El 9 de mayo de 1998, Valeria Mazza y Alejandro Gravier protagonizaron una de las bodas más emblemáticas de la Argentina. La ceremonia, celebrada en la iglesia del Santísimo Sacramento y seguida por cientos de periodistas de todo el mundo, quedó grabada en la memoria colectiva por su despliegue, el glamour y una imagen que aún hoy resulta inconfundible: Gravier saliendo de la iglesia con una elegante galera gris.
Lo que pocos saben es que ese sombrero casi no formó parte del look del empresario.
Todo comenzó durante las pruebas de vestuario en Milán. Giorgio Armani, amigo de la pareja y responsable de diseñar tanto el vestido de la modelo como el chaqué del novio, acababa de asistir al casamiento de una sobrina en Inglaterra, donde los hombres habían lucido galera. Al verla, Gravier quedó fascinado y le pidió al diseñador una igual para su boda.

La respuesta fue inmediata: no. Armani le explicó que la galera era una tradición típicamente inglesa y que no encajaba con el estilo que imaginaba para el casamiento. Sin embargo, ante la insistencia del argentino, terminó aceptando con una condición muy clara: diseñaría el sombrero, pero debía llevarlo en la mano, junto con los guantes, sin ponérselo en ningún momento.
Gravier aceptó... al menos de palabra.
Sin que Valeria Mazza lo supiera, organizó para que una persona de confianza lo esperara en la puerta de la iglesia con la galera. Apenas terminó la ceremonia, tomó el sombrero y se lo colocó delante de los cientos de fotógrafos y cámaras de televisión que cubrían el evento. La reacción de la modelo fue una carcajada y esa imagen terminó convirtiéndose en una de las postales más recordadas de la década.

Durante años incluso circuló el mito de que había usado la galera para parecer más alto que su esposa. Tanto Gravier como Mazza siempre lo desmintieron con humor: él mide 1,78 metros y ella 1,77, aunque suele usar tacos altos, bromean cada vez que recuerdan la anécdota.
Con el paso del tiempo, la galera dejó de ser un simple accesorio para transformarse en un símbolo familiar. La pareja la conserva en su vestidor, junto al vestido de novia y el chaqué diseñados por Armani, como una verdadera pieza de colección. Incluso volvió a aparecer en celebraciones íntimas, como cuando recrearon su casamiento para festejar un nuevo aniversario.

