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Fecha: 29/12/04
"Ahora soy feliz arriba y abajo del escenario"

Paloma Herrera

La estrella argentina del American Ballet acaba de cumplir 29 años: un buen momento para repasar su carrera y su vida en Nueva York. Está sola y espera, sin apuro, que llegue otra vez el amor. Retrato de una mujer positiva a la que no le importan las convenciones, que todavía se siente una quinceañera y vive cada día con absoluta pasión.

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Paloma está quieta, casi quieta, mientras posa para las fotos de Para Ti, y el "casi" hace la diferencia. El cuerpo de Paloma danza, aun estático. Danzan los matices de sus gestos, las pequeñas inflexiones de los dedos, la mínima apertura de las piernas, danza cada partícula del cuerpo. Paloma se parece, por su flacura, al modelo de mujer imperante. Pero, ¿cuál es esa diferencia? Las modelos trabajan para su cuerpo y, en cambio, el cuerpo de Paloma trabaja para ella. Ella es la dueña. "No sigo las modas ni me importa el qué dirán, nunca, sólo hago y uso lo que me gusta", dice. Paloma cumplió 29 años en Buenos Aires el 21 de diciembre, pero desde los 15 vive en Nueva York, con el mismo pelo negro larguísimo.

"Me subo al escenario y soy feliz. No importa el lugar, puede ser el Colón, un teatro chiquito o una función privada para dos personas. Yo salgo a bailar y soy feliz", cuenta. Igual de feliz fue cuando tomaba sus primeras clases a los siete años, cuando le dieron el permiso de residencia en Estados Unidos como "extranjera de extraordinario talento", cuando fue tapa de la revista dominical del "The New York Times" o cuando le hicieron una estatua en el American Ballet Theatre, la compañía de la cual es -desde hace nueve años- protagonista. "A mí nunca me interesaron los reconocimientos, a mí me importa salir al escenario a bailar. Por eso, en mi departamento en Nueva York no tengo absolutamente nada: todos los premios, medallitas y diplomas los traigo para acá y recién cuando llego a Buenos Aires me doy cuenta de lo que coseché".

-¿Qué te gusta hacer cuando estás en Buenos Aires?
-Soy muy familiera y acá está mi casa. Me gusta estar con mi mamá (Marisa), mi papá (Alberto), mi hermana (Marisa, abogada) y mi sobrino (Tobías, de dos años) y también me encanta organizar tés con todas mis primas. Siento que nunca me fui.

-Cumpliste 29. ¿Cómo te sienta el paso del tiempo después de 15 años de carrera?
-A los 18 trabajaba, viajaba, manejaba bancos y cuentas y todo completamente sola, como una persona de 40 años. Pero no tengo problema con la edad porque me siento un poco en las nubes, como si tuviera 15.

-Este año, en la Argentina, hubo un debate con un chico de 12 años, Erik Lamela, a quien habían tentado para jugar en un club de fútbol español. Por tu experiencia, ¿creés que tener muchas responsabilidades desde temprana edad es negativo o que no hay que cortarles las alas a quienes tienen una vocación precoz?
-Creo que la base de todo está en el manejo de la familia. Cuando yo tenía 15 años y me quise ir, mis padres me dijeron: "Hacé lo que te haga feliz". Ellos sabían que bailar en el American Ballet era mi sueño. Pero también me advirtieron: "Si extrañás no te quedes ni un día más, acá está tu casa". Por eso, yo todos los días me levantaba y decía: "Si estoy acá es porque realmente quiero". Jamás mi familia me presionó con una frase del estilo "nosotros te pagamos todo para que vos triunfaras". Esa libertad es la clave de todo.

-¿Esa libertad también te convirtió en una persona tan positiva?
-No sé si soy positiva, pero siempre trato de ver las cosas desde el lado bueno. También se habla mucho del ambiente terrorífico del ballet y para nada es así. Si hay peleas y competencias, no me llegan. Será que me rodeo de gente que tiene buena onda. Son decisiones de cómo uno quiere vivir: todo el mundo les puede buscar el lado negativo a las cosas, pero es mi forma.

-En Nueva York tenés hasta una estatua. ¿Todavía te quedan sueños por cumplir?
-Siempre quedan metas. Todos los días que me levanto y voy a clase porque hay algo para corregir y para aprender, eso es lo lindo.

-Con tanta pasión, ¿los bajones no son también proporcionalmente grandes?
-A los 8 años me quería morir cuando terminaban las clases de danza. Mis padres no me podían arrastrar para que me fuera un mes de vacaciones. Ahora soy feliz arriba y abajo del escenario. Amo lo que hago, pero entendí que cuanto más disfruto del resto de las cosas (la familia, viajar, caminar por la calle, ir al cine, al teatro, leer, escuchar música) más disfruto bailando.

-¿Por qué creés que hay todo un dream team de bailarines argentinos tan exitosos en el mundo?
-La verdad es que no sé, pasa en el American Ballet y en muchas compañías internacionales. En un momento fue una camada de bailarines rusos, pero eso se fue transformando y ahora hay un boom de latinos. Tal vez nosotros tengamos una forma de bailar que al público le llega más. Los norteamericanos, en general, son mucho más fríos.

-¿Cómo ves a la Argentina?
-Yo amo a mi país. No puedo ser objetiva. Me encanta la calidad de vida de acá, a pesar de que mucha gente piensa que es al revés, que en Estados Unidos la calidad de vida es mejor. Yo, que vivo afuera, sé que allá todo el mundo está pendiente del trabajo y nadie se puede sentar a tomar un café con otra persona o darse pequeños placeres de la vida. Tengo otra cultura y trato de aprovechar la vida al 100 %, aunque tenga ensayos y funciones voy a cenar, al cine, a pasear por el Soho…

-Tenés una mirada positiva de la Argentina, pero durante los años noventa hiciste declaraciones criticando duramente la corrupción...
-Sí, no me gustó para nada la corrupción gubernamental. Si las personas de arriba empiezan a robar, ¿qué se espera de los de abajo? Si él lo hace, ¿por qué yo no? Es terrorífico que los que más tienen más roben.

-¿Sentís más confianza ahora en la conducción del país?
-Sí, por lo menos es lo que uno quiere ver. Hace unos años llegaba y todo el mundo venía con una mala onda, súper entendible. Ahora veo buena onda. Pero me parece muy importante que los que tenemos la suerte de vivir de lo que nos gusta ayudemos a los que no tuvieron esa suerte. El problema es que la gente, cuanto más tiene, en vez de ayudar al de al lado, más quiere para sí misma.

Ciudadana del amor

Paloma tiene un fuerte compromiso con la Argentina. Sin embargo, hace dos años se hizo ciudadana norteamericana. Una doble nacionalidad que ella tramitó por amor, por el único -hasta ahora- amor de su vida. Se trata de Alejandro Della Valle, un médico argentino con quien quería casarse para que le dieran el permiso de residencia en Estados Unidos y poder vivir juntos en su departamento del Upper West Side, en Manhattan. La relación se cortó hace un año. "Juré la bandera por una historia de amor. Trato de no hablar de mi vida privada, pero cuento esto porque si no lo explico no se entiende por qué me hice norteamericana", confiesa. Ahora Paloma está sola y sin apuro. No le importan los mandatos sociales que clavan las agujas del reloj en las mujeres de treinta, ni le incomoda la soledad de las noches.

-Cuando se frustró tu historia de amor, ¿te arrepentiste de ser ciudadana norteamearicana?
-No me arrepiento, porque lo que viví no lo cambiaría por nada del mundo. En ese momento fue un amor pleno. Fue una historia de amor maravillosa que dejó de ser lo que era y no me iba a conformar, eso no va con mis principios.

-¿Y ahora te pesa estar sola?
-Para nada. Viví sola toda mi vida y la verdad es que me encanta.

-¿No sentís, como muchas mujeres, que a los treinta suena la alarma para casarse y tener hijos?
-No, para nada, tal vez porque siempre me sentí muy joven. Pero además nunca me importó lo que dijera la gente. Alejandro fue mi primer novio y yo ya tenía 25 años. Todo el mundo me preguntaba: "¿Nada, nada?" Y yo estaba súper tranquila. Estoy muy bien sola y me encantaría poder enamorarme, pero de la forma en que yo quiero. No voy a estar con alguien sólo por estar.

-¿Sentís que la maternidad puede llegar a ser un obstáculo en tu carrera?
-Todo se puede balancear, porque cuando estuve en pareja en ningún momento sentí que me desconcentraba en mi carrera.

-Con tu estilo de vida y tu profesión, la expectativa en el amor también debe ser muy alta ¿no?
-Puede ser eso. También es verdad que Nueva York es una ciudad que me encanta, pero es muy difícil y yo soy argentina… No es fácil encontrar pareja, pero nada es imposible. Ya va a llegar.


Texto Luciana Peker Fotos Ezequiel Escalante