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Personajes

Diciembre 2011

Araceli González

Con nuevo look, se prepara para celebrar la Navidad con los suyos. Después de un exitoso ciclo teatral, Araceli González está lista para tomarse vacaciones y disfrutar de la Navidad. Asegura que los 44 la encontraron más relajada, que dejó de querer hacerse cargo de todo; y confiesa que aún le quedan cosas por aprender, pero que nunca perderá la esencia, “esa cosa de barrio” que le permite calzarse el delantal y empezar con los preparativos para pasar las Fiestas en familia.
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Textos: Mariela Raffaelli. Fotos: Facundo Basavilbaso.

Maquilló: Mabby Autino con productos Mabby Pro Make Up. Peinó: Lucas Barbolla para Estudio H. Agradecemos a: Chocolate, Zito y CH. Producción: Lorena Gersztein.

  • La nueva Araceli. La actriz estrenó un rubio versión 2012.
  • Sus amores. La actriz con sus hijos, Florencia y Tomás, y su pareja, Fabián Mazzei.
  • "Sentía que lo podía hacer todo: desde cambiar una rueda hasta arreglar el auto, hacía las cosas de mujer ¡y las de hombre…! Llegás a pensar que sos todopoderosa, pero después te das cuenta de que no es así. Con los años fui aprendiendo a poner un poco de equilibrio”, confiesa Araceli.
La conocimos morocha de pelo corto, casi varonil, pero protagonizando una publicidad de jeans cuyo slogan era “Hacete mujer”. Pasó por el corte carré, después probó con un rubio casi blanco y raíces oscuras, y la volvimos a ver con ciento una versiones en tonos y cortes, pero nunca cambió su esencia. Araceli González, quien empezó como modelo, pero supo convertirse en actriz y conductora, es dueña de un magnetismo especial. Sin embargo, montada en unos impecables tacos de casi 12 centímetros, se autodefine como una “chica de barrio” que sabe cómo seducir en pollera, pero también calzarse los pantalones cuando es necesario. Ahora su pelo está rubio soleado, un tono que L’Oréal Paris le propuso para encarar la nueva carta de coloración de este verano 2011-12. Y aunque llegar a esta tonalidad no fue tarea fácil, dice que le aburre estar siempre igual.

Transitando los 44 años, Araceli aprendió a “aflojar”, confiesa que siempre se sintió muy responsable de todo, y que tal vez eso hizo que tuviera que pararse en un lugar diferente al común de la mujer, “pero, a veces, eso te juega en contra, porque no hay parejas que se banquen tanto. Sentía que lo podía hacer todo: desde cambiar una rueda hasta arreglar el auto, hacía las cosas de mujer ¡y las de hombre…! Llegás a pensar que sos todopoderosa, pero después te das cuenta de que no es así. Con los años fui aprendiendo a poner un poco de equilibrio”. Y aunque los cambios no siempre se dan porque uno los elige, asegura que son bienvenidos a su vida.

¿Qué cambios acompañan a este nuevo look? Muchas cosas se fueron dando gradualmente, como el color de pelo –que no fue de un momento a otro–, me lo fui aclarando mientras hacía Cuando Harry conoció a Sally, y el público presenció el cambio paso a paso. Pero también fue cambiando mi energía, mi seguridad como actriz, disfruté mucho de la gente; el teatro es especial porque, si bien no estás hablando directamente con el público, interactuás todo el tiempo, sentís su reacción, y eso va modificando la obra día a día.

Ya que estamos hablando de cambios, se acerca fin de año, ¿qué balance hacés del tuyo? Súper positivo. Empecé el año a full con el teatro en Mar del Plata, después seguimos en Buenos Aires con mucho éxito. En el medio, hice campañas para varias marcas, grabé un capítulo con Francella para un programa que va a salir el año que viene… Uno se olvida, pero hace cosas en el año.

Debés estar agotada… La verdad que sí, llega esta época del año y yo estoy pensando en irme, ¡quiero vacaciones ya!

¿Cómo te pegan las Fiestas? Me encantan. No soy de esas personas que se bajonean. Aunque ¡ojo!, si estuviera sola tal vez sí, pero no es el caso. La Navidad para mí es muy importante, súper familiar: armamos la mesa, cocinamos e invitamos a gente que queremos muchísimo. Me gusta armar el árbol de Navidad el Día de la Virgen, y que el más chiquito de la familia ponga el angelito en la punta…

Bien tradicional. Sí, soy muy tradicional, me encanta toda la ceremonia de Navidad. Siempre hay alguien que se disfraza de Papá Noel, decoro mi casa, pongo en las puertas de las habitaciones las botitas de tela para recibir los regalos, muchas luces... Hacemos pan dulce casero y cada uno de los invitados trae su comida, entonces servimos todo en una gran mesa. Yo cocino un montón, ¡pero todo sola no puedo!

Y cuando eras chica, ¿cómo pasabas las Fiestas? En familia. Me acuerdo de las mesas largas, los primos, las tías, ¡la ensalada rusa que me encanta! –se regocija recordando la receta que hacía su tía, el matambre, la ensalada waldorf, el vitel toné, todos los platos típicos… La Navidad era muy especial en casa porque mi abuela materna cumplía años en esa fecha, y entonces el festejo era doble. Por eso trato de volver siempre a las raíces, busco que para mis hijos las Fiestas signifiquen lo mismo que para mí y que después ellos se lo puedan transmitir a sus hijos.

¿Cuál fue tu mejor regalo de Navidad? El regalo que recuerdo con más cariño no fue para Navidad, me lo trajeron Los Reyes Magos. Me acuerdo que con mi hermano nos levantamos temprano y nos habían regalado una pileta de lona llena de cosas para jugar en el agua, ¡fue emocionante! Y a mí, además, me habían comprado un karting y un casco, porque me encantaba andar en auto… Siempre fui onda Carola Casini.

Una mujer de armas tomar. Sí, a veces la vida te pone en ese lugar, no siempre es una elección. Pero me hago cargo, y de hecho lo refiero, porque me aburren las personas que no tienen reacción. Soy de exteriorizar,de gritar cuando hay que gritar. Mi hijo siempre dice que él me ve como una especie de leona. “Cuando mamá se enoja… mmmm”, dice haciendo un gesto de miedo. Pero esa misma leona los defiende a muerte cuando les hacen algo. Todavía conservo esa cosa de barrio, esa cosa de que tuve que superar obstáculos. Y la verdad es que, aunque me siento satisfecha, hay rasgos que voy modificando; aprendí que hay cosas de uno mismo que no son buenas. Siempre hay algo que aprender en la vida.

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