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Abril 2017

Custo Barcelona en Argentina

El diseñador catalán llegó a Buenos Aires para anunciar la apertura de su propio local y presentar su última colección. Conversamos con él sobre la industria de la moda, los cambios vertiginosos y cuánto hay de suerte y cuánto de esfuerzo para lograr un éxito como el suyo.
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  • 3. Junto a Lucía Benegas, periodista de Para Ti.

El diseñador catalán llegó a Buenos Aires para anunciar la apertura de su propio local y presentar su última colección. Conversamos con él sobre la industria de la moda, los cambios vertiginosos y cuánto hay de suerte y cuánto de esfuerzo para lograr un éxito como el suyo. “Nosotros siempre intentamos ir en contra de la tendencia. Ese es nuestro diferencial”. La afirmación de Custo Dalmau (59) –creador de la etiqueta Custo Barcelona junto a su hermano David– es una de esas que nos cansamos de escuchar en boca de diseñadores, y no sería creíble si no viniera acompañada de una tradición: la que los hizo visibles en el mercado estadounidense cuando sólo eran dos españoles ignotos que habían ubicado unas remeras en Los Ángeles. “Estados Unidos atravesaba un momento totalmente minimalista: si ibas por la calle era imposible que vieras algo que se saliera del blanco, negro, beige y azul. Lo que nosotros hacíamos era exactamente lo contrario y fue eso lo que capturó la atención de los estilistas”, cuenta el diseñador. El llamado de atención fue notorio cuando Julia Roberts y los protagonistas de Friends usaron sus remeras estridentes en el prime time. El éxito llegó y Custo Barcelona saltó al mercado internacional. De ese recorrido, de su presente y su futuro –que se supone los encontrará abriendo sus primeras tiendas en el país– habló el diseñador en la última edición del Fashion Talk de Mercedes Benz . Su testimonio fue acompañado de un desfile con algunos de los modelos que se presentaron en febrero en la semana de la moda de Nueva York.

Cuando uno te escucha, pareciera que hay algo casi accidental en tu historia, ¿por qué un estudiante de arquitectura y un artista plástico deciden hacer remeras? Mi hermano y yo empezamos el proyecto como diseñadores gráficos y no como diseñadores de moda. Nos pareció interesante que el soporte de nuestro grafi smo –de nuestro mensaje gráfico– fuera algo con lo que la gente se pudiera vestir: de alguna manera eso te convertía en un lanzador de mensajes.

¿Cuánto creés que hubo de azar o suerte en esa carrera? Yo creo en la suerte cuando la buscas, la suerte cien por ciento casual no sé si existe. Nosotros tuvimos suerte, pero también la buscamos: hicimos las valijas, golpeamos cientos de puertas y nos dieron muchísimos portazos hasta que una se nos abrió.

Nuestra identidad está en el uso del color y en la fusión con los materiales

En estos 36 años el mundo y la moda cambiaron muchísimo, ¿te imaginás como sería empezar hoy? Yo creo que tal como están las cosas, tienes que empezar todos los días. Cuando nosotros arrancamos la moda era una industria en la que lo más importante era tener un perfil creativo de producto. Hoy ya no basta con ser creativo, tienes que ser un experto en mercado, en logística, tienes que montar un proyecto global porque es muy difícil vivir de uno local... La conexión con el consumidor cambió. La tecnología hizo que todo se modificara.

Repasando tu historia, uno de los grandes aciertos fue la decisión de desembarcar en Los Ángeles en vez de hacerlo en Nueva York... Fíjate que en Estados Unidos hay dos puertas para entrar: la costa Este o la Oeste, si vas por el medio seguro no encuentras nada. Por una oportunidad puntual, nosotros fuimos por Chicago, donde no hay una sola puerta abierta. De ahí nos fuimos a Los Ángeles y, después de varios portazos, logramos dar con algunas puertecitas. Hubo una en especial que se nos abrió y era el lugar al que iban a comprar ropa todos los estilistas de Hollywood. Eso fue un trampolín impresionante y totalmente inesperado que nos catapultó.

Suena bastante diferente a la relación que hoy tienen las celebrities con los diseñadores... Sí, porque se ha profesionalizado todo. Yo te hablo hace veinte años, cuando el mundo era más naif y desinteresado. No digo que hace veinte años no se pagara por usar un vestido en los Oscar, pero también pasaba que un estilista salía a comprar, pagaba por la prenda que quería y la usaba. Era más desinteresado.

¿Es difícil reinventarse sin perder la identidad? Sí, es un trabajo. Si tu tienes para reinventarte sólo los elementos que caben en una mesa, seguramente será más difícil que si puedes hacerlo con todos los que quepan en un cuarto. Si sabes que sólo algunos elementos son parte de tu identidad, estás más limitado que si puedes hacer cualquier cosa. Nuestra identidad está en el uso del color y en la fusión con los materiales. En las siluetas estamos mucho más abiertos porque siempre hemos sido más decoradores que arquitectos.

¿Alguna vez lamentaste no haberte formado en diseño de indumentaria? ¡Esta pregunta no me la han hecho nunca en todos estos años! Creo que el no haber pasado por una escuela me ha dado la libertad de interpretar cosas que seguramente no hubiese interpretado, porque hay muchos credos y mandatos que te marcan. Nosotros hemos tenido mucha libertad y nos ha ido muy bien. Por otro lado, de haber aprendido cosas fundamentales en el oficio seguramente nos hubiera ido muy bien también. De todos modos, ya es tarde para preguntármelo, ¡no voy a entrar en la escuela a los 60! (N. de la R.: se ríe).

texto LUCÍA BENEGAS (lbenegas@atlantida.com.ar) fotos MAXI DIDARI

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