Para Ti

Nosotras & Ellos

Junio 2017

Nosotras & Ellos

En estas columnas sobre la mentira, Nosotras y Ellos juramos decir la verdad y nada más que la verdad… ¿O será que también vamos a mentirnos un poco?

Bolaceros S.A

por QUENA STRAUUS, periodista

Como si todavía retumbara en la mente de todos nosotros el mandato aquel de la infancia (“No digas mentiras”), resulta que cuando efectivamente mandamos cualquiera y sostenemos ante la maestra de nuestro hijo que el nene efectivamente “volaba de fiebre” (por no decir que pasó tirado en la cama jugando con la play), nuestro cuerpo indefectiblemente nos delata. Buchonea, sí. Ergo, por cada cuento chino que vamos destilando hay un detalle de nada (una “microexpresión” que los investigadores de la comunicación no verbal tienen investigado desde hace añares) que revela la verdad. Puede ser una sonrisa, un dedo que va a la nariz o a la boca como callando algo, un extraño vibrar en éste o el otro párpado, un loco temblor de orejas, lo que sea. Es la verdad encerrada en nosotros mismos y manoteando alguna parte de nuestro cuerpo frenéticamente, como para avisarle al prójimo que no somos de fiar. No sé qué género miente mejor. Creo, en realidad, que los maestros de la mentira se dan entre hombres y mujeres casi en partes iguales. Y, de la misma manera, los que somos estrepitosamente malos al hacerlo también formamos para uno y otro género. Lo encantador de los varones es que el mentiroso se nota al toque: desvía la mirada como perro que volteó la olla, aflauta la voz, sale disparado hacia la cocina apenas empieza a hablar, se refugia en el baño y miente a puerta cerrada. Nosotras solemos exagerar tanto (nos sentimos MUY mal, llegamos MUY tarde, tenemos MUCHO sueño, nos duele MUCHO la cabeza) que se nos nota el truco enseguida. Y, en cualquier caso, a la vergüenza de la mentira debemos sumarle el agraviante de la pésima actuación. ¿Querés más castigo que ése?

Todos mentimos

por LUIS BUERO

"Todos mienten”, aseguraba el personaje Dr. House. Y aunque se refería a sus pacientes, yo le doy la razón, en general. Todos alguna vez mentimos. ¿Por qué? ¿Nuestras excusas son las mentiras que nos vendieron nuestros miedos? ¿Es el famoso Ideal del Yo impuesto que nos obliga a simular? ¿Son los sueños diurnos que no logramos cumplir y estos se nos vuelven insoportables? No me interesa hablar aquí del embuste del político corrupto en elecciones, o del corredor inmobiliario que te quiere vender una casa podrida por la humedad como si fuera un castillo, o el comerciante que te falsea el peso del kilo de fruta en la balanza. Me llama más la atención el autoengaño, el delirio que provoca la neurosis narcisista en Facebook, la autoficción que inunda el mentir la experiencia vivida en una charla o en una imagen fotográfica que simula una felicidad ficticia.

Pero para darle humor al tema vayamos a algunas de las mentiras más comunes que nos dicen Ellas en la vida: “Antes de vos estuve sólo con un chico”. “Hacé como quieras que no me molesta”. “¡Qué simpática tu ex!” “Salgo en dos minutos”. “No me pasa nada. Es mi mejor amigo y no me desea”. “A esa fiesta vamos todas mujeres”. “El tamaño no importa”. “Contame que no me voy a enojar”… ¿Sigo? Mejor no. Y ahora vayamos a las que Nosotros les decimos a Ellas: “No estoy casado”. “Es la primera vez que me pasa”. “Mañana te llamo”. “Sí, fui al cine con ella, pero ¡no pasó nada!” “Nunca fui infiel”. “Te mando mi foto actual”. “Tu mamá es amorosa”. “¡Sos tan distinta a todas las demás!” “Te juro que es la última vez”. ¡Menos mal que la mentira tiene patas cortas!

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