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Junio 2016

Los cuentos que me contaron

Nuestra columnista analizó en su libro Amores reales si aquellos que lo tuvieron todo fueron más felices en el amor. Aquí, el romance entre Rainiero y Grace Kelly.

Aquellas historias que llegaron hasta nosotros como romances memorables me despertaron gran admiración y hasta sana envidia. A muchas mujeres nos hizo daño pensar que en algún lugar del mundo estaba ese príncipe azul que nos podía hacer felices para siempre. Y en mi eterna inquietud por bucear en ese misterio que es el amor, me propuse escribir un libro al que llamé Amores reales. Allí compilé los enamoramientos más resonantes en pos de confi rmar o contrarrestar una idea: ¿aquellos que lo tuvieron todo fueron realmente más felices en el amor? Entonces me encontré con historias como la de Grace Kelly y Rainiero. Cuenta una leyenda –no precisamente de hadas ni de príncipes– que el multimillonario griego Aristóteles Onassis le recomendó a su amigo Rainiero III de Mónaco incluir en su vida y en su reino a una estrella de Hollywood para atraer al jet set internacional y el dinero (bien o mal habido) del mundo. La primera candidata habría sido Marilyn Monroe, pero antes una bellísima y promisoria actriz cayó en el lugar indicado y en el momento justo: Grace Kelly. Ella fue la elegida. El 6 de enero de 1956 anunciaron su compromiso. Sin embargo, tiempo después el diseñador de moda y playboy Oleg Cassini reveló que cuando le preguntó a Grace por qué se casaba, ella respondió: “Aprenderé a amarlo”.

Belleza, riqueza infinita, prestigio, el amor del público y del pueblo, glamour y poder no parecen haberle garantizado a Grace el enamoramiento y la felicidad sin una dosis de conformismo y sacrificio... Un punto oscuro de su vida parece haber sido el examen que debió someterse antes del enlace para probar que era fértil. Parte del relato cuenta que, cuando los médicos descubrieron que Grace no era virgen, ella lo justifi có con una clásica mentira: la rotura de su himen se produjo por la caída de un caballo. Y si bien Rainiero parece haberla amado hasta la muerte, el príncipe azul también desteñía... Las malas lenguas dan cuenta de que el monegasco era controlador y que no respetaba las opiniones de Grace, a quien califi caba de frívola. Se dice que la anuló y la transformó en esposa a su medida: una verdadera princesa, papel que ella cumplió casi a la perfección. Es probable que la relación entre ella y Rainiero se haya estropeado con el paso del tiempo y eso hiciera sufrir a Grace quien, por otra parte, veía cómo iba desluciéndose su juventud y su belleza. Cuando estaba por cumplir 40 años, dijo: “Para una mujer los 40 son una tortura, el fi n”. ¿Habrá amado Grace de verdad? Tal vez nunca lo sabremos. Lo que sí me revelaron las diez historias que cuento en el libro es que aquellos que lo tienen todo saben a ciencia cierta que eso no alcanza para ser felices. Claro que siempre será más placentero sufrir en un palacio o al volante de una Ferrari, pero también es posible que lo más difícil de manejar, como los sentimientos y las emociones, sean la única verdad que nos permita ver como príncipe a un tierno y gracioso sapo que nos haga sonreír y sentirnos amadas.

por María Isabel Sánchez

maria@mariaisabelsanchez.com

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