Para Ti

Nosotras & Ellos

Junio 2017

Nosotras & Ellos

Con el Día del padre en la cabeza, Nosotras y Ellos hablamos de los papás de hoy y de los pros y contras de ser “tan sensibles”, tan cerca de sus hijos y tan lejos de sus antecesores

Mi papu sensibloide

por QUENA STRAUSS, periodista

Yo sé que los papás de ahora (comparados con los de antaño) pueden lucir engañosamente encantadores. Sé también que si nos remontamos más atrás nos toparemos con modelos de padre para perder de vista: distantes, a veces violentos y, en general, poco dados a aupar a sus niños. Pero el tiempo ha pasado y sospecho que sólo entre abuelos y bisabuelos podrían rastrearse ejemplares así de desagradables. Desde ese entonces el material paterno no ha cesado de mejorar: los padres de hoy abrazan y miman por igual a hijos e hijas, y sólo especímenes por demás primitivos repiten aquello de que “los hombres no lloran” delante de un nene de seis años que berrea porque lo reventaron a goles en el partido del jueves. Así y todo, algunas vertientes de la paternidad actual me saturan bastante.

El sensibloide me tiene patilluda. ¿Viste ese grandulón que llora a moco tendido cada vez que ve Valiente y pide “abrazo de oso”? Bueno, ése. Pasado de emoción y de agua, el papu sensibloide es fácil de reconocer porque en las fiestas del colegio canjea encantado el rol de parrillero o de seguridad por el de responsable del guardarropas (¡le encanta colgar pilchas al tipo!) o por el de barman, o por el de –así se autodefinirá– “responsable de verdes y ensaladas”. ¡Tan suave, tan “emocional”, tan flow todo él! Tan todo que a mí sinceramente me harta de sólo verlo, y termino compadeciendo a la pobre nena a la que le ha tocado en suerte un padre así. Porque, imaginate: con alguien así vas a tener que estar midiendo todo el tiempo lo que hacés y lo que decís. ¡No sea cosa que le digas que no lo querés hasta el cielo ida y vuelta, infinito punto rojo, y el tipo se te largue a llorar! 

Desafío a la autoridad

por LUIS BUERO, periodista

En algunas semanas vamos a festejar el tradicional Día del padre. Pero yo le cambiaría el nombre a la fecha y la llamaría El Día de la Función Paterna. Ya sé que no es comercial ni ayuda al marketing de venta de perfumes y celulares, pero seguro despertaría en algún hombre un inevitable cuestionamiento del tipo: “¿qué estoy haciendo?”

Mi abuela me contaba que su padre (mi bisabuelo) a su padre (mi tatarabuelo) lo trataba de usted, y se dirigía al mismo nombrándolo “señor”. Obviamente que esto no condice con los pibes actuales que le dicen bolú al papá o lo califican de re gede –que significa: muy pesado– cuando muy esporádicamente les pone un límite.

La declinación de la autoridad paterna no significa sólo que muchos padres de tan permisivos o compinches con sus críos se vuelven “mamus”, sino que en muchos casos están ausentes… Ocupados en sus asuntos, dejan que a la autoridad la ejerza el docente o el psicólogo analista, quienes no son obligatoriamente sustitutos del padre, pero terminan sufriendo el mismo deterioro en su imagen.

De ahí que no es extraño que un alumno terciario me exclame “¿es una joda, Buero?” cuando como docente les doy a cumplir un ejercicio práctico, o que uno de sus compañeros se pase la clase escuchando música con sus auriculares y haciendo movimientos de cabeza al compás de la misma. Eso sí, nunca me pegan porque soy grandote y corpulento. Ayer y hoy el padre debería ser “representante de la Ley”, una brújula para el hijo, dar los “títulos de la virilidad” al varón y su don de amor a la hija para el reconocimiento de su feminidad. ¡Tamaña función! 

¿Te gustó esta nota? Compartíla:
Comentarios
Editorial Televisa
Editorial Atlántida
©2013 PARA TI ONLINE. Todos los derechos reservados.