Para Ti

Selfie

Febrero 2016

El fin de la intimidad

La escritora y locutora de radio Mitre está en la resistencia: se niega a subir fotos personales a las redes sociales. ¿Prudente o huraña que no comparte sus alegrías?

La vida es hoy lo que transcurre en las redes sociales. Todo lo que sucede en la existencia de miles de millones de seres a lo largo del planeta está allí expuesto. Las relaciones comienzan en Tinder, en Happen o en Facebook. Las parejas se rompen por SMS o por WhatsApp. El amor se declara a través de un emoticón. Se llora y se ríe a través de una carita virtual. El enojo se expresa en una pantalla y los besos con una boca roja estampada en un mensaje. Se grita con una mayúscula y si te dejan de seguir en Twitter es que te bajaron la cortina. Toda nuestra vida está aglutinada en la memoria del smartphone: nuestras imágenes, nuestra música, nuestros amigos y nuestros diálogos. Ya no hay fotos impresas en un portarretratos y no hay más emoción ni sorpresa a la vuelta de las vacaciones, cuando esperamos con ansiedad el revelado de las fotos de un viaje inolvidable para mostrarlas a los amigos. Todo se sabe y se ve en el mismo instante en el que sucede.

No tengo Facebook ni Instagram. Y si bien el Twitter me resulta un instrumento de trabajo valioso para mostrarle al oyente de radio lo que sucede puertas adentro de nuestro estudio y para comunicar información urgente, la exposición que tolero y acepto es sólo aquella que tiene que ver con lo profesional. Mis amigas tienen prohibido subir imágenes de mi vida privada. ¿Seré un ser huraño que rehúsa el contacto con el mundo exterior? A veces tiendo a pensarlo porque si el mundo va en otra dirección, la equivocada debo ser yo. Los grupos de chat son, cuanto menos, divertidos y hasta útiles, pero cuando los amigos te llenan el teléfono de imágenes hasta de lo que comen, me dan ganas de volver a los viejos aparatos con los que sólo –y nada menos– se podía hablar. Hasta he vivido la curiosa experiencia de que se archivara en la memoria de mi celular la imagen del trasero del novio de una amiga, que le tomó esa foto una tarde de playa relajada y motivada por varios daiquiris. Y en ese estado no tuvo mejor idea que mandarla al grupo de WhatsApp. ¡Demasiado para mí!

Hoy hay que cuidarse de todo y de todos. Siempre hay un curioso temerario, armado con la cámara de un celular y dispuesto a lo que sea. Cualquiera es capaz de robar imágenes. Y así pueden aparecer en las redes sociales fotos nuestras en las circunstancias más indignas y humillantes: en la peluquería y con un baño de crema en la cabeza o en la cama de un sanatorio o, peor aún, en un quirófano con la panza abierta. Ni hablar de los videos “hot” que muchas incautas consienten hacer con sus parejas y después caen en la “viralizacion” de su vida sexual, víctimas de la venganza de un ex despechado y dañino.

Estoy convencida de que estamos viviendo la época del Gran Hermano full time, donde todo lo privado es público y donde nuestra vida se expone con crudeza aun en contra de nuestra voluntad, y la privacidad de los otros se mete en nuestra vida a los empujones y sin pedir permiso. ¿Será el fin de la intimidad? Yo al menos sigo en la “resistencia con aguante”.

 Por María Isabel Sánchez maria@mariaisabelsanchez.com.ar

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Febrero 2016
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