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Fecha: 08/07/05
"En la cancha intento divertir me. La plata la dejo de lado"

Lionel Messi

Fue la figura del seleccionado Sub 20 que acaba de consagrarse campeón mundial en Holanda. Es el nuevo héroe del fútbol argentino -comparado con Maradona-, con todo para hacer historia. Y la suya comenzó con muchas dificultades: durante la adolescencia padeció un problema óseo que le deparó muchos gastos a su familia y sufrimiento. Más tarde, fue contratado por el poderoso club español Barcelona,
que acaba de ponerle un precio altísimo: 150 millones de euros.

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El joven maravilla
Si no fuera porque el sábado pasado millones de telespectadores lo vieron por televisión, muy pocos conocerían su cara y su nombre. Si no fuera porque el sábado pasado le metió dos penales certeros al arquero de la selección de Nigeria, muy pocos sabrían que los expertos en fútbol en todo el mundo lo consideran una "joya en bruto". Si no fuera porque su "izquierda de oro", sus "gambetas fulminantes", su técnica y su liderazgo valen -como mínimo- 150 millones de euros, Lionel Messi estaría en Rosario, adueñándose de las calles de su barrio, sorprendiendo a sus primos y amigos con cada jugada. O yendo a la cancha de Newell's Old Boys, su pasión. Y si no fuera porque ahora no hace más que dar entrevistas, firmar autógrafos y estrechar la mano de cuanta persona lo reconozca, Lionel seguro estaría en su casa, escuchando las cumbias de Cali, el idolatrado grupo santafesino.

Pero ahora está huyendo de la gente porque la timidez lo vence. Le hace bajar la cabeza. Hace que mire casi de costado. Pero claro, él es Lio Messi, tiene 18 años y está donde está. ¿Dónde? En la cima, donde cualquier jugador de fútbol quiere estar. Tan arriba está que hoy los grandes medios dicen que él es "el crack del futuro (…) Tiene una clase fuera de lo común" (Joan Maria Battle, de un periódico catalán). "El nuevo fenómeno fue designado por Diego Maradona como su heredero" (La Gazzetta dello Sport). ¿Algo más? El Marca de España lo considera un jugador adelantado a su época y la BBC de Londres y el AS de España lo califican como decisivo y, otra vez, lo comparan con Maradona.
¿Qué hizo para que todos hablen de él? Lionel se consagró como la figura clave del Mundial Sub 20 que se jugó en Holanda. Con sus goles, la Selección Juvenil dirigida por Francisco Ferraro logró por quinta vez ser campeona mundial. Pieza fundamental del equipo, Lionel recibió el Botín de Oro por ser el goleador del torneo. Y los periodistas acreditados allá le otorgaron el Balón de Oro al mejor jugador del torneo.

"Todavía no me doy cuenta de lo que me está pasando. Siento la misma sensación de irrealidad que tuve cuando estuve en el Sudamericano", dice a Para Ti Lionel Messi. Habla despacito. Su voz, casi inaudible, se mezcla con el cansancio de horas de avión y emociones. "Es muy lindo que te reconozcan -reconoce con humildad, y agrega-: trabajé mucho para conseguir este sueño. Todo me costó porque estaba lejos de mi familia y mi país".

En la vida de Lionel el esfuerzo es una palabra que se escribe con mayúsculas. Porque, allá en Rosario, justo cuando su futuro como futbolista se perfilaba como cosa seria, apareció un problema de crecimiento óseo: una enfermedad del sistema nervioso central que afecta el correcto funcionamiento del hipotálamo. "A los 13 años medía 1,40 m. porque tenía las hormonas dormidas", explica él mismo, sentado en el lobby del Hotel Hilton de Puerto Madero. Fue por eso que sus amigos del barrio lo apodaron Pulga y fue por eso que su padre, Jorge Messi, por entonces empleado de la empresa Acindar, se obstinó en encarar un costoso tratamiento hormonal para que su hijo no sólo elevara los centímetros que le faltaban, sino que, además, cumpliera su sueño. Si eso significaba dejar la Argentina, eso haría. Hoy ya dejó atrás dos años y medio de inyecciones de hormonas en sus piernas; aseguran que llegó al 1,70 m. y es figura del Barcelona, y dice que "la altura nunca fue un problema para mí. Yo sabía que iba a crecer… Tal vez más despacio. Lo que sí siempre tuve en claro fue mi sueño de seguir jugando. Nunca bajé los brazos".

-¿Alguna vez se te ocurrió pensar en abandonar la pelea?
-No. Desde chiquito, mi sueño era llegar a jugar en primera, con la selección y ganar un mundial. Este año todo se me dio. Jugué el mundial y, encima, lo ganamos. Realmente, cumplí mi sueño.

UN ROSARINO DE ORO.  Lionel Andrés Messi está acurrucado en un sillón claro e inmenso. A falta de una pelota, agarra fuerte entre sus brazos un almohadón que no soltará en todo el tiempo que dure la charla con Para Ti. El mundo lo aclama, lo llena de premios y Lio está ahí, imperturbable, tímido, callado, en ese sillón. "No se la cree. El es un grande pero no cambió: es un pibe humilde que prefiere estar siempre con sus afectos", dice su primo Maxi, que también juega al fútbol profesional y lo fue a esperar a Ezeiza. Lio es tan tímido que lleva cinco años viviendo en Barcelona y todavía no se anima a hablar el catalán. ¿Si tiene novia? El prefiere aferrarse al almohadón y pedir: "Esa pregunta saquémosla, ¿sí?".

Es el tercero de los cuatro hijos de Celia y Jorge Messi: Rodrigo (24), Matías (22) y Marisol (10). Nació el 24 de junio de 1987 en Rosario, hizo el jardín y la primaria en la Escuela Nº 66 Las Heras, en el barrio La Bajada, en la zona sur de Rosario. A los 3 años ya jugaba a la pelota. Lo hacía tan bien que, dos años después, su papá lo llevó al club Grandoli. "Todos querían tenerlo en su equipo: no es para menos, ¡si jugaba solo!", recuerdan sus amigos rosarinos. A los 7, su hermano Rodrigo lo acercó a las inferiores de Newell's Old Boys. Estuvo allí hasta los 13, cuando su familia notó su problema de crecimiento. Al principio, la Fundación Acindar ayudó a su familia a costear los medicamentos.

Hasta que en 2000, Lionel -con 14 años- y su padre llegaron a Barcelona. El técnico Carlos Rexach quedó impresionado con la habilidad del chico e inmediatamente lo sumó a las inferiores del Barça, que accedió a pagarle los remedios. En 2003 debutó en la primera división del Barcelona en un amistoso ante el Porto de Portugal. El 1º de mayo del año pasado -con 17 años, 10 meses y 7 días- se convirtió en el jugador más joven en la historia del Barcelona en hacer un gol en un partido oficial. Y las comparaciones con Maradona no son exageradas: ambos son zurdos, son bajitos, arman jugadas que definen partidos y dejan a sus propios compañeros mirándolos. Como si esto fuera poco, si José Pekerman convoca a Messi para que juegue el amistoso del seleccionado mayor frente a Hungría el próximo 17 de agosto, estará repitiendo la misma historia de El Diego, quien debutó en la selección mayor ante el mismo rival en 1977. El, sin embargo, es de una generación que creció ya sin verlo jugar a Maradona: "A Maradona lo vi sobre todo en muchos videos. A quien admiro es a Pablo Aimar".

-¿Qué sentís cuando te dicen que sos el futuro Maradona?
-Es un halago que me comparen con el mejor, el más grande del mundo. Te hace sentir bien y te da ganas de seguir trabajando y aprendiendo.

-¿Cómo hacés para que tanto elogio no "se te suba a la cabeza"?
-Yo estoy tranquilo. Para mí, lo más importante es tener a mi familia cerca. Esa es la clave para que no se me suba la fama a la cabeza. Mis viejos siempre están a mi lado.

-Pero la familia está separada, en Barcelona y Rosario…
-En el año 2000 toda mi familia viajó a Barcelona. Pero seis meses después mi mamá se volvió con mi hermano Matías y con mi hermanita, Marisol, que extrañaba mucho. Ella no se adaptaba ni a la escuela ni al catalán. En este momento yo vivo en Barcelona, en un departamento que alquilamos en Camp Nou, cerca del club, con mi papá y mi hermano mayor, Rodrigo, que es chef. Vivir con la familia así es muy difícil, pero por suerte veo a mi mamá y a mis hermanos bastante seguido. Eso me reconforta.

-¿Cómo se vive sabiendo que en la cancha valés 150 millones de euros?
-En la cancha intento divertirme, y la plata la dejo de lado. Me parece que trabajé mucho para conseguir estar acá. Pero también es verdad que tengo que agradecer a Dios por todas las cosas que me dio y que me sigue dando.


[ Texto A. Gallardo/M. F. Sanguinetti Fotos Manuel Pereyra/AP ]

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