Para Ti

Personajes

Octubre 2007

Sol Acuña

Fue modelo top en los ‘90 y hoy es una de las dueñas de la firma Rapsodia. Asegura que cuando nació su hija, pensó en no volver a trabajar. En esta charla con Para Ti, la empresaria confiesa sus miedos y satisfacciones.
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[ Texto Paula Ikeda Fotos Fernado Venegas Producción Dolores Varela ]

  • Azucena posa para las fotos sin intimidarse. Su mamá asegura que tiene mucha personalidad a la hora de elegir la ropa que se pone.
  • “No vivimos en la Capital por temor, pero soy consciente de que, por otro lado, les sacás a tus hijos un montón de cosas, el no conocer la ciudad, no ver colectivos... ser una chica-country es un plomo también”.
  • Fue modelo top en los ‘90 y hoy es una de las dueñas de la firma Rapsodia.
Desde que nació su hija Azucena Coudeau (3 años y medio), su mundo cambió por completo. “Todo pasa por ella”, señala mientras se escucha el grito de “máaaa” que capta su atención. “La hora en que se baña, en que come, si hace frío... Es como una extensión tuya… ¡y depende absolutamente de vos!”, dice mientras posa con su hija para las fotos.
Ser madre fue como un cimbronazo. A partir del momento en que nace tu hija, le entregás por completo tu vida”, cuenta Sol Acuña. Al escucharla, es inevitable sentir que esta mujer de 37 años, madre y una de las dueñas de Rapsodia, está muy lejos de aquella modelo que en la década pasada aparecía en cuanto evento vip se llevara a cabo.

–¿Cómo te sentó la maternidad?

–Azu cayó en el mejor momento. En ese entonces estaba a full con mi empresa –Rapsodia– pero tenía la edad biológica justa (a los 33) y era el momento ideal. Porque yo ya había hecho todo, absolutamente todo: canté, trabajé en la tele, viajé por todo el mundo... Viví mis treintis y mis veintis a full e hice todo lo que tenía que hacer. No quise tener hijos antes porque no me sentía preparada para hacerlo.

–¿Cambió mucho tu mundo?
–El primer mes después de que ella nació, yo lloraba en casa y decía que ya ni el negocio ni nada me interesaba más que estar con mi hija. Mi socia Jose (Josefina Helguera) me hablaba de la colección y, mientras lloraba, le decía: “No sé si voy a poder volver”. Ella, que ya tenía dos hijos y estaba curada de espanto, me calmó y a los dos meses yo ya estaba trabajando de nuevo. Me costó el tema de los viajes, porque teníamos que ir a la India, París, Londres y Nueva York, y me desgarraba dejarla a ella siendo tan chiquitita. Entonces acorté las fechas: no más de cinco días de viaje. Y si ese quinto día no me tomaba el avión, me tomaba un calmante para no ponerme nerviosa… es que creía que me moría. ¡El miedo apareció en mi vida! A que le pase algo, a que se enferme, a ir en el auto con ella y que me choquen… el miedo a todo. Sos mamá y el miedo aparece.

–Sin embargo, ahora se te ve más relajada.
–Me organicé. La acostumbré a dormirse tarde para que me espere y así poder jugar un poco juntas –Azucena interrumpe para ofrecerle un caramelo a su mamᖠporque me daba angustia y culpa estar tan metida en el negocio. Ahora ella tiene su colegio y en ese tiempo no tengo ninguna culpa de estar trabajando. La llamo (me encanta que sepa que yo me intereso por cómo va su día) y dos veces por semana la paso a buscar por el colegio; ella lo valora un montón. Tiene sus amigas, y eso para mí también fue un aire. Ahora está muy cómplice conmigo: todo el tiempo me dice “Mami, pintame”, “Mami, mirá”... es una locura y estoy fascinada. Sentir que le gusta acompañarme al trabajo o se cope posando para una nota y se relacione bien con extraños, para mí es algo nuevo y genial, eso habla de su humor y de su personalidad.

–¿Igualita a mamá?
–En el carácter, quizá. Tiene carácter fuerte y es muy creativa. Le encanta pintar, disfrazarse, es dulce, simpática y en el colegio ¡es líder! Sabe lo que quiere, no es ninguna b... Espero que no sea hija única (estamos participando para la próxima) y trato de enseñarle lo más que puedo, no quiero que sea una chica caprichosa. Me parece que es muy difícil educar, tenés que ponerte firme y es difícil porque de repente dice una cosa y, es inevitable, te reís a carcajadas. ¡Hoy entiendo tanto a mis padres!

–¿Te deja elegirle la ropa?
–Ella es bastante personal para eso. Yo no me pinto las uñas y a ella le encanta hacerlo... Azu decide. ¡Ya ves que eligió quedarse con sus botas puestas para las fotos! Por mi parte, basta con que esté cómoda: un par de calzas y un condimento canchero, y ella se copa. Se ve que lo mamó en casa... De repente traigo algo con lentejuelas y ella se lo pone, se calza mis tacos, una vincha… ¡y me hace unas caras! Le encanta.

–Como madre, ¿cómo te llevás con la inseguridad?

–Me da terror. De sólo pensar en los casos tipo Madeleine (McCann) que hay, me muero. A mí me encanta mi país y, a pesar de todos los problemas que hay, no viviría en otro lugar. Me críe acá y a mi manera me siento segura…
Nuevamente Azucena interrumpe la charla: “Mami, mami, esto lo vimos el otro día”, comenta cuando ve las imágenes de un desfile. Su madre sonríe y continúa la charla: “Pero estoy muy atenta. Hoy, dejar a tus hijos en manos de otro me parece una responsabilidad muy grande... Me da miedo. No vivimos en la Capital por temor, pero soy consciente de que, por otro lado, les sacás a tus hijos un montón de cosas, el no conocer la ciudad, no ver colectivos... ser una chica-country es un plomo también”.

–¿Te asusta pensar que Azucena tenga tanta exposición?
–Sí, pero quiero que ella haga lo que sienta. ¿Si me gustaría que ella sea modelo? Ojalá que no. Y si lo es, que sea la mejor. Me encantaría que sea actriz, que desarrolle y cultive más esa parte artística que lleva, porque una modelo trabaja con el cuerpo y la gente admira o envidia lo que tenés.

–¿Fuiste muy envidiada?

–Las modelos son muy envidiadas, es una profesión un poco ingrata. Todo el mundo está pendiente de si sos linda o de si sos fea, y es un peso muy grande. No hay nada como el anonimato, es lo máximo. Pero cuando sos chica, no te das cuenta: todas quieren ser modelos y triunfar.

–¿Como para llegar a la anorexia? ¿Qué te pareció la campaña italiana alertando sobre el tema?
–Bárbara. Me da la sensación de que ahora la anorexia se da más. Y es que las chicas empiezan muy temprano. Me enteré de modelos muy chicas que viajan a París y las hacen hacer régimen. Hoy, que estoy del otro lado, veo las dos caras y no sabés lo difícil que me es hacer un casting... Trato de explicarles a las chicas que si no las elijo, no es porque sean feas, que capaz estoy buscando otro tipo de mujer, otro estilo (entre las modelos las hay pulposas, flaquitas, altas, conocidas, no conocidas…), pero sé que es horrible estar del otro lado.

–¿Azu se da cuenta de que la gente te reconoce por la calle?

–Hoy no soy tan reconocida, yo elegí eso. Hoy vuelco toda mi creatividad y mi energía en mi ropa, y mi tiempo libre, sólo a mi familia y mi hija.

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