Mamá y Mujer

Abril 2016

Jimena Barón

Luego de un año de altibajos, la actriz cuenta cómo es su vida hoy junto a su pequeño hijo de 2 años. “Estoy bien. Muy tranquila”, asegura. Charla íntima con una mamá full time que aprendió a luchar siempre, a favor de la felicidad.
Etiquetado con: maternidad , mamá , actriz , Jimena Barón

Se enamoró, viajó a Europa para vivir junto a su amor, el jugador Daniel Osvaldo, quedó emba­razada, tuvieron a Morrison, “Momo”, volvieron a la Argentina, y se separó. Hoy, lejos de todo un año de tormenta, pareciera que el sol vuelve a salir para Jimena Barón. Verla con su hijo, cómo se abrazan, se besan, corren y juegan, es una escena digna para fotogra­fiar. “Todo el día estoy baboseándolo y él a mí”, cuenta con una enorme sonrisa y brillo en los ojos.

DULCE ESPERA

–¿Tuviste un lindo embarazo?

–¡Fue espectacular! Realmente espectacular. Lo viví en Europa. Sólo viajé para acá para contarlo personalmente. Se lo fui contando a cada integrante por separado, de mi familia y de la de Daniel. Siempre tenía un cómplice o si iba sola apoyaba la cámara y le decía que se sacara una foto conmigo. Y cuando la otra persona posaba para la foto, le contaba que estaba embarazada. En realidad estaba filmando. Así que tengo un video armado, que lo edité yo con un programa con el compilado de cada integrante de la familia enterándose del embarazo.

–¿Qué buen recuerdo!

–Sí. Aparte después mi papá y mis abuelos fallecieron, la abuela de Dani tam­bién, así que quedó como más fuerte el recuerdo. Además viajé, todo... Dudé un montón y al final dije: “Voy porque lo quiero contar en persona”. Y tengo ese recuerdo que fue fascinante.

–¿Y cómo te enteraste de que estabas embarazada?

Un día me levanté y Daniel me dijo: “Estás embarazada”.

–¡¿Así?! ¡¿De la nada?!

–Sí. Y yo le dije: “Ay, nada que ver”. Y seguía: “Estás embarazada. Tenés cara de embarazada”. Estaba convencido: “Estás embarazada, es varón. Mi hijo Morri­son, Morrison, Morrison...”. Yo era súper irregular, pero pasaron no sé 10 días, 2 semanas, y dije “Bueno, me voy a hacer un test”. Y me dio negativo. Así que le dije: “¿Ves? Me estás quemando la cabeza, haciéndome creer algo que no es”. Y me contestó: ¿Y cómo sabés que no es? ¿Te vino? Entonces está mal, estás embarazada”. Y siguió rompiendo... Cuestión que nos fuimos a EE.UU, él tenía que hacer unos partidos a beneficio con Messi. Estábamos en Chicago y me compré un test que venía doble, convencida de que me iba a volver a dar negativo. Me lo hice en el medio del día, realmente no le di un lugar especial porque estaba convencida de que no, y ahí me dieron que sí. Los dos. 4 de julio era. El Dia de la Independencia. Así que a la noche fuimos a comer, había fuegos artificiales, todo un carnaval y nosotros estábamos festejando. Él ahí me dijo: ¿Viste? Morrison, Morrison, Morrison”. Después a él lo compraron de Inglaterra así que nos fuimos para allá, y ahí fue nuestro primer test para ver el sexo. Nos pusimos a llorar a mares. ¿Y yo qué le iba a decir… “Quiero que se llame Roberto”? Ya está. Adivinó el embarazo, el sexo... Aparte para mí también ya era Morrison.

–¿Y el parto cómo fue?

–Parí en casa. Conocí unas parteras en Inglaterra. Ahí vivíamos en el bosque. Literalmente. Un lugar que era el mar, con el bosque. Y pueblo. A Daniel lo vendieron al Southampton que ya era un lugar muy chiquito y él se encargó de que viviéramos a una hora de ese lugar. Le pintó que viviéramos en un pueblo, qué se yo. Y yo estaba embarazada… medio que eso no me convencía. La clí­nica que había era medio tenebrosa. Y encima en Inglaterra vos vas al médico a hacerte el seguimiento del embarazo pero después parís con la partera que está en la clínica en ese momento. Ahí hablé con varias mujeres de jugadores y me dijeron que tenía que pagar una partera particular que me gustara.

–¿No hay obstetras?

–Hay obstetras por si llegara a pasar algo. Pero no parís con un obstetra ni te sigue el parto.

–¿Qué pensabas en ese momento? ¿O tratabas de no pensar?

–No, yo estaba muy tranquila con el parto. Sí lo hablé con Dani y le dije: “Elijamos una partera que nos cope”. Esa relación me pa­recía muy importante. Así que estuve buscando en Internet, qué sé yo, cuestión que aparecen estas minas Erica y Caroline y yo las llamo. Vinieron a casa. Eran dos parteras típicas de Disney. Las clásicas parteras. Y ahí ya tuvimos una charla y me transmitieron la paz del universo. Pero medio que terminando la charla, cuando les pregunto por las clínicas ellas me cuentan que en realidad se dedican a los partos domiciliarios. Con Daniel nos miramos como “No, bueno…”. Y nos empezaron a explicar que esto que lo otro… Nos metieron como en todo ese mambo y medio que nos em­pezamos a entusiasmar. Nos dio confianza. Y sobre todo a mí me pasaba que las opciones que tenía de hospitales cercanos para pa­rir no me gustaban nada. Me preguntaron si quería hablar con una mina que acababa de parir en su casa por parto natural una beba de 4,600 kg, con lo cual yo dije “Bueno, si pudo ella”. Y la mina di­vina, vino a mi casa con la beba, me contó todo... Bueno cuestión que dijimos los dos que sí de una. Nos re copamos y empecé a investigar todo y decidimos hacerlo así, con el pequeño detalle de que cuando yo estoy a un mes y pico de parir, y a mi marido en su momento lo echan del club, me viene a decir que nos tenemos que ir a vivir a Italia esa misma noche.

–¡¿Y qué hiciste?!

–Yo estaba así (Dibuja con sus manos una panza enorme). Ya tenía armado como todo mi altar en el living porque encima me hicie­ron hacer todo el mambo de “dibujar mi parto, mi útero”. Tenía como clases de pintura, de respiración... Entré como en todo un mambo hippy chic. Era como una movida para parir así. Entonces, cuando yo estoy re tranquila, Daniel termina de armar la cuna con sus propias manos, el cuarto, todo. Ya me quedaba como el mes de estar tranquila, esperando que naciera, viene Daniel y nos dice: “Nos tenemos que ir”. Aparte era la Juventus, un club súper impor­tante… Nada, lo quería acompañar. Tampoco lo quería hacer sentir culpable. Yo me quería morir. Le dije: “Explicales que tu mujer está a punto de parir”. Bueno, nos dieron un changüí hasta el día siguiente a las 6 de la mañana.

–¡Ah, un montón!

–Cuando me lo dijo le contesté: “¿Vos me estás tomando el pelo a mí?”. Bueno nada. A todo esto me tuvieron que mandar un avión privado porque en una aerolínea normal yo no podía viajar por el estado del embarazo. O sea medio que me escondieron en un avión. A las 6 en punto despegamos, con los perros a upa, unas remeras… Y nada. La vida de los jugadores de fútbol. Llegamos, yo me fui al hotel y Daniel directamente a entrenar. Y empecé a ver cómo conseguíamos casa. Que yo sabía que encima mi casa era mi clínica. Pero lo que le dije a Daniel fue: “Te acompaño con la mejor, pero vienen las parteras”.

–¿Se fueron hasta allá?

–Sí. Vino una de ellas que nunca había viajado en avión en su vida ni había dejado a sus hijos. Así que vino todo el mundo: El marido de la partera, los hijos de la partera… Se hospedaron en un hotel cerca de  casa, olvidate. Quedamos que viajaban cuando tuviera síntomas. Yo tenía fecha para el 8 de abril, y terminé pariendo el 9. Creo que porque Daniel no estaba. Le dije a Morrison: “No está papá, bancala”. Las parteras me habían dicho que si yo no estaba tranquila porque Daniel no estaba, no iba a parir. Y así fue. Llegó Daniel y empecé con trabajo de parto en mi casa.

–¡¿Y la partera?!

–Terminó llegando justo. Igual tuvimos que tener dos parteras italianas por ley, y un pediatra italiano. Terminé pariendo en español con Daniel, en inglés con mi par­tera, y en italiano con las otras. Fue bizarro pero recuerdo a cada uno en su idioma decirle lo que me estaba pasando. Salió todo bárbaro. Fue un poco largo porque Morrison tenía doble vuelta de cordón y no bajaba.

–¿No había un obstetra entonces?

–No, no hace falta. El obstetra, como dije, está en la clínica por si llega a ha­ber algún problema. Al bebé le controlan todo el tiempo los latidos y todo. Nosotros teníamos un auto abajo en casa con balizas. Yo ya había ido a la clínica, conocido esa opción, que era como el Plan B. De hecho las parteras no hicieron absolutamente nada. Daniel agarró a Morrison, lo sacó, le cortó el cordón... Ellas observaban todo el parto y controlaban que estuviera todo bien. Pero fue como un parto entre Daniel y yo. Y como estaba el pediatra en casa no lo llevamos a la clínica. Yo parí, me paré, me bañé, me lavé el pelo, me puse el pijama, nos metimos los 3 en la cama, abrimos un champagne para todos, se fueron y ya está.

–¿Cómo lo ves ahora a la distancia después de tantos nervios?

–No. No tuve nervios. Tampoco era un momento para ponerme más nerviosa. Supe que nos teníamos que mudar y dije: “Bueno, no es que mi marido tiene que ir a ver si consigue laburo”. Dentro de todo teníamos comodidades, un montón de gente que nos ayudaba y dije: “Le tiro buena onda, me relajo y vamos, ya fue”. No quedaba otra. Y sabía que el éxito de mi parto dependía de mi tranquilidad. Así que estaba tranquila. Estábamos en un hotel, yo todos los días me iba a nadar… Pero sí, ahora lo pienso y es una locura total. Y Morrison es un nene recontra sano. Me fascinó absolutamente tenerlo en mi casa. Sin anestesia ni nada. Fue muy doloroso pero realizable.

–¿Si tuvieras otro hijo lo tendrías en tu casa nuevamente?

–A ver… Probablemente estando acá, con buenas clínicas, por ahí lo tendría de manera natural ahí. No sé si haría falta tenerlo en mi casa. Lo de allá fue porque no me gustaba. Son países como muy invasivos con los partos. Acá hay como un poco de conciencia.

La entrevista completa en la edición de Para Ti Mamá.

Por Paula Labonia - Producción: Julita Astelarra -
Fotos: Christian Beliera.
Etiquetado con: maternidad , mamá , actriz , Jimena Barón
¿Te gustó esta nota? Compartíla:
Publicada en revista
PARA TI MAMA 66
Abril 2016
Editorial Televisa
Editorial Atlántida
©2013 PARA TI ONLINE. Todos los derechos reservados.