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Septiembre 2008

Malena Galmarini de Massa

Es la mujer de Sergio Massa, el ex intendente de Tigre y ahora nuevo jefe de Gabinete de la Nación. Ella acaba de asumir como secretaria de Política Sanitaria y Desarrollo Humano de Tigre. Hija del que fuera secretario de Deportes de Carlos Menem, Fernando “Pato” Galmarini, Malena cuenta cómo es vivir con un hombre con un alto cargo ejecutivo nacional y no morir en el intento. Dice que su marido es un gran socio para Cristina Kirchner, a quien admira como líder política y por su forma de vestir.

[ Texto Agustín Gallardo Fotos Axel Indik/A. Atlántida ]

  • Malena junto al intendente de Tigre, Julio Zamora, en una muestra de arte en el Museo de Tigre.
  • Sergio y Malena junto a sus hijos Milagros (6) y Tomás (3).
  • Sergio Massa y Malena Galmarini se casaron el 10 de marzo de 2001 y se fueron a vivir a Tigre. Ahora él es jefe de Gabinete y ella trabaja en la Municipalidad de Tigre.
  • Malena acaba de asumir el cargo como secretaria de Política Sanitaria y Desarrollo Humano de Tigre.
Lo primero que llama la atención al entrar a su despacho son los dibujos que le hicieron sus hijos Milagros (6) y Tomás (3). Están por todos lados, delante y detrás del escritorio de Malena Galmarini de Massa (33). “Arte moderno”, dice largando una carcajada en alusión a los simpáticos garabatos de una obra de uno de sus hijos. “Portate bien que ahora mamá tiene que trabajar”, le pide a Tomás que acaba de salir del colegio y ahora corre de un lado a otro en la oficina con una espada de juguete. Malena se acomoda en su asiento. Mientras, ceba mate, revisa los mails de su notebook. Suelta otra carcajada: será la primera señal y un fiel reflejo de su espontaneidad. “Estoy viendo el mail que me mandan con el resumen de prensa, donde levantan una nota de una revista que dice que yo estaba muy enojada porque nunca veía a mi marido desde que asumió su nuevo cargo. Acá dice que se lo comenté a mis amigas”, menciona sin parar de reír. Su marido es Sergio Massa, jefe de Gabinete de Ministros, puesto que ocupa desde el pasado 24 de julio. “Antes de estar enojada, tendría que poder hablar con mis amigas, porque desde que Sergio asumió en Nación, ¡no tuve la oportunidad de ver a nadie!”, agrega. Malena acaba de asumir como secretaria de Política Sanitaria y Desarrollo Humano de Tigre y depende ahora de Julio Zamora, el nuevo intendente del partido.


Malena nació en San Isidro el 5 de mayo de 1975. Es hija de Fernando “Pato” Galmarini y Marcela Durrié, quien como diputada nacional fue una de las impulsoras de la Ley de Cupo Femenino hace 15 años. Malena tiene dos hermanos de ese matrimonio: Sebastián (30, político) y Martín (26, futbolista en la primera de River Plate). Además, tiene dos medio hermanos de la primera pareja de su padre: Bernardita (38, psicóloga) y Socorro (37, psicopedagoga). Los padres de Malena se conocieron haciendo política en los tumultuosos setentas. No fueron épocas fáciles por su condición de militantes peronistas. Uno de los primeros recuerdos de Malena, precisamente, tiene que ver con esta época. “Tenía tres años y estaba en la guardería. Una día mi papá y mi mamá vinieron a buscarme abruptamente. Mi mamá lloraba. Me sacaron de la sala en una situación compleja y desordenada”, relata Malena, que a comienzos de los ’80 tuvo que aprender cómo era eso de ir, con su mamá, a visitar a su padre a la comisaría de San Fernando. “Parte de la estrategia era ir todos a visitarlo para que no desapareciera. Un día fuimos con mi mamá a llevarle una torta que decía: ‘CGT y PV’ (Perón vive). La política es un estilo de vida.” Malena hizo los primeros años de Medicina y luego arrancó Ciencias Políticas. A los 18 años, se afilió al Partido Justicialista. Años antes había comenzado a militar como secretaria del Centro de Estudiantes del Colegio Nacional de San Isidro (“Mi primera elección ganada”, acota). Entre 1998 y 1999, cuando estaba en la universidad, fue subdirectora de la Juventud del Gobierno Nacional con el gobierno de Menem. Llevar el apellido Galmarini tuvo sus ventajas y desventajas. “No era tan simple: yo era la hija del “Pato”. Mi viejo, en ese momento, era senador provincial y ya era conocido”, recuerda.


–¿Cómo lo conociste a Sergio?
–Me lo presentó mi mamá. Sergio militaba con mi mamá en el orteguismo, con Palito Ortega. Mi vieja me decía: “Hay un chico lindo, piola, talentoso”. Y yo no le daba bola, hacía poco que me había peleado con mi novio de la adolescencia ¡Y encima Sergio estaba de novio!


–Por lo visto a tu mamá no le importaba y vos te animaste a sacarle el novio a otra chica.
–(Se ríe) Sergio estaba de novio desde hacía seis años. Pero un día él se peleó y salimos con sus amigos. Lo conocí en abril de 1996 y finalmente empezamos a salir en agosto de ese año. En esos primeros seis meses no nos llevábamos muy bien. El había tenido un par de encontronazos con mi vieja en cuestiones políticas. Se quedaban hasta las cinco de la mañana en casa, discutiendo y yo me iba a dormir porque al otro día tenía clases en la Facultad.


–¿Es cierto que tu papá tampoco compartía las ideas políticas con Sergio?
–Sí, nunca coincidieron. Y yo tampoco coincido con mi papá: cuando él estaba en el duhaldismo, nosotros estábamos en el orteguismo; cuando nosotros fuimos al duhaldismo, mi papá se fue con Menem; cuando nosotros nos corrimos al kirchnerismo, mi papá se volvió al duhaldismo.
Luego de vivir un tiempo en la casa de la madre de Malena, en septiembre de 1997, Malena y Sergio alquilaron un departamento y estuvieron dos años conviviendo en Vicente López. Se casaron el 10 de marzo de 2001 y se mudaron a Tigre donde construyeron su casa y tuvieron a sus hijos. Sobre su cargo actual en la administración de Zamora, explica: “En realidad, es seguir con lo que veníamos haciendo. El 55% de la población de Tigre no tiene ningún seguro médico. Este año abrimos la maternidad que era algo importante. Aquí hay 7 mil partos por año y no hay clínicas privadas a donde ir. Antes de fin de año queremos abrir el Servicio de Internación Pediátrica en el Hospital Materno Infantil, una prioridad para esta gestión hoy”.

Corre Malena corre…

Suena su celular… “Ok, yo me ocupo –dice al cortar la conversación un minuto después. Perdón, pero estoy enloquecida con el cumple de mi hija que es este jueves. Vienen todos sus amiguitos a casa y tengo que comprar los vasitos, los globos…”


–¿No tenés alguien que te ayude?
–¡Sííí!, tengo una señora que me cuidaba cuando era chica, Mary. ¡Es de fierro! Igualmente trato de ocuparme de la casa, las cuentas las pago yo, por ejemplo.


–¿Y al súper, lo mandás a Sergio?
–No, también voy yo una vez por mes ¡Con Mary!


–Tenés hijos chicos y en los últimos años tu vida ha ido cambiando. Supongo que no habrá sido fácil.
–Mis embarazos fueron complicados, así que tuve cinco años trabajando tranquila, apoyando más que militando. Durante el embarazo de Tomás, que nació sietemesino, dejé de trabajar por ejemplo.


–¿Puedo preguntarte cuánto ganás?
–La verdad es que no tengo ni idea, porque éste es el primer mes que cobré y me lo depositaron directamente en el banco.


–Buena excusa… ¿Cómo es un día tuyo?
–Arranco a las 6:45 para darles el desayuno a los chicos, cambiarlos y llevarlos al colegio. Sergio se va un poco más tarde, tipo 8. Cuando tengo tiempo, duermo una hora más hasta las 9. Sino, ya me quedo levantada y a las 9 y media vengo para la municipalidad. A las 16, cuando no le delego la tarea a Mary, voy a buscar a Mili al colegio y luego vuelvo al trabajo.


–Debés terminar agotada. ¿A qué hora volvés a tu casa?
–(Suspira) Trato de estar a las 8 para ver a los chicos antes de que se acuesten. El primer mes acá fue más movido: tenía días que volvía a las 11 de la noche. Ahora hemos ordenado un poco todo.


–¿A qué hora llega Sergio?
–Alrededor de la 1 de la mañana. Una vez que los chicos se duermen, ceno y lo espero.


–¿Lo esperás siempre?
–Sí, lo intento. Porque, si no, no tenemos tiempo de hablar de nada. A veces nos quedamos charlando hasta las dos de la mañana.


–¿Cómo te tomó la noticia de que tu marido sería jefe de Gabinete nacional?
–Esa mañana los chicos ya se habían ido y era uno de esos días en que podía tirarme a dormir un ratito más. Yo me volví a la cama y él se levantó a las nueve y media para tomar mate. Lo llamó Cristina a su celular y le dijo que fuera a Olivos a las 11, que quería hablar con él. Apenas cortó, Sergio encendió la radio y escuchó que Alberto Fernández había renunciado. Algo se imaginó.


–Y vos seguías durmiendo…
–(Ríe) ¡Sí! re pancha. Me vino a despertar y a decirme que Cristina lo había llamado. Bajamos a tomar mate y lo primero que me dijo fue: “Estamos en el horno, no nos vamos de vacaciones”. Habíamos planeado ir al Sur para ver la nieve.


–¿Cómo lo ves con su nuevo trabajo?

–Es un tipo distinto, tiene capacidad, talento y es inteligente. Me parece que, en el buen sentido, Cristina encontró a un buen socio.


–¿A Cristina la conocías?
–Sí, la había cruzado alguna que otra vez cuando mis viejos eran legisladores y hacíamos campaña. Pero, ahora, cuando asumió Sergio, tuve una aproximación mayor.


–¿Qué te pareció?
–Fue muy afectuosa. Yo tenía la sensación agridulce porque, por un lado, Sergio se iba de Tigre, del lugar que nosotros habíamos elegido estos cuatro años para hacer política, y por otro, lo había elegido un presidente de la Nación, que no es poca cosa. El día que asumió, fuimos a sacarnos una foto con la Presidenta que nos invitó a su despacho con los chicos.


–Ahí pensaste: esta es la última vez que lo veo…

–(Ríe) No, le dije a Cristina: “Bueno, ahora, hacete cargo vos un poquito de él”.


–¿Te provoca celos el hecho de que la Presidenta pueda estar mucho con él?
–Nooo, para nada. Aprendí a no ser celosa. A ver: no lo veo nunca, es joven, fachero, inteligente… Te imaginás que si soy celosa, estoy perdida.


–¿Qué te parece ella como líder política?
–Me parece que el caso de Cristina como presidenta hay que entenderlo dentro el avance de las mujeres en la política, algo que la Argentina hizo punta con la Ley de Cupos hace 15 años. Además hay que recordar que la segunda posición en cantidad de votos la obtuvo “Lilita” Carrió. Y a esto sumá la incorporación de las mujeres a la Corte Suprema y a Nilda Garré como ministra en Defensa. Cristina es una persona muy capaz, inteligente, talentosa, con personalidad. Me da pena cuando hablan del doble comando.


–¿Por qué? ¿Existe o no el doble comando?
–¡Claro que existe! Es obvio que existe el doble comando, como existen los matrimonios de abogados, de médicos o de periodistas. Cuando uno abraza una profesión, lo más probable es que te abraces a una persona que hace lo mismo. En el caso de la política, si bien está muy bastardeada, es una profesión absolutamente noble, porque todo el tiempo se piensa en los demás. La política es un estilo de vida. Es muy difícil que una persona que hace política no se enamore de otra persona que haga lo mismo, porque vos necesitás que te acompañen todo el tiempo. Además, me parece que es un gran gesto de Néstor Kirchner haber permitido que ella pudiera llegar. Muchas veces a los varones les cuesta que nosotras, las mujeres, tomemos protagonismo.


–¿Cómo son ustedes como matrimonio político? ¿Se dan consejos el uno al otro?
–Todo el tiempo hablamos de política, somos monotemáticos (Se ríe). Hay cosas sobre las cuales opino y otras sobre las que no. Si Sergio me viene a preguntar sobre el Club de París (N. de la R.: foro de acreedores especiales y países deudores cuya función es coordinar formas de pago y deudas externas de los países) ¡Yo ni idea! Con respecto a mí, cuando tengo alguna duda de un tema importante, primero lo converso con el intendente Julio Zamora, y luego lo charlo con Sergio porque él es el que me ha ido conduciendo en la política.


–Tenemos una presidenta que le da mucha importancia a la imagen. ¿Cómo sos vos?
–Me encanta cómo empilcha Cristina, ¡cómo me gusta! ¿Susana Ortiz es su diseñadora? ¡Me encanta! Lo que pasa es que yo tengo poco tiempo. Me encantaría que vengan como a Cristina y me empilche algún asesor o diseñador. Yo me compro ropa cuando tengo tiempo.


–¿Comprás ropa de marca?
–A veces…


–¿A qué peluquería vas?
–Voy a la de mi barrio, a Serena ¡Uy, Dios!, hace cuatro meses que no voy (se agarra la cabeza).


–¿Le comprás la ropa a Sergio?
–No, él compra dos o tres trajes por año y de buena marca, para que le duren.


–¿Qué se regalan para los cumpleaños?
–No somos de regalarnos cosas. En general, lo que hacemos es una gran fiesta porque cumplimos años con una semana de diferencia. Así que, cuando llega la fecha, tiramos la casa por la ventana ¡con dj y todo!


–¿Cuáles son las cosas que te quitan el sueño?
–Que los chicos estén enfermos o que les pase algo. Que cuando duermen tengan frío. Me desvelan algunas cosas de la política, como tomar decisiones o hacer cosas con más velocidad de lo que te permite el tiempo real. La noche anterior a que Cristina lo llamara a Sergio, no dormí.


–¿Por qué?
–Porque Sergio no durmió, y si él no duerme, yo tampoco. No sabíamos qué pasaba. El no había hablado con nadie pero intuía algo. Cuando Sergio viaja, tampoco duermo.


–¿Cuál es tu aspiración política?
–(Piensa) No sé si tengo una en especial…


–No te creo…
–Creeme, me gusta la política. Milito desde siempre y ésta es la segunda vez que tengo un cargo importante en el distrito. Pero en casa, el que tiene sueños políticos, es Sergio. Y yo voy donde él me diga. Cuando a él lo llamó Cristina, le dije: “Mirá Sergio, si vos querés que me vaya a la Jefatura con vos, me voy. Si querés que me quede en la Municipalidad de Tigre, me quedo. Si querés que me vuelva a casa, lo hago”. Yo soy indio, no cacique; soy soldado, no general. A donde me digan voy. Hoy mi preocupación es el sistema de salud público y desarrollo humano de Tigre.


–¿Esto de que sos el “soldado de tu marido en la política” es tan así?
–Quise decir que, si mi estrategia política significa que, para que él esté tranquilo, yo tengo que volver a mi casa para bancar a mi familia, yo lo hago.


–¿Asumís esa actitud “sumisa”?
–No lo digo desde ese lado. Yo nunca sería ama de casa: no sé cocinar, no sé planchar… Hablo de acompañar a mi marido a donde sea. Eso también es política.

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