"No quiere comer": el difícil momento que atraviesan muchas familias frente a una enfermedad avanzada - Revista Para Ti
 

"No quiere comer": el difícil momento que atraviesan muchas familias frente a una enfermedad avanzada

Este 11 de agosto, Día del Nutricionista en Argentina, la Lic. Agustina Senese, miembro de la Comisión Directiva de Pallium Latinoamérica, pone el foco en un aspecto poco visible de los cuidados paliativos: la alimentación. Cuando una enfermedad avanza, comer ya no es solamente nutrirse. También es conservar autonomía, placer, recuerdos y momentos compartidos.
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Cada 11 de agosto, en Argentina, se celebra el Día del Nutricionista. Es una oportunidad para visibilizar una profesión que trasciende la elaboración de planes alimentarios y que acompaña a las personas en cada etapa de la vida, incluso cuando el objetivo ya no es curar una enfermedad, sino aliviar el sufrimiento y preservar la mejor calidad de vida posible. 

“Hace días que no quiere comer ”. Es, probablemente, una de las frases que más escuchamos quienes trabajamos en cuidados paliativos. Le dice una hija con preocupación. Un esposo con angustia. Un hijo que siente que está fallando porque, por más que cocine sus platos favoritos, su ser querido apenas prueba unos bocados. Y detrás de esa frase aparece otra, casi inevitable: “¿Qué más puedo hacer para que coma?”.  

Nuestra respuesta rara vez empieza hablando de calorías o proteínas. Empieza escuchando. Porque cuando una persona atraviesa una enfermedad crónica avanzada, la alimentación deja de ser un acto exclusivamente biológico para convertirse en una experiencia profundamente humana.

Comer no significa solamente incorporar nutrientes. Significa compartir una mesa, sostener una conversación, celebrar una fecha especial, conservar una tradición familiar o simplemente disfrutar del aroma de un café o del sabor de una comida que evoca recuerdos. 

La alimentación también habla de identidad, de autonomía y de afecto. Por eso, cuando comer comienza a resultar difícil, no solo se modifica el estado nutricional. También pueden verse afectadas la vida social, los vínculos y la percepción de calidad de vida. 

En este escenario, el nutricionista especializado en cuidados paliativos tiene un rol que muchas veces permanece invisible, pero que resulta esencial. Los cuidados paliativos acompañan a personas con enfermedades crónicas avanzadas y a sus familias, con el objetivo de aliviar el sufrimiento y mejorar la calidad de vida. Son cuidados activos, integrales y centrados en la persona. Y la nutrición forma parte de ese abordaje desde el primer momento. 

Las enfermedades avanzadas suelen acompañarse de síntomas que interfieren con la alimentación: pérdida del apetito, náuseas, vómitos, alteraciones del gusto y del olfato, sequedad bucal, dolor al tragar, disfagia, estreñimiento, diarrea, fatiga o sensación de llenura precoz. Muchas veces, comer deja de ser un momento placentero para convertirse en un esfuerzo.  

Frente a estas dificultades, el trabajo del nutricionista no consiste únicamente en indicar qué alimentos consumir. Consiste en comprender qué está pasando y buscar estrategias para que la alimentación vuelva a ser una fuente de bienestar.

A veces será necesario modificar la textura de los alimentos para que sean seguros al tragar. Otras veces, adaptar temperaturas, sabores o condimentos para mejorar la aceptación. En ocasiones, priorizar pequeñas porciones de alimentos de alta densidad nutricional o indicar suplementos nutricionales orales cuando realmente pueden aportar un beneficio. Y muchas otras, simplemente escuchar cuáles son los alimentos que esa persona todavía disfruta y construir el plan a partir de ellos. 

Porque en cuidados paliativos no existe una alimentación "perfecta". Existe una alimentación posible. Y esa diferencia cambia por completo la forma de cuidar.Con frecuencia, también acompañamos a las familias a transitar uno de los procesos más difíciles: comprender que la disminución del apetito forma parte de la evolución de muchas enfermedades avanzadas.

Durante años aprendimos que alimentar es cuidar. Y es cierto. Pero cuidar también significa respetar los tiempos, los deseos y los límites de la persona. Significa evitar que cada comida se transforme en una negociación, una discusión o una fuente de sufrimiento. Muchas veces, el mayor alivio para una familia llega cuando comprende que compartir unos pocos bocados con tranquilidad puede tener mucho más valor que insistir para terminar un plato entero. 

En cuidados paliativos hablamos con frecuencia de calidad de vida. Sin embargo, pocas veces pensamos que esa calidad de vida también puede construirse alrededor de una mesa. Está en poder elegir qué comer. En disfrutar un postre favorito. En compartir un mate con amigos. En mantener una tradición familiar. En saborear un helado una tarde de verano, aunque sean apenas dos cucharadas. Son gestos aparentemente pequeños, pero profundamente significativos. 

La desnutrición relacionada con la enfermedad es uno de los problemas más frecuentes en personas con enfermedades avanzadas. Se estima que entre el 40 y el 80% de los pacientes con cáncer presentan algún grado de desnutrición, porcentaje que aumenta en los estadios avanzados de la enfermedad. En tumores de páncreas, estómago o esófago, la prevalencia puede superar el 80%. 

Se estima que hasta 8 de cada 10 personas con cáncer avanzado presentan algún grado de desnutrición, una condición que impacta directamente sobre la fuerza, la autonomía, la tolerancia a los tratamientos y la calidad de vida. Sin embargo, pocas veces se habla del rol que tiene la nutrición cuando el objetivo principal del cuidado deja de ser curar y pasa a ser acompañar. 

La evidencia científica demuestra que el abordaje nutricional precoz puede contribuir a mejorar síntomas, preservar la funcionalidad y favorecer el bienestar. Pero hay algo que la evidencia también confirma y que quienes trabajamos en Pallium Latinoamérica todos los días con pacientes vemos con claridad: alimentar no siempre significa nutrir, y nutrir no siempre significa cuidar. Cuidar implica comprender que detrás de cada plato hay una persona con una historia, con preferencias, con miedos y con deseos. 

En el Día del Nutricionista, vale la pena recordar que nuestra profesión no trabaja solamente con alimentos. Trabaja con personas. Y cuando la enfermedad cambia las reglas, nuestro desafío ya no es perseguir la alimentación ideal, sino encontrar aquella que permita seguir disfrutando, compartiendo y viviendo con la mayor dignidad posible. Porque, incluso cuando ya no es posible curar, siempre es posible cuidar. Y muchas veces, ese cuidado también se expresa a través de la alimentación. 

Fuente: Lic. Agustina Senese, miembro de la Comisión Directiva de la ONG Pallium Latinoamérica 

 
   

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