Proteína bajo la lupa: cuánto, cuándo y cómo consumirla - Revista Para Ti
 

Proteína bajo la lupa: cuánto, cuándo y cómo consumirla

La proteína ocupa hoy un lugar central en la alimentación y el rendimiento deportivo, pero consumir más no siempre significa hacerlo mejor. La licenciada Antonella Robledo Irigoyen explica cuánto necesitamos, por qué importa distribuirla durante el día, qué lugar ocupa alrededor del entrenamiento y cuándo los suplementos pueden ser realmente útiles.
Antonella Robledo Irigoyen
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Durante años contamos calorías, evitamos grasas y discutimos sobre carbohidratos. Hoy, si hay un nutriente que parece haberse convertido en protagonista absoluto de la alimentación, es la proteína.

Está en yogures, panes, barras, bebidas, snacks y en una enorme cantidad de productos que utilizan la palabra protein casi como sinónimo de saludable. En redes sociales se cuentan gramos, se comparan alimentos y pareciera que cuanto más proteico es algo, automáticamente es mejor.

Antonela Robledo
"Para aprovechar realmente la proteína hay que dejar de pensar únicamente en “comer más” y empezar a entender cuánto necesitamos, cómo lo distribuimos y qué fuentes elegimos".

Pero la nutrición es bastante más compleja —y más interesante— que eso.

La proteína es esencial, sí. Pero para aprovecharla realmente hay que dejar de pensar únicamente en “comer más” y empezar a entender cuánto necesitamos, cómo lo distribuimos y qué fuentes elegimos.

Mucho más que músculo

Cuando hablamos de proteínas, inmediatamente pensamos en masa muscular. Y aunque son fundamentales para construir, mantener y reparar músculo, sus funciones van muchísimo más allá.

Las proteínas forman parte de nuestros tejidos y participan en la producción de enzimas, hormonas y anticuerpos, además de intervenir en innumerables procesos metabólicos.

Nuestro organismo está continuamente degradando y sintetizando proteínas. Ese proceso, conocido como recambio proteico, ocurre todos los días, entrenemos o no.

Por eso necesitamos aportar a través de la alimentación los aminoácidos necesarios para sostener esas funciones.

Ahora bien: que sean esenciales no significa que exista una cantidad universal que todos deberíamos consumir.

Entonces, ¿cuánta proteína necesitamos?

Esta es probablemente la pregunta que más recibimos los nutricionistas y, paradójicamente, una de las que menos sentido tiene responder con un único número.

Las necesidades proteicas cambian según la edad, el peso, la composición corporal, el nivel de actividad física, el tipo y volumen de entrenamiento, el objetivo, la disponibilidad energética y el momento que esté atravesando una persona.

No tiene las mismas necesidades alguien sedentario que un deportista de alto rendimiento. Tampoco alguien que busca preservar masa muscular durante un descenso de peso que quien está atravesando una lesión, aumentando masa muscular o recuperándose de una competencia.

Por eso, antes de discutir de dónde viene la proteína, lo primero es saber si estamos cubriendo la cantidad que esa persona necesita.

Y esa cantidad no debería copiarse de una dieta de internet ni de lo que consume otra persona: debe formar parte de una estrategia individual.

Primero cantidad. Después, distribución

Una vez cubierta la necesidad diaria aparece una segunda variable que muchas veces queda relegada: cómo distribuimos esa proteína a lo largo del día.

No es lo mismo pasar gran parte de la jornada con un aporte proteico muy bajo y concentrar prácticamente todo en la cena, que generar distintas oportunidades de ingesta durante el día.

Desayuno, almuerzo, merienda y cena pueden convertirse en momentos para incorporar proteínas y aportar aminoácidos al organismo.

En nutrición deportiva esto adquiere todavía mayor relevancia porque buscamos que la alimentación acompañe los estímulos del entrenamiento y los procesos posteriores de recuperación y adaptación.

Y ahí aparece otro concepto importante: el timing.

¿Importa cuándo consumimos la proteína?

Sí, pero con una aclaración fundamental: el timing no compensa una ingesta total insuficiente.

Antes de obsesionarnos con la famosa “ventana anabólica” o correr a tomar un batido apenas terminamos de entrenar, necesitamos asegurarnos de que la cantidad total de proteína del día sea adecuada.

Una vez conseguido eso, podemos optimizar.

La alimentación alrededor del entrenamiento puede utilizarse estratégicamente para aportar aminoácidos durante períodos relevantes para la recuperación y la síntesis de nuevas proteínas musculares.

Pero esa ventana no debería entenderse como esos pocos minutos mágicos que durante años se instalaron en el imaginario deportivo.

El músculo permanece sensible al estímulo del entrenamiento durante bastante más tiempo. Por eso resulta mucho más interesante pensar en una buena distribución diaria y en ingestas estratégicamente ubicadas alrededor de los entrenamientos, en lugar de vivir pendientes del reloj.

En términos simples, podríamos ordenar las prioridades así:

Primero, cantidad total.Después, distribución durante el día.Luego, timing según entrenamiento y objetivo. Y finalmente, afinamos las fuentes y los detalles.

¿Proteína animal o vegetal?

Esta discusión suele ocupar muchísimo espacio, cuando en realidad aparece después de resolver lo anterior.

Podemos obtener proteínas tanto de alimentos de origen animal —como carnes, pescados, huevos y lácteos— como de fuentes vegetales —legumbres, soja y derivados, frutos secos, semillas y cereales, entre otros—.

Las diferentes fuentes presentan distintos perfiles de aminoácidos, digestibilidad y densidad proteica. Eso no convierte automáticamente a unas en “buenas” y a otras en “malas”.

Una alimentación vegetariana o vegana puede cubrir las necesidades proteicas incluso en personas físicamente activas cuando está correctamente planificada. En algunos casos habrá que prestar mayor atención a las cantidades, la variedad y combinación de alimentos y la distribución. Inclusive serían otros los nutrientes a prestar atención, eso lo dejo para otro día!

Por eso, antes de enfrentar proteína animal versus vegetal, hay que mirar la alimentación completa.

¿Y la proteína en polvo?

Otro clásico.

La proteína en polvo no es imprescindible, pero tampoco debería ser demonizada.

Es simplemente una herramienta.

Puede resultar muy práctica para una persona con requerimientos elevados, poco tiempo entre entrenamientos, dificultades para cubrir sus necesidades con alimentos o que necesita una opción sencilla y transportable para la recuperación.

Pero un batido no posee propiedades mágicas por venir dentro de un pote.

Si las necesidades pueden cubrirse cómodamente con alimentos, perfecto. Si un suplemento facilita una estrategia bien diseñada, también puede ser útil.

La pregunta adecuada no es “¿necesito tomar proteína?”, sino “¿este suplemento resuelve una necesidad concreta dentro de mi alimentación?”.

La proteína tampoco trabaja sola

Este punto es especialmente importante cuando hablamos de deporte.

Podemos consumir suficiente proteína y aun así recuperar mal si la alimentación no aporta suficiente energía o si la disponibilidad de carbohidratos es inadecuada para las demandas del entrenamiento.

El músculo necesita aminoácidos, pero el organismo necesita un contexto metabólico que le permita entrenar, reparar, adaptarse y volver a rendir.

También necesitamos grasas, carbohidratos, fibra, vitaminas, minerales, hidratación y una alimentación suficientemente variada.

Por eso reducir la nutrición deportiva a “llegar a la proteína” es quedarse con una fotografía muy pequeña de un sistema enorme.

Cuando “alto en proteínas” se convierte en marketing

Que un alimento tenga más proteína no significa automáticamente que sea nutricionalmente superior.

Hoy encontramos versiones “proteicas” de prácticamente cualquier producto. Algunas pueden ser útiles; otras simplemente incorporan proteína para responder a una tendencia de consumo.

Un alimento no debería evaluarse por un único nutriente.

Hay que mirar qué aporta en su conjunto, cuál es su calidad nutricional, para qué lo estamos utilizando y qué lugar ocupa dentro de la alimentación habitual.

Más proteína no transforma automáticamente un producto en saludable.

Entonces, ¿qué deberíamos mirar?

Quizás la conversación sobre proteínas necesite cambiar de pregunta.

En lugar de preguntarnos constantemente “¿cómo puedo comer más proteína?”, podríamos preguntarnos:

¿Estoy consumiendo la cantidad que realmente necesito? ¿Está bien distribuida durante el día? ¿Su timing acompaña mi entrenamiento? ¿Las fuentes que elijo aportan variedad y calidad? ¿Y todo esto está integrado dentro de una alimentación suficiente y completa?

Ahí es donde la proteína deja de ser una moda y empieza a convertirse en una verdadera herramienta nutricional.

Porque en nutrición, como tantas veces ocurre, más no necesariamente significa mejor.

Lo importante es que sea suficiente, esté bien distribuida y tenga sentido para la persona que la consume.

EINDE 2026: ciencia, nutrición y rendimiento deportivo

Entender cuánto, cuándo y cómo consumir proteínas es apenas una parte de una conversación mucho más amplia sobre nutrición, entrenamiento y rendimiento. Porque ningún nutriente funciona de manera aislada: las necesidades cambian según cada persona, el tipo de actividad física, los objetivos, la recuperación y el contexto general de la alimentación.

Y justamente esa mirada integral, basada en evidencia y alejada de fórmulas universales, será uno de los ejes de EINDE 2026, el encuentro que reúne a especialistas en nutrición, entrenamiento y psicología deportiva.

En un momento en el que conceptos como “alto en proteínas”, “ventana anabólica”, suplementación o composición corporal circulan permanentemente en redes sociales, contar con información científica actualizada se vuelve fundamental para diferenciar tendencias de estrategias realmente útiles.

EINDE propone profundizar en ese enfoque: comprender qué necesita cada persona y cómo aplicar la ciencia a la práctica cotidiana, tanto para cuidar la salud como para optimizar la composición corporal, la recuperación y el rendimiento deportivo.

El encuentro funcionará además como un espacio de formación e intercambio entre profesionales, combinando actualización científica, herramientas concretas y experiencias vinculadas al alto rendimiento.

La conversación sobre proteína, entrenamiento y recuperación forma parte de un universo cada vez más atravesado por la evidencia científica. En ese contexto se realizará EINDE 2026, un encuentro que reúne especialistas en nutrición, entrenamiento y psicología deportiva con el objetivo de acercar herramientas concretas para optimizar la salud, la composición corporal y el rendimiento.

La propuesta busca conectar ciencia y práctica profesional, con contenidos orientados a comprender cómo la alimentación, el entrenamiento y los factores psicológicos pueden trabajar de manera integrada para alcanzar el máximo potencial deportivo.

Con una fuerte base en evidencia científica, durante las jornadas se presentarán estrategias aplicables al trabajo cotidiano de profesionales y especialistas del área. Además, EINDE se plantea como un espacio de actualización, intercambio de experiencias y networking entre quienes trabajan vinculados al deporte y el alto rendimiento.

Las sedes de EINDE 2026

Viernes 9 de octubre – Mendoza
Sheraton Mendoza
Primitivo de la Reta 989, Ciudad de Mendoza.

Miércoles 14 de octubre – Ciudad de Buenos Aires
Usina del Arte
Agustín R. Caffarena 1, Ciudad Autónoma de Buenos Aires.

Viernes 16 de octubre – Salta
Centro de Convenciones de Salta
Av. Kennedy s/n y Av. Paraguay 2900, Rotonda de Limache, Salta.

Las inscripciones y más información sobre el encuentro están disponibles en ehttps://einde.org/inde.org.

Fuente: Antonella Robledo Irigoyen es Licenciada en Nutrición Deportiva · Alto Rendimiento
MP 2151 · ISAK II

 
   

Vínculo copiado al portapapeles.

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