible– para tomar conciencia sobre qué es lo que te estás llevando a la boca.

Hay que despedirse de las grasas saturadas y de los aceites hidrogenados, que tienden a incrementar los ni­veles de colesterol y los riesgos de padecer diabetes tipo 2; la propuesta es reemplazarlos por grasas saludables como las que se encuentran en los aceites de primera prensada, en algunos pescados o en las frutas secas y la palta. También conviene disminuir azúcares refinadas, sal fina, harinas y arroces blancos y los lácteos: “yo las llamo las cuatro asesinas”, asegura el chef y periodista Pablito Martín, “porque además de que no proporcionan nutrientes reales debido a que atraviesan incontables proce­sos químicos, provocan alergias, descalcifican, acidifican el organismo, atentan contra el peso y la salud y son adictivas”.

Cambiar estos ingredientes que forman parte de nuestras comidas del desayuno a la cena no es fácil. Los expertos aconsejan reemplazar los azúcares por miel o especias como la canela, o bien azúcar integral; la sal por especias o por sal rosada del Himalaya; las harinas y arroces por sus versiones integrales y los lácteos vacunos por leches y quesos vegetales. También vale incorporar legumbres y semillas, aumentar el consumo de frutas y verduras y disminuir el de productos de origen animal, optando siempre por sus versiones orgánicas. Con respecto a las carnes, se recomienda elegir las más magras. Reducir el alcohol y privilegiar jugos naturales y agua filtrada o mineralizada frente a las gaseosas o bebidas saborizadas es imprescindible. En cuanto a las porciones, la recomen­dación siempre es de 3 comidas fuertes y 2 colaciones, y el espacio entre comidas no puede ser mayor a 4 horas.

BENEFICIOS. Además de disminuir el riesgo de padecer obesidad, hipertensión, diabetes, cáncer y alergias, entre otras enfermedades, este tipo de alimentación aumenta los niveles de energía fortaleciendo el sistema inmunológico, debido a que incorpora todos los nutrientes que el cuerpo necesita. Además, comer limpio mantiene el estado de salud del intestino, un órgano relacionado directamente con la calidad de la digestión, la función inmune, la piel y todo tipo de enfermedades que, aunque parecieran no estar relacionadas, se encuentran íntimamente ligadas a él, como las enfermedades del corazón, el cáncer, enfermedades autoinmunes, el in- somnio, la depresión, el asma, la diabetes y la artritis. “Incluso muchas de las dolencias menores como cansancio, dolores, alergias, cambios de humor, falta de libido, mal aliento, olor corporal, eczema, estreñimiento, y hasta el envejecimiento prematuro también pueden estar directamente relacionadas con la disfunción intestinal” explica Alejandro Junger, cardiólogo uruguayo radicado en Estados Unidos y autor del libro Clean.

PASO A PASO. Parecen demasiados cambios, ¿cier­to? Lo importante es no dejarse apabullar y empezar a cambiar los hábitos de a poco. “Hace 13 años modifiqué mi alimentación y no me enfermé más” asegura Pablito Martín –que es vegano desde entonces– y agrega: “pero no soy súper impecable, no soy talibán. En el día a día trato de hacer bien las cosas, pero si tengo una reunión como lo que hay, que no es muy limpio que digamos. El problema es que para la mayoría de la gente pasa al revés: su comida cotidiana es mi comida de cumpleaños. Cuando uno empieza a comer con mayor conciencia, de a poco, paulatinamente, va incorporando alimentos más nobles. No necesitás dejar de comer todo lo que te gusta, basta con que empieces por sumar aquello que te va a aportar salud. Por ejemplo, hoy leíste sobre la chía y te copaste: incorporala, generá el hábito, y después pasá a otro alimento. De acá a un par de meses mejorás sí o sí”.

En la misma línea, el doctor Alejandro Junger encuentra que hay dos conceptos erróneos que mantienen a las personas lejos de introducir mejoras significativas en su salud: “El primero es la mentalidad ‘todo o nada’. Esta idea de que si yo no como a la perfección o no hago una limpieza estricta, entonces no voy a poder tener éxito. Este tipo de perfeccionismo es un asesino del impulso. La realidad es que podemos comenzar a sentirnos mejor con pequeñas modificaciones como dormir más y centrarnos en comer alimentos integrales. El segundo error es pensar que el clean-eating es un tipo de dieta restrictiva. Sabemos por la investigación que las dietas que prohíben no funcionan a largo plazo. Comer limpio no es una dieta restrictiva, no es una dieta en absoluto. Es una forma de ver la comida y cómo hacemos la elección de alimentos.  El principio fundamental del clean-eating radica en ingerir alimentos enteros sin sus desencadenantes tóxicos”. Los resultados del cambio de alimentación pueden notarse desde el primer día. “Todo depende de lo que se estaba haciendo antes de empezar. Cuanto menos comida limpia ingerías, más importantes serán los beneficios inmediatos” enfatiza Junger.

textos MARIELA RAFFAELLI (mraffaelli@atlantida.com.ar) fotos LATINSTOCK
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