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Personajes

Agosto 2013

Marina Bellati

En la ficción encarna un personaje cómico: Denise, la hermana de Juan (Adrián Suar) en Solamente vos. En la vida real es igual de graciosa y agrega algunas particularidades a su personalidad: es obsesiva del orden, le incomoda la fama en la calle y a pesar de tener una madre diseñadora, le gusta imponer su propio estilo.
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  • Imponiendo estilo. Vestida a lunares, éste fue el cambio que más le gustó a Marina. “A veces, no sé si me visto de Denise o de mí misma”, dice.
  • Madre e hija. Con su mamá, la diseñadora Clara Ibarguren. “Empecé a usar la ropa de mamá y me di cuenta de que es divina”.

textos LUCIA FERNANDEZ NUÑEZ producción ABRIL BELLATI fotos AXEL INDIK

Etiquetado con: personajes , Marina Bellati

Soy una persona exagerada, vivo exageradamente y siento exagera­damente. No es que sea intensa; esa palabra tiene mala fama por­que es como ser hincha pelotas y yo no soy así. Pero, por ejemplo, me fanatizo con las cosas, los libros, las personas, las palabras y las películas. Quizás me gusta un actor y veo todas sus películas”. Quien habla es Marina Bellati (31), eléctrica y reflexiva a la vez, durante un break que le dieron en la grabación de Solamente Vos, la tira diaria en la que interpreta a Denise, la hermana de Juan, el personaje de Adrián Suar. La pro­ducción de fotos fue un día antes de la nota, “para estar más tranquila” en manos de su hermana mayor, Abril (36), productora de moda, que conoce muy en detalle los gustos de Marina. De hecho, Abril sabía –y por eso lo preparó– cuál iba a ser el cambio preferido de la actriz: los pantalones y la camisa negra con lunares blancos. Volviendo a su interpretación sobre su forma de ser “exagerada”, continúa: “Ahora estoy fanatizada con la serie Breaking Bad y también estoy viendo muchos videos en Internet de entrevistas a actores cómicos en los late night Talk Shows de la televisión es­tadounidense. Y bueno, tengo algunos TOC” (trastorno obsesivo compulsivo).

MANÍAS OBSESIVAS. “El orden y la limpieza. Si hago una cena en mi casa, seguro que me voy a parar en la mitad, voy a buscar una escoba, barrer un poquito porque pienso que nadie se va a dar cuenta entre la música y la charla. ¡No lo puedo evitar! Mientras charlamos yo veo las migas que se cayeron al piso. ¡No lo soporto! Y tampoco puedo ver las servilletas hechas un bollo sobre la mesa. (…) Aunque me levante a las cinco de la mañana tengo que hacer la cama antes de irme. Mi hermana me dice que no le gusta venir a mi casa porque es como ir a un hotel, que sólo falta el chocolatito sobre la almohada”.

OBSESIONES DE CADA DIA. Recuerda una infancia hippona porque su madre, la diseñadora Clara Ibarguren, “era así”. Vi­vían en Don Torcuato cuando éste era “un barrio fabril con calle de tierra. Si llovía no íbamos al colegio porque se inundaba”, dice. En su casa no había tevé por cable, pero sí muchas telas y muestras que traía su madre de su marca de ropa. También era una casa de puertas abiertas: siempre había gente de visita y un ambiente festivo. La suya era una familia ensamblada (además de Abril, tiene dos hermanos más), pero aclara que no quiere hablar del tema como así tampoco de su vida amorosa. “¿A quién le interesa la vida privada de Marina Bellati? A mí no me copa mucho. Si les interesa, quiero imponer que no les interese más”, dice con una sutil  rebeldía. Se cambió dos veces de colegio en los cinco años que dura la secundaria: “Fue por curiosidad. Me llevaba bien con mis compañeros, pero después me aburría y quería cambiarme. Y eso que era re aplicada y fui escolta”, recuerda. Canta desde los 10 años –aunque no le gustaba participar en los actos del colegio– y guarda un micrófono que era de Nacha Guevara, que le regaló para su cumpleaños número 11. En ese momento, cantaba canciones de Pablito Ruiz y Laura Pausini, “canciones para llorar”. Recién cuando terminó el colegio orientó su carrera hacia la actuación y en el medio se convirtió en locutora nacional. Era su “plan b” en caso de que la carrera de actriz no llegara a buen puerto.

LA RELACION CON SU CUERPO. “(…)Me gus­ta llevarme por mis propios cánones y lo que a mí me parece lindo y estético. Este medio tiene una demanda, por momentos un poco cruel, del cuidado de la imagen. Me gusta vestirme y sentir que me queda bien, pero incluso en la moda no me interesa unifor­marme bajo ninguna bandera”.

LA MODA. Tuve un vínculo bas­tante fluctuante con la moda. De los 15 a los 19 me vestía en la Bond Street. Me disfrazaba de Gwen Stefani con borcegos con plataforma, jogging Adidas verde flúo, camperitas con brillos. Después tuve una época en la que me compraba ropa de cua­renta años de uso en ferias americanas. Me conozco todas: el Ejército de Salvación y el Cotolengo Don Orione, mis preferidas. Después de los 24 empecé a usar la ropa de Clara. Me amigué y me di cuenta de que la ropa de mi mamá es divina”.

SER FAMOSA. “Tengo un tema con eso. Todavía no pude naturalizar la popularidad en mi vida. No la disfruto. (…) Soy re tímida. Des­de que empecé a trabajar en televisión, en mi familia establecí que no me gusta hablar de mi trabajo ni que me pregunten sobre los otros actores. Después, si estoy tomando un café con una amiga y siento que me están sacando una foto, me duele la panza y me siento mal por mi amiga. Sé que la mayoría de la gente se acerca con mucha dulzura y ternura, pero eso de que te toquen, te saquen una foto o te pidan un video, no me gusta. Gracias a la tele la gente se siente muy habilitada porque cenan con vos todas las noches pero ¡vos no los conocés! Eso me asusta”. 

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