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Fecha: 12/10/07
“Mis alumnas están enamoradas de mi hermano y me piden que se lo presente”
María de la Paz Hernández
Ella es Leona e integra el seleccionado femenino de hockey, y su hermano Juan Martín es Puma y una de las figuras del seleccionado de rugby, gran protagonista de la Copa Mundial que se está jugando en Francia. Aquí, la historia de dos campeones en una misma familia…
Frente al televisor, está a los gritos y a puro nervio durante los 80 minutos que dura el partido. Sobre el final, las agujas del reloj parecen detenerse. “¡Vamos, Juan, aguanten un poco más!”, grita desesperada. Allá en Francia está él, sacando fuerzas de donde ya no quedan, poniéndose el equipo al hombro frente a un rival que no da respiro. Pitazo final del árbitro. Después de tanto sufrimiento, ¡a festejar! Argentina, por primera vez en su historia, es semifinalista de la Copa del Mundo de Rugby. Y enseguida aparece el primer plano del rostro familiar, cansado pero feliz. Con la mirada clavada en la pantalla –y a miles de kilómetros de distancia–, ella lo mira emocionada. Los hermanos María de la Paz (30, jugadora del seleccionado de Hockey y docente de educación física) y Juan Martín Hernández (25, Puma) están tan lejos y tan cerca. “Apenas terminó el partido, lo llamamos por teléfono. ¡Estaba re contento y muy cansado! Pobre, ni siquiera se iba a festejar después”, cuenta –todavía eufórica– María, quien sabe también de logros deportivos emocionantes con la “celeste y blanca”: como integrante de Las Leonas, el seleccionado femenino de hockey campeón del mundo en 2002, supo despertar el fervor de un pueblo que comenzó a seguir la carrera de las chicas. “Luego del mundial de 2002, un montón de chicas empezaron a anotarse para jugar al hockey en los clubes”, dice para reconfirmar la popularidad.
Pero ahora la gloria golpea la puerta de su hermano, el fullback del equipo Stade Français y una de las figuras de Los Pumas. Porque Juan Martín es “el Maradona del rugby” (lleva en su camiseta el número 10). Por lo menos así lo bautizó la propia gente durante el encuentro que Los Pumas disputaron recientemente frente al seleccionado de Irlanda. Cada vez que el Puma hacía una jugada destacada, desde la tribuna argentina bajaba el aliento de “¡Maradooó, Maradooó!…”. La Federación Internacional de Rugby anunció que Hernández y su compañero Felipe Contepomi están nominados para integrar el ranking de los cinco jugadores del año. María pensaba viajar a Francia si llegaban a la final, pero ahora acaba de cambiar sus planes. “Voy a viajar para ver la semifinal contra Sudáfrica. Quiero estar ahí para alentarlo”, cuenta ella con una sonrisa y dando su propio pronóstico: “Si bien es difícil, creo que podemos ganarle”.
Cuna deportiva
El deporte ocupa un lugar importantísimo en la vida de este Puma y esta Leona. Son hijos de Miguel Hernández (56), rugbier y profesor de educación física. Maripi –como le dicen a ella– también es profesora de educación física y empezó a jugar hockey a los 6, mientras que Juan dio sus primeros pasos en el rugby a los 4. Casi como un mandato familiar, todos los fines de semana los hermanos se levantaban a las siete y media de la mañana para estar a las nueve en el club Deportiva Francesa. “Los varones jugaban al rugby y yo, al hockey. Crecimos así toda nuestra infancia. O te rebelabas y no hacías deporte, o lo hacías”, dice Maripi riéndose, y recuerda volver dormida en el auto junto con sus hermanos los sábados bien tarde para arrancar –bien temprano– al otro día. “Para nosotros era natural, hasta se lo pedíamos a mi papá. Era el programa perfecto, nos divertía”, agrega. A partir de los 12 años María de la Paz empezó a jugar en el Buenos Aires Cricket Club. De ahí en más, los hermanos pasaron a formar parte de los seleccionados juveniles: él, en menores de 21, y ella, en categoría Junior. A los 22, María debutó en los Juegos Panamericanos de 1999, donde el equipo argentino consiguió clasificar para los Juegos Olímpicos de Sydney 2000. En Las Leonas, María fue delantera, volante y defensora, medalla de plata en Sydney 2000, campeona del mundo en 2002 y bronce en Atenas 2004. Ahora ya se está preparando para los Juegos Olímpicos del año próximo y entrena tres veces por semana durante la mañana.
En la familia Hernández no caben dudas de que existe un componente genético importante. El hermano del medio, Nicolás (28), es ala en el equipo de rugby de Deportiva Francesa, y el tío de los tres es Patricio Hernández, volante ofensivo de la Selección Nacional de fútbol durante la copa del mundo de 1982 y ex DT de Bánfield. Y como si fuera poco, el novio de María, Juan García Iturralde, acaba de retirarse del rugby en Italia y es proveedor del software de videoanálisis que utilizan Los Pumas. “Puede ser que haya algo –reconoce Maripi–. Dicen que el papá de mi papá, Héctor Hernández, era muy bueno jugando al fútbol, pero que no se dedicaba porque era maestro. La realidad es que al tener un papá profesor de educación física, eso hizo que fuéramos siempre al gimnasio con él cuando daba clases. No parábamos nunca. Cuando nos íbamos a Pinamar de vacaciones y papá salía a correr o iba al gimnasio, lo acompañábamos siempre. El deporte estuvo siempre presente, desde que nacimos”.
–¿Cómo viven el hecho de que son hermanos y representan a dos seleccionados importantes de nuestro país?
–Para nosotros es algo natural, porque se fue dando de chicos. Juan Martín hoy es un crack para todos, pero los que lo veían entrenar desde chiquito decían: “Este chico es distinto”. Ahora, en casa estamos muy felices por los éxitos de él.
–En este país el hockey y el rugby no son deportes tan populares como el fútbol. ¿Pensás que el desempeño de Las Leonas y Los Pumas despertó un furor?
–Sí, el hockey ya empezó a ser más popular desde hace varios años. Lo mismo pasa en el rugby ahora con el Mundial. Se está haciendo mucho más masivo. Para mí es gratificante porque es el deporte que uno eligió y es lindo verlo en lo más alto de los rankings. Además, está buenísimo que seamos reconocidos en el mundo por nuestros logros.
–Tanto en Las Leonas como en Los Pumas, parecería que la pasión, la garra y la entrega son denominadores comunes. ¿Lo ves así?
–Sí, puede ser… Igualmente, Argentina siempre tiene como un plus de algo que no sé qué es. Por lo general, cuando te comparás con los demás países, decís: “No podemos ni empezar a competir contra ellos”. Y por miles de razones: porque tienen mejores instalaciones, más apoyo económico en los clubes, etc. Sin embargo, los seleccionados argentinos siempre aparecen luchándola. Jugamos con otra actitud, con más entrega. Por ahí tiene que ver con que somos más latinos y tenemos algo que nos diferencia de los europeos, que suelen ser más fríos.
–¿Ves los partidos de la selección de fútbol?
–Sí. A ellos ahora no les está yendo tan bien. Pero me parece que todos los que juegan en una selección, cada vez que entran a la cancha, dejan todo a su manera. Quizá en el rugby lo que sucede es que, por ser un deporte con mucho contacto, te trasmiten un poco más.
–¿Te sentás a ver jugar a tu hermano?
–Sí, por tele, casi siempre. Pero también lo vi en Francia el año pasado, cuando estuve viviendo en Europa, en el partido que Los Pumas jugaron contra Inglaterra.
–¡Una fanática del rugby! Desde que empezó el Mundial, ¿hablás siempre con él?
–Sí, antes y después de cada partido. Al principio, cada vez que hablábamos, me ponía nerviosa. Sobre todo cuando supe que él estaba con una contractura muy fuerte y parecía que no iba a jugar contra Irlanda. Juan me había dicho antes de que empezara el Mundial que quería jugar todos los partidos. Le dije no jugara ese partido así se mejoraba para el próximo, pero bueno, ni caso me hizo. Al final, estuvo bien: jugó… ¡y la rompió! Después de Irlanda, estábamos los dos re locos gritando de cada lado del teléfono. El siempre me pregunta cómo lo vi. Después cambiamos de tema y me pregunta por mi casa nueva, que recién acabo de construir. Y también charlamos de mi casamiento, ¡que es dentro de un mes!
–La platea femenina enloquece con la pinta de tu hermano. ¿Te pone celosa?
(Piensa.) –Antes, no tanto, porque él siempre fue más chico que yo. Obviamente, cuando fue creciendo, la cosa cambió un poco (risas). Mis amigas de toda la vida me dicen: “Pensar que lo conozco de chiquito y ahora mirá lo que es”. Después, algunas alumnas mías de educación física del Saint John’s me dicen que están enamoradas y me piden que se lo presente. Me lo tomo con humor, es algo que me divierte.
[ Texto Agustín Gallardo Fotos Axel Indik/ gentileza familia Hernández ] |
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