Beneficios emocionales que avalan que dar la teta hace bien

En el marco de la Semana Mundial de la Lactancia Materna, Sandra M. Zampaloni, psicóloga especialista en Psicología Perinatal y puericultora universitaria, explica el valor emocional de amamantar al bebé.

La lactancia materna es beneficiosa para el bebé y la mamá. Foto: 123RF.

La lactancia es una decisión singular que requiere de apoyo, confianza, sostén y acompañamiento para iniciarse y sostenerse satisfactoriamente. Por lo tanto, también es una responsabilidad social.

Dentro de sus múltiples beneficios, podemos rescatar su valor emocional. La lactancia materna es un proceso vincular natural que requiere de un tiempo de aprendizaje mutuo, ya que se va estableciendo gradualmente en el transcurso de las primeras semanas de vida del bebé. Al mismo tiempo, es fundamental contar con información oportuna, para desmitificar creencias, y una red de sostén.

La lactancia favorece la construcción del vínculo, promoviendo un estrecho contacto y optimizando la observación de las señales del bebé. Esto incide positivamente en la construcción del maternaje, que implica el desarrollo del vínculo con el bebé, en una progresiva adaptación mutua.

Si bien las hormonas junto con el deseo ayudan a maternar, este proceso es más complejo ya que no es una conducta innata, sino que implica una construcción singular, subjetiva, dentro de un marco social, cultural, y atravesado por la propia historia y las experiencias previas.

La lactancia materna facilita la observación del bebé y trae aparejado un tiempo de calidad en contacto. La presencia física, mental y emocional en cada toma, convierte al amamantamiento en una herramienta vincular que aporta seguridad afectiva.

La lactancia materna facilita la observación del bebé y trae aparejado un tiempo de calidad en contacto. Foto: 123RF.

La lactancia impacta en la prevención y promoción de la salud mental materna, por un lado protegiendo el estado del ánimo, ya que tiene un efecto estabilizador, y al mismo tiempo disminuye la posibilidad de experimentar estrés y ansiedad.

Las hormonas implicadas, como la oxitocina, producen relajación, favorecen el vínculo y el comportamiento materno. También, estas hormonas tienen efectos a nivel de la adaptación del cerebro de la mujer a la nueva función de cuidado y protección del bebé. Cuando la madre amamanta, la capacidad de respuesta, a los requerimientos del bebé, es mayor y las interacciones diádicas son más satisfactorias.

Se incrementa la “sensibilidad materna”, favoreciendo la sincronía en la respuesta de la madre a su bebé, su capacidad de decodificar y satisfacer sus señales, su tono emocional y su flexibilidad y adaptabilidad a la complejidad de la demanda de cuidado y contención.

La lactancia promueve un espacio de encuentro, de consuelo, comunicación y afecto. Al salir del útero, el bebé necesita el regazo para continuar desarrollándose (exterogestación), así como el movimiento, los sonidos, la contención, la succión y la alimentación.

La lactancia brinda esta escena de continuidad, permaneciendo en contacto y alimentándose a través del alimento producido por el cuerpo de su madre. Esto incrementa la autoestima, la confianza y el bienestar maternos.

Todos los beneficios emocionales de la práctica de la lactancia antes mencionados impactan en la salud integral a corto y largo plazo, y se hacen extensibles a los vínculos familiares y la sociedad en general.

Fuente: Sandra M. Zampaloni, Lic. Psicología (Mat. N° 54062), Especialista en Psicología Perinatal, Puericultora Universitaria. Co-autora del Libro “Crianza para principiantes” (Ed. Grijalbo – 2018)
Instagram: sandra_zampaloni
Web: www.sandrazampaloni.com.ar

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