Para Ti

Celebs

Julio 2002

Poker de ases

Son las mejores en box, atletismo, ajedrez, tenis de mesa, yudo y carrera de aventura. Talentos precoces o veteranas, que nacieron en la Argentina o que eligieron grabarse los colores celeste y blanco en el corazón. Algunas fueron pioneras. Son seis mujeres audaces, con una historia para contar y el orgullo de ser un ejemplo de vida: de pasión, esfuerzo y coraje.

Texto: Analía Filleau Fotos: A. Indik/E. Escalante/D. García/M. Campaya

  • Florencia Gorchs (32)
    Carrera de aventura
    Sus resultados obtenidos a nivel nacional e internacional la consagran entre las más destacadas exponentes de carreras de aventura. Transcurren en escenarios naturales –montañas, sierras, bosques y playas–, y constituyen un desafío a la destreza física, al temple personal y a la audacia. “Es pura adrenalina –afirma esta mujer de 32 años, bellísima, que dedicó su vida al deporte–. Las carreras son seguras, pero el riesgo y el desafío que significa nunca conocer totalmente el circuito es algo que me encanta.” Afirma que llegó a practicar casi todos los deportes antes de dedicarse a esta orginal disciplina. Trabajó en gimnasios como instructora de aerobic, pero su espíritu de competencia y aventura se movilizó más que nunca al presenciar una de las audaces carreras en el inmenso paisaje natural de Bariloche. “Veía a esos atletas correr y pensaba que yo también podía hacerlo, y que nada me lo impedía.” De regreso en Buenos Aires, empezó a entrenar. En 1998 obtuvo el 1° puesto en el Eco Challenge de Marruecos, en el continente africano; el primero de su colección privada. Su trabajo como personal trainer no le impide dedicarse al entrenamiento diario (corre durante dos horas y hace 40 kilómetros de bicicleta) para mantenerse en estado de competencia. “Por supuesto que ganar te llena de satisfacción. Pero sobre todo, valoro imponerme metas, entrenar duro y alcanzar los objetivos. También me encanta transmitir todo lo que hago a mis amigos y convencerlos para que también lo hagan.” Próximamente estará a cargo por segundo año consecutivo de la Direccion General de Competencias de Aventura para chicos en Veracruz, México. “Me encanta poder dar lo mejor de mí –afirma–. Puedo asegurar que un par de zapatillas y transpirar la camiseta valen más que cualquier psicólogo.”

  • María Florencia Alvarez (12)
    Ajedrez
    Florencia no es una chica como todas las demás. Cuando sus compañeras de sexto año EGB del Instituto San Cayetano empiezan a preocuparse por qué ponerse para los primeros bailes con amigos, o se pasan horas mirando televisión y escuchando música, Florencia dedica todo su tiempo libre a su única pasión: el ajedrez. Desde muy chica tuvo en claro lo que quería hacer y se lo comunicó a sus padres quienes, después de la sorpresa, decidieron apoyarla y la enviaron a estudiar con un maestro particular. “Yo tenía cuatro años y me atraía más el tablero de ajedrez que jugar a las muñecas,” recuerda Florencia. A los siete años se inscribió en la Escuela de Alta Competencia de la Federación de Ajedrez del Oeste del Gran Buenos Aires y, desde ese momento, no paró de recibir premios. Fue subcampeona argentina Sub-10, a pesar de haber sido dos años menor que sus rivales, fue la participante más joven de la delegación argentina en el Campeonato Panamericano de Florianápolis y, con doce años, ya es maestra de la Federación Internacional de Ajedrez. Florencia muestra feliz los trofeos que adornan la repisa de su casa en Moreno: “Me siento orgullosa de haber llegado a ocupar un lugar importante en el ambiente del ajedrez. El reconocimiento de los demás me impulsa a esforzarme para seguir progresando día a día.”

  • Noemí Simonetto (76)
    Atletismo
    Fue Medalla de Plata en los Juegos Olímpicos de Londres en 1948. A los 13 años, mientras jugaba a saltar la soga con su hermano en el parque, sorprendió con su destreza a un entrenador de atletismo que la impulsó a que se dedicara al deporte. Un año después, ya figuraba en todas las revistas deportivas del momento como una verdadera revelación. “Fui una dotada por naturaleza –cuenta hoy–. Entonces, no entrenabamos tanto ni teníamos tanta gente detrás nuestro, como los atletas de hoy.” Con el récord nacional de salto en largo a su nombre, llegó a integrar la delegación argentina rumbo a Londres. Noemí Simonetto –tenía 22 años y acababa de casarse– fue una de las apenas once mujeres que cruzaron el Atlántico en barco, junto con otros doscientos cincuenta deportistas. Con el sueño olímpico encima, veintidós días después de haber zarpado del puerto de Buenos Aires, desembarcó en un bote sobre las playas de Francia, cruzó el Canal de la Mancha y llegó a Londres, donde su marca fue superada sólo por 9 centímetros. “Durante poco más de media hora, toqué el cielo con las manos –recuerda esos minutos en que fue Campeona Olímpica–. Con los años me convencí de que salir segunda también es muy honroso,” expresa con una entrañable sinceridad. A los 28 años interrumpió su carrera para dedicarse a su hogar y a sus tres hijos varones. Pero a los 52 años regresó a las pistas, ahora como miembro de la Asociación de Atletas Veteranos. En 1999 fue nominada “Atleta del Siglo”. Hoy tiene 76 años y sigue en carrera, ahora con el récord en su categoría en salto con jabalina. “Me gusta recordar esa época tan linda que me tocó vivir, pero también disfruto de todo lo que hago y me rodea hoy.” Un ejemplo.

  • Daniela Krukower (27)
    Yudo
    Nació en Argentina –donde comenzó a practicar yudo desde muy chica– pero a los 7 años, y llevada por sus padres, un kibbutz en Israel se convirtió en su nuevo hogar. Apenas terminó los estudios, debió ingresar al ejército (es obligatorio). Vivió en Kammiel –norte de Israel– y vio pasar muy cerca los misiles de la Guerra del Golfo. Integró el seleccionado israelí, pero en el 2000 escribió una carta a la Confederación Argentina de Yudo –”con mi por entonces olvidado castellano,” aclara– con ganas de representar a nuestro país, también su país: “Siempre me sentí argentina,” afirma. Regresó sola, a 18 años de su partida: “Sentí que tenía que estar acá, aunque resignara el bienestar en que vivía en Israel.” Volvió a la Argentina y, desde 1999 revalida su título de Campeona Argentina en su categoría (70 kilos). Su llegada no podía ser más oportuna; de inmediato “se puso la camiseta” del seleccionado y, a lo largo de una gira, ganó una medalla de plata y dos de bronce, y el orgullo de haber obtenido una victoria importante frente a la campeona del mundo en su categoría. La próxima parada en su sueño fue llegar a las Olimpíadas de Sydney del 2000. Tuvo que pelear mucho para clasificarse y obtener su pasaje a los juegos, en los que terminó destacándose entre las diez mejores del mundo. Todo lo recuerda con una sonrisa plena. Hoy, Daniela vive en el barrio de Florida y entrena diariamente en las instalaciones del Centro Nacional de Alto Rendimiento Deportivo (CENARD), como nunca dejó de hacerlo, ni en la Argentina ni allá lejos, en Israel. “Estoy feliz con la decisión que tomé. Hay que arriesgar para ganar.” Y nadie mejor que ella para demostrar que tiene razón.

  • Kim Haeja (52)
    Tenis de mesa
    Nació en Pyun Yang, Corea del Norte, pero cuando estalló la guerra contra Corea del Sur –en la década de 1950–, su familia se trasladó hacia Seúl. Ella cruzó la frontera totalmente tapada, como si fuera un bulto de carga, colgada de la espalda de su abuela. “Me parece mentira haber vivido esa historia,” comenta –con un Español de rara entonación– esta profesional del tenis de mesa, quien desde los 19 años integró la selección coreana de este deporte, también reconocido como ping-pong. Ante el inminente ataque e invasión contra la porción sur del país, la familia de Kim Haeja decidió una nueva mudanza, y esta vez eligieron a la Argentina, en 1974. “Al partir, lloré mucho porque dejaba muchos familiares y amigas.” El desarraigo le quitó fuerzas y provocó que se alejara del deporte. Pero entonces se topó con un ex -profesor de tenis de mesa que volvió a encender la chispa de su pasión. Comenzó a entrenar, primero por su cuenta y luego de manera profesional en el Club River Plate. El paso siguiente fue más que significativo: se naturalizó argentina para integrar la selección nacional, y en su representación ganó varios torneos sudamericanos. Fue una decisión profesional y también dictada por su corazón, porque en ella tuvo mucho que ver su entrenador Jorge Rionassa, con quien –tras dos años de noviazgo– se casó y tuvo dos hijos, Carina y Daniel. “Cuando nos conocimos yo no le entendía nada de lo que me decía. Pero era muy caballero y me enamoró –expresa Haeja–. Ahora, me siento muy feliz de vivir acá y de tener una familia. Soy muy argentina, hasta tomo mate todas las mañanas.” En 1988 representó a nuestro país en las Olimpíadas de Seúl, una verdadera paradoja del destino. “Corea era mi país, pero yo me sentía orgullosa de estar en la delegación de la Argentina, que tanto me dio.” Hoy se dedica a entrenar a nuevas profesionales del tenis de mesa mientras se prepara para la próxima competencia, en la que deberá defender su título de campeona argentina en su categoría.

  • Carolina (23) y Poldy Saldaño (24)
    Box
    Crecieron juntas, compartiendo juegos en el barrio porteño de Flores. Aprendieron danzas clásicas y españolas, y gimnasia deportiva, pero el paseo más esperado por ellas era acompañar a su papá Horacio (Saldaño, ex–boxeador de los años ‘70) a los entrenamientos en el Luna Park. “Yo quería levantar sus pesas y le pedía que me hiciera upa para pegarle a la bolsa", recuerda Poldy. Ya adolescentes, alternaron sus estudios con horas en el gimnasio haciendo “guantes y bolsa”, y comenzaron a entrenar con Ramón Delacruz, ex rival de su padre devenido amigo de la familia. “Empezamos a preferir la dedicación completa al boxeo a las salidas,” resume Carolina el espíritu de las hermanas Saldaño. Por ahora, su decisión las hizo postergar sus estudios terciarios, y su primer combate lo ganaron fuera del ring: lograron que el boxeo femenino estuviera federado, algo que necesitaban para competir con los pantaloncitos de color celeste y blanco. “Podíamos pelear en otros países, pero queríamos representar a la Argentina", afirma Poldy. El sueño se cumplió el año pasado, cuando viajaron como delegadas argentinas al primer Mundial de Boxeo Femenino. “Nos sentimos orgullosas y felices de haber llegado a esto juntas", expresa Carolina. Son solteras y aseguran que, aunque se dedicaron a un deporte tradicionalmente masculino, nunca se sintieron marginadas. “Ya encontramos un lugar. Ahora queremos traer una medalla a la Argentina", remata Poldy.

Carolina (23) y Poldy Saldaño (24)
Box
Crecieron juntas, compartiendo juegos en el barrio porteño de Flores. Aprendieron danzas clásicas y españolas, y gimnasia deportiva, pero el paseo más esperado por ellas era acompañar a su papá Horacio (Saldaño, ex–boxeador de los años ‘70) a los entrenamientos en el Luna Park. “Yo quería levantar sus pesas y le pedía que me hiciera upa para pegarle a la bolsa", recuerda Poldy. Ya adolescentes, alternaron sus estudios con horas en el gimnasio haciendo “guantes y bolsa”, y comenzaron a entrenar con Ramón Delacruz, ex rival de su padre devenido amigo de la familia. “Empezamos a preferir la dedicación completa al boxeo a las salidas,” resume Carolina el espíritu de las hermanas Saldaño. Por ahora, su decisión las hizo postergar sus estudios terciarios, y su primer combate lo ganaron fuera del ring: lograron que el boxeo femenino estuviera federado, algo que necesitaban para competir con los pantaloncitos de color celeste y blanco. “Podíamos pelear en otros países, pero queríamos representar a la Argentina", afirma Poldy. El sueño se cumplió el año pasado, cuando viajaron como delegadas argentinas al primer Mundial de Boxeo Femenino. “Nos sentimos orgullosas y felices de haber llegado a esto juntas", expresa Carolina. Son solteras y aseguran que, aunque se dedicaron a un deporte tradicionalmente masculino, nunca se sintieron marginadas. “Ya encontramos un lugar. Ahora queremos traer una medalla a la Argentina", remata Poldy.

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Kim Haeja (52)
Tenis de mesa
Nació en Pyun Yang, Corea del Norte, pero cuando estalló la guerra contra Corea del Sur –en la década de 1950–, su familia se trasladó hacia Seúl. Ella cruzó la frontera totalmente tapada, como si fuera un bulto de carga, colgada de la espalda de su abuela. “Me parece mentira haber vivido esa historia,” comenta –con un Español de rara entonación– esta profesional del tenis de mesa, quien desde los 19 años integró la selección coreana de este deporte, también reconocido como ping-pong. Ante el inminente ataque e invasión contra la porción sur del país, la familia de Kim Haeja decidió una nueva mudanza, y esta vez eligieron a la Argentina, en 1974. “Al partir, lloré mucho porque dejaba muchos familiares y amigas.” El desarraigo le quitó fuerzas y provocó que se alejara del deporte. Pero entonces se topó con un ex -profesor de tenis de mesa que volvió a encender la chispa de su pasión. Comenzó a entrenar, primero por su cuenta y luego de manera profesional en el Club River Plate. El paso siguiente fue más que significativo: se naturalizó argentina para integrar la selección nacional, y en su representación ganó varios torneos sudamericanos. Fue una decisión profesional y también dictada por su corazón, porque en ella tuvo mucho que ver su entrenador Jorge Rionassa, con quien –tras dos años de noviazgo– se casó y tuvo dos hijos, Carina y Daniel. “Cuando nos conocimos yo no le entendía nada de lo que me decía. Pero era muy caballero y me enamoró –expresa Haeja–. Ahora, me siento muy feliz de vivir acá y de tener una familia. Soy muy argentina, hasta tomo mate todas las mañanas.” En 1988 representó a nuestro país en las Olimpíadas de Seúl, una verdadera paradoja del destino. “Corea era mi país, pero yo me sentía orgullosa de estar en la delegación de la Argentina, que tanto me dio.” Hoy se dedica a entrenar a nuevas profesionales del tenis de mesa mientras se prepara para la próxima competencia, en la que deberá defender su título de campeona argentina en su categoría.

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Daniela Krukower (27)
Yudo
Nació en Argentina –donde comenzó a practicar yudo desde muy chica– pero a los 7 años, y llevada por sus padres, un kibbutz en Israel se convirtió en su nuevo hogar. Apenas terminó los estudios, debió ingresar al ejército (es obligatorio). Vivió en Kammiel –norte de Israel– y vio pasar muy cerca los misiles de la Guerra del Golfo. Integró el seleccionado israelí, pero en el 2000 escribió una carta a la Confederación Argentina de Yudo –”con mi por entonces olvidado castellano,” aclara– con ganas de representar a nuestro país, también su país: “Siempre me sentí argentina,” afirma. Regresó sola, a 18 años de su partida: “Sentí que tenía que estar acá, aunque resignara el bienestar en que vivía en Israel.” Volvió a la Argentina y, desde 1999 revalida su título de Campeona Argentina en su categoría (70 kilos). Su llegada no podía ser más oportuna; de inmediato “se puso la camiseta” del seleccionado y, a lo largo de una gira, ganó una medalla de plata y dos de bronce, y el orgullo de haber obtenido una victoria importante frente a la campeona del mundo en su categoría. La próxima parada en su sueño fue llegar a las Olimpíadas de Sydney del 2000. Tuvo que pelear mucho para clasificarse y obtener su pasaje a los juegos, en los que terminó destacándose entre las diez mejores del mundo. Todo lo recuerda con una sonrisa plena. Hoy, Daniela vive en el barrio de Florida y entrena diariamente en las instalaciones del Centro Nacional de Alto Rendimiento Deportivo (CENARD), como nunca dejó de hacerlo, ni en la Argentina ni allá lejos, en Israel. “Estoy feliz con la decisión que tomé. Hay que arriesgar para ganar.” Y nadie mejor que ella para demostrar que tiene razón.

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Noemí Simonetto (76)
Atletismo
Fue Medalla de Plata en los Juegos Olímpicos de Londres en 1948. A los 13 años, mientras jugaba a saltar la soga con su hermano en el parque, sorprendió con su destreza a un entrenador de atletismo que la impulsó a que se dedicara al deporte. Un año después, ya figuraba en todas las revistas deportivas del momento como una verdadera revelación. “Fui una dotada por naturaleza –cuenta hoy–. Entonces, no entrenabamos tanto ni teníamos tanta gente detrás nuestro, como los atletas de hoy.” Con el récord nacional de salto en largo a su nombre, llegó a integrar la delegación argentina rumbo a Londres. Noemí Simonetto –tenía 22 años y acababa de casarse– fue una de las apenas once mujeres que cruzaron el Atlántico en barco, junto con otros doscientos cincuenta deportistas. Con el sueño olímpico encima, veintidós días después de haber zarpado del puerto de Buenos Aires, desembarcó en un bote sobre las playas de Francia, cruzó el Canal de la Mancha y llegó a Londres, donde su marca fue superada sólo por 9 centímetros. “Durante poco más de media hora, toqué el cielo con las manos –recuerda esos minutos en que fue Campeona Olímpica–. Con los años me convencí de que salir segunda también es muy honroso,” expresa con una entrañable sinceridad. A los 28 años interrumpió su carrera para dedicarse a su hogar y a sus tres hijos varones. Pero a los 52 años regresó a las pistas, ahora como miembro de la Asociación de Atletas Veteranos. En 1999 fue nominada “Atleta del Siglo”. Hoy tiene 76 años y sigue en carrera, ahora con el récord en su categoría en salto con jabalina. “Me gusta recordar esa época tan linda que me tocó vivir, pero también disfruto de todo lo que hago y me rodea hoy.” Un ejemplo.

#separador

María Florencia Alvarez (12)
Ajedrez
Florencia no es una chica como todas las demás. Cuando sus compañeras de sexto año EGB del Instituto San Cayetano empiezan a preocuparse por qué ponerse para los primeros bailes con amigos, o se pasan horas mirando televisión y escuchando música, Florencia dedica todo su tiempo libre a su única pasión: el ajedrez. Desde muy chica tuvo en claro lo que quería hacer y se lo comunicó a sus padres quienes, después de la sorpresa, decidieron apoyarla y la enviaron a estudiar con un maestro particular. “Yo tenía cuatro años y me atraía más el tablero de ajedrez que jugar a las muñecas,” recuerda Florencia. A los siete años se inscribió en la Escuela de Alta Competencia de la Federación de Ajedrez del Oeste del Gran Buenos Aires y, desde ese momento, no paró de recibir premios. Fue subcampeona argentina Sub-10, a pesar de haber sido dos años menor que sus rivales, fue la participante más joven de la delegación argentina en el Campeonato Panamericano de Florianápolis y, con doce años, ya es maestra de la Federación Internacional de Ajedrez. Florencia muestra feliz los trofeos que adornan la repisa de su casa en Moreno: “Me siento orgullosa de haber llegado a ocupar un lugar importante en el ambiente del ajedrez. El reconocimiento de los demás me impulsa a esforzarme para seguir progresando día a día.”

#separador

Florencia Gorchs (32)
Carrera de aventura
Sus resultados obtenidos a nivel nacional e internacional la consagran entre las más destacadas exponentes de carreras de aventura. Transcurren en escenarios naturales –montañas, sierras, bosques y playas–, y constituyen un desafío a la destreza física, al temple personal y a la audacia. “Es pura adrenalina –afirma esta mujer de 32 años, bellísima, que dedicó su vida al deporte–. Las carreras son seguras, pero el riesgo y el desafío que significa nunca conocer totalmente el circuito es algo que me encanta.” Afirma que llegó a practicar casi todos los deportes antes de dedicarse a esta orginal disciplina. Trabajó en gimnasios como instructora de aerobic, pero su espíritu de competencia y aventura se movilizó más que nunca al presenciar una de las audaces carreras en el inmenso paisaje natural de Bariloche. “Veía a esos atletas correr y pensaba que yo también podía hacerlo, y que nada me lo impedía.” De regreso en Buenos Aires, empezó a entrenar. En 1998 obtuvo el 1° puesto en el Eco Challenge de Marruecos, en el continente africano; el primero de su colección privada. Su trabajo como personal trainer no le impide dedicarse al entrenamiento diario (corre durante dos horas y hace 40 kilómetros de bicicleta) para mantenerse en estado de competencia. “Por supuesto que ganar te llena de satisfacción. Pero sobre todo, valoro imponerme metas, entrenar duro y alcanzar los objetivos. También me encanta transmitir todo lo que hago a mis amigos y convencerlos para que también lo hagan.” Próximamente estará a cargo por segundo año consecutivo de la Direccion General de Competencias de Aventura para chicos en Veracruz, México. “Me encanta poder dar lo mejor de mí –afirma–. Puedo asegurar que un par de zapatillas y transpirar la camiseta valen más que cualquier psicólogo.”

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