Bajo los cielos del mundo: Petritxol, la calle de Barcelona que huele a chocolate – Revista Para Ti
 

Bajo los cielos del mundo: Petritxol, la calle de Barcelona que huele a chocolate

Considero que planificar un viaje es el escenario posible donde voy sentando las bases -expectativas, curiosidades, anhelos- de lo que finalmente constituirá el descubrimiento de un nuevo camino. Así, al recrear las emociones que quedaron grabadas en mi memoria, concluyo cada uno de mis paseos mirando el firmamento, agradeciendo la oportunidad de haber conocido un nuevo destino y llevar de la mano al lector por los mismos caminos que he recorrido bajo los cielos del mundo.
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De la Barcelona cosmopolita e inabarcable, en esta ocasión estuvimos en el tradicional barrio Gótico, también conocido como Barrio de la Catedral. El barrio forma parte de la Ciutat Vella, o centro histórico, y es la zona más antigua de la ciudad.  

La recorrida nos llevó hasta el Carrer Petritxol, una pequeñísima, emblemática y estrecha calle en el corazón del barrio. En el origen fue una calle sin salida hasta que se derribó una vivienda que impedía el paso a la calle Portaferrisa. Carrer Petritxol se caracteriza por un ambiente bohemio, con arte callejero, pastelerías y locales comerciales. 

Calle Petritxol.

Asimismo, se la conoce como la Calle del Chocolate. Tal denominación viene desde el siglo XVII cuando comenzaron a instalarse varias chocolaterías en la zona. Desde entonces se hizo costumbre una práctica que aún continúa: la de los barceloneses de merendar chocolate con churros después de pasar por las tiendas y galerías de arte. Una de las galerías, la Sala Parés, en sus inicios funcionó como pequeño negocio de venta de pinturas al óleo; luego, en 1877, abrió sus puertas por primera vez, convirtiéndola inmediatamente en una de las galerías de arte más antiguas de España.

En estas mayólicas se resalta el romanticismo del siglo anterior, lo concurrida que era la calle y se brinda un consejo de civismo.

En cuanto a alimentar el placer de la degustación, existen dos chocolaterías históricas en el barrio: La Pallaresa y La Granja Dulcinea. Cabe decir que ambas ofrecen chocolate de taza casero y productos típicos de cada establecimiento. En La Pallaresa se puede pedir menjar blanc, postre de crema con avellanas, azúcar, harina, cáscara de limón y canela. Esta delicia proviene de una antigua receta medieval que no tenía agregado de leche. Según nos dijeron, es un postre típico consumido especialmente el Jueves Santo.

El auca es una muestra pictórica, en este caso la biografía del Sr. Esteve.

La Calle del Chocolate posee un atractivo adicional: sus paredes están tapizadas por azulejos o placas de cerámica decoradas con escenas de la historia de la vida social de Barcelona. Esta suerte de arte callejero refleja historias cotidianas, costumbres de la población, refranes populares de época. Una cantidad importante de placas recuerdan a personajes ilustres que vivieron o trabajaron en esa vía púbica; hasta en sus mayólicas se dan consejos de civismo y se muestran celebraciones de bodas y bautismos. 

Y la gente celebraba bautismos.

Esta calle con olor a chocolate tiene varias teorías y leyendas respecto del origen de su nombre. Se cuenta, por ejemplo, que cuando Barcelona se encontraba bajo dominio musulmán, la única misa cristiana que se permitía antes del amanecer se celebraba en la Iglesia del Pi, ubicada sobre Carrer Petritxol. Los cristianos, que mayormente vivían en el Raval, debían dar un gran rodeo para no cruzarse con musulmanes que acudían a las mezquitas. De producirse, el hecho se hubiera tildado de ofensivo. La solución vino de la mano del soborno. El párroco ofreció monedas de oro a los gobernantes árabes para que se pudiera abrir una pequeña puerta -petritxol- y lograr con ello un camino más corto.

Llobet, uno de sus personajes ilustres, fue dibujante, historiador de arte y abogado que se dedicó a la investigación de temas históricos.

Otra teoría indica que el nombre de la calle obedece al apellido de la familia Petritxol, propietaria de esos terrenos. Más allá de eso, la calle estaba rodeada de huertos y no tenía salida dado que un pedríspedrixol interrumpía el paso de los carruajes, hasta que se abrió un pequeño portal que llevaba hacia la Plaza del Pi. Se la considera una de las primeras calles peatonales de Barcelona cuando se prohibió el acceso a los vehículos en 1959.

Medico y físico español que construyó un telégrafo que permitía enviar mensajes a larga distancia.
Indicaciones para la marcha de los vehículos.

Pi, en catalán, significa pino. Cuentan que un pescador de la región descubrió la imagen de la Virgen dentro del pino que estaba usando para hacerse una barca. Lo que nunca sospecharía el hombre es que el episodio derivaría en el nombre de la iglesia. 

La basílica de Nuestra Señora del Pi.

Al final de la calle, una grata sorpresa. En la Plaza del Pi hay un edificio que corresponde hoy al gremio de los Tenderos y Revendedores; en su fachada se observan antiguos esgrafiados barrocos hechos con arena de playa.

Fachada con esgrafiados barrocos y mayólicas alusivas a lo romántico que era el sigo 19 como así también, lo concurrida que era esa calle durante todo el día.

Ese día, el frío de Barcelona nos brindó la oportunidad de entrar a calentarnos y beber una buena taza de chocolate en una de sus tantas chocolaterías. Y así nos despedimos de Carrer Petritxol, cuyas paredes ya no guardan secretos porque las mayólicas narran la historia de la ciudad. 

En esta foto se encuentran los Gigantes del Pi, que son figuras festivas de la cultura popular de la basílica de Santa Maria del Pi.
Más imágenes de las mayólicas de la calle Petritxol.

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