n casi la mitad de las parejas que no pueden tener hijos, el problema
está en el hombre". El Dr. Santiago Brugo Olmedo, andrólogo y especialista
en Medicina Reproductiva, director del Laboratorio de Embriología del CEGyR
(Centro de Estudios en Ginecología y Reproducción) y autor del libro sobre
infertilidad masculina También es asunto de hombres nos sorprende con su primera
frase. ¡¿Casi la mitad?!… El Dr. Brugo Olmedo insiste y explica el dato: "Una
de cada 6 parejas es infértil: un 30 % por algún problema en la mujer, otro 30 %
por algún problema en el hombre y un 30 % por causas en los dos; en el 10 %
restante la esterilidad puede ser sin causa aparente".
Entonces, ¿por qué cuando una pareja "no puede quedar embarazada", se
tiende a creer a priori que ella es la que tiene problemas y no él? ¿Por qué al
cumplirse un año de tener relaciones sin cuidarse y tras intentos fallidos de
embarazo es a ella a quien por lo general se le indica que haga una consulta con
el especialista? ¿Por qué es la mujer la que debuta con toda la batería de
exámenes, estudios y análisis? ¿Y por qué recién cuando se descartan todas las
posibles causas de esterilidad en ella se lo estudia a él? Brugo Olmedo recurre
a la historia: "En otros tiempos se pensaba que prácticamente todos los
trastornos de la fertilidad eran causados por fallas de la mujer y que el hombre
era sano en tanto podía eyacular. Pero con el desarrollo de la Andrología en los
años ´50, se descubrió que los problemas masculinos eran más frecuentes de lo
que se pensaba", cuenta Brugo Olmedo. "También se creía que los
trastornos de la fertilidad estaban asociados con la impotencia, pero ese mito
fue desapareciendo", agrega. "Por otra parte, casi nadie habla de la
infertilidad masculina. Encima el varón tiene muchas dificultades para vivir su
problema. Se guarda su drama y es incapaz de compartirlo con alguien. A veces,
ni siquiera con su propia mujer".
En eso, la actitud de la mujer es diferente a la de los varones, simplemente
porque su psicología es distinta. Pero eso no quiere decir que a él le preocupe
menos el problema de la infertilidad. Darío Fernández, psicólogo del CEGyR, lo
explica así: "La infertilidad ha sido catalogada como uno de los eventos más
dolorosos de la experiencia humana, comparable en su impacto a la muerte de un
padre o al sufrimiento psíquico que produce el padecer una enfermedad terminal.
Y aunque lo manifiestan de diferente manera, lo sufren por igual hombres y
mujeres. Ellas hablan de su problema y comparten el asunto con los demás. En
cambio, ellos sufren en silencio, hablan poco y son reservados". A veces
esto acarrea conflictos en la pareja, porque al ver la actitud del varón, la
mujer cree que él no está tan comprometido con el tema. "Contrariamente a lo
que se cree, la experiencia en el consultorio indica que cuando el hombre está
más enchufado en actividades relacionadas con su mundo exterior (el trabajo, el
fútbol, la computadora, los amigos), es porque se siente más preocupado por el
asunto de la infertilidad. Y un mito a desterrar es ese que dice que la
infertilidad destruye parejas. Todo lo contrario", asegura Fernández.
Aunque muchas veces cuando el embarazo no se logra los conflictos de pareja
no tardan en aparecer. La frase "a vos no te interesa tener un hijo tanto
como a mí" es muy común en parejas que tienen este problema. "Esta frase
es hija del silencio -agrega Fernández-. Silencio provocado por la
necesidad del hombre de estar en posición de sostén de su mujer y por el temor
de que si le confiesa que él también está mal o preocupado, su pareja puede
sentirse aún peor". Para este tipo de situación, Fernández sugiere una
estrategia planteada por una colega norteamericana llamada Merle Bombardieri,
quien propone un modo de compensar los problemas de comunicación que se dan en
la pareja en torno al tema de tener hijos. "Se llama la 'Regla de los veinte
minutos'. Consiste en pactar momentos concretos de la semana para hablar del
tema, durante veinte minutos. Con reloj de por medio se hacen dos monólogos
acerca de lo que tengan ganas de decir sobre el asunto. Esta regla se completa
con la prohibición de hablar del tema el resto del tiempo", dice.
¿Qué siente el hombre frente a un diagnóstico de infertilidad? "De alguna
manera se siente 'menos' y quizás esto tenga una base en la confusión que se
establece al confundir virilidad con capacidad reproductiva", sostiene el
psicólogo. "En este caso, la mujer deberá ir con el tirabuzón intentando
promover el diálogo", responde Fernández. Pero aclara que es importante
respetar esos momentos en que "el hombre parece estar en la luna, que se
relaja, que busca escaparse del tema". Por eso insiste con que un método del
tipo "la regla de los veinte minutos" puede ser una buena alternativa.
Por otra parte, asegura que la mujer tendría que insistirle al hombre para que
acuda al psicólogo y alentarlo a permitirse llorar y sentirse débil. "Lo más
importante en estos casos es entender que no hay culpa, porque la infertilidad
no es una acción consciente para dañar la felicidad", concluye Fernández.
Para la Dra. Susana Kopelman, especialista en endocrinología ginecológica y
reproducción del CEGyR "En la mayoría de los casos se necesitan varios meses
para valorar la efectividad del tratamiento realizado y no cabe más que esperar.
Durante este tiempo de espera es conveniente que la pareja, si así lo siente,
reciba cierto apoyo psicológico. La mujer debe comprender, apoyar y acompañar a
su pareja".
"¿Debemos tratar al hombre o sus espermatozoides?", se pregunta la
Dra. Stella Lancuba, directora médica de CIMER (Centro de Investigaciones en
Medicina Reproductiva). Y responde: "Existen numerosas alteraciones
espermáticas en las cuales no es posible determinar la causa (50 % de los
casos). El método ICSI (inyección citoplasmática de esperma) hoy reemplaza y
supera la eficacia de otros ya que alcanza una probabilidad de embarazo de hasta
50 % por ciclo. En el presente y en el futuro, las soluciones terapeúticas en
fertilidad deben brindarse dentro de un marco integrador de la pareja acompañado
por una altísima eficacia. En estos casos se necesita mucha ciencia, pero
también muchísimo corazón para ayudar a las parejas a dar a luz a un bebé
saludable".
De hacer el amor a hacer bebés
Cuando una pareja tiene problemas para concebir, hacer el amor se transforma
en todo un trabajo: hay que tener relaciones cuando la mujer está en su ciclo
fértil y no de manera espontánea, cuando se tiene ganas. "Hay que tener
relaciones porque 'es el día', y lo que antes era un placer se transforma en un
deber", explica el Dr. Brugo Olmedo. En estas condiciones, a veces el
resultado no es el esperado: "Es común que el hombre tenga problemas de
erección, le cueste llegar al orgasmo o que tenga eyaculación precoz. La mujer
puede sentir dolor durante la penetración y también tener problemas con el
orgasmo", explica el doctor. Darío Fernández recomienda "no recargar la
ansiedad. Hay que entender que esta disminución de la respuesta sexual es
consecuencia de lo que en sexología se llama 'sexo a demanda' y hay que evitar
interpretarlo como un problema personal o de pareja. En general, la sexualidad
se recupera cuando vuelve a ser espontánea". Para la Dra. Susana Kopelman, "el
camino hacia el embarazo debe ser recorrido por ambos miembros de la pareja y si
es el varón aquel que presenta el principal problema, queda en manos de la mujer
realizar todas las evaluaciones que el profesional considere necesarias,
prevenir ciertas alteraciones con la ingesta de ácido fólico y acompañar a su
pareja sin que nadie se sienta único responsable del problema, ya que el
embarazo es un logro de a dos".
La Dra. Stella Lancuba coincide: "El problema, en definitiva, es de la
pareja y su resolución dependerá de la interacción de la misma. La búsqueda del
embarazo debe basarse en tres pilares fundamentales: una excelente capacitación
científica, el uso de la tecnología de avanzada y el acompañamiento emocional
del equipo profesional hacia la pareja, brindando soluciones en un corto tiempo
(45 días), con un método indoloro y de altísima eficacia desde el inicio (50 a
60 %)". Y sostiene que "debido a que en la totalidad de los casos es la
mujer quien 'debe poner el cuerpo', el tratamiento del varón no puede ser
aislado y las soluciones deben enfocarse desde una mirada integral de la pareja,
teniendo en cuenta la edad de la mujer y el tiempo de búsqueda, entre otras
causas, y no como una alteración aislada de la calidad o cantidad de
espermatozoides".
Hoy existen varias novedades científicas sobre el tema. El Dr. Brugo Olmedo
comenta: "La infertilidad masculina parecía haber hallado su gran solución
hace unos 12 años, cuando comenzó a utilizarse el método ICSI. Sin embargo, la
experiencia indica que en ciertos casos existe el riesgo de generar 'embriones
caóticos' -con múltiples anomalías genéticas- que debería evaluarse mediante un
diagnóstico genético preimplantacional". Este método, considerado de "alta
complejidad", consiste en la microinyección de espermatozoides -recuperados
de la eyaculación o directamente del testículo- dentro del ovocito. Previamente,
a la mujer se le realiza una estimulación ovárica y se aspiran los óvulos por
vía ecográfica transvaginal. Los embriones son transferidos al útero a las 48 a
72 horas, de forma ambulatoria e indolora. Pero Brugo Olmedo aclara que "hoy
puede estudiarse el embrión antes de ser colocado en el útero para conocer su
estado genético". Esta técnica se llama Diagnóstico Genético
Preimplantatorio (PGD, su sigla en inglés). Por otra parte, el especialista
comentó que los hombres podrían recuperar la fertilidad mediante el trasplante
de células madres. "Estas células pueden ser de un donante o propias. Hasta
ahora se ha logrado en ratones y en monos, pero confiamos en que en un breve
plazo podremos realizar este proceso en humanos, aunque todavía está en fase de
experimentación", sostiene el Dr. Brugo Olmedo. Esta técnica permitiría
cambiar la vida de los miles de hombres que en la actualidad deben recurrir a
congelación de semen o donación para poder concebir un hijo. "Muchos hombres
jóvenes que deben recurrir a quimioterapia y radioterapia se quedan sin
espermatozoides y sin posibilidad futura de fabricarlos. Hasta ahora, lo que se
hace es congelar semen. Con la nueva técnica, el objetivo es hacer una pequeña
biopsia de testículo, extraer espermatogonias -células que generan los
espermatozoides-, congelarlas y, cuando el paciente se cure, trasplantárselas
para que vuelva a producir sus propios espermatozoides. En este caso, la
genética sería la del propio paciente, que recuperaría su fertilidad por
completo", señaló el doctor Brugo Olmedo. Además existe otro caso, "el
paciente que tuvo algún problema y no tiene espermatozoides. Con el mismo
procedimiento, pero gracias a espermatogonias donadas, comenzaría a fabricar
espermatozoides. En este caso la genética sería la del donante", comentó el
médico. Con estos descubrimientos, la ciencia se acerca a la posible
restauración de la fertilidad en hombres estériles. "La andrología está
cambiando -reflexionó el doctor Brugo Olmedo- y es preciso conocer qué va
a pasar en el futuro con los tratamientos después de la era 'ICSI' (de la
reproducción asistida), porque se habla mucho de los problemas femeninos, pero
no tanto de los masculinos, que en ciertos casos continúan siendo menos
reconocidos".