Para Ti

Qué pasa

Enero 2017

Cita a ciegas

Las negamos, las criticamos. Decimos que no nos gusta pero las citas a ciegas siguen y sobreviven a sus pares tecnológicos. Lucía Benegas, redactora de Para Ti, reflexiona sobre el tema.
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  • ilustración VERÓNICA PALMIERI

El famoso “tengo alguien para presentarte” fue una de mis frases más temidas durante años. Cuando una mujer de más de veinticinco (co­mo yo) está soltera (como yo), los formadores de parejas brotan por todos lados y en los lugares más inesperados. Una amiga de una amiga en un asado, una tía, una compañera de trabajo, alguien del ámbito la­boral a quien sólo te cruzás en el pasillo, o una prima lejana… Todos conocen a “alguien para vos” y dicen –repiten–: “tengo alguien para presentarte”, una frase escuchada en boca de las personas más impensadas. Sea porque les caes bien, porque tienen un candidato al que quieren ubicar hace años o porque realmente les parece que deberías conocer a una persona puntual, he visto –no sin un poco de terror– a los personajes más insólitos tomar un rol activo en mi vida afectiva. No es que crea que la soltería es un estado inmejorable, ni que todas las personas que puedan tocar el timbre son un espanto, pero hay algo de esa situación de “solteros, conózcanse” y expectativa externa que siempre me resultó incómodo. Las citas a ciegas con referencia pueden tener más de estresante que de divertido cuando se las vive del peor modo.

COMER, REÍR, AMAR. “Nadie pretende que te enamores: la idea es que se diviertan un rato”, me dijo una amiga hace un tiempo. Y la frase debería estar primera en el decálogo de las citas en general. Enamorarse es com­plejo, y aún cuando hayamos desterrado esa idea idílica de “la media naranja” y sepamos que podría funcionar con más de un sujeto, las chances de que dos personas se gusten, se entiendan y logren sobrevivir a los mil equívocos que surgen en las situaciones de conquista son pocas. En las citas co­mo en la vida en general, el manejo de expectativas es fundamental. Es la clave del éxito y del fracaso. Entender esa salida con el desconocido de turno como una posibilidad de salir a tomar algo con alguien –que puede gustarnos o no–, pero que en cualquier caso, será para pasar un momento agradable en buena compañía es el quid de la cuestión. Y si además de eso, resulta que te gusta y termina (sigue) en “otra cosa”, fantástico. Pero no esperemos que sea así con todos.

DE PRONTO, ¡¡FLASH!! “Las primeras impresiones enga­ñan”, podría ser el segundo mandamiento en el manual de supervivencia de la salidora serial. No todos somos brillantes todo el tiempo, y si sometiéramos a juicio cada oración que sale de nuestra boca nos sorprenderíamos de la cantidad de gansadas que podemos llegar a decir. Nadie evalúa y juzga a los demás en todas partes, pero resulta que en una cita a ciegas sí estamos evaluando y juzgando al que está del otro lado ¡todo el tiempo! Así que, el que haya eligido un lugar de encuentro que “no te mata”, que tenga cierta actitud que “te hace ruido” o que de repente haga un comentario “poco feliz” sobre algún tema en particular son cosas que pueden pasar. En definitiva, tene­mos que saber ver y escuchar más allá. También tener presente que la postura cínica y sin misericordia no es el camino para conocer a ningún ser humano, postulante a pareja o no. Y esta regla va para la vida.

EL MEDIO ES EL ROMANCE. Digamos las cosas como son: hoy ninguna cita es a ciegas. Instagram, Facebook e incluso la foto de WhatsApp disminuyen la incerti­dumbre sobre el desconocido que vendrá a buscarnos (sin siempre hacer honor a la verdad). A todos nos ha pasado de llevarnos algún chasco cuando abrimos la puerta, igual que les habrá pasado a quienes nos vie­nen a buscar. Que en épocas de redes sociales y apli­caciones de parejas se siga usando la presentación di­recta demuestra que evidentemente sigue funcionando. La presentación de amigos entre amigos debe ser la his­toria que más se repite entre las parejas de todos los tiempos. Sabiendo que el éxito no está garantizado y que la mayoría de las personas salió incontables veces más de las que se enamoró, podemos dar lugar a un intento y a otro. Como lo hacemos con otras cosas. N. de la R.: las chances de que una noche en Netflix pase a la memoria son ínfimas, así que, ¿no es mejor dar lugar a las anécdotas antes de llegar a LA anécdota de nuestras vidas?

texto LUCÍA BENEGAS (lbenegas@atlantida.com.ar) foto LATINSTOCK

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Enero 2017
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