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Para Ti

Personajes

Noviembre 2002

María Muñoz

La locutora tuvo que dejar de trabajar en su mejor momento. Estaba en la televisión todas las noches en Después de Hora y ganó el Martín Fierro por su labor en la radio Mega. En esos días le descubrieron un tumor maligno poco frecuente y hoy está en pleno tratamiento.
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Texto: Paulina Maldonado. Fotos: Archivo personal de María Muñoz

  • En su programa en Mega 98.3 realizó entrevistas a los grandes de la música nacional, entre ellos Gustavo Cerati y David Lebón.
  • María fue la primera voz en off del programa Videomatch.
  • Locutora VIP. Trabajó en Badía & Compañía y condujo un programa de arquitectura y decoración en televisión pero la radio es su gran pasión.
  • El motor de su vida A sus hijos Lucía (8) y David (6), les contó que se le iba a caer el pelo por un remedio. Ellos la ayudan a no bajar los brazos en su lucha.
  • Momentos felices. María con Augusto Biasatti, su pareja desde hace un año y medio, en unas vacaciones en Dean Funes, provincia de Córdoba.
  • En junio ganó un Martín Fierro por su labor de locución en la radio Mega. Una semana después se enteró de que tenía cáncer.
A los 34 años María Muñoz sentía que lo tenía todo y que no podía pedirle más a la vida. En lo afectivo, vivía feliz por el amor de sus dos hijos, Lucía (8) y David (6), y el de su pareja, Augusto Biasatti (38). En lo laboral, disfrutaba un excelente momento y sentía que, por fin, estaba recogiendo los frutos de una larga carrera como loc utora. Este año se había convertido en "la voz de la medianoche" y la audiencia esperaba que sonaran los primeros acordes de la canción "She", para que se escuchara su tono de voz dulce y calmo en el programa Después de Hora, desde la mesa periodística de Daniel Hadad. En el mes de junio, María logró uno de sus máximos sueños: recibió el premio Martín Fierro por su labor de locución en la radio Mega 98.3. Una semana después, la vida volvió a sorprenderla. Pero esta vez con una noticia dura: le encontraron un extraño tumor maligno en un nervio de la axila. Esto la obligó a dejar su carrera en su mejor momento. Lejos de la pantalla, ella misma contó a Para Ti en exclusiva -aunque prefirió no sacarse fotos para la nota- los cambios que sufrió su vida y cómo es su batalla contra el cáncer hoy. 

-¿Cómo fue descubrir, en tu mejor momento, que estabas enferma?
-Yo siempre me hice controles periódicos. Y en uno de esos autoexámenes mamarios detecté un pequeño bulto en la axila. Inmediatamente pensé en la posibilidad de un cáncer de mama y por eso pedí un turno urgente con mi médico. En un principio no hubo un diagnóstico preciso, descartaban la posibilidad de que fuera cáncer de mama porque no estaba afectado ningún ganglio y hasta me decían que podía ser un desgarro muscular. Cuando me hicieron estudios más avanzados, descubrieron que era un tumor que estaba ubicado en un nervio de la axila: un Schwannoma. Pero por sus características aseguraban que sería benigno o, por lo menos, que así ocurría en el 95% de los casos. Pero me operaron para extirparlo y la cirugía reveló lo que nadie esperaba: estoy entre el 5% restante. El tumor es maligno.

-Y de golpe tuviste que enfrentarte con el cáncer…

-Entré a la cirugía con un diagnóstico y con la esperanza de un resultado. Y al salir tuve que afrontar un momento muy duro, cuando los médicos me dijeron que la historia iba para otro lado. Impacta mucho un diagnóstico así, hablar de cáncer asusta, y mucho. Pero cuando pasó ese primer impacto sentí que me estaba por comer un león y que tenía que ponerme de inmediato a luchar contra él. No hubo tiempo para llorar, al menos no en ese primer momento.

-Tampoco debe ser fácil transmitir esa noticia a los demás.
-Recibir la noticia es durísimo y también tener que darla. En realidad, cuando salí del quirófano Augusto, mi pareja, y todos mis familiares ya sabían de qué se trataba. Todos estaban muy shockeados y asustados. Creo que el fantasma del cáncer sigue tan instalado como hace diez años, cuando mencionar esa palabra era sinónimo de algo muy difícil de afrontar y de salir. Hoy, la mayoría de los casos tiene buenos resultados, buenos pronósticos, y en la Argentina se realizan tratamientos a la par que en otros países del mundo.

-¿Cómo hablaste de tu enfermedad con tus hijos?
-Ese fue uno de los capítulos más difíciles de esta historia. Porque no tenía que sentarme a hablar con dos hijos adolescentes o adultos. Lucía y David son chicos, por eso sentí que no había necesidad de transmitirles a ellos la carga de una historia muy pesada. Entonces, sólo les dije iba a hacer un tratamiento, y que el remedio que me iban a dar provocaba la caída del pelo, porque eso no lo iba a poder disimular. Ellos lo recibieron bastante bien, me están acompañando de una manera que a mí me energiza, me pone pilas y a la vez me sorprende. Lucía, por ejemplo, me busca pañuelitos para que me ponga en la cabeza ahora que se me cayó el pelo. Y cuando David me ve pelada viene corriendo y me dice "mi peladita" y me besa, me abraza, me llena de mimos.

Aferrarse a la vida

"Cuando uno se enferma, lo primero que se pregunta es: '¿Por qué a mí?' A mí me sirvió mucho revertir esa típica pregunta y plantearme: ¿Para qué vino esta enfermedad a mí?; ¿cómo puedo capitalizar esto que me toca vivir? Creo que después del shock viene el momento en que descubrís la gran oportunidad que una enfermedad como ésta te puede dar, aunque suene contradictorio. Cuando tenés cáncer te descubrís en una situación muy angustiante pero que, a la vez, te pone en un lugar en la vida en el que te replanteás todo". Cuatro meses después de iniciar un intenso tratamiento, María Muñoz habla con una fortaleza y energía admirables. "La verdad es que trato de ver siempre el vaso lleno, porque es lo que uno necesita para que este paso a paso sea un poco más llevadero. Porque también hay lugar y momentos para llorar, para enojarse... Cuando enfrentás un tratamiento que es muy duro y largo, muchas veces llega el abatimiento. Me dan ganas de bajar los brazos y decir basta, físicamente, no quiero poner más el cuerpo".

-¿El tratamiento es muy difícil?
-Es muy angustioso ver tantos cambios físicos. No reconocerte en el espejo, descubrir que te estás quedando pelada. Te ves rara y, por momentos, te cuesta aceptarte. Porque hay muchos hombres que hacen quimioterapia, pero la calvicie masculina está socialmente aceptada. Pero en una mujer, en tu intimidad, influye y hay que aprender a sobrellevarlo. Y eso es sólo lo más notorio, también tengo miles de moretones y lastimaduras en la piel de todo el cuerpo. Las siento como verdaderas heridas de guerra. Pero a pesar de todo este daño, como la "quimio" es el arma principal en la lucha contra esto digo: "Está bien, me banco todo". Más allá del bajón anímico, tengo un montón de cosas valiosas por las que luchar y eso me ayuda a salir adelante.

-En estos momentos te apoyás en tu familia. 
-El afecto es fundamental, incluso está médicamente comprobado que cuando uno está contenido anímicamente todas las defensas del cuerpo funcionan mejor. Es muy duro llevar la carga solo. La familia es importante. Y los hijos son un motor enorme. Los míos, a pesar de su corta edad, entienden lo que está pasando y le ponen el pecho. La verdad es que recibo apoyo y cariño de todo el mundo: del padre de mis hijos, de mi familia, de los abuelos. En estos momentos necesitás una red que te sostenga y hasta que te ayude a llevar adelante una casa. Porque hay días en los que no podés ni levantar una mano.

-Además de los afectos, ¿recurrís a la religión para juntar fuerzas?
-Soy una mujer de fe, mas allá de las creencias o religiones yo rescato el valor del amor, de la esperanza, el tener algo en que creer. La fe se convirtió en una aliada más y así como mi medicación y mis afectos me ayudan a curarme, la fe me levanta en los momentos en que caigo, es una fuerza interna que yo siento. También hago terapia y estoy pensando la posibilidad de hacer reiki. Todo lo que colabore para que uno pueda llevar mejor este momento es bienvenido.

-¿Cómo es hoy tu día a día?
-Estoy en plena lucha. Todos los días recibo sesiones de rayos localizados. Y cada tres semanas debo pasar tres días internada para la quimioterapia. También me aplican una serie de inyecciones endovenosas. Quisiera obtener respuestas mucho más rápidas, pero una de las cosas que me enseñó esta enfermedad es a cultivar la paciencia. En circunstancias como la que me toca vivir, empezás a estirar todos tus límites. Yo siempre decía que no era necesario un sufrimiento en la vida para ciertos aprendizajes pero, lamentablemente, es en estos momentos cruciales cuando aprendés a valorar esas pequeñas cosas y a vivir de otra manera.

-Desapareciste de golpe de la pantalla, ¿creés que te va a costar volver?
-La vida laboral fue muy generosa conmigo. Pude mantener a mi familia todos estos años y crecer en lo que me gusta. Justo cuando apareció esto tenía muchos proyectos, incluso conducir el noticiero del Canal 9. Pero tuve que dejar de trabajar por orden médica. Felizmente recibí comprensión de parte de Daniel Hadad, lo que me hace sentir contenida. No creo que sea imposible volver. Pero no pienso demasiado en eso.

-Ahora tu energía está en tu recuperación…
-Sí, ahora siento que, más allá del resultado médico que obtenga, no me puedo permitir caer en el abatimiento. Bajar los brazos ahora sería lo peor que me podría pasar. Estoy en una situación difícil, el cáncer es la batalla más compleja y más dura que me ha tocado afrontar, pero por mis hijos no pienso darme por vencida.

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