aloma está quieta, casi quieta, mientras posa para las fotos de Para Ti, y
el "casi" hace la diferencia. El cuerpo de Paloma danza, aun estático.
Danzan los matices de sus gestos, las pequeñas inflexiones de los dedos, la
mínima apertura de las piernas, danza cada partícula del cuerpo. Paloma se
parece, por su flacura, al modelo de mujer imperante. Pero, ¿cuál es esa
diferencia? Las modelos trabajan para su cuerpo y, en cambio, el cuerpo de
Paloma trabaja para ella. Ella es la dueña. "No sigo las modas ni me importa
el qué dirán, nunca, sólo hago y uso lo que me gusta", dice. Paloma cumplió
29 años en Buenos Aires el 21 de diciembre, pero desde los 15 vive en Nueva York,
con el mismo pelo negro larguísimo.
"Me subo al escenario y soy feliz. No importa el lugar, puede ser el
Colón, un teatro chiquito o una función privada para dos personas. Yo salgo a
bailar y soy feliz", cuenta. Igual de feliz fue cuando tomaba sus primeras
clases a los siete años, cuando le dieron el permiso de residencia en Estados
Unidos como "extranjera de extraordinario talento", cuando fue tapa de la
revista dominical del "The New York Times" o cuando le hicieron una
estatua en el American Ballet Theatre, la compañía de la cual es -desde
hace nueve años- protagonista. "A mí nunca me interesaron los
reconocimientos, a mí me importa salir al escenario a bailar. Por eso, en mi
departamento en Nueva York no tengo absolutamente nada: todos los premios,
medallitas y diplomas los traigo para acá y recién cuando llego a Buenos Aires
me doy cuenta de lo que coseché".
-¿Qué te gusta hacer cuando estás en Buenos Aires?
-Soy muy familiera y acá está mi casa. Me gusta estar con mi mamá (Marisa),
mi papá (Alberto), mi hermana (Marisa, abogada) y mi sobrino (Tobías, de dos
años) y también me encanta organizar tés con todas mis primas. Siento que nunca
me fui.
-Cumpliste 29. ¿Cómo te sienta el paso del tiempo después de 15 años de
carrera?
-A los 18 trabajaba, viajaba, manejaba bancos y cuentas y todo completamente
sola, como una persona de 40 años. Pero no tengo problema con la edad porque me
siento un poco en las nubes, como si tuviera 15.
-Este año, en la Argentina, hubo un debate con un chico de 12 años, Erik
Lamela, a quien habían tentado para jugar en un club de fútbol español. Por tu
experiencia, ¿creés que tener muchas responsabilidades desde temprana edad es
negativo o que no hay que cortarles las alas a quienes tienen una vocación
precoz?
-Creo que la base de todo está en el manejo de la familia. Cuando yo tenía
15 años y me quise ir, mis padres me dijeron: "Hacé lo que te haga feliz".
Ellos sabían que bailar en el American Ballet era mi sueño. Pero también me
advirtieron: "Si extrañás no te quedes ni un día más, acá está tu casa".
Por eso, yo todos los días me levantaba y decía: "Si estoy acá es porque
realmente quiero". Jamás mi familia me presionó con una frase del estilo "nosotros
te pagamos todo para que vos triunfaras". Esa libertad es la clave de todo.
-¿Esa libertad también te convirtió en una persona tan positiva?
-No sé si soy positiva, pero siempre trato de ver las cosas desde el lado
bueno. También se habla mucho del ambiente terrorífico del ballet y para nada es
así. Si hay peleas y competencias, no me llegan. Será que me rodeo de gente que
tiene buena onda. Son decisiones de cómo uno quiere vivir: todo el mundo les
puede buscar el lado negativo a las cosas, pero es mi forma.
-En Nueva York tenés hasta una estatua. ¿Todavía te quedan sueños por
cumplir?
-Siempre quedan metas. Todos los días que me levanto y voy a clase porque
hay algo para corregir y para aprender, eso es lo lindo.
-Con tanta pasión, ¿los bajones no son también proporcionalmente grandes?
-A los 8 años me quería morir cuando terminaban las clases de danza. Mis
padres no me podían arrastrar para que me fuera un mes de vacaciones. Ahora soy
feliz arriba y abajo del escenario. Amo lo que hago, pero entendí que cuanto más
disfruto del resto de las cosas (la familia, viajar, caminar por la calle, ir al
cine, al teatro, leer, escuchar música) más disfruto bailando.
-¿Por qué creés que hay todo un dream team de bailarines argentinos tan
exitosos en el mundo?
-La verdad es que no sé, pasa en el American Ballet y en muchas compañías
internacionales. En un momento fue una camada de bailarines rusos, pero eso se
fue transformando y ahora hay un boom de latinos. Tal vez nosotros tengamos una
forma de bailar que al público le llega más. Los norteamericanos, en general,
son mucho más fríos.
-¿Cómo ves a la Argentina?
-Yo amo a mi país. No puedo ser objetiva. Me encanta la calidad de vida de
acá, a pesar de que mucha gente piensa que es al revés, que en Estados Unidos la
calidad de vida es mejor. Yo, que vivo afuera, sé que allá todo el mundo está
pendiente del trabajo y nadie se puede sentar a tomar un café con otra persona o
darse pequeños placeres de la vida. Tengo otra cultura y trato de aprovechar la
vida al 100 %, aunque tenga ensayos y funciones voy a cenar, al cine, a pasear
por el Soho…
-Tenés una mirada positiva de la Argentina, pero durante los años noventa
hiciste declaraciones criticando duramente la corrupción...
-Sí, no me gustó para nada la corrupción gubernamental. Si las personas de
arriba empiezan a robar, ¿qué se espera de los de abajo? Si él lo hace, ¿por qué
yo no? Es terrorífico que los que más tienen más roben.
-¿Sentís más confianza ahora en la conducción del país?
-Sí, por lo menos es lo que uno quiere ver. Hace unos años llegaba y todo el
mundo venía con una mala onda, súper entendible. Ahora veo buena onda. Pero me
parece muy importante que los que tenemos la suerte de vivir de lo que nos gusta
ayudemos a los que no tuvieron esa suerte. El problema es que la gente, cuanto
más tiene, en vez de ayudar al de al lado, más quiere para sí misma.
Ciudadana del amor
Paloma tiene un fuerte compromiso con la Argentina. Sin embargo, hace dos
años se hizo ciudadana norteamericana. Una doble nacionalidad que ella tramitó
por amor, por el único -hasta ahora- amor de su vida. Se trata de Alejandro
Della Valle, un médico argentino con quien quería casarse para que le dieran el
permiso de residencia en Estados Unidos y poder vivir juntos en su departamento
del Upper West Side, en Manhattan. La relación se cortó hace un año. "Juré la
bandera por una historia de amor. Trato de no hablar de mi vida privada, pero
cuento esto porque si no lo explico no se entiende por qué me hice
norteamericana", confiesa. Ahora Paloma está sola y sin apuro. No le
importan los mandatos sociales que clavan las agujas del reloj en las mujeres de
treinta, ni le incomoda la soledad de las noches.
-Cuando se frustró tu historia de amor, ¿te arrepentiste de ser ciudadana
norteamearicana?
-No me arrepiento, porque lo que viví no lo cambiaría por nada del mundo. En
ese momento fue un amor pleno. Fue una historia de amor maravillosa que dejó de
ser lo que era y no me iba a conformar, eso no va con mis principios.
-¿Y ahora te pesa estar sola?
-Para nada. Viví sola toda mi vida y la verdad es que me encanta.
-¿No sentís, como muchas mujeres, que a los treinta suena la alarma para
casarse y tener hijos?
-No, para nada, tal vez porque siempre me sentí muy joven. Pero además nunca
me importó lo que dijera la gente. Alejandro fue mi primer novio y yo ya tenía
25 años. Todo el mundo me preguntaba: "¿Nada, nada?" Y yo estaba súper
tranquila. Estoy muy bien sola y me encantaría poder enamorarme, pero de la
forma en que yo quiero. No voy a estar con alguien sólo por estar.
-¿Sentís que la maternidad puede llegar a ser un obstáculo en tu carrera?
-Todo se puede balancear, porque cuando estuve en pareja en ningún momento
sentí que me desconcentraba en mi carrera.
-Con tu estilo de vida y tu profesión, la expectativa en el amor también
debe ser muy alta ¿no?
-Puede ser eso. También es verdad que Nueva York es una ciudad que me
encanta, pero es muy difícil y yo soy argentina… No es fácil encontrar pareja,
pero nada es imposible. Ya va a llegar.