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Fecha: 08/08/08
Las chicas tienen quien les escriba

El fenómeno Chick lit

El boom empezó en la década del ‘90, con la publicación de best sellers como El diario de Bridget Jones y Sex & the City, historias que más tarde se convirtieron en filmes y serie de televisión. Se trata de un género literario que plantea historias de mujeres jóvenes, independientes pero que siguen las huellas de un príncipe más real que el azul. Lleva vendidos millones de libros en todo el mundo y ahora también hace pie entre escritoras argentinas.

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Vamos, sin repetir y sin soplar: típicas frases femeninas que contemplen la ch en alguna de sus palabras: “comí demasiado chocolate”, “me compré unos stilettos color rosa chicle”, “la dieta me dio ganas de choripán”, “la moda chupín no me sienta” y “estoy leyendo una novela chick lit”. ¿Chick qué? Chick lit, señoras o, si prefieren, chicken literature, un género literario que es furor en todo el mundo cuya traducción, mal que nos pese, sería algo así como “literatura para pollitas”. Por eso, preferimos usar su versión abreviada y en inglés, algo mucho más chic por cierto, y también útil a la hora de definir aquello que en realidad es: literatura para mujeres que no encajaban en la clásica estructura de la “novela rosa”, pero tampoco están dispuestas a renunciar al amor.

Básicamente, se trata de novelas o cuentos para gente como una: jóvenes (aunque no tanto), independientes, cosmopolitas; mujeres que muchas veces nos sentimos más bien como pollos al spiedo en esto de compatibilizar trabajo, pareja, tal vez hijos, sí o sí amigas y un poco de vida propia. Y que no tenemos vergüenza de reírnos de nosotras mismas. Aunque la mayoría ignoraba el nombre del género, todas sabemos perfectamente de qué se trata a través de autoras anglosajonas como Helen Fielding (El diario de Bridget Jones), Candace Bushnell (Sex & the City), Lauren Wisberger (El diablo viste de Prada) y Mariane Keyes (Sushi para principiantes), que hicieron del chick lit un verdadero boom a partir de los años ´90, dando lugar a exitosas series y películas que marcaron una nueva era: la de las mujeres contradictorias, adictas a la moda, sin parejas estables, dedicadas full time a su profesión y con altas chances de quedarse un sábado a la noche viendo una pésima película por el cable y comiendo dulce de leche con cuchara. Cualquier parecido con la realidad, no es pura coincidencia.

Lo cierto es que los millones de ventas entre libros, series, filmes y merchandising hicieron de este género un negocio redondo que estaba marcando a las claras la existencia de un agujero negro en el mercado femenino: la falta de una lectura que combinara entretenimiento, glamour, anécdotas disparatadas (o mejor dicho, femeninas) y, en el papel protagónico, una o varias antiheroínas a las que no todo les sale bien y que cuentan sus desventuras en primera persona. A diferencia de los cuentos románticos, estas historias mezclan preguntas crudas con situaciones divertidas, pasan por encuentros eróticos contados con lujo de detalles y concluyen, la mayoría de las veces, en confesiones entre amigas.

En el medio, se entretejen las tramas de estas nuevas mujeres del post feminismo, ubicadas geográficamente en grandes ciudades, pertenecientes al segmento de la clase media y con mandatos bien actuales: rendir laboral y emocionalmente, depilarse y teñirse las raíces, comprar ropa intentando hacer alguna que otra ganga, buscar el amor sin conformarse con lo primero que aparece y pelear las cremas cuerpo a cuerpo con un compañero que se ha vuelto metrosexual. O sea: existencialismo femenino listo para vender.

El fenómeno en Argentina

Cierto es que, a pesar del éxito, en nuestro país todavía no había autoras locales capaces de absorber a ese público que, hasta ahora, no tenía más opción que consumir historias extranjeras y traducciones al español. Esas en las que el Mr. Big de la serie Sex & the City era el Mr. Importante del libro que, originalmente, se llamó Sexo en Nueva York y en donde pueden leerse palabras como “taimado”, “hurtadillas” y equivalentes a las partes íntimas que invitan a la carcajada.
Vimos que había autoras locales en todos los países, hasta en Europa del Este, en donde la mujer está mucho más relegada que en otras culturas. Las lectoras argentinas se estaban perdiendo algo y entonces empezamos a buscar escritoras locales –explica Florencia Cambariere, editora de Sudamericana y responsable de una nueva colección made in Argentina por autoras hasta ahora desconocidas–.Las anglosajonas agotaban todas las tiradas y sus traducciones no dejaban de ser inverosímiles para nosotras, así que tomamos el desafío de hacerlo acá y lograr una identificación más real. Por eso, buscamos escritoras que estuvieran pasando por esas mismas situaciones que iban a retratar, que anduvieran por los 30 o 40 años. Dos libros ya están en la calle y otros tres van a salir hacia fin de año”, cuenta orgullosa y no se achica frente a las críticas que pesan sobre el género: “Es entretenimiento con calidad literaria que no intenta caer en la frivolidad. ¿Cuál es el problema con eso?”, se encoge de hombros. Los primeros dos títulos locales triplicaron a los diez días de su lanzamiento a las ventas de los libros extranjeros, nada despreciable para el mercado nacional. Florencia Ure, su co-equiper en la aventura literaria y responsable de prensa de la compañía, advierte: “Eso sí: a este tipo de historias no les puede faltar humor, drama, confidencia y un poco de cinismo. Son relatos de mujeres que se ríen de que están gordas y que reconocen que tardaron ocho horas en producirse para ir a una fiesta. Y que además se quedan llorando cuando el tipo no las llama”, dice Ure y todas nos reímos al recordar que, al menos vez en la vida, hemos chequeado si el teléfono tenía tono.

Chicas chick lit

Para cerciorarse de que la literatura local funcione, las autoras convocadas por la editorial apelaron a sus vivencias más honestas y relatos encarnados en anécdotas propias y ajenas, en donde no se habla de prendas Prada, zapatos Manolo Blahnik, ni de comidas en el Pastis neoyorquino. En estos libros hay bares de Palermo Hollywood, cantinas de La Boca y algún que otro outlet de ropa de la avenida Córdoba.

Con motivo de conocer al equipo de la selección de chick lit argentino, Para Ti convocó a las flamantes autoras a jugar a producirse para una sesión de fotos y, entre flashes, cada una aportó un sinfín de anécdotas divertidas sobre este debut literario que mantiene en vela a más de una. Para Marina Macome (33), que estudió ciencias políticas, trabajó como maestra jardinera, moza y periodista escribiendo notas desde Milán para La Nación y Página 12, su primera novela es un sueño cumplido de toda la vida. “Cuando me llamó la editora para decirme que iba a publicar, grité tanto que la dejé sorda y esa noche no dormí. El libro se llama El secuestro de la señorita Pac Man y cuenta la historia de una antiheroína total que toma malas decisiones, tiene mala suerte y a la que los hombres no llaman. Y que, además, tiene una cosa muy frívola, hasta que un día ve la muerte y se da cuenta que en vez de ver pasar su vida en un minuto, sólo ve las puntas de sus stilettos. Ahí percibe que tiene que emprender una aventura que le garantice tener una síntesis de su vida –resume Macome y cuenta que para su novela apeló al humor y al ridículo–. Soy fanática de Dorothy Parker, quien para mí inauguró el género en los años ´20, escribiendo sobre esas ridiculeces que nos pasan a las mujeres. Sus textos son de avanzada y plantean lo dramático desde lo divertido. ¿Las críticas? No me preocupan. Esto es como un cine gigantesco al que uno puede ir a ver la película que le de la gana: la iraní o la típica yanqui”, dice la flamante escritora a quien, todavía, le da vergüenza presentarse como tal. Su libro verá la luz en el mes de noviembre.

Luz, cámara, acepto, en cambio, la primogénita novela de Julia Larotonda (29) ya se consigue en las librerías, algo que a ella parece divertirle. “Estoy acostumbrada a escribir porque soy guionista de cine –dice ni bien entra al bar en el que tiene lugar la entrevista y a donde llega en bicicleta–. Había presentado una propuesta y me ubicaron en el género. Mi novela cuenta la historia de una actriz que se casa con un productor publicitario y de todas las cosas que devienen de ahí en más: el éxito, el mundillo del cine y la televisión; y es mezcla ambigua de lo frívolo y lo profundo, de movernos en Palermo y querer ser copados. Pero el tema básico es la amistad: la protagonista tiene amigas muy diversas: una lesbiana, una artista, la típica Susanita, una que es virgen, y también están las fallutas, esas que siempre es mejor que estén de nuestro lado. En el fondo, y aunque suene cursi, es un himno a la amistad, porque los hombres pasan, pero las amigas quedan”, señala Larotonda.

Otro de los ya editados es el libro de Viviana Kahn (39), que casualmente fue lanzado al mercado hace una semana bajo el título Mi libertad por un novio. “No, juro que todavía no pasé por las librerías todavía –confiesa entre risas esta psicoanalista, cuyo libro de trece relatos amorosos protagonizados por una misma mujer mezcla ficción y realidad, incluye anécdotas de consultorio y también un test de admisión de hombres–. El libro surgió azarosamente, como un juego. Tenía historias de pacientes, de amigas… Una mujer que vive en Buenos Aires encuentra material todo el tiempo, al alcance de la mano. Empecé como un hobby, después se fue armando. La protagonista va atravesando distintas historias de desencuentros, algo que se hace digerible desde el humor. Pero no sabía que existía este género, empecé a ver Sex & the City después de escribir el libro. Se ve que debe haber algo en el éter, porque a todas las mujeres nos pasa más o menos lo mismo”, observa Kahn y advierte: “El título no fue premeditado, se dio así. ¡Una feminista me sacaría los ojos! Pero se me ocurrió por la desesperación de mi personaje. En estas historias hay un espejo: esas cosas nos pasan a todas y terminan siendo material de charla con amigas”.

Perdida entre conjuntos de ropa chic y accesorios de color rosa chicle, aparece en la escena chick lit Verónica Schullman (30), autora de Sábados de super acción. “Estoy bien, pero un poco confundida”. Así bromea la escritora, y cuenta que la suya es, antes que nada, una historia netamente femenina cuya protagonista, ya entrada en los treinta, que arranca el relato con la siguiente frase: “Mis Barbies se casaban a los 20”. “A ella no sólo que eso no le pasó, sino que además sigue viviendo en la casa de sus viejos. A través del libro capitalizo anécdotas, desdramatizo algunas situaciones y más que nada exorciso cosas mías. Nació cuando en mi grupo de amigas apareció ese deseo de darle un cierre a la etapa de las citas bulímicas, de salir con uno y con otro. Hay sexo, hay fracasos en el sexo y hay muchas preguntas, porque a mí me interesa la mujer por una cuestión de género, más allá de si compra vestidos y carteras. Y es un relato generacional: tiene que ver con las dificultades que tenemos hoy para el encuentro. Para mi el chick lit plantea mujeres más complejas, no es la comedia romántica lineal. Somos chicas que no necesitamos a alguien que nos rescate a nivel económico, sino que buscamos otro tipo de conexión, personajes con claroscuros, con muchas búsquedas. Eso es lo más interesante del chick lit”, concluye Schullman.

Y sus compañeras de género asienten en eso de que, más allá de las críticas que señalan lo superficial que puede tener este tipo de literatura, no deja de ser también una gran oportunidad para ellas de largarse definitivamente a escribir; de darles el puntapié inicial para una carrera que será buena para todas o sólo para algunas, pero que por el momento las encuentra unidas en un mismo sueño: el de contar sus historias, trabajar duro, y divertirse.

¡Vamos chicas que no las quiero tímidas para las fotos!”, grita el productor de moda y, batiendo las palmas, pregunta: “A ver, ¿quién quiere probarse este vestidito divino de cinco mil pesos?”. Entonces todas gritan “¡Yo…!” y mientras el peinador les pasa la planchita por el pelo y la maquilladora les contornea los ojos con delineador, se burlan de sí mismas porque saben que, aunque chispeantes e inteligentes, también quieren jugar un poquito con eso que ahora les propone la moda.

Casualidad o no, de fondo –casi imperceptible y disimulada por las risas– en el bar suena la canción de ABBA, Dancing Queen.
[ Texto M. Eugenia Sidoti Producción A. Fagetti Fotos Tomás Ghiorzo ]