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Cómo manejamos el tema del encierro con chicos y adolescentes

Los días pasan y la cuarentena sigue… Qué hacemos con los chicos y adolescentes que están hartos de vivir encerrados por la amenaza del coronavirus. La licenciada en Psicología y psicoanalista Mariana Trocca nos invita a reflexionar sobre lo que estamos viviendo y nos ofrece soluciones.
Los chicos extrañan salir a la calle. Foto: 123RF.

Ante la velocidad que se mueve el mundo y sus noticias, el vértigo de nuestra vida cotidiana, que parece que siempre estamos apurados… llegó el COVID-19 y todo quedó interrumpido y con ello nuestra vida habitual detenida. De repente aislamiento preventivo social y obligatorio. Tuvimos que frenar, no por decisión propia sino porque desde afuera es lo que nos impone esta nueva realidad.

Creo que a todos nos pasó en un inicio que, con la velocidad del envión que traíamos, nos pusimos en marcha dentro de nuestras casas, intentando sostener a través de los celulares y las “plataformas virtuales” el mismo ritmo de antes; sin darnos cuenta que la realidad estaba tan cambiada que era imposible una “continuidad”.

Como si la oportunidad que nos da vivir en la “época digital” nos permitiera sostener una continuidad entre antes y ahora y una equivalencia entre el exterior y el interior…

Mientras tanto quedamos obligados a convivir con las personas que habitualmente compartimos el hogar, pero ahora juntos las 24 horas del día.

Pasadas los primeros días de cuarentena, la medida de aislamiento se prolongó.

Es un aislamiento que remite al encierro y que ninguno de nosotros elige. Entender la idea que algo quedó detenido, que se produjo una escansión, un corte, una ruptura tal en nuestra vida cotidiana que el escenario que nos rodea es otro y por lo tanto no podemos seguir viviendo como antes. El lapso para descubrir lo que ha cambiado entre “antes” y “ahora”, entre “exterior” e “interior” es diferente para cada uno.

Como estamos en la era digital, rápidamente la exterioridad se fue restringiendo a las diferentes pantallas con las que cada uno cuenta: celular, Tabletas, Computadoras, TV. Ellas pasaron a ser nuestras ventanas al exterior.

Son herramientas que nos dan la oportunidad de sostener una red de lazos, necesarios en este tiempo, personales y laborales, pero también por momentos son el lugar donde se produce algo que -como decimos los analistas- hace “síntoma”: hay un exceso de audios, mensajes, chats grupales que multiplican los sonidos del celular y que no hacen más que mostrar que la palabra aparece excedida, intentando cubrir una ausencia: nos falta la presencia de nuestros semejantes. En su lugar aparece un exceso de comunicación.

En un segundo momento entonces, agobiados por tanta “demanda” que viene desde ese nuevo “afuera” que inauguran las pantallas, empezamos a necesitar cortar, silenciar, acotar esas intervenciones con las que no damos abasto. Momento entonces en el que, no casualmente, aparece la reflexión, lo opaco del aburrimiento y, con él, la angustia.

El encierro genera incertidumbre

La situación que estamos viviendo en nuestros hogares produce estrés y angustia porque lo que en un inicio parecía terminar pronto, se va prolongando en el tiempo. Todos sabemos que esto es transitorio, que va a pasar, pero resulta imposible imaginar cuándo. Cada uno transita el aislamiento de manera diferente, pero no hay persona que escape a la afectación que produce ese contexto.

La cuarentena produce un efecto sobre la relaciones en la convivencia, sobre el estado de ánimo y sobre el cuerpo. Es importante que cada uno haga uso de los recursos con los que cuenta para poder transitar esta situación lo mejor posible. ¿Cómo?: sostener una rutina dentro del hogar, eso organiza el día estableciendo cortes e interrupciones que nos orientan en el tiempo y el espacio porque evitamos un continuo que haría interminables las jornadas y que nos deja anodados.

Los niños están acostumbrados a una cultura del estímulo y cuando llegan momentos de paréntesis como éstos los padres nos angustiamos porque no sabemos qué hacer con ellos.

La primera reflexión para pensar es: los padres no somos sus “entretenedores”, no estamos obligados a mantenerlos ocupados; tampoco sus “maestros” y entonces responsables de enseñarles los contenidos de la escuela. Nuestra responsabilidad es centralmente cuidarlos. ¿Cómo? por ejemplo, explicándoles lo que está ocurriendo, ofrecerles la oportunidad de preguntar y ayudar con nuestras respuestas a que vayan entendiendo la situación y así la puedan transitar más tranquilos.

Una segunda reflexión: apostar al juego simbólico, el recurso de lo lúdico porque ayuda a transitar la situación y a comprenderla. En relación al juego como recurso creativo, el aislamiento es una oportunidad de recuperar nuestros propios recuerdos infantiles: compartir con nuestros hijos antiguos juegos de la infancia: cocinar con ellos las recetas de nuestras madres y abuelas es un modo de transitar esta cuarentena, también disfrazarse con la ropa de los padres, armar rompecabezas, el Tutti Frutti, los dados, los juegos de cartas… Las pantallas nos han quitado bastante estas posibilidades y ahora que estamos más tiempo en casa podemos pensar este momento como una especie de “contracultura”.

Es central evitar el estímulo constante de la TV, propiciar espacios cada día: almuerzos, meriendas, cenas, son oportunidad para generar conversaciones que dan lugar a sus preguntas, que ellos digan de sus miedos, que hablen y pregunten, así podremos acompañarlos en sus preocupaciones que generalmente son diferentes de las nuestras como padres. Siguiendo con la apuesta a la contracultura, ahora que tenemos tiempo para compartir, esos encuentros son oportunidad para conversar tambien de nuestra vida antes de la cuarentena.

A los niños en edad escolar: están afectados por la suspensión de las clases presenciales, no van a la escuela ni se encuentran con sus amigos. Tener presente que no son vacaciones porque el aprendizaje y las tareas de la escuela se sostienen. El rol de los padres en este punto sería ayudar a que esto se realice, acompañarlos generando el espacio necesario para que los hijos puedan sostener sus tareas escolares. Los horarios, las rutinas que organizan el día son parte del necesario aporte parental.

Sin perder de vista que estamos viviendo una situación anómala que requiere de nuestra flexibilidad para soportar cierto desorden, el “bochinche” y la falta de horarios que la escuela organiza, por ejemplo.

El juego y el humor, aliados de las familias con adolescentes

Sin dudas parecen ser los que están en mejores condiciones “tecnológicas” para transitar la cuarentena: disponen en general de un “saber hacer” con esas herramientas: aplicaciones varias, juegos en red, plataformas digitales educativas, contenidos multimedia de Internet, etc.

Al mismo tiempo son los que más necesitan la distancia de sus padres, mantener su intimidad y refugiarse en las relaciones con sus pares. El aislamiento nos invita a una endogamia que en las familias con hijos adolescentes es una invitación al conflicto, entonces aparece la pelea y la discusión, la violencia en diversas formas, como manifestaciones de la necesidad de poner esa distancia necesaria, cuestionar la autoridad de los padres para poder producir una diferencia con ellos que está está, aún, en un tiempo de construcción.

El recurso del juego y el humor son aliados para divertirse con los hijos e inmunizar el miedo: mi ahijada de 18 años comparte con su mamá cenas con disfraces temáticos (Panic Corona, los años ’70, las hippies), cada uno puede imaginar e inventar el juego que más le gusta jugar.

Comprender algunas de estas cuestiones permite a los padres tolerar las “turbulencias” y las pasiones que manifiestan los hijos adolescentes. También lo contrario: soportar los momentos de aburrimiento, de apatía, de falta de ganas (la famosa frase adolescente: “me da paja”). Todas manifestaciones diversas de la angustia y la incomodidad que transita el adolescente con sus convivientes y con su cuerpo. La relación con sus pares es en muchas ocasiones el refugio y el aliado necesario que debemos como padres propiciar y respetar.

La importancia de respetar nuestra intimidad

Hay una condición necesaria en la convivencia, no importa si es con hijos pequeños o adolescentes, padres, sobrinos, parejas, abuelos… es el respeto a la INTIMIDAD.

Cada uno necesita aislarse dentro del aislamiento compartido, tener un momento de intimidad para conectarse con otros estímulos: escuchar música, estudiar, leer, hablar con amigos.

Puede ser el momento de utilizar las herramientas digitales que sirven para “hacer red” con otros que están fuera de la casa: celular, skype, email, videos, etc. El uso de estos dispositivos es central para no quedarse solo en sentido “emocional”. Acercamiento subjetivo en medio de la “Distancia Preventiva Social y Obligatoria” que dispone el aislamento.

Por supuesto ese momento de intimidad también puede ser elegir simplemente estar solo, en silencio, sin estímulo alguno, sin tener contacto con otros ni con quienes cada uno convive. Estos momentos propician las ganas de leer, escribir, ordenar y también dormir fuera de horario.

Este tiempo dejará marcas

Quién sabe? En principio lo que podemos decir respecto del futuro es que siempre es incierto, que nada sabemos de eso porque lo que viene está por construirse.

Estamos lejos de poder pensar en alguna conclusión, sin embargo hay una construcción que venimos haciendo cada uno durante este tiempo de pandemia. Cuando intentamos imaginar el futuro, pensemos que lo que ocurra tendrá que ver con cómo estamos transitando este presente.

La apuesta al recurso de la invención, la posibilidad de descubrir en cada uno los recursos previos con los que contamos para ir transitando este tiempo, que dejará marcas y aprendizajes porque nadie pasa sin quedar afectado.

El futuro siempre es incierto, sólo que nadie nos lo recuerda todo el tiempo. Las certezas no las tenemos nunca, entonces por qué la pandemia sería una excepción?

La apuesta podría ser: pensemos la pandemia COVID-19 como la contingencia que hoy nos toca pasar, y entonces lo que vendrá estará como siempre en relación a la capacidad de cada uno de dejar de buscar las respuestas afuera y conectarse con lo más íntimo de nuestra vida.

Fuente: Mariana Trocca es licenciada en Psicología y psicoanalista. Coordinadora Salud Mental Medife

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