Textos: María Eugenia Sidoti. Ilustraciones: Verónica Palmieri.
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Para los especialistas se trata de una nueva forma de plantear las relaciones ya consolidadas, un formato que parece novedoso, pero que en realidad no lo es: muchos matrimonios de años confiesan que, en bajas o altas dosis, mantener la individualidad les sirvió para apuntalar la experiencia conjunta. Tal es el caso de los Saldívar, una dupla que en noviembre cumplirá 20 años de casados. Antes no era tan habitual. Pero aunque muchos familiares y amigos nos miraban espantados, nunca dejamos de tener actividades por separado, como ir al cine solos, o a lo mejor armar salidas sin pareja. Como mi marido viaja mucho por trabajo, no fue algo premeditado, se fue dando, cuenta María Cristina (45), profesora de Letras y madre de tres hijos junto a Luis (48), ingeniero civil.
DOS POR UNO. No es una promoción de descuentos, sino una realidad. Hoy muchos eligen manejar la convivencia con criterio individual. Se trata de una tendencia evidente en parejas jóvenes, que se ha acentuado hoy más que en otras épocas, con mucha naturalidad sobre todo en noviazgos. En muchos casos continúa luego como una costumbre posible en el marco de una pareja más formal. Es entonces cuando podría llegar a complicarse, sobre todo con la llegada de los hijos, porque no es fácil ser permisivo con la libertad del otro cuando las obligaciones laborales más las tareas domésticas y la crianza de los chicos están de por medio. Por eso, el modelo de individualidad en pareja impone pautas claras, sobre todo en cuanto a los tiempos y las obligaciones de cada uno, reflexiona el doctor Eduardo Drucaroff, médico psicoanalista especialista en parejas y miembro de APA.
Macarena R. (37) se puso de novia en 2001, se casó cinco años más tarde y cuenta que luego él se convirtió en un ferviente partidario de mantener los espacios de cada uno bien delimitados. Lo planteaba casi como si fuera una guerra. Se fue haciendo cada vez más fundamentalista en eso de hay que tener actividades solos. A mí no me parecía mal salir de vez en cuando con mis amigos, pero para José era como un deber semanal. Cuando tuvimos a nuestra hija todo se complicó. El quería salir como antes y volver de madrugada, como si nada hubiera cambiado, relata, y cuenta que luego de varias peleas y de algunas sesiones de terapia de pareja, consiguieron encontrar el lugar que mejor les quedaba a los dos: el término medio. La licenciada Rosina Duarte, psicóloga y terapeuta especialista en familia, admite: No hay fórmulas. El equilibrio justo es que cada uno tenga sus actividades y grupos, pero que a la vez haya un punto en común, para que no sobrevenga la desconexión. Los viajes con amigos un fin de semana suman, fortalecen, porque se extraña a la pareja y a la vez se rompe con la cotidianidad. No es bueno perder autonomía: en una relación hay que acompañarse, no entrar en un estado de simbiosis. Maribel Salas y sus amigas dan cuenta de ello: todas aseguran que el hecho de salir solas tanto para juntarse a cenar cada quince días como para ir de viaje una vez al año las hace sentir mayor libertad y seguridad sobre quienes son. Somos profesionales e independientes. ¿Por qué deberíamos quedarnos en casa o salir siempre con ellos? Una compañera de trabajo se jactaba de ser la esposa ideal, siempre a disposición de su marido, y cuando se separaron quedó más sola que Kung Fu, señala Alejandra, otra de las chicas del grupo.(...)